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BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 30

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  4. Capítulo 30 - 30 ¿Hay un mesías
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30: ¿Hay un mesías?

30: ¿Hay un mesías?

Buer, observando la confusión en el rostro de Belial, respiró hondo antes de hablar.

Sabía que la verdad que estaba a punto de revelar era compleja y podría cambiar la percepción de su viejo amigo.

—Sí, morí ese día —comenzó, su voz suave pero firme—.

Pero antes de eso, creé una marioneta, un respaldo de mis memorias y anhelos, con un tiempo de vida útil basado en el comportamiento humano.

Mi cuerpo original estuvo muerto desde que terminó la cuarta guerra.

Las palabras de Buer cayeron como un peso sobre Belial, quien la miró con incredulidad.

—¿Qué quieres decir con que creaste una marioneta?

—preguntó, su voz temblando entre asombro y confusión.

—En mi último momento, antes de caer en la batalla, entendí que necesitaba una forma de seguir existiendo, de mantener vivas mis ideas y mis enseñanzas.

Así que utilicé lo que quedaba de mí para crear este ser, una representación de mis recuerdos y mi espíritu.

Buer hizo una pausa, permitiendo que su explicación calara hondo en la mente de Belial.

—Esa marioneta ha estado viviendo en este mundo, llevando mis recuerdos y enseñando a otros.

Aunque mi cuerpo ya no esté, las lecciones y la esencia de lo que fui continúan a través de ella.

Belial, aun procesando la magnitud de lo que escuchaba, sintió cómo la tristeza y la admiración se entrelazaban en su corazón.

—Entonces, ¿estás aquí solo como un eco de lo que solías ser?

—preguntó, su voz un susurro.

—No solo un eco —respondió Buer, su mirada intensa—.

Soy más que eso.

Estoy aquí para guiar, para asegurar que este nuevo mundo no repita los errores del pasado.

Aunque mi forma física haya desaparecido, mi propósito sigue vivo.

La revelación llenó la sala de una energía diferente, un sentido de conexión que trascendía la muerte misma.

Belial sintió que, a pesar de la pérdida, había una oportunidad de aprendizaje y crecimiento.

—Debemos aprovechar esto —dijo finalmente, su voz firme—.

Tu experiencia y sabiduría son esenciales para lo que enfrentaremos.

Buer continuó, su mirada fija en Belial, como si estuviera preparándose para desvelar un secreto profundo.

—Además, aquí está escondido un fragmento del cuerpo de Enoc.

Fue utilizado por Metatrón para sellar la entrada al Infierno.

La sorpresa de Belial fue monumental.

Su mente luchaba por procesar lo que acababa de escuchar.

—Eso no es posible —exclamó, su voz llena de incredulidad—.

Solo hubo siete fragmentos de ese día, y esos se convirtieron en sellos.

¿Cómo podría haber otro?

Buer mantuvo su mirada fija, sin inmutarse ante la reacción de Belial.

—Las circunstancias de su fragmentación fueron más complejas de lo que piensas.

Metatrón, al ver la magnitud de la situación, tomó medidas para asegurarse de que la esencia de Enoc no se perdiera por completo.

A medida que la conversación continuaba, una nueva comprensión se apoderó de mí.

Recordé las implicaciones del ritual que habíamos realizado, un acto que había utilizado un cuerpo vivo y un alma poderosa.

Esa combinación había desatado las esquirlas de los sellos, aquellas que, al juntarse, formaban un total de nueve sellos distintos.

—Esos dos sellos restantes —dijo Buer, su voz llena de gravitas— cuentan con los pecados de sus dos creadores: el pecado de Enoc y el de Lucifer.

La mención de esos pecados hizo que el aire se volviera más denso, como si las sombras de la culpa y la redención se alzaran a nuestro alrededor.

—¿Cuáles son esos pecados?

—preguntó Iston, sintiendo la tensión en la atmósfera.

Buer hizo una pausa, considerando cuidadosamente sus palabras.

—El pecado de Enoc es el del sacrificio, una carga que ha llevado en su búsqueda por la paz y la protección de todos los que amaba.

Su deseo de salvar a su gente lo llevó a tomar decisiones que, aunque necesarias, tuvieron un costo devastador.

Belial asintió, recordando las circunstancias de la muerte de su amigo.

Enoc había sacrificado tanto por el bien de otros, pero ese sacrificio también había dejado huellas profundas en su alma.

—Y el pecado de Lucifer es el de la rebeldía —continuó Buer—.

Su lucha contra la opresión y su deseo de libertad lo llevaron por un camino oscuro, uno que lo llevó a la caída.

Aunque su lucha fue justa, el costo de su rebeldía transformó su esencia.

Mientras escuchaba, comprendí la complejidad de esos sellos.

No solo eran símbolos de poder, sino representaciones de las luchas internas y los sacrificios de sus creadores.

La unión de estos dos sellos no sería solo un desafío físico, sino una prueba de nuestras propias convicciones y deseos.

