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BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 173

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  4. Capítulo 173 - Capítulo 173: Las Tres Sombras
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Capítulo 173: Las Tres Sombras

El humo de hierbas quemadas llenaba la tienda de los chamanes. Iston apenas era consciente del mundo que lo rodeaba. El dolor iba y venía en oleadas, como si su cuerpo no terminara de decidir si debía seguir luchando o rendirse al descanso.

Manos arrugadas trabajaban sobre él, con una habilidad que solo los años de práctica podían ofrecer. Una mezcla de resinas ardía en un cuenco de piedra, el aroma terroso y fuerte envolviendo el ambiente. Un humo espeso se elevaba hacia el techo de pieles, donde sombras danzaban al compás del fuego.

Un anciano presionó el hombro dislocado de Iston.

—CRACK.

El hueso volvió a su lugar. Iston apretó los dientes, los labios tensos, pero no gritó. Se había preparado para el dolor; había sido entrenado para soportarlo. Otro chamán se acercó, aplicando una pasta oscura sobre la herida ubicada bajo su esternón. La mezcla ardía como fuego líquido, un recordatorio de la fragilidad de su cuerpo.

—Sangreth fuerte —murmuró uno de ellos, sus palabras cargadas de conocimiento ancestral.

—Thar-war viveth —respondió otro, la voz reverberando con una certeza inquebrantable.

Las vendas fueron apretadas con precisión ritual, cada movimiento impregnado de significado. Uno de los más viejos apoyó la palma sobre el pecho de Iston, cerrando los ojos. Su respiración se volvió lenta, como si estuviera invocando fuerzas que estaban más allá de lo visible.

El silencio dentro de la tienda se volvió denso, cada latido del corazón de Iston resonando en su mente. Entonces, el anciano habló, su voz quebrantando la calma.

—Tres…

Los otros chamanes lo miraron, la tensión palpable.

—Tres camineth dentro.

Uno de ellos frunció el ceño, sintiendo la gravedad del momento.

—No-esh normal.

El anciano retiró la mano, su expresión grave.

—Pero viveth.

Se levantaron sin más palabras, la seriedad de sus rostros hablando más que sus labios. El más viejo miró a Iston por última vez, como si estuviera evaluando la vida que había en él.

—Guerrero descanseth.

Luego todos abandonaron la tienda, dejando a Iston solo en la penumbra. El humo siguió girando lentamente en el aire, como un susurro de las hierbas que habían sido quemadas. El silencio volvió, pesado y significativo.

Iston respiró profundo, sintiendo las vendas que lo envolvían. Su cuerpo estaba cansado, pero el dolor seguía allí, aunque ya no lo atravesaba como antes. El cansancio era más fuerte que todo.

Cerró los ojos un momento, buscando refugio en la oscuridad, pero el silencio duró poco. La tela de la entrada se movió, un leve susurro que lo hizo abrir los ojos.

Dalah.

La luz del fuego exterior delineaba su figura. Su ropa ritual había sido retirada parcialmente; la piel de sus hombros y parte de su torso quedaban expuestos bajo la tenue iluminación, un símbolo de su conexión con la naturaleza. No parecía avergonzada. Parecía decidida.

Dalah avanzó lentamente, sus pasos suaves sobre la tierra. Se detuvo junto al lecho improvisado donde descansaba Iston, su mirada penetrante.

Lo observó largo rato.

—Sobreviviste —dijo, casi como una afirmación.

Iston la miró, su voz cargada de cansancio.

—Eso parece.

Dalah inclinó la cabeza, su expresión seria.

—Adir nunca perdió.

Su voz no tenía rabia, solo una realidad cruda. Se sentó junto a él, muy cerca, como si la proximidad ofreciera consuelo.

—Mi pueblo respeta la fuerza —continuó, sus dedos rozando las vendas del pecho de Iston, un gesto cargado de significado.

—Y respeta a quienes sobreviven al Var’keth.

La cercanía no era inocente. Era un lenguaje cultural, un diálogo que hablaba de elecciones y destinos. En Roth, los guerreros victoriosos recibían más que reconocimiento. Recibían elección.

Dalah lo miró directamente a los ojos.

—Ahora eres Thar-war.

Sus dedos recorrieron el brazo sano de Iston, una conexión que iba más allá de las palabras.

—Eso te da derechos.

El silencio entre ellos se tensó, como un arco a punto de romperse. Iston no respondió, atrapado en la maraña de sus pensamientos.

La puerta de la tienda se movió de golpe.

—¡ISTON!

Abyllie entró, su voz llena de urgencia. Se detuvo en seco, sus ojos pasando de Dalah… a Iston… y luego de vuelta a Dalah.

El silencio que siguió fue más incómodo que cualquier herida. Dalah no se movió, manteniendo su posición con confianza. Abyllie cruzó los brazos, sintiéndose fuera de lugar.

