BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 26
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- Capítulo 26 - 26 Un aliado inesperado
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26: Un aliado inesperado 26: Un aliado inesperado El canto de Buer resonó en el pentagrama, una melodía antigua y poderosa que vibraba en el aire.
Las palabras, pronunciadas en un idioma que no entendíamos, parecían fluir de sus labios como un torrente de energía.
Era un lenguaje primordial, un eco de los tiempos en que el mundo había sido creado, y en el que cada sílaba llevaba consigo el peso de secretos y verdades olvidadas.
A pesar de que el lenguaje de este mundo había sido forjado por nuestras manos, había algo en la entonación de Buer que trascendía nuestra comprensión.
Era como si sus palabras hablaran directamente a nuestras almas, despertando instintos primordiales que habíamos enterrado bajo las capas de dolor y pérdida.
Mientras el canto se elevaba, sentí que una corriente de poder se movía a través de nosotros, entrelazando nuestras energías con la del pentagrama.
Era un recordatorio de que, aunque habíamos luchado y sufrido, había una conexión más profunda que unía a todos los que estábamos presentes.
La voz de Buer era la clave que abría la puerta a un nuevo mundo, y su invocación resonaba en la esencia misma de la creación.
A medida que el canto se intensificaba, la atmósfera se llenó de una luz brillante, y el pentagrama comenzó a brillar con un fulgor que nunca habíamos visto.
Cada palabra pronunciada parecía desatar una onda de transformación, y comprendí que estábamos al borde de un cambio monumental.
—Este es el poder de la sangre y de las almas —dijo Buer, intercalando su canto con una mirada profunda hacia nosotros—.
Este es el legado que llevamos.
Aunque no comprendamos el idioma, sus ecos nos guiarán hacia la redención.
Mientras escuchaba, me di cuenta de que el verdadero significado de su canto no residía en las palabras, sino en la intención y la unidad que estábamos forjando en ese instante.
Era un acto de entrega, un sacrificio compartido que resonaría a través de la eternidad, una promesa de que nunca olvidaríamos lo que habíamos perdido y que, a partir de ese dolor, construiríamos algo nuevo.
En medio del canto de Buer, un espectáculo aterrador se desarrolló ante mis ojos.
Vi a Enoc, su cuerpo convulsionando, como si una batalla interna estuviera librándose en su interior.
Las grietas comenzaron a formarse en su piel, y era evidente que su alma intentaba escapar, buscando liberarse de un recipiente que se estaba desmoronando.
El canto resonaba a nuestro alrededor, intensificándose a medida que la energía del ritual alcanzaba su clímax.
Cada nota parecía romper el caparazón del cuerpo de Enoc, y en ese momento de vulnerabilidad, sentí un escalofrío recorrer mi columna vertebral.
No era solo su cuerpo el que se agrietaba; era el mismo tejido de nuestra realidad el que se desgarraba.
De repente, noté cómo la esencia de Lucifer, su alma destrozada, comenzaba a buscar refugio en el cuerpo de Enoc.
Era un intento desesperado por renacer, pero lo que se manifestaba no era la luz que habíamos adorado; era una sombra oscura y sombría.
Mientras el alma de Lucifer intentaba entrar, su forma se distorsionaba, convirtiéndose en algo grotesco y aterrador.
El cuerpo de Enoc se retorcía bajo la presión de esta dualidad, su alma resistiendo mientras se transformaba en un vehículo para algo más siniestro.
Era como si un eco del deseo de venganza de Lucifer buscara un oído que pudiera escuchar su llamado, un anhelo por destruir todo lo que había causado su sufrimiento.
El aire se volvió denso con la tensión de la transformación.
Las grietas en el cuerpo de Enoc se ampliaron, y la lucha entre su esencia y la influencia de Lucifer se intensificó.
Podía sentir la desesperación en el ambiente, como si el mismo mundo contuviera el aliento, esperando a ver qué resultado traería esta fusión.
—¡Enoc!
—grité, tratando de alcanzar la parte de él que aún permanecía consciente.
—¡Resiste!
¡No dejes que la oscuridad te consuma!
Mis palabras parecieron perderse en el eco del canto y el caos que nos rodeaba.
La lucha era feroz, y me di cuenta de que estábamos al borde de un abismo.
Si Enoc caía, si permitía que el dolor y la desesperación de Lucifer se apoderaran de él, el ciclo de destrucción que temíamos podría hacerse realidad.
La transformación en su cuerpo era un recordatorio doloroso de lo que estaba en juego.
Debíamos encontrar una manera de liberar a Enoc de esta influencia oscura, de rescatar su alma antes de que la sombra de Lucifer lograra apoderarse del cuerpo que una vez fue un faro de luz en nuestra lucha.
De repente, un aplauso resonó en el aire, interrumpiendo el caos del ritual.
La reverberación era profunda y casi sobrenatural, como si el mismo espacio temblara a su paso.
Nos volvimos sorprendidos, y allí estaba Metatrón, su figura imponente destacándose en la penumbra.
—Yo ayudaré a liberar el alma del arconte —dijo, su voz resonando con un poder que exigía atención.
En su mirada había una mezcla de seriedad y resolución.
—Pero sepan esto: ustedes seguirán en deuda conmigo por la eternidad, hasta que paguen por ello.
Sus palabras cayeron como un peso sobre nuestros corazones, la oferta de ayuda impregnada de una advertencia ominosa.
