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BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 176

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Capítulo 176: Anturio

Las llamas del ritual seguían ardiendo detrás de ellas. Las llamas ya no rugían como al principio; ahora eran brasas profundas que respiraban bajo la noche. El humo subía en espirales suaves, mezclándose con el cielo oscuro, un recordatorio de la vida que se había perdido. El pueblo Roth continuaba su luto, el sonido de su canto trenzándose con el crepitar del fuego. Abyllie permanecía en silencio, su mirada perdida en el resplandor. Lilith había dejado de hablar, sumergiéndose en sus propios pensamientos. El mundo exterior continuaba, pero algo dentro de Abyllie se movía hacia otro lugar. Un lugar que siempre había existido.

Su jardín.

El suelo apareció primero en su mente, la tierra negra, fértil y húmeda. No era un terreno salvaje; era un espacio cultivado con cuidado, un reflejo silencioso de su propia mente y corazón. El aire allí tenía otra temperatura. Más cálida. Más viva. El jardín estaba lleno de plantas que conocía bien. Algunas crecían desde su infancia, otras habían aparecido con el tiempo, cada una conectada a recuerdos, decisiones y dolores.

Pero algo era distinto.

En el centro del jardín, una nueva planta había brotado.

Abyllie caminó lentamente hacia ella, atraída por una fuerza inexplicable. Era un anturio, una flor que había visto en sueños. Sus hojas eran grandes, profundas, de un verde oscuro que parecía absorber la luz. La superficie brillaba como si estuviera cubierta por una capa fina de agua, reflejando su propia curiosidad.

Pero lo que realmente destacaba era su flor. Una hoja modificada, abierta como un corazón extendido. Rojo. No un rojo simple, sino un rojo profundo, casi carmesí, con reflejos que cambiaban según la luz del jardín. A veces parecía rojo oscuro como sangre fresca; otras, rojo brillante como fuego contenido. En el centro se elevaba la espádice, una columna suave de color marfil con un leve tono dorado, un signo de vida y potencial.

Abyllie se detuvo frente a ella, sintiendo el peso de su significado. No necesitaba preguntar qué significaba. Lo sentía. La planta estaba viva con una intensidad diferente a las demás. Era reciente. Era nueva. Era peligrosa. Un sentimiento que no había estado en su jardín antes.

El amor.

Abyllie extendió la mano, sus dedos rozando suavemente la superficie de la flor. El anturio respondió con un leve movimiento, como si respirara, y en ese instante, una conexión se estableció entre ellas.

Entonces ocurrió algo más. Desde el otro lado del jardín, algo se movió.

Abyllie giró la cabeza. Allí estaba. El arma de su madre. Clavada en la tierra como siempre había estado. La lanza antigua.

La madera oscura del asta aún conservaba las marcas de batalla, recuerdos de épocas pasadas. La hoja metálica reflejaba la luz del jardín con una presencia tranquila y constante. Pero ahora algo nuevo la rodeaba. Una enredadera.

Había nacido desde la base del arma, enrollándose lentamente alrededor del asta. Sus hojas eran pequeñas, de un verde brillante, y avanzaban con paciencia hacia arriba, abrazando la lanza como si intentaran integrarla al jardín, formando una conexión que trascendía el tiempo.

Abyllie observó el crecimiento. Cada hoja parecía pulsar con una energía suave, y con cada pulsar, recordaba a su madre. Entonces la voz apareció. No vino desde el aire, sino desde su memoria. Una voz cálida. Firme. La voz de su madre.

—Mi preciosa flor…

El jardín se quedó en silencio, como si el tiempo mismo se detuviera.

—El amor es una de las emociones más complejas.

La enredadera continuó ascendiendo por el arma, la conexión entre lo vivo y lo muerto manifestándose en cada hoja que se abría.

—Pero dentro de esa complejidad…

Las hojas nuevas se abrieron lentamente, revelando su fragilidad y fortaleza.

—Está lo que realmente vale.

Abyllie cerró los ojos, permitiendo que la voz siguiera hablándole, como si atravesara el tiempo, llevándola de regreso a momentos de ternura y fortaleza.

—Si ya encontraste a alguien a quien quieres entregárselo…

La enredadera alcanzó la mitad del asta de la lanza, su viaje llegando a su fin.

—Entonces lucha.

La voz se volvió más firme, y Abyllie sintió que la determinación crecía en su pecho.

—Lucha con garras.

Otra hoja apareció, abriéndose en un despliegue de vida.

—Lucha con dientes.

La enredadera siguió subiendo, cada hoja un símbolo de resiliencia.

—No dejes que alguien te lo quite.

El viento suave del jardín movió las hojas del anturio, como si el jardín estuviera respondiendo a su llamado. La voz se suavizó nuevamente.

—Yo soy un ejemplo claro de eso.

La imagen de su madre apareció en su mente. Fuerte. Orgullosa. Inquebrantable. Una mujer que nunca había retrocedido ante lo que amaba.

El jardín quedó en silencio otra vez, y la enredadera finalmente alcanzó la base de la hoja de la lanza. Se detuvo, como si hubiera encontrado su lugar, uniendo el pasado con el presente.

Abyllie volvió a mirar el anturio en el centro del jardín. La flor roja seguía abierta. Viva. Intensa. Peligrosa.

Abyllie entendió algo en ese momento. El amor no era solo algo que se sentía. Era algo que se defendía. Abrió los ojos, el eco de la voz de su madre resonando en su mente.

El fuego del ritual seguía ardiendo en el mundo exterior. Iston estaba aún sentado cerca de las brasas, su figura recortada contra la luz danzante. Abyllie lo observó desde la distancia, su pecho ya no lleno de confusión. Ahora había algo diferente. Determinación.

Porque el jardín había cambiado. Y cuando una nueva planta nace en el jardín de alguien, significa que el mundo interior también ha cambiado para siempre.

Abyllie se dirigió hacia el claro, sintiendo el pulsar del amor y la necesidad de proteger lo que era suyo. El fuego seguía crepitando, y con cada paso que daba, sentía que la fuerza de su madre la guiaba.

Cuando llegó a la orilla del círculo, vio a Iston observando el fuego, su expresión pensativa. Abyllie sintió que el peso de las decisiones se cernía sobre ella, pero esta vez, no temía.

—Iston —dijo, su voz firme y clara, resonando en el aire.

Él giró la cabeza, su sorpresa evidente.

—Abyllie…

—Necesitamos hablar.

El fuego crepitó entre ellos, un recordatorio del ritual que acababa de tener lugar. Pero el verdadero ritual estaba por comenzar. Abyllie se preparó para luchar por lo que amaba, por su lugar en el mundo, y por el futuro que anhelaba.

—No solo por nosotros, Iston. Por todos.

El silencio del bosque se volvió denso, como si el mundo estuviera esperando su próximo movimiento. Y, por primera vez, Abyllie sintió que estaba lista para enfrentarlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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