—Interrumpo algo —dijo, la incomodidad marcando cada palabra.

Dalah giró la cabeza hacia ella.

—Sí.

La respuesta fue directa, casi desafiante. Abyllie frunció el ceño, sintiendo la tensión en el aire.

Iston suspiró.

—Estoy vendado de pies a cabeza —dijo con voz cansada—. Creo que la situación es menos dramática de lo que parece.

Dalah lo miró, luego miró a Abyllie, una leve sonrisa apareciendo en su rostro.

—Tal vez.

Se levantó, dispuesta a marcharse. Antes de salir, se inclinó ligeramente hacia Iston.

—Descansa, Thar-war.

Luego abandonó la tienda, dejando a Iston y Abyllie a solas.

Abyllie tardó un segundo en reaccionar, su mente procesando la situación.

—¿Qué demonios fue eso?

Iston cerró los ojos, sintiendo la pesadez de la conversación.

—Una conversación cultural complicada.

Abyllie lo miró unos segundos, su expresión al principio de incredulidad, luego de resignación.

—Te dejo solo cinco minutos y ya estás iniciando conflictos tribales.

Iston abrió un ojo, buscando su mirada.

—No inicié nada.

Abyllie se sentó junto a él, su preocupación evidente.

—Claro.

Afuera, un tambor comenzó a sonar. Uno. Luego otro. El ritmo era profundo y resonante, llenando el aire de una vibración ancestral.

Iston miró hacia la salida de la tienda.

—¿Qué es eso?

Abyllie escuchó, su expresión cambiando, la tensión volviendo a instalarse entre ellos.

—El ritual.

El cuerpo de Adir fue colocado sobre una plataforma de madera, sus rasgos serenos en reposo eterno. Las antorchas rodeaban el círculo, un halo de luz en la oscuridad del bosque. El pueblo Roth estaba reunido nuevamente, pero ahora el silencio era distinto. Más pesado. Más final.

Roth estaba frente al cuerpo de su campeón. El bastón descansaba en sus manos, el símbolo de su autoridad. Dalah estaba a su lado, sus ojos fijos en la escena con un aire de solemnidad.

Los ancianos formaban el primer círculo. Los guerreros el segundo. Los niños y los ancianos el tercero, creando una comunidad solidaria en medio del dolor.

Roth levantó el bastón, su voz resonando con fuerza.

—Thar-war camineth.

El pueblo respondió con fervor.

—Thar-war camineth.

Una antorcha fue entregada a Roth. La sostuvo unos segundos, mirando el rostro cubierto de Adir, recordando sus hazañas y sacrificios. Luego habló una última vez.

—Deseor purgar.

—Alma libereth —respondió la multitud, sus voces llenando el aire con una determinación renovada.

Roth bajó la antorcha, el fuego tocando la madera. Las llamas crecieron lentamente, devorando el sacrificio, y el humo comenzó a elevarse hacia el cielo nocturno.

Iston observaba desde el borde del círculo, sostenido aún por las vendas y el cansancio. Nadie hablaba, solo el fuego, un faro de esperanza y despedida. Las llamas consumían la plataforma, mientras las sombras danzaban sobre los rostros del pueblo.

Dalah miraba el fuego sin moverse, sus pensamientos en otro lugar. Abyllie estaba junto a Iston, su presencia un ancla en medio de la tormenta emocional. Belial observaba en silencio, su mirada profunda y contemplativa, mientras Lilith también se mantenía al margen, sintiendo el peso del momento.

El humo subía, y por un momento pareció tomar forma en el aire. Tres corrientes oscuras se entrelazaban antes de desvanecerse. Uno de los chamanes lo vio. Sus ojos se estrecharon, y miró a Iston, sin decir nada, pero transmitiendo un mensaje de advertencia silenciosa.

El fuego siguió creciendo, y mientras el cuerpo de Adir se convertía en ceniza, el pueblo Roth despedía a su campeón. La ley había sido cumplida. La sangre había decidido.

Pero algo más… había despertado.

El viento sopló suavemente, y en el eco del ritual, Iston sintió que el destino de su vida comenzaba a tomar forma. Las elecciones que había hecho, las luchas que había enfrentado, todo lo había llevado a este momento. Y mientras el pueblo lloraba su pérdida, un nuevo capítulo se abría ante él, lleno de promesas y peligros.

Mientras el fuego iluminaba la noche, Iston comprendió que su viaje apenas comenzaba, y que en la lucha por su identidad y su lugar en el mundo, el camino se tornaría más complicado y fascinante de lo que jamás había imaginado.

Ayer no pude subir capítulo y hoy llega más tarde de lo habitual.

Tuve un pequeño problema de salud que me dejó fuera de combate casi todo el día.

Por suerte ya estoy mejor y el capítulo continúa justo después de “La Ley Permanece”.

Gracias por la paciencia y por seguir acompañando Bendecidos por Belial.

— amacaow

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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