—Si logramos reunir esos sellos y confrontar los pecados que representan —dijo Belial, su voz firme—, podremos encontrar la forma de redimir no solo a Enoc y Lucifer, sino a todo “Infierno”.

—Si es factible —replicó Buer, su voz grave resonando en la sala—.

Pero hay algo más: cuando los nueve sellos se juntan en un solo ser, se desata un poder inimaginable.

Esa convergencia da vida al verdadero mesías, un ser capaz de cambiar el mundo.

Las palabras de Buer flotaron en el aire, pesadas y cargadas de significado.

La idea de un mesías que pudiera unir las fuerzas de la luz y la oscuridad era a la vez emocionante y aterradora.

—¿Un mesías?

—preguntó Iston, su voz entrecortada por la incredulidad—.

¿Qué implicaría eso?

—Implicaría un equilibrio que nunca hemos conocido —explicó Buer, su mirada fija en el horizonte—.

Este ser sería la encarnación de la redención, capaz de restaurar lo que está roto y de guiar a las almas perdidas hacia un futuro más brillante.

Pero también conlleva un gran riesgo.

El poder de los sellos puede ser tanto una bendición como una maldición.

Belial asintió, comprendiendo la magnitud de la revelación.

—Si el mesías existe, entonces debemos encontrar la manera de reunir los sellos y proteger a ese ser.

La historia de “Infierno” podría cambiar para siempre.

—Exactamente —asintió Buer, su voz firme—.

Pero este ser no será solo un símbolo de esperanza; también será un objetivo para aquellos que temen el cambio.

Deberemos estar preparados para enfrentar a quienes deseen destruirlo antes de que tenga la oportunidad de nacer.

Con cada palabra, la urgencia de nuestra misión se intensificaba.

Sabía que el destino de “Infierno” no solo dependía de la búsqueda de los sellos, sino también de proteger a este mesías potencial, una figura que podría cambiar el rumbo de todos.

—Entonces, ¿cuál es nuestro siguiente paso?

—preguntó Abyllie, su mirada decidida—.

¿Cómo encontramos los sellos y al mismo tiempo protegemos a este ser?

—Debemos ser astutos y rápidos.

Cada uno de ustedes tiene un papel que desempeñar, y juntos formaremos una barrera contra las sombras que buscan destruir este nuevo futuro —respondió Buer, su mirada recorriendo a cada uno de nosotros con grave determinación.

Las palabras de Buer resonaron en mi corazón, llenándome de esperanza y una renovada determinación.

Sabía que, aunque el camino que nos esperaba estaba plagado de peligros, teníamos la oportunidad de forjar un futuro mejor, uno donde el verdadero mesías pudiera finalmente emerger y cambiar el destino de “Infierno”.

Con ese sentido de propósito, nos preparamos para la travesía que teníamos por delante, conscientes de que no solo estábamos buscando sellos, sino también el inicio de una nueva era.

Buer nos guió a través de un pasillo oscuro y angosto; el aire se volvía más denso a cada paso que dábamos.

Finalmente, llegamos a una sala apartada, y al abrir las puertas, el espectáculo que se presentó ante nosotros me dejó sin aliento.

La sala del sello era un lugar sombrío y escalofriante, iluminado solo por la tenue luz que se filtraba a través de las rendijas.

En el centro, un altar se erguía, y sobre él estaba la cabeza de un ser, atrapada entre cadenas y crucifijos, como un símbolo de un sacrificio prolongado.

Al ver la escena, Belial se quedó paralizado, su rostro transformándose en una mezcla de incredulidad y dolor.

Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras contemplaba la cabeza de su viejo amigo, un ser al que había considerado un hermano.

—No…

—susurró, su voz quebrada—.

¿Qué le han hecho?

Las cadenas que apresaban la cabeza parecían resonar con el lamento de aquellos que habían sufrido, un eco de la desesperación que había marcado la historia de “Infierno”.

Era un recordatorio brutal de las decisiones tomadas en el pasado, y el peso del sufrimiento se hacía presente en la sala.

Buer, con su mirada compasiva, se acercó a Belial y colocó una mano en su hombro.

—Debes recordar lo que esto significa, Belial.

Su sacrificio no fue en vano.

Su esencia aún puede ser el catalizador para el cambio, pero debemos actuar con rapidez.

Las palabras resonaron en mi mente mientras observaba a Belial, luchando contra el dolor que lo invadía.

Sabía que el camino hacia la redención no sería fácil, pero el sacrificio de su amigo debía ser honrado.

Con una determinación renovada, nos acercamos al altar.

Sabíamos que el proceso no sería sencillo, pero estábamos dispuestos a enfrentar lo que fuese necesario para desatar el poder del sacrificio y cumplir con el legado de aquellos a quienes habíamos perdido.

En medio del silencio que envolvía la sala, una voz resonó en mi mente, clara y poderosa.

—Llegaste, elegido.

El eco de esas palabras retumbó en mi interior, llenándome de una mezcla de asombro y responsabilidad.

La afirmación de ser “el elegido” resonaba con fuerza, como si el destino mismo estuviera reclamando mi atención.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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