BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 19
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- Capítulo 19 - 19 Aún no es el momento
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19: Aún no es el momento 19: Aún no es el momento Aun luchando contra la posesión, Iston sintió que la sombra se retorcía en su interior, intensificando su ira y dolor.
Con cada latido de su corazón, se aferraba a la realidad, a la lucha por no convertirse en lo que la sombra deseaba.
En ese momento de confusión y rabia, sus ojos se posaron en Jana, quien lo observaba con miedo, temblando en su silla.
—¿No te acuerdas, Jana?
—gritó, su voz resonando con la desesperación acumulada—.
¡Tu maldita intención de quemar la casa conmigo dentro!
Las palabras salieron de su boca con una ferocidad que lo sorprendió.
Recordaba vívidamente aquella noche, el fuego consumiendo todo a su alrededor, la risa de Jana resonando en su mente como un eco ensordecedor.
La traición había dejado cicatrices profundas en su corazón, y ahora, mientras luchaba contra la sombra, esa traición se convertía en combustible.
Jana, con los ojos llenos de terror, intentó responder, pero no salía nada por la mordaza.
Iston se adelantó, sintiendo la sombra a su alrededor, intentando que no lo dominara por completo.
—¡Tú me empujaste a este abismo!
—rugió, acercándose más, su mano aún cerrada en torno al cuchillo—.
¡Eres parte de este horror!
Con un movimiento decidido, soltó el cuchillo, que cayó al suelo con un golpe sordo.
En ese instante, comenzó a recitar en una lengua que no entendía, las palabras fluyendo de sus labios como un conjuro ancestral: “Titba’er be’esh shachor, neshamah shacharut.” Las sílabas resonaban en la sala, llenas de un poder oscuro que parecía vibrar en el aire a su alrededor.
Un calor intenso comenzó a envolver su mano, y de ella, un fuego negro surgió, serpenteando hacia su tía, quien intentó moverse, pero no pudo, aterrorizada, al darse cuenta de lo que estaba ocurriendo.
Las llamas danzaban, devorando el espacio entre ellos, un fuego que no parecía de este mundo, ardiente y voraz.
—¡No!
—gritó su tía, sus ojos desorbitados, el terror grabado en su rostro—.
¡Iston, detente!
Pero una parte de Iston sentía un extraño deleite al presenciar el miedo en su mirada.
Era el mismo fuego que había deseado que lo consumiera a él en aquella noche fatídica, el fuego que había anhelado desatar sobre ella.
La sombra se reía en su interior, alimentándose de su ira y del poder que estaba desatando.
La transformación que había comenzado se estaba intensificando, y cada palabra que recitaba lo acercaba más a un destino del que no podía escapar.
—¡Quémate!
—gritó, sintiendo la risa burlona de la sombra resonando en su mente—.
¡Siente el dolor que me hiciste sufrir!
El fuego negro se abalanzó hacia su tía, el calor creciente llenando la sala con un aroma a azufre y desesperación.
Iston se encontraba atrapado entre el deseo de venganza y la lucha por mantener su humanidad, mientras la sombra lo guiaba hacia un abismo oscuro que podía consumirlo por completo.
—Hoy, princesa, serás mía —susurró la sombra, su voz resonando con un eco seductor y oscuro—.
No vas a poder salir adelante de esto.
Tu ira te llevará a la locura.
Mientras el cuerpo de su tía se convertía en carne viva, el horror de la escena lo envolvía.
Las llamas negras danzaban a su alrededor, y el grito de su tía se mezclaba con la risa burlona de la sombra, creando un sinfín de ecos en su mente.
Iston sintió que su cordura se desvanecía.
Desesperado, deseó acabar con todo esto.
Con un movimiento decidido, se agachó y agarró el cuchillo que había dejado caer momentos antes.
La hoja brillaba con un fulgor siniestro, y en su mano temblorosa, se convirtió en una extensión de su ira y desesperación.
—¡Tengo que acabar con esto!
—gritó, sintiendo que la sombra se retorcía en su interior, luchando por mantener el control.
Con un impulso desesperado, Iston levantó el cuchillo y lo dirigió hacia su propio ojo, el ojo poseído que ardía con una luz oscura.
La imagen de su tía sufriendo, de su vida desmoronándose, lo empujó al borde de la locura.
—¡No!
—gritó, pero su voz sonó lejana, como si provenga de otro lugar.
La sombra se reía, disfrutando del caos que había desatado.
La hoja del cuchillo se acercaba a su rostro, pulsando con un poder casi palpable.
En ese momento, la lucha interna alcanzó su punto álgido.
Iston sintió la presión de la ira y el deseo de venganza, pero también el peso de las decisiones de su vida.
Sabía que apuñalarse solo lo llevaría más lejos en la oscuridad.
—¿Por qué me está impulsando a hacer esto?
—pensó, sintiendo que la sombra lo empujaba hacia un abismo oscuro.
El fuego negro que danzaba a su alrededor parecía un reflejo de su propia rabia, un fuego que había estado latente desde aquella fatídica noche.
La lucha dentro de él se intensificaba.
Recordó su infancia, las risas compartidas con su tía, y cómo la traición había dejado cicatrices profundas.
Esa ira, aunque justificada, no debería ser su única guía.
La sombra intentaba manipular su dolor, transformarlo en un arma contra aquellos que lo habían herido.
—Debo encontrar otra forma de lidiar con esto —se dijo a sí mismo, buscando en su interior alguna chispa de claridad en medio de la tormenta.
Iston sabía que debía aprender a canalizar su ira, no dejar que la consumiera.
Quizás el verdadero poder no radica en dejarme llevar por la venganza.
La pregunta resonó en su mente como un mantra: ¿Cómo puedo liberarme sin perderme?
La respuesta aún se le escapaba, pero en ese momento comprendió.
Debía encontrar un equilibrio, una manera de transformar ese dolor en algo que lo empujara hacia adelante, en lugar de hundirlo en la locura.
En un instante de claridad, se detuvo.
La mano temblante, con el cuchillo aún en alto, comenzó a bajar.
La sombra aulló de frustración, su influencia volviéndose más agresiva.
—¡Eres débil!
—rugió la sombra—.
¡Acepta tu destino!
Iston cerró los ojos, reuniendo su fuerza.
—Ya sé lo que quieres lograr con esto.
La sombra no solo busca alimentarse de mi ira, sino también corromper mi mente, incitándome a dar el primer paso hacia algo más oscuro que ella desea dentro de mí.
Con un movimiento final, arrojó el cuchillo lejos de él, donde cayó al suelo, resonando como el eco de una decisión crucial.
La sombra aulló, impotente ante su resistencia.
—No renunciaré a lo que soy —declaró, abriendo los ojos, desafiando la oscuridad que intentaba consumirlo.
Era un momento de verdad; aunque el camino por delante sería difícil, Iston sabía que debía luchar por su humanidad y por su tía.
—No sé a qué quieres llegar al tratar de llevarme a la locura, pero no te lo voy a poner fácil, putito.
—Pero el juego termina aquí —declaró Iston, su voz firme y decidida—.
Ya sé lo que tengo que hacer para salir de esta sala.
Con el poco control que le quedaba en el cuerpo, Iston miró al último tío que quedaba, Miguel.
—Tú fuiste el que más me hizo daño —declaró, la rabia brotando de su pecho—.
Al congelar las cuentas de mis padres para evitar que pagaran la deuda y perdieran la casa por culpa del banco en el que trabajabas.
Para después comprar la casa para ti.
Se acercó a él, y el miedo era visible en los ojos de Miguel, un hombre que había presenciado la muerte de sus dos hermanos de maneras horribles, esperando un castigo mayor que el de ellos.
Iston lo miró fijamente y dijo: —Yo te perdono.
No acepto lo que hiciste, pero no puedo seguir luchando contra mi ira y dolor.
—¿Por qué lo perdonaste?
¿No te acuerdas de lo que nos hizo ese bastardo?
Vendimos nuestra alma por un matrimonio.
La rabia y el dolor en su voz resonaban en la sala, intensificando el conflicto interno de Iston.
La sombra lo incitaba a ceder a la ira, a recordar cada ofensa y cada herida.
—Tú, maldito, eres débil.
En vez de potenciar tu dolor, lo aceptas.
Nunca llegarás a despertar tu esencia —la sombra retumbó con desprecio, cada palabra una daga que intentaba atravesar la determinación de Iston.
—Mientras tú intentes tomar el control, la verdad no me interesa —declaró Iston, su voz llena de resolución—.
Se acabó, maldito.
No vas a seguir.
Con un último destello de desafío, añadió: —Muéstrame la próxima sala.
La sombra, con indignación en su rostro, envió la última puerta roja, que se materializó ante Iston.
Era una puerta imponente, pintada de un rojo profundo y vibrante, pero lo que realmente llamaba su atención era el nombre inscrito en ella, un nombre que Iston no lograba asociar con nada que conociera.
“Arconte y humano”.
Las palabras resonaban en su mente como un eco inquietante.
¿Qué significaban?
¿Qué le depararía esa puerta?
Iston sintió una mezcla de curiosidad y temor; la idea de cruzar hacia lo desconocido era tanto una invitación como una advertencia.
La sombra se regocijaba en su confusión, disfrutando del poder que tenía sobre él.
—Esta es tu última oportunidad, Iston —susurró con un tono burlón—.
¿Te atreverás a descubrir qué hay detrás de la puerta?
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