BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 172
- Inicio
- Todas las novelas
- BENDECIDOS POR BELIAL
- Capítulo 172 - Capítulo 172: La Ley Permanece
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 172: La Ley Permanece
El cuerpo de Adir no fue cubierto de inmediato.
Primero vino el silencio, un vacío que se extendía como si la tierra necesitara confirmar lo ocurrido.
Roth permaneció inmóvil, la mirada fija donde su campeón había caído. Luego, levantó el bastón.
Un solo golpe.
TAC.
—Ritual-acepthar.
No fue un grito; fue una orden que resonó en el aire pesado de la circunstancia.
Los ancianos avanzaron primero. No miraron a Iston, no miraron a Roth. Sus ojos se centraron únicamente en el cuerpo caído.
Uno de ellos se agachó, tomó tierra con ambas manos y la dejó caer lentamente sobre el pecho destrozado.
—Sangreth volveth.
Otro apoyó la palma en la frente ensangrentada.
—Thar-war cumplith.
El pueblo comenzó a repetirlo, primero en murmullos, luego con más firmeza.
—Thar-war cumplith. —Thar-war cumplith.
Las lanzas comenzaron a golpear el suelo, marcando el compás de la aceptación.
El ritmo cambió.
Thum. Thum. Thum.
No era guerra.
Era despedida.
Una mujer inició un canto grave, antiguo. No era melodía; era vibración, una resonancia profunda que parecía brotar de la misma tierra.
Los jóvenes respondieron, uniéndose al lamento.
Los niños, imitando a los mayores, comenzaron a copiar el compás, sus pequeñas voces entrelazándose con el canto de los adultos.
El círculo dejó de rodear a Iston.
Se cerró en torno al cuerpo de Adir.
El mensaje era claro:
El campeón cayó con honor. La ley fue cumplida. La tribu continúa.
Roth habló de nuevo, su voz grave y serena.
—Vida continueth.
Y el pueblo respondió, unificado:
—Vida continueth.
Algunos lloraban. Otros apretaban los dientes, conteniendo un dolor profundo.
Pero nadie rompió la formación.
Desde el borde del círculo, Iston observaba, sangrando.
En silencio.
Por primera vez, entendió algo que la estrategia no enseña.
La muerte no había quebrado a la tribu.
La había afirmado.
El rito sellaba la herida antes de que pudiera convertirse en fractura.
Belial miraba en silencio, comprendiendo la magnitud del momento.
Lilith también lo entendía. El pueblo Roth no celebraba la muerte.
Celebraba que la ley seguía intacta.
—Thar-war cumplith —repitió Abyllie, apretando la mano de Iston con fuerza, buscando transmitirle fuerza.
Dalah no cantó al principio, pero cuando la voz colectiva se elevó lo suficiente, sus labios se movieron lentamente.
—Thar-war cumplith.
El duelo se convirtió en memoria. La memoria en rito. El rito en continuidad. Así, la sangre dejó de ser un escándalo.
Se volvió historia.
El canto fue bajando hasta convertirse en un murmullo grave.
Cuatro guerreros avanzaron hacia Iston.
No con rabia.
No con desafío.
Con reconocimiento.
Uno de ellos golpeó el suelo con la lanza.
—Thar-war reconoceth.
Otro inclinó la cabeza en señal de respeto.
—Extranjeth no-esh menor.
Lo sostuvieron por el brazo sano y la espalda. No como prisionero, sino como combatiente herido.
Abyllie dio un paso, pero Dalah alzó la mano.
—Genth Roth, escuchad.
El murmullo cesó, toda atención centrada en él.
Dalah avanzó al centro del círculo.
—Var’keth cumplith. —Sangreth decidhar. —Ley permaneth.
El pueblo respondió en un susurro, una afirmación compartida.
—Ley permaneth.
Dalah señaló a Iston.
—Thir esh acepteth Thar-war. —Rango alteth vel-extranjeth.
Un anciano asintió lentamente.
Un joven golpeó el suelo, marcando la aceptación.
—Desde chroneth-ahor, thir trateth como guerrero Roth vel-campeth. —Shamaneth tometh thir. Curar sangreth. Curar frath. —Descanseth.
Silencio.
—Mañaneth esh fyr-ritual. —Cuerpeth Thar-war quemeth. —Genth deseath alma camineth sendeth Thar-war.
