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BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 34

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  4. Capítulo 34 - 34 El sello roto
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34: El sello roto 34: El sello roto Buer sentía la tensión palpitar en el aire mientras se sentaba frente a Iston, quien estaba listo para liberar el sello de Enoc.

La cabeza del arconte, imponente y misteriosa, parecía observarlo con sabia indiferencia.

—¿Estás preparado para lo que está por venir?

—preguntó Buer, con su voz entrelazada de dudas.

La confusión era evidente; temía que realizar el ritual fuera prematuro, considerando que Iston aún no había asimilado del todo los dos poderes que latían en su interior.

Con una mezcla de determinación y ansiedad, Iston asintió.

Sabía que el tiempo no estaba de su lado.

—No podemos dudar —respondió, su voz resonando con firmeza, a pesar del torbellino de emociones que lo invadía—.

No sé qué sucederá después de esto, pero debo hacerlo.

Tengo que liberar a mi padre y encontrar una forma de detener a Lucius.

Buer lo miró, sintiendo el peso de su decisión.

La presión del momento era intensa, pero la determinación en los ojos de Iston le ofrecía un destello de esperanza.

—De acuerdo —dijo, decidida a apoyarlo—.

Si sientes que este es el camino, debemos proceder.

Pero recuerda, al absorber el sello, enfrentarás no solo el poder de Enoc, sino también tus propios miedos.

Iston respiró hondo, sintiendo la carga de su herencia y la responsabilidad que conllevaba.

No luchaba solo por su padre, sino por un futuro incierto que se extendía ante él.

—Estoy listo —declaró, aunque una parte de él temía lo que podría descubrir en el proceso—.

Haremos esto juntos.

Con una última mirada de aliento, Buer comenzó el ritual.

Las palabras antiguas fluyeron de sus labios como un canto ancestral, mientras el aire a su alrededor vibraba con energía.

Iston cerró los ojos, sintiendo cómo la conexión con sus poderes empezaba a intensificarse, uniendo su esencia a la de Enoc.

De repente, una imagen resonó en la mente de Belial: el momento de la muerte de Enoc.

Recordó la feroz lucha, las energías chocando en un torbellino de luz y sombra.

En su mente, un alma negra y otra blanca luchaban por entrar en el cuerpo de Iston, cada una tirando con fuerza hacia direcciones opuestas.

Belial sintió que el aire se congelaba a su alrededor.

Esa visión la llenó de temor y asombro.

Sabía que el legado de Enoc era poderoso, pero la idea de que su esencia todavía estuviera en conflicto dentro de Iston la inquietaba.

—¡Iston, detente!

—gritó, las palabras saliendo de su boca antes de que pudiera pensar en las consecuencias.

Iston, sumido en la energía del ritual, abrió los ojos de golpe, confundido por la interrupción.

—¿Qué sucede?

—preguntó, su voz entrecortada.

—Vi algo…

—respondió Belial, con el rostro pálido de preocupación—.

Un alma negra y otra blanca, tratando de entrar en ti.

Es como si las fuerzas de Enoc estuvieran en conflicto.

No sé si estás preparado para esto.

Un escalofrío recorrió la espalda de Iston.

La imagen en la mente de Belial resonaba con su propia lucha interna.

Las sombras y luces que coexistían en su ser se sentían más reales que nunca.

—¿Qué significa eso?

—preguntó con voz temblorosa—.

¿Están tratando de apoderarse de mí?

—Podría ser —admitió Belial, su expresión grave—.

Deberás tener cuidado.

Si permites que el conflicto se intensifique, podrías perderte en la batalla entre esas fuerzas.

A pesar del miedo que comenzaba a anidar en su interior, Iston se sintió guiado por la determinación.

No podía dar marcha atrás.

El futuro de su padre y su propia identidad dependían de enfrentar lo que se venía.

—No puedo retroceder ahora —afirmó con firmeza—.

Debo aprender a manejar ambas fuerzas.

No dejaré que una parte de mí domine a la otra.

Belial lo miró, comprendiendo la valentía en sus palabras, aunque la preocupación seguía latente en su corazón.

—Está bien, solo asegúrate de mantenerte consciente de quién eres —advirtió—.

Si el sello se libera, deberás estar preparado para lo que pueda surgir de tu interior.

Con esa sensación de incertidumbre, Iston se preparó para el siguiente paso del ritual.

Estaba decidido a confrontar no solo a Enoc, sino también a las sombras que amenazaban con consumirlo.

Mientras los símbolos del ritual comenzaban a brillar, una luz blanca invadió la sala, iluminando cada rincón con un resplandor casi divino.

Abyllie, atónita, observó cómo la energía se intensificaba a su alrededor, sintiendo una mezcla de asombro y temor.

Fue entonces cuando del cuerpo de Iston emergió una sombra, una figura oscura que se contorsionaba y giraba, como si luchara por liberarse.

El contraste entre la luz resplandeciente y la oscuridad de la sombra era impresionante; una batalla de fuerzas opuestas que reflejaba la lucha interna de Iston.

—¡Iston!

—gritó Abyllie, avanzando hacia él, incapaz de contener su impulso de protegerlo—.

¡Lucha contra ella!

La sombra parecía responder