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BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 33

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  4. Capítulo 33 - 33 Relaciones y Venganza
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33: Relaciones y Venganza 33: Relaciones y Venganza —Mi madre torció el destino —dijo Iston, sus palabras resonando con un peso cargado de significado—.

Su nombre era Aracne.

Al pronunciar el nombre, Buer se quedó paralizada, recordando a Aracne, el arconte que manipulaba los hilos del destino, con su figura imponente y su aura enigmática.

—Ella es tu madre…

—murmuró Buer, mientras la conexión tomaba forma en su mente—.

Eso explica su desaparición hace unos diez años, cuando vino a pedirme ayuda para unas runas de ocultación.

La revelación golpeó a Iston como un rayo.

La idea de que su madre había estado tan cerca, pero perdida en la oscuridad de un mundo que no comprendía del todo, lo llenaba de nostalgia y frustración.

—¿Runas de ocultación?

—preguntó, con la voz temblando entre curiosidad y desesperación—.

¿Por qué las necesitaba?

Buer frunció el ceño, recordando la urgencia en los ojos de Aracne.

—Ella sabía que estaba en peligro; había algo de lo que no podía defenderse.

Las runas eran su forma de protegerse de quienes querían utilizar su poder.

Era una advertencia de lo que estaba por venir —respondió, su tono grave.

Belial, con mirada penetrante, intervino:  —Si Aracne buscaba ocultar su poder, el sacrificio que hizo para darte vida fue aún más significativo.

Arriesgó todo para asegurarse de que tu existencia no fuera una maldición.

—¿Y tu padre?

¿Qué era?

—preguntó Abyllie, mezclando curiosidad y preocupación.

—Un simple humano —respondió Iston, sintiendo cómo el peso de su herencia lo oprimía.

La realidad de su linaje se tornaba cada vez más complicada.

—Entonces, eres un mestizo de arconte y humano —dijo Buer, asombrada por la poderosa herencia que representaba Iston.

—Sí.

Por eso mis padres murieron cuando tenía diecisiete años —dijo.

El recuerdo de aquel día todavía ardía en su mente.

Su voz tembló al evocar el dolor de la pérdida.

Abyllie frunció el ceño, captando la tristeza que emanaba de él.

—Pero ¿sus almas no llegaron al infierno por tenerte, un tabú para el cielo?

Iston asintió, la frustración arrugando su frente.

—Capturaron sus almas.

El cielo tiene a mi madre para experimentar con ella y crear un arma, mientras que mi padre está en manos del avatar de Zaphkiel.

Al pronunciar el nombre de Zaphkiel, un escalofrío recorrió la sala.

Su figura era conocida por su poder desmesurado y su infame conexión con la luz, pero también por su crueldad.

Belial, que había estado escuchando en silencio, mostró una rabia palpable al mencionar a Lucius.

—Ese maldito Lucius tiene el alma de tu padre —exclamó, su voz resonando con furia.

Iston sintió que el aire se cargaba con la ira de Belial.

La angustia de que el alma de su padre estuviera en manos de un enemigo lo abrumaba.

—Vamos a recuperar el alma de tu padre —declaró Belial, impregnando su voz de determinación—.

Será tu regalo de bodas.

La idea de tener a su padre de vuelta, incluso en un momento tan simbólico, era tanto emocionante como aterradora para Iston.

—¿Cuándo?

—preguntó, la urgencia evidente en su tono.

—Lucius llegará mañana a Querétaro —respondió Belial, sus ojos brillando con intensidad.

—¿Cómo sabes eso?

—inquirió Iston, sorprendido.

—Tengo un infiltrado en el Vaticano —explicó Belial en voz baja, como si el aire mismo pudiera estar escuchando—.

Ha estado observando sus movimientos y me ha mantenido al tanto de sus planes.

El corazón de Iston se aceleró.

La proximidad de Lucius le llenaba de ansiedad y determinación.

Abyllie, abrumada por la verdad sobre la muerte de su madre, se sumió en un silencio sepulcral.

La idea de que el responsable estuviera tan cerca la consumía, y la rabia burbujeaba en su interior, deseando atravesar el corazón de Lucius para vengar esa pérdida.

Mientras Abyllie luchaba con sus pensamientos oscuros y su sed de venganza, Buer rompió el silencio.

—¿Qué tipo de experimentos están haciendo con tu madre?

—preguntó, consciente de que lo desconocido podía ser mortal.

—No lo sé con certeza —respondió Iston, su voz temblando entre ira e impotencia—.

Pero Virgilio me dijo que su alma está siendo utilizada como un recurso, un arma en el conflicto eterno entre el cielo y el infierno.

