BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 20
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- Capítulo 20 - 20 La profecía del arconte
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20: La profecía del arconte 20: La profecía del arconte Al mirar la última puerta, Iston sintió una ola de confusión que no entendía.
El nombre inscrito en la puerta lo inquietaba.
¿Por qué salía ese nombre nuevamente?
¿Qué tenían que ver los arcontes con él?
El rojo vibrante de la puerta parecía pulsar, como si tuviera vida propia, y las letras parecían moverse ligeramente, burlándose de su incapacidad para comprender.
La sombra a su alrededor se retorcía, disfrutando de su incertidumbre, y Iston se dio cuenta de que debía enfrentar este nuevo desafío.
Buscando en su mente, intentó recordar dónde había escuchado esa palabra.
Aparte de la ciudad fantasma, el término “arconte” resonaba en su memoria, pero era un eco distante, como un susurro perdido en el viento.
La familiaridad de la palabra lo intranquilizaba.
Se esforzó por juntar las piezas, intentando conectar los fragmentos dispersos de su pasado.
Había oído historias contadas en la penumbra, relatos sobre seres poderosos que manipulaban el destino de los humanos.
Sin embargo, esos recuerdos se desvanecían como sombras al atardecer, y la imagen de los arcontes seguía siendo borrosa.
—¿Qué tienen que ver conmigo?
—se preguntó, sintiendo una mezcla de inquietud y determinación.
La conexión parecía importante, como si el destino lo estuviera llamando a desenterrar verdades ocultas.
Mientras la sombra en su interior le susurraba, comenzó a cantar en una lengua antigua: “Iy maran, hana ikra mabra nasha liwat atura.
Ana patir enah amha amudha, o elah yahu d’leicha le’akhra?” —¿Qué mierda es esta lengua?
—preguntó Iston, sintiéndose perdido y confundido, incapaz de entender las palabras que la sombra pronunciaba.
La sombra solo rió, un sonido oscuro y burlón que resonó en su mente.
—Lo entenderás si logras salir de aquí —respondió, alimentándose de su angustia.
Con más dudas que respuestas, Iston se acercó a la última puerta.
El aire a su alrededor vibraba con una energía inquietante.
El nombre “Arconte y humano” seguía resonando en su mente, y con cada paso, la ansiedad crecía en su pecho.
Todo lo que había vivido, todas las traiciones y el dolor, lo llevaron hasta este umbral.
La sombra seguía acechando en su interior.
Al colocar su mano en el pomo de la puerta, una oleada de calor lo envolvió.
Cerró los ojos por un instante, reuniendo su determinación.
Era el momento de descubrir la verdad oculta detrás de esa puerta, de enfrentar las sombras de su pasado y, tal vez, encontrar la redención.
Con un profundo aliento, empujó la puerta y la cruzó, dispuesto a enfrentar lo que le aguardaba del otro lado.
Mientras tanto, Belial, sin aliento, comenzó a gritar, su voz resonando en el aire cargado de tensión.
—¿Qué mierda está pasando?
—exclamó, la confusión y el pánico evidentes en su tono.
Sus ojos se movían frenéticamente, buscando respuestas en el entorno.
—¿Cómo es posible que él tenga un submundo en su subconsciente?
—preguntó Belial, la incredulidad evidente en su voz—.
Eso no tiene sentido.
¿Cómo pueden haber nueve puertas en su mente?
Eso me recuerda a la profecía —pensó Belial, mientras su mente se iluminaba con recuerdos distantes.
Había oído hablar de ella en sus años de estudio, un antiguo relato sobre un arconte llamado Enoc, quien vio el futuro y compartió su visión con aquellos dispuestos a escuchar.
Enoc había hablado de un humano, uno con diez caminos mentales, que sería el elegido para desafiar el orden del mundo tal como lo conocían.
Esa figura era un portador de cambio, destinado a cruzar las puertas de su propia mente y enfrentarse a los demonios que acechaban en la oscuridad.
—¿Podría ser Iston?
—se preguntó, la idea tomando forma en su mente.
Si él era el elegido de la profecía, cada una de esas nueve puertas representaba no solo un obstáculo, sino también una oportunidad para liberarse del control de la sombra y reclamar su destino.
Belial sintió una mezcla de esperanza y temor.
Si Iston tenía el potencial para ser ese humano, entonces debía hacer todo lo posible para ayudarlo a descubrir su poder y enfrentar lo que estaba en juego.
Pero ¿por qué un humano tenía la sangre de un arconte y no tenía conocimiento sobre esto?
La pregunta quedó flotando en la mente de Belial, como una sombra difícil de sacudir.
—¿Será por el trato que hicieron sus padres hace diez años?
—se preguntó en voz alta, intentando recordar el pacto establecido.
