BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 171
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Capítulo 171: Armath esh Libereth
El humo del disparo aún flotaba cuando Abyllie corrió hacia Iston. La sangre caía desde su torso, marcando la tierra de Roth con un rastro oscuro. Su brazo izquierdo colgaba sin control, el hombro desplazado, y la herida abierta bajo el esternón respiraba con cada latido.
—¡Iston! —gritó, su voz resonando con desesperación.
El cuerpo reaccionó antes que la mente. La pistola subió, apuntando al centro del pecho de Abyllie. El movimiento fue limpio, automático, entrenado por la supervivencia. El dedo firme sobre el gatillo, los ojos aún anclados al combate.
Abyllie se detuvo a un paso de la línea de fuego, el corazón en un puño.
—Baja eso, Iston —dijo, su voz temblando pero firme—. Soy yo.
Los ojos de Iston se enfocaron, y en un parpadeo, reconocieron. El arma descendió con brusquedad, como si la realidad lo golpeara más fuerte que cualquier lanza. La pistola cayó al suelo, resonando en el silencio que la rodeaba.
—No te vayas, por favor —murmuró Abyllie, abrazándolo sin cuidado por la sangre que empapaba su ropa. Ignoró el calor de la herida y el temblor que recorría su cuerpo.
Iston, con el único brazo que aún obedecía, respondió al contacto. Fue un ancla a la realidad, y su respiración comenzó a estabilizarse.
Desde atrás, Dalah observaba, la tensión acumulándose en su pecho. Había visto el reflejo; había visto el disparo casi ocurrir. Lo que tenía frente a él no era un guerrero eufórico, sino alguien que permanecía en alerta, incluso después de haber vencido.
—Iston… —llamó Dalah, acercándose cautelosamente, la preocupación reflejada en su rostro—. ¿Estás bien?
La pistola que había apuntado a Abyllie no fue crueldad, sino instinto. Y eso la atravesó con más fuerza que la muerte de Adir. Adir representaba fuerza directa; Iston, cálculo. Esa diferencia alteró algo dentro de Abyllie. El corazón le latía con una intensidad nueva, un reconocimiento de una mente que operaba en otro plano.
Alrededor, el pueblo comenzó a quebrarse. Un grito ahogado se elevó junto al cuerpo de Adir. Un hombre cayó de rodillas, sosteniendo el torso sin rostro del campeón. Las lanzas dejaron de golpear el suelo, sostenían cuerpos temblorosos. El silencio se transformó en duelo.
—No… —susurró Dalah, sus manos temblando al ver lo que había ocurrido—. No puede ser.
Belial observaba, su rostro impasible. La postura de Iston aún estaba alineada para el combate. A pesar del abrazo, mantenía el equilibrio en los pies, el torso ligeramente inclinado para proteger la herida.
Lilith habló, apenas audible.
—La muerte no es lo que pesa.
Belial no desvió la mirada.
—Es la decisión.
La grieta en la mente de Iston seguía abierta. Virgilio se plantó frente a la oscuridad que se cernía sobre ellos.
—Ese cuerpo es el resultado de un cultivo consciente. No lo tomarás.
Lucifer avanzó desde la sombra, la risa contenida.
—Crees que alguien como él aceptará límites.
La grieta vibró, como si los ecos de la batalla aún reverberaran.
—Tú, Enoc y yo podríamos terminar absorbidos.
Virgilio mantuvo su posición.
—Eso no ocurrirá.
Lucifer inclinó la cabeza.
—Él se parece a mí.
No había burla en su tono.
—Y eso no puedes controlarlo.
La oscuridad se expandió.
—Mi padre tampoco pudo.
Silencio. La grieta dejó de crecer, pero permaneció.
En el círculo, Iston se separó de Abyllie. Miró sus manos manchadas, luego al cuerpo de Adir. La comprensión llegó sin dramatismo; había cruzado un punto sin retorno.
Roth respiró con dificultad.
—Var’keth cumplido.
La ley obligaba. El pueblo escuchó. Aceptó. El duelo estaba resuelto, pero el dolor no.
Roth miró a Iston con una nueva interpretación. No veía solo al extranjero victorioso; veía a quien había utilizado su propia norma como herramienta. El rostro del líder perdió firmeza.
—Has ganado, Iston —dijo Roth, la voz cargada de respeto y temor—, pero el costo es alto.
Abyllie se volvió hacia Roth, su mirada desafiante.
—No puedes dudar de lo que has visto.
Belial mantuvo la mirada fija, sin orgullo, solo memoria. Lilith sostuvo esa misma mirada, el silencio entre ellos cargado de significado.
—Iston… —comenzó Abyllie—, debes descansar.
—No puedo hacerlo. No ahora —respondió Iston, su mirada perdida en el horizonte, como si vislumbrara un futuro más allá de lo inmediato—. Hay más en juego.
El silencio de la multitud se sentía como un peso. La sangre en la tierra de Roth era un recordatorio del precio de la victoria.
Desde el borde del círculo, una voz estalló.
—¡Frath-askor!
Otra respondió.
—¡No-esh thar-war! ¡No-esh sangreth-igual!
Un hombre señaló la pistola en el suelo.
—¡Fyr-askar! ¡No-esh ley-nareth!
El murmullo creció.
—¡Trakar! ¡Trakar!
Algunos golpearon el suelo con sus lanzas, no en celebración, sino en protesta.
Roth no miraba al pueblo.
Miraba a Iston.
Herido. Sangrando. Con el hombro fuera de lugar. Y aun así… de pie.
El líder buscó un resquicio en su mente.
“Armath esh libereth.”
Su propia voz. Su propia ley.
Un anciano dio un paso al frente.
—Ley esh dicteth.
Otro lo secundó.
—Adir acepteth Var’keth.
Un tercero, con lágrimas en el rostro:
—Sangreth decidhar.
El tono cambió. Ya no era furia. Era contención ritual.
—¡Ley-nareth… ley-nareth…!
Un joven tribal gritó con rabia:
—¡No-esh sangreth-lanza!
Pero otro respondió de inmediato:
—¡Armath esh libereth!
El eco recorrió el círculo.
—¡Armath esh libereth!
La frase se convirtió en sentencia. No como defensa de Iston, sino como defensa de la ley.
Roth comprendió.
No podía quebrar la norma sin quebrarse a sí mismo.
Bajó el bastón lentamente.
—Ley… permaneth.
La frase le costó más que cualquier golpe.
El círculo quedó inmóvil.
—Ritual-acepthar… —murmuró un anciano.
Iston no respondió. Solo sostuvo la mirada, impasible.
Roth lo observó con una nueva lectura.
Ya no veía solo al extranjero.
Veía a alguien que había entendido la ley mejor que quienes la crearon.
—Sangreth decidhar.
La sangre decidió.
El Var’keth había terminado.
Pero en los ojos de Roth no había cierre.
Había miedo.
Porque el joven que seguía de pie no había vencido solo con fuerza.
Había vencido con comprensión.
Y eso era algo que el pueblo Roth aún no sabía cómo enfrentar.
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