BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 27
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- Capítulo 27 - 27 Ecos de un profeta
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27: Ecos de un profeta 27: Ecos de un profeta Aún sin procesar la solicitud de Metatrón, un portal surgió en el centro del pentagrama, vibrando con una energía que parecía absorber la luz a su alrededor.
Sin pensarlo, vi cómo todos mis hermanos y sus hijos se adentraban en él, uno a uno, como si una fuerza invisible los atrajera hacia su nuevo destino.
Metatrón nos instó a entrar, su voz resonando con una urgencia inquebrantable.
—Cada momento que pase puede terminar con nuestra existencia.
¡Entren rápido a su nuevo mundo!
Mientras observaba el portal, un nudo se formó en mi estómago, y la indecisión comenzó a apoderarse de mí.
Aquel llamado se sentía como una trampa, una salida que no había elegido, y el arrepentimiento empezaba a atormentarme.
¿Era este el camino correcto?
¿Debía unir mi destino al de mis hermanos o quedarme atrás para enfrentar las consecuencias de nuestras decisiones?
Finalmente, me vi arrastrado hacia el portal.
Sin saber exactamente qué esperaba encontrar al otro lado, crucé el umbral, dejando atrás todo lo que conocía.
Pasaron milenios, y en “Infierno”, un nuevo orden comenzó a surgir.
Las siete ciudades, cada una custodiada por los pecados, crecían y se desarrollaban en armonía.
La paz que tanto habíamos buscado finalmente se estableció, y la vida florecía en un mundo que antes había sido un lugar de sufrimiento y desesperación.
Durante este periodo de calma, decidí leer la carta que Enoc me había dejado, las palabras de mi amigo resonando en mi mente.
—Belial, si estás leyendo esto, yo serví para el sello.
No sientas arrepentimiento por el trato con Metatrón; era algo necesario para que todo surgiera bien.
Cada palabra me envolvió en un manto de nostalgia y tristeza.
—Quiero que sepas todo lo que pasará en un futuro.
Esta no es la última guerra celestial.
En unos milenios, vendrán dos más de estas guerras, donde ningún bando ganará, a no ser que encontremos un humano con el alma de un arconte.
Este ser sufrirá las pruebas de todos los sellos, donde su reino mental será increpado por el alma de Lucifer.
Nueve puertas serán superadas por cada sello, y el fin del destino exigido acabará.
Un nuevo orden comenzará, pero este inicio será marcado por tu muerte, hermano mío.
Las palabras de Enoc resonaron en mi corazón, cada una como un eco de advertencia.
La presión del tiempo y las sombras del futuro se cernían sobre mí.
En ese instante, comprendí que, aunque habíamos creado un nuevo mundo, el ciclo de lucha y sacrificio aún no había terminado.
Debía prepararme para lo que vendría y honrar la memoria de mi amigo, buscando la esperanza en medio de la oscuridad que se acercaba.
Fue en ese momento de reflexión que escuché la voz de mi hermano resonando en mi mente, una profecía que había compartido en nuestros días más oscuros.
—Espero que entiendas mi incredulidad al ver tu estado mental —había dicho Enoc—.
Espero que puedas superar esto, porque eres la esperanza del Infierno que intento construir.
Sus palabras me envolvieron, llenándome de una mezcla de tristeza y determinación.
La carga sobre mis hombros se hacía más pesada mientras recordaba su sacrificio.
Enoc había creído en mí, en lo que podíamos lograr, incluso cuando todo parecía perdido.
En ese instante, Iston, incrédulo y abrumado por la magnitud de lo que estaba ocurriendo, se quedó quieto, sin saber qué esperar.
Los ecos de la profecía resonaban en su mente, y la idea de asumir una responsabilidad tan grande lo llenaba de incertidumbre.
—Haré lo posible por mi maestro y futuro suegro —declaró, su voz temblando ligeramente, pero con una determinación que comenzaba a hacerse evidente.
A pesar de su confusión, había una chispa de resolución en sus ojos.
Las palabras de Iston resonaron en el claro, y aunque su mente estaba llena de dudas, su corazón sabía que debía actuar.
No solo por Belial y Abyllie, sino también por todos aquellos que habían confiado en ellos para construir un nuevo futuro.
Belial se rió entre dientes, tratando de aligerar el ambiente.
—Ya no te pongas serio —dijo—.
Aún ni siquiera te acepto como yerno, así que no te preocupes.
Su comentario provocó risas nerviosas entre los presentes, rompiendo un poco la tensión que llenaba el aire.
A pesar del peso de la situación, el humor de Belial era un recordatorio de que, incluso en los momentos más oscuros, todavía había espacio para la camaradería y el alivio.
—No te preocupes, Iston —respondió Belial, sonriendo a pesar de la gravedad del momento—.
Solo estoy aquí para ayudarte a hacer lo correcto, ya sea que me aceptes o no.
Iston asintió, su expresión más relajada.
La atención se desvió, y aunque la misión que teníamos por delante era importante, la conexión entre nosotros se sentía más fuerte.
—Entonces, ¿qué hacemos ahora?
—preguntó, tomando un aire más decidido—.
Si vamos a enfrentarnos a lo que se avecina, necesitaré toda la ayuda que pueda conseguir.
Abyllie, con un fuerte apretón en su pecho, miró a su padre.
—Estaremos juntos, como siempre —respondió, sintiendo que la camaradería que había surgido entre nosotros era la clave para lo que nos esperaba.
Con un renovado sentido de unidad, nos preparamos para enfrentar lo que vendría, sabiendo que, incluso en medio de la adversidad, podíamos confiar en el apoyo del otro.
—¿No dijeron que tenían una cita esta noche?
—preguntó Belial, sus ojos brillando con curiosidad.
La atmósfera adquirió un tono más ligero, como si la mención de la cita rompiera la tensión acumulada entre nosotros.
Iston asintió, un poco nervioso al recordar la promesa que habían hecho.
—Sí, íbamos a la ciudad fantasmal del cementerio de la iglesia abandonada —respondió, una mezcla de emoción y ansiedad en su voz.
Belial sonrió, y su expresión se tornó más seria.
—Los acompañaré en esta ocasión.
Siento que será mejor de esta forma.
Las palabras de Belial sorprendieron a todos.
Sabíamos que su presencia siempre traía un aire de confianza, pero la idea de que se uniera a nosotros en una misión tan delicada era inesperada.
—¿Estás seguro?
—preguntó Abyllie, arqueando una ceja—.
No es un lugar normal, y podría ser peligroso.
—Soy el rey del Infierno, que se enfrentó a su creador.
¿Tú crees que una simple ciudad me asustará?
—declaró Belial, su voz resonando con confianza y desafío.
Su certeza llenaba el aire, como si su mera presencia pudiera disipar cualquier sombra que se interpusiera en nuestro camino.
Abyllie, sin decir nada, solo logró hacer un puchero, su expresión reflejando una mezcla de frustración y anhelo.
En su mente, los pensamientos revoloteaban como mariposas inquietas: quería estar sola con Iston, disfrutando del momento sin la sombra de la aventura que se avecinaba.
Mientras Belial continuaba hablando sobre la importancia de estar preparados, Abyllie se perdió un momento en su deseo de tener a Iston cerca, lejos de las tensiones y peligros que acechaban en la ciudad fantasmal.
La idea de explorar el cementerio de la iglesia abandonada con él, sin la presión de un rey del Infierno a su lado, era un sueño que anhelaba.
Pero la realidad era que estaban todos juntos en esta misión, y debía encontrar su lugar en el grupo.
—Vamos —dijo Belial, interrumpiendo sus pensamientos—.
No hay tiempo que perder.
Abyllie tomó una respiración profunda, tratando de deshacerse de sus anhelos mientras se unía al grupo.
Aunque el deseo de estar a solas con Iston persistía, sabía que esta aventura podría ser una oportunidad para fortalecer sus lazos y enfrentar los desafíos juntos.
Así, seguimos adelante, el destino llevándonos hacia lo desconocido, mientras las sombras de la ciudad fantasmal se perfilaban en el horizonte.
Mientras tanto, en la ciudad fantasmal, una sombra se cernía en la estatua del héroe, observando con ojos inhumanos la llegada del humano y el demonio que habían estado en el lugar el día anterior.
La figura de la estatua, una representación glorificada de un guerrero caído parecía cobrar vida bajo la mirada de la sombra, como si el pasado se entrelazara con el presente.
La atmósfera estaba cargada de una tensión palpable; el aire olía a humedad y descomposición, un recordatorio de los secretos oscuros que latían bajo la superficie.
La sombra sonrió, un gesto que carecía de calidez.
—Ya será hora de que empiece a moverse el engranaje —murmuró para sí misma, su voz un susurro que se perdía en el viento.
Había estado esperando este momento, el instante en que las fuerzas del destino y el caos se entrelazaran.
Su presencia en la ciudad no era casualidad; había venido a observar y a actuar.
La llegada de Iston y el demonio, junto con su deseo de encontrar respuestas, era el catalizador que había estado esperando.
Sabía que el destino de “Infierno” pendía de un hilo, y era su oportunidad para influir en los acontecimientos que se avecinaban.
Mientras la sombra se movía con sigilo, los ecos del pasado resonaban en su mente.
Las historias de antiguas batallas y traiciones impregnaban el aire, recordándole que, en este mundo, nada era lo que parecía.
Iba a cultivar el caos, a fomentar la discordia, y todo comenzaría con la llegada de aquellos que habían cruzado las puertas del destino.
Con una sonrisa enigmática, la sombra se preparó para actuar, lista para desencadenar una serie de eventos que cambiarían el curso de la historia.
Era el momento de que el engranaje girara, y ella estaba decidida a ser quien lo impulsara.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES amacaow Si disfrutaste de la historia, agradecería tu colaboración con una Piedra de Poder.
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