BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 28
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- Capítulo 28 - 28 Regreso a la cuidad fantasmal
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28: Regreso a la cuidad fantasmal 28: Regreso a la cuidad fantasmal A medida que avanzábamos por el camino hacia la iglesia, noté que muchas mujeres se detenían a mirar a Belial.
Su presencia era innegable; un hombre atractivo con un porte elegante que solo un rey del Infierno podría poseer.
Vestía un traje de oficina que acentuaba su figura imponente, sugiriendo que venía del trabajo o de alguna reunión importante.
Las miradas de admiración y curiosidad se dirigían hacia él, como si su aura atrajera la atención de todos a su alrededor.
Había algo en su manera de caminar, en la confianza con la que se movía, que parecía hipnotizar a quienes lo observaban.
Belial, ajeno a las miradas, seguía adelante con un aire de autoridad y calma, como si estuviera acostumbrado a ser el centro de atención.
Sin embargo, un sutil destello en sus ojos revelaba que sabía muy bien el efecto que tenía en los demás.
Abyllie, caminando a mi lado, soltó un pequeño suspiro, claramente distraída.
—A veces me pregunto cómo es posible que no se dé cuenta de lo que provoca —dijo en voz baja, un ligero tono de frustración en su voz.
A pesar de la situación que enfrentábamos, había algo ligero en el aire, una burbuja de normalidad en medio de la inminente aventura.
Las sonrisas y murmullos de las mujeres a nuestro alrededor eran un recordatorio de que, incluso en un mundo plagado de sombras, la admiración y la belleza podían florecer.
—Es solo Belial, después de todo —respondí, tratando de contener una risa—.
¿Quién no se sentiría atraído por un rey del Infierno vestido de manera tan impecable?
Abyllie me lanzó una mirada de medio reproche y medio risa, pero su expresión se suavizó al ver a Belial interactuar con la gente, su carisma natural brillando incluso entre aquellos que no conocían su verdadero poder.
A medida que nos acercábamos a la iglesia abandonada, el eco de las risas y los murmullos se desvanecía, pero la energía positiva que habíamos creado seguía presente.
Sabía que, a pesar de los desafíos que nos esperaban, debíamos aferrarnos a esos momentos de ligereza y camaradería.
Al llegar al cementerio, la apariencia de la ciudad se imponía ante nosotros.
Sus estructuras antiguas y desgastadas parecían cobrar vida bajo la tenue luz de la luna.
Belial se detuvo un momento, asombrado por la belleza melancólica que lo rodeaba.
—Nunca pensé que en un mundo humano pudiera aparecer una ciudad así —murmuró, sus ojos recorriendo cada rincón—.
Esta ciudad está formada de recuerdos y almas que no buscan la salvación, sino la convivencia con el mundo mundano.
A medida que avanzábamos, el aire se llenaba de una extraña energía.
Las sombras danzaban entre las tumbas, y el susurro del viento parecía contar historias de aquellos que habían pasado.
Era como si la ciudad misma fuera un testigo silencioso de la vida y la muerte, un lugar donde las almas podían coexistir sin el peso del juicio.
Las calles, aunque desiertas, estaban adornadas con flores marchitas y faroles que iluminaban suavemente el camino.
Podía sentir la tristeza y la nostalgia en el ambiente, pero también una sensación de paz, como si las almas que habitaban allí hubieran encontrado su lugar en el mundo.
—Es fascinante —dijo Belial, dejando caer su mirada en una placa desgastada que honraba a aquellos que habían vivido y amado en la ciudad—.
Aquí, el tiempo parece no tener poder.
Estas almas han encontrado un refugio donde pueden ser parte de algo más grande.
Abyllie se acercó a mí, su expresión reflejando la misma curiosidad.
—¿Por qué estarían satisfechos con esto?
—preguntó, su voz suave pero intrigada—.
¿Por qué no buscan la redención?
—Quizás han hecho las paces con su existencia —dijo Iston, contemplando la belleza sombría que nos rodeaba—.
Tal vez prefieren la compañía de sus recuerdos a la incertidumbre de la salvación.
A medida que nos adentrábamos más en la ciudad, la sensación de ser observados se intensificó.
Pude sentir que las almas nos miraban, curiosas y expectantes.
Era un lugar donde los vivos y los muertos coexistían, y donde las historias de cada uno se entrelazaban en un tapiz de experiencias compartidas.
Belial, con su mirada analítica, parecía estar procesando la complejidad de lo que había encontrado.
Este no era el Infierno que había conocido; era un espacio en el que las almas tenían voz y donde los ecos del pasado resonaban con fuerza.
