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BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 24

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  4. Capítulo 24 - 24 El precio de la libertad
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24: El precio de la libertad 24: El precio de la libertad Vi cómo mi hermano cayó rápidamente en la locura, un descenso implacable que transformó su esencia.

Recuerdo el día en que, en medio de una batalla, su risa resonaba como un eco de esperanza.

Pero ahora, aquella luz que una vez lo definió se había desvanecido, reemplazada por la oscuridad y la desesperación.

La figura de Lucifer, antaño un faro de liderazgo se convirtió en un dictador, un ser consumido por su dolor y sed de venganza.

Su mente, que antes albergaba sueños de un nuevo amanecer, ahora solo deseaba atacar y destruir.

Vi su rostro, antes lleno de alegría, transformarse en un rictus de rabia.

En su locura, buscaba aniquilar a cada especie, convencido de que solo la destrucción total podría purgar el mundo de su sufrimiento.

Las palabras que había pronunciado alguna vez con fervor por la libertad y la unión se convirtieron en gritos de odio, impulsando a sus seguidores a una campaña de terror y caos.

La devastación que traía consigo era palpable.

Observé a sus antiguos aliados volverse contra él, aterrorizados no solo por su fuerza, sino por la locura que arrastraba.

Aquellos que habían luchado a su lado empezaron a temerle más que a cualquier enemigo.

La guerra no solo se libraba en el campo de batalla; ahora se extendía a las almas de quienes habían creído en su causa.

Desde la distancia, vi cómo se desmoronaba todo lo que habíamos construido.

El dolor en mi pecho se intensificaba, y un sentimiento de impotencia me ahogaba.

¿Cómo podía mi hermano, el hombre que había luchado con tanto fervor por la libertad, haber llegado a este punto?

Mi corazón estaba lleno de tristeza, pero también de determinación.

Sabía que debía actuar, que no podía dejar que la locura de Lucifer arrastrara a todos a la destrucción.

Tenía que encontrar la manera de recordarle quién era realmente, de recuperar la esencia de aquel hermano que había amado y admirado.

—No permitiré que te pierdas en esta oscuridad, Lucifer —murmuré, la voz temblando con la mezcla de amor y desesperación.

La batalla por su alma estaba a punto de comenzar, y estaba decidido a no rendirme sin luchar.

Pero antes de que pudiera hacer algo, Metatrón descendió del cielo, desatando su furia y dando muerte a Lucifer.

La escena se desenvolvió en un instante, un trágico desenlace que me dejó paralizado.

Aquel destello en los ojos de mi hermano se extinguió, como una estrella que se apaga en la vasta oscuridad del universo.

El eco de su caída resonó en mi corazón, y el aire se llenó de un silencio ensordecedor, una sensación de pérdida que me ahogaba.

La batalla que había sido nuestra vida se volvió insignificante en comparación con la pérdida de aquel que había sido nuestro líder y faro de esperanza.

En medio de mi caos interior, Enoc se acercó, su rostro reflejando la urgencia que emanaba de su ser.

Su mirada estaba llena de fuego y determinación, como si compartiera mi dolor.

—Debemos actuar rápidamente —dijo, su voz firme—.

Ha llegado la hora de crear un nuevo mundo, donde tus hermanos y sus hijos puedan vivir sin la sombra de la guerra.

Sus palabras resonaron profundamente en mí.

La idea de un nuevo comienzo, un refugio donde la paz pudiera florecer, encendió una chispa de esperanza en medio de la devastación.

Sin embargo, sabía que no sería fácil; tendríamos que superar las sombras del pasado y unir a todos, incluso a aquellos que podrían ver esta visión como una traición.

—Si vamos a lograrlo, necesitamos trabajar juntos —respondí, sintiendo el peso de la responsabilidad en mis hombros—.

Debemos llevar el mensaje de esperanza a quienes han perdido la fe, y convencer a los que aún creen en la lucha por la libertad de unirse a nosotros en esta nueva misión.

Enoc asintió, la determinación brillando en sus ojos.

—Juntos, podemos formar un frente unido.

No dejaremos que la traición y la locura definan nuestro futuro.

Lo haremos con la unión y el amor que hemos cultivado entre nosotros.

Con ese propósito claro en mi mente y corazón, supe que debía seguir adelante.

Aunque la pérdida de Lucifer era devastadora, la posibilidad de un nuevo mundo donde la paz y la felicidad pudieran prosperar nos daba una razón para luchar.

—Vamos a crear un mundo basado en el sacrificio de nuestras almas —declaré, sintiendo una mezcla de determinación y angustia.