La imagen de su madre siendo manipulada, reducida a un objeto para la guerra, lo llenaba de desesperación.

La rabia y el deseo de liberarla ardían en su interior.

—Virgilio me dijo que tengo que absorber el sello de la cabeza —declaró Iston, su voz resonando con determinación—.

Solo así podré utilizar el poder de Enoc y descubrir el futuro.

Abyllie frunció el ceño, sorprendida por la magnitud de lo que Iston estaba diciendo.

—¿Absorber el sello?

Eso suena extremadamente arriesgado.

¿Estás seguro de que estás listo para eso?

—No tengo otra opción —respondió Iston, sintiendo la presión del destino sobre sus hombros—.

Si quiero liberar a mi padre y entender qué planea Lucius, necesito esa conexión.

El poder de Enoc podría ser la clave para anticipar sus movimientos.

Buer, que había estado escuchando atentamente, intervino.

—Pero, ¿qué significa realmente absorber el sello?

¿Hay consecuencias que debas considerar?

Iston reflexionó sobre la pregunta.

—Virgilio mencionó que, al absorber el sello, liberaré un potencial inmenso.

Pero también advirtió que podría ser peligroso.

Tendré que enfrentar mis propios miedos y las sombras que habitan en mí.

Abyllie se acercó, su mirada llena de preocupación.

—No puedes subestimar lo que significa cargar con ese poder.

El pasado de Enoc es complicado, y esa energía puede consumir a alguien si no está preparado.

Iston sintió un escalofrío recorrer su espalda.

La responsabilidad de manejar el poder de Enoc era abrumadora, pero el deseo de salvar a su padre y obtener respuestas lo empujaba hacia adelante.

—Lo sé —dijo, su voz un susurro—.

Pero también sé que no puedo continuar sin entender quién soy realmente.

Este poder es parte de mi herencia, y debo aprender a controlarlo.

Buer asintió, comprendiendo la gravedad de la situación.

—Si decides seguir adelante, estaremos a tu lado.

No enfrentarás esto solo.

—De acuerdo —respondió Iston, sintiendo una oleada de gratitud hacia sus amigos—.

Si vamos a hacerlo, necesitamos un plan para asegurar que esté a salvo.

Abyllie, sintiendo la tensión en el aire, tomó una decisión.

—Podemos hacer un ritual de preparación.

Algo que te ayude a conectarte con el poder de Enoc de manera segura y que minimice el riesgo.

Iston asintió, sintiendo que la idea de un ritual le daba un sentido de control.

—Eso es lo que necesitamos.

Quiero enfrentar esto con claridad y fuerza.

Con un nuevo sentido de propósito, el grupo comenzó a discutir los detalles del ritual.

La búsqueda del poder de Enoc se convertía en una parte esencial de su misión, no solo para salvar a su padre, sino para comprender su propio destino en un mundo lleno de sombras.

Mientras tanto, en el aeropuerto de Argentina, una figura enigmática se adentraba en un jet privado del Vaticano.

—Señor Fray Lucius, ¿realizará otro trabajo en Querétaro?

—preguntó la azafata, su voz suave, pero con un matiz de respeto.

—Sí —respondió Lucius, su tono grave—.

Al parecer, me han enviado a investigar actividad demoníaca prolongada en la zona.

La azafata asintió, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda ante la mención de lo demoníaco.

La figura de Lucius siempre había estado rodeada de rumores; su reputación como cazador de demonios lo precedía, pero también las sombras que dejaba a su paso.

—Espero que su misión sea exitosa —dijo, intentando mantener la calma mientras la puerta del avión se cerraba.

—Lo será —respondió Lucius con confianza, sus ojos fríos y calculadores.

Sabía que la tarea que le esperaba no sería fácil, pero estaba acostumbrado a enfrentarse a las fuerzas oscuras.

Mientras el avión despegaba, Lucius contempló el paisaje que se desvanecía bajo él.

En su mente, ya planeaba cada movimiento, cada estrategia que lo llevaría a desentrañar los secretos ocultos en Querétaro.

La idea de lo que podría encontrar allí lo llenaba de emoción y de una incesante sed de poder.

El vuelo hacia su destino estaba por comenzar, y con cada segundo, las piezas del juego se colocaban en su lugar.

Lucius estaba decidido a no dejar que nada se interpusiera en su camino.

—Que Dios esté conmigo —susurró, la frase fluyendo con fervor, contrastando con la frialdad de su mirada.

Sabía que su misión era peligrosa, que cada paso lo acercaba a fuerzas que habían estado latentes por mucho tiempo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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