Sabíamos que Metatrón no ofrecía su intervención sin un costo, y la noción de estar atados a su voluntad era tanto una bendición como una maldición.
—¿Qué precio exiges?
—pregunté, mi voz firme a pesar de la angustia que me invadía.
La idea de una deuda eterna era aterradora, pero en ese momento no había tiempo para titubear.
La vida de Enoc estaba en juego.
Metatrón sonrió, una expresión que enviaba un escalofrío por mi espalda.
—El precio es simple, pero pesado: deberán servir a mi causa, actuar como mis emisarios en el mundo que están por crear.
En su lucha por la libertad, deberán recordar que hay fuerzas más allá de ustedes, y yo seré quien las guíe.
Mientras sus palabras resonaban en mi mente, sentí la lucha dentro de Enoc intensificarse.
No podíamos dudar; debíamos actuar de inmediato.
La esperanza de liberarlo de la influencia de Lucifer era más importante que cualquier costo que pudiéramos tener que pagar.
—Acepto —dije sin dudar, consciente de que no podía dejar que el miedo a la deuda nos detuviera.
Miré a mis compañeros, viendo en sus ojos una determinación similar.
—Nosotros también aceptamos —respondieron al unísono, firmes en su decisión.
Metatrón asintió y, con un gesto de su mano, comenzó a conjurar un poder que llenó el aire con una energía palpable.
—Entonces, prepárense.
Juntos, liberaremos el alma de Enoc y, con ello, daremos un paso hacia la creación del nuevo mundo.
Pero recuerden: el camino que elijan no estará exento de desafíos, y la deuda que han asumido será recordada en cada paso que den.
Mientras la energía comenzaba a concentrarse en el pentagrama, sentí una mezcla de alivio y temor.
La intervención de Metatrón era nuestra última esperanza, una luz en la oscuridad que amenazaba con consumirnos.
Pero al mismo tiempo, la sombra de la deuda se cernía sobre nosotros, un recordatorio constante de que la libertad también tenía su precio.
Cuando la energía de Metatrón alcanzó su punto culminante, el alma de Enoc fue liberada con una explosión de luz resplandeciente.
Vi cómo su esencia ascendía, brillando como una estrella en la oscuridad.
Atraída por el llamado de su luz, el alma de Lucifer emergió en un torbellino de sombras y destellos, buscando unirse en un abrazo sobrenatural.
El momento fue indescriptible.
La oscuridad y la luz se entrelazaron en un espectáculo magnífico y aterrador, creando un remolino de energía que parecía desafiar las leyes de la naturaleza.
La atmósfera se llenó de una tensión palpable, y el canto que había resonado en el pentagrama se desvaneció, dejando un silencio reverente.
El pentagrama comenzó a brillar intensamente con la sangre de los caídos, un símbolo de sacrificio y transformación.
A medida que la luz y la oscuridad se mezclaban, el pentagrama se iluminó como un faro en la tormenta.
Era un espectáculo que deslumbraba y aterrorizaba a la vez.
De repente, el alma fusionada de Enoc y Lucifer empezó a dividirse, separándose en siete fragmentos brillantes que flotaban en el aire, cada uno resonando con una energía única e intensa.
Aquellos fragmentos comenzaron a tomar forma, transformándose en los sellos de los demonios, cada uno representando un aspecto de la dualidad que ahora regía en “Infierno”.
Los sellos giraron en el aire como astros en el firmamento, cada uno marcado por la historia de aquellos que habían luchado y caído, y también por el poder de la redención.
Eran un recordatorio de que, a partir del dolor y el sacrificio, podía surgir algo nuevo y poderoso.
Sentí que el aire vibraba con la fuerza de esta transformación.
Aquellos sellos no solo eran símbolos de poder; eran la manifestación de la esperanza de un nuevo mundo, donde la luz y la oscuridad coexistirían en un equilibrio precario pero necesario.
Mientras los sellos se asentaban en el espacio, comprendí que lo que habíamos creado era más que un simple refugio; era un legado forjado en sacrificio, un lugar donde las almas podían encontrar su propósito, lejos del sufrimiento del pasado.
Sin embargo, Metatrón no esperaba lo mismo.
Mientras los sellos de los demonios flotaban en el aire, él observó con una mirada fría y calculadora.
—Las almas que han sido liberadas sin redención no permanecerán aquí —declaró, su voz grave resonando en el claro con una autoridad ineludible.
—Serán enviadas a su nuevo hogar en este mundo, y ustedes tendrán que ser sus carceleros hasta que este nuevo mundo se desarrolle por completo.
El peso de sus palabras cayó sobre nosotros como una tormenta inminente.
La idea de ser responsables de las almas perdidas, de aquellos que no habían encontrado su camino hacia la redención, era abrumadora.
Miré a mis compañeros, y vi reflejadas sus propias preocupaciones.
—Pero… —comencé, intentando encontrar las palabras adecuadas—.
¿No deberíamos ayudar a esas almas a encontrar la redención?
¿No queremos construir un mundo donde todos puedan sanar y florecer?
Metatrón me miró con una expresión que mezclaba desdén y resolución.
—La redención no es un regalo, sino un proceso.
Ustedes han elegido el camino de la lucha y el sacrificio, y ahora deben enfrentar las consecuencias de sus decisiones.
No pueden esperar que todo sea fácil.
Estas almas serán una prueba de su compromiso, una carga que deberán llevar hasta que el nuevo mundo esté listo para aceptarlas.
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