Un anciano alzó ambas manos, marcando la solemnidad del ritual.
—Fyr purgar.
El pueblo respondió con una sola voz:
—Fyr purgar.
Los guerreros comenzaron a llevarse a Iston.
El círculo se abrió para dejarlos pasar, un acto de respeto y reconocimiento.
Dalah se volvió hacia Belial, Lilith y Abyllie.
—El Var’keth fue aceptado. La sangre decidió. La ley permanece.
Miró a Iston mientras lo alejaban.
—Ha sido reconocido como Thar-war. Es el rango más alto para un extranjero.
Abyllie respiró con dificultad, la emoción llenando su pecho.
—Será tratado como uno de nuestros guerreros. Los shamanes lo atenderán.
La tela roja cubría ahora el cuerpo de Adir, un manto de respeto que marcaba el final de su camino.
El canto regresó, más bajo, reverberando en el aire como un eco de la vida que continuaba.
El fuego comenzaba a prepararse.
Y el pueblo hizo lo que siempre hacía cuando la sangre decidía:
Continuar.
El círculo comenzaba a dispersarse cuando Belial dio un paso hacia Dalah.
—Necesito que traduzcas.
—¿Ahora? —preguntó Dalah, aún procesando el duelo.
—Ahora —replicó Belial, su voz grave.
Juntos caminaron hacia Roth, que permanecía junto al cuerpo cubierto, el bastón aún en su mano.
Roth levantó la mirada, su expresión entre serena y inquisitiva.
Belial se detuvo a una distancia respetuosa.
—No hemos venido a destruir a tu pueblo.
Dalah tradujo con firmeza.
—Vaelor-demon no-esh veneth destruir genth Roth.
Roth sostuvo la mirada, buscando la verdad.
Belial continuó.
—Lo ocurrido hoy fue consecuencia de una deuda antigua.
Dalah tradujo.
—Chroneth-hoy esh consecuencia vel-debth antigueth.
—Habrá una reunión de los Señores Demonios.
Un leve cambio en el rostro de Roth, la tensión palpable.
—Esh convoceth reunioneth Señoreth Demoneth.
—En esa reunión llevaré la historia de tu pueblo.
—Belial lleveth historia genth Roth ante Señoreth Demoneth.
El viento movió la tela roja que cubría el cuerpo de Adir.
—Buscaré justicia por lo que ocurrió en estas tierras.
—Buscareth justhar vel-sangreth verteth vel-tir Roth.
Roth apretó el bastón con más fuerza, procesando cada palabra.
—También resolveremos asuntos internos.
—Vaelor-demon esh conflicteth interneth resolvereth.
Belial respiró hondo, su rostro imperturbable.
—Pero tu pueblo no quedará fuera de la memoria.
—Genth Roth no-esh olvideth.
Dalah miró a Belial, una chispa de esperanza iluminando su mirada.
—Cuando croneth llegath, genth Roth no-esh olvideth.
El viento movió la tela nuevamente, como si la tierra misma respondiera a las promesas hechas.
Belial finalizó:
—Mi deseo siempre fue la coexistencia entre pueblos. No la dominación.
Dalah habló con voz más grave.
—Belial deseath conviveth pazeth vel-puebloth. No domineth.
Roth reflexionó, el peso de las palabras colgando en el aire.
—Palabrath esh facil. Sangreth esh dificil.
Dalah tradujo, sintiendo la carga detrás de cada sílaba.
Belial inclinó la cabeza, reconociendo la verdad.
—Lo sé.
Roth sostuvo la mirada durante unos segundos más, sopesando el futuro.
—Si justhar veneth, Roth escuchareth. —Si engañeth, Roth recordareth.
Dalah tradujo, su voz firme.
—Si la justicia llega, Roth escuchará. Si es engaño, Roth lo recordará.
Belial mantuvo la mirada, un entendimiento compartido entre ellos.
—Eso es justo.
Dalah tradujo la última afirmación, lo que selló su compromiso.
El aire dejó de estar afilado.
No había alianza.
No era reconciliación.
Era algo más frágil.
Equilibrio.
Belial dio un paso atrás, dejando el espacio necesario.
El fuego comenzaba a elevarse, y mientras los shamanes llevaban a Iston entre humo y sombras,
dos pueblos que acababan de sangrar eligieron no romperse.
Por ahora.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com