La idea era radical, pero en medio de la desesperación, parecía una respuesta a la opresión del cielo.

—Lo llamaremos Infierno, un lugar donde aquellos que no se sometan al destino dictado por el creador puedan encontrar su camino.

Enoc me miró, comprendiendo el peso de mis palabras y la visión que comenzaba a tomar forma.

—Así como el cielo busca controlar a sus súbditos, nosotros seremos los neutrales, un refugio para las almas que desafían las normas establecidas.

En Infierno, no habrá dictados divinos que limiten a quienes creen en su derecho a elegir su destino.

La idea era audaz, pero también llena de implicaciones.

Sabía que el concepto de “Infierno” podría ser visto como oscuro y maligno, evocando imágenes de sufrimiento.

Sin embargo, en mi mente, Infierno representaba una libertad liberadora, un espacio donde las almas podían crecer sin las cadenas de la opresión celestial.

—Tendremos que desarrollar este nuevo mundo con cuidado —continué—.

No será un lugar de maldad, sino un espacio de neutralidad donde cada alma pueda encontrar su propósito.

En Infierno, podremos cultivar el potencial de aquellos que han sido rechazados, dándoles la oportunidad de forjar su propio destino.

Enoc asintió, el brillo de la determinación reflejado en sus ojos.

—Para que esto funcione, necesitaremos la colaboración de los arcontes y de todos aquellos que compartan nuestra visión.

Tendremos que unir fuerzas y demostrar que Infierno no es un refugio para la desesperación, sino un lugar de renacimiento.

Con cada palabra, la idea de Infierno se volvía más clara.

Este sería un largo y arduo camino, pero la visión de un mundo donde las almas pudieran vivir sin miedo comenzaba a tomar forma en mi mente.

La lucha no solo sería física; sería una batalla por las mentes y corazones de aquellos que anhelaban libertad.

—Juntos, crearemos un nuevo hogar para las almas perdidas —afirmé, sintiendo el fuego de la esperanza avivarse en mi pecho—.

Infierno será un símbolo de resistencia, un faro de esperanza en un universo que a menudo parece sombrío.

Con esa determinación renovada, comenzamos a trazar un plan para dar vida a esta nueva realidad, un lugar donde la libertad y la elección reinarían por encima de todo.

Infierno no sería un final, sino un nuevo comienzo, un refugio donde todos podrían encontrar su camino, lejos de las sombras del cielo.

Creamos un plan audaz, uno que permitiría a las almas que se separaban de su destino ser libres, donde todo lo que desearan se haría realidad.

En este nuevo mundo, cada ser tendría la oportunidad de reescribir su historia, de escapar de las cadenas que los mantenían prisioneros en el dolor y la desesperación.

Para llevar a cabo esta visión, reuní a siete de mis hermanos, aquellos que compartían mi anhelo de cambiar el rumbo de nuestras vidas.

Con ellos, decidimos dividir esta tierra en reinos, cada uno sostenido bajo el sello de la libertad.

En la creación de Infierno, cada arconte tendría su función, un papel fundamental en la nueva realidad que estábamos forjando.

Lilith sería quien ampararía a las mujeres que sufrieron en vida, un refugio para aquellas que habían sido oprimidas y maltratadas.

Su esencia maternal y su fuerza indomable servirían como baluarte para todas las almas femeninas.

Amon, con su sabiduría, socorrería a aquellos a quienes la ira había cegado y ayudaría a canalizar su creatividad hacia un futuro mejor.

Paimon se encargará de aquellos catalogados como locos, ayudándoles a encontrar un propósito valioso en su vida.

Belsebú sería el protector de aquellos que habían sufrido por el hambre y la falta, abrazándolos y brindándoles sustento y esperanza.

Baal representaría a los que odiaron a nuestro padre, recordándoles que la ira puede transformarse en acción.

Asmodeo brindaría consuelo a quienes debieron prostituirse, ayudando a sanar su autoestima.

Finalmente, Astaroth otorgará descanso a aquellos que se sintieron sobrepasados por el sufrimiento.

Y yo, Belial, me comprometería a salvar la corrupción del alma de las personas, a devolverles la luz que nuestro padre había quitado.

A través de mi sacrificio, buscaría restaurar la fe y la esperanza en quienes se sienten perdidos.

Juntos, seríamos los arquitectos de un futuro donde cada ser pudiera vivir sin miedo, donde el sufrimiento se transformará en fuerza y cada alma tuviera la oportunidad de florecer.

Infierno no sería un lugar de condena, sino un refugio de renacimiento, un hogar para aquellos que habían sido olvidados.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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