Sin embargo, un dolor inimaginable lo recorrió; su sello no se lo permitía.
Solo una palabra resonaba en su mente: un pacto con la vida del portador en juego.
Abyllie, al ver a su padre retorcerse en el suelo, corrió a su lado, la preocupación grabada en su rostro.
—¿Qué pasó, papá?
¡Tú nunca sufres así!
—exclamó, su voz temblorosa mientras intentaba comprender el dolor que lo aquejaba.
Su corazón latía con fuerza, y deseaba poder aliviar su sufrimiento, aunque no entendía lo que estaba ocurriendo.
La angustia en su pecho crecía mientras observaba a su padre luchar contra algo invisible, sintiendo que el caos que los rodeaba también se cernía sobre ella.
—Primero Iston y ahora papá, ¿qué demonios está pasando?
—se preguntó Abyllie, la angustia inundando su mente.
¿Cómo podía un simple entrenamiento estar trayendo tanto sufrimiento?
Mientras miraba a su padre retorcerse, sintió que su mundo se desmoronaba.
La desesperación se apoderó de ella, pero justo cuando pensaba que todo estaba perdido, su mirada se desvió hacia el sello que mostraba a Iston.
Lo vio avanzar sin ningún daño, atravesando una puerta que parecía brillar con un resplandor rojizo.
—¿Qué significa esto?
—preguntó Iston, superando la locura del inicio.
Una sonrisa genuina surgió en su rostro, llenando de alivio su corazón.
No lo perdí, pensó para sí misma, mientras observaba a su padre recomponerse.
—Estoy bien, hija.
No fue mucho el daño, solo fueron viejas heridas —respondió Belial, intentando disimular su dolor mientras asimilaba la nueva información que había entendido.
Sus palabras buscaban tranquilizar a Abyllie, pero ella vio el estado de Iston, su cuerpo medio poseído, con el tercer ojo evolucionado, y una sensación de inquietud la invadió.
—¿Qué pasó, papá?
—preguntó, la preocupación evidente en su voz—.
¿Qué sucedió cuando me derrumbé?
—Superó sus miedos, pequeña —dijo Belial, intentando transmitir confianza a su hija—.
Él ha avanzado y ahora solo quedan cinco minutos para que vuelva y veamos en qué se ha convertido.
—Solo cinco minutos más y sabremos en qué se ha convertido —repitió Belial, la urgencia evidente en su voz—.
Debemos prepararnos para lo que venga en el futuro.
Abyllie lo miró, sintiendo el peso de sus palabras.
La incertidumbre la rodeaba, pero también había una chispa de esperanza.
Si Iston había logrado superar sus miedos, tal vez había encontrado la fuerza para enfrentar lo que se avecinaba.
—¿Cómo nos prepararemos?
—preguntó, el miedo asomando en su voz.
Belial respiró hondo, tratando de mantener la calma ante la inminente transformación de Iston.
—No lo sabemos aún —respondió—, pero debemos estar listos para apoyarlo, sin importar lo que suceda.
La determinación en su voz brindó un pequeño consuelo a Abyllie.
Mientras contaban los segundos, una mezcla de ansiedad y anticipación llenaba el aire.
Estaban a punto de enfrentar un cambio monumental, y lo harían juntos.
Al entrar en la última puerta, Iston se encontró en un espacio que lo dejó helado.
No había recuerdos que lo asaltaran, ninguna sombra del dolor que tanto lo había perseguido.
Solo un vacío infinito, vasto e implacable, se extendía ante él.
El silencio era abrumador, como si el mismo tiempo se hubiera detenido.
Miró a su alrededor, buscando alguna señal, algún indicio que lo guiara, pero lo único que encontró fue la profunda sensación de desolación.
—¿Qué es este lugar?
—murmuró para sí mismo, sintiendo que la inquietud comenzaba a apoderarse de su mente.
La ausencia de todo lo que había conocido, de todo lo que lo había definido, lo hacía sentir tanto liberado como aterrorizado.
Mientras avanzaba por el vacío, Iston sintió que la sombra, que había luchado tan ferozmente, parecía desvanecerse.
En este lugar, donde el dolor y los recuerdos no existían, se sentía desconectado de su propia identidad.
Era como si una parte de él estuviera siendo absorbida por ese vacío, llevándose consigo todo lo que había sido.
En ese momento, sonó una voz profunda y resonante que parecía surgir de todas partes a la vez.
—Es la primera vez que nos vemos.
Iston se congeló, sintiendo que su mente se desmoronaba.
Ante él se materializó un ente sin forma, una presencia indescriptible que parecía fluir y cambiar, con miles de ojos mirándolo de frente.
Cada uno de esos ojos le generaba una locura inquietante, y la intensidad de sus miradas lo atravesaba, como si intentaran penetrar en lo más profundo de su ser.
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