—Debemos tener cuidado aquí —dijo, su tono bajo y serio—.
Las reglas son diferentes en este lugar, y debemos respetar lo que hemos encontrado.
A medida que nos adentrábamos en la ciudad fantasmal, una figura emergió de las sombras, deteniéndonos en nuestro camino.
Era un guardia, con una postura firme y un aire de autoridad que no pasaba desapercibido.
—¡Alto!
—exclamó, su voz resonando con un eco que llenó el silencio de la noche.
Se acercó, sus ojos escaneando a cada uno de nosotros antes de enfocarse en Iston y Abyllie, a quienes saludó con un gesto de preocupación que revelaba el recuerdo de su primer encuentro.
—Iston, Abyllie —dijo, su tono más suave al reconocerlos—.
Es un alivio verlos de nuevo.
Pero, ¿qué hacen aquí?
Necesito que me muestren su identificación.
Iston intercambió una mirada con Abyllie, ambos sintiendo la tensión en el aire.
La última vez que habían estado en esta ciudad, había sido en circunstancias muy diferentes, y el guardia había jugado un papel crucial en su experiencia.
—Estamos aquí para turismo —respondió Iston, tratando de infundir confianza en su voz—.
Necesitamos entrar y… explorar.
El guardia frunció el ceño, su preocupación visiblemente aumentada.
—¿Explorar?
La ciudad no es segura, especialmente en la noche.
Hay fuerzas que no comprenden, y no quiero que se vean atrapados en algo que no pueden manejar.
Abyllie intervino, sintiendo la necesidad de calmar la situación.
—Sabemos lo que nos arriesgamos al estar aquí, pero es importante.
Hemos venido a buscar respuestas, y necesitamos su ayuda.
El guardia los miró fijamente, evaluando sus palabras.
Finalmente, suspiró, como si el peso de la decisión lo estuviera agotando.
—De acuerdo.
Pero deben tener cuidado.
La ciudad tiene sus propios secretos, y algunos de ellos no son amistosos.
Con un gesto, el guardia permitió que pasáramos.
Aunque su mirada aún reflejaba preocupación, había un destello de confianza en su expresión.
Sabía que Iston y Abyllie eran valientes, pero también entendía que la curiosidad puede ser peligrosa en un lugar como este.
A medida que cruzábamos el umbral, una sensación de expectativa se apoderó de mí.
La ciudad fantasmal se desplegaba ante nosotros, y, aunque teníamos una misión, sabíamos que el camino estaba lleno de desafíos y misterios por descubrir.
Mientras nos adentramos en la ciudad, la inquietud comenzó a surgir entre Iston y Abyllie.
Se miraron, preguntándose lo mismo.
—¿Qué hay en esta ciudad que puede ser peligroso?
La primera vez que estuvimos aquí, el guardia no nos advirtió sobre nada, solo nos pidió que nos retiráramos.
A medida que avanzábamos, el ambiente se sentía cargado de misterio.
La luz de la luna iluminaba los edificios antiguos, pero las sombras parecían moverse, como si algo más estuviera al acecho.
Belial, sin entender del todo a qué se referían, los miró con una expresión de desafío.
—Vamos a descubrirlo —dijo, su voz segura—.
Esto servirá como un buen entrenamiento para Iston.
Además, podríamos aprovechar para hacer que desarrolles tu sello si algo sale mal.
Iston sintió un escalofrío recorrer su espalda al escuchar la última parte.
La idea de enfrentar un desafío que podría poner a prueba sus habilidades lo llenaba de nervios, pero también de determinación.
—No estoy seguro de si eso es lo que necesito —respondió, su voz un poco temblorosa—.
Pero si Belial cree que es importante, tal vez debería confiar en su juicio.
—Exactamente —asintió Belial, con una sonrisa—.
La experiencia es la mejor maestra.
Aquí, en esta ciudad, aprenderás a manejar tus habilidades y a enfrentar lo desconocido.
Abyllie miró a Iston, preocupada pero también intrigada por la perspectiva de la aventura.
Sabía que su compañero tenía un potencial oculto y la idea de que podía comenzar a descubrirlo la llenaba de esperanza.
—Está bien —dijo, tomando la mano de Iston con fuerza—.
Si esto es lo que debemos hacer, lo haremos juntos.
Con una renovada determinación, seguimos adelante, preparándonos para lo que el destino tenía reservado en la enigmática ciudad.
Mientras las sombras se alargaban a nuestro alrededor, sabía que la verdadera prueba apenas comenzaba.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES amacaow Si disfrutaste de la historia, agradecería tu colaboración con una Piedra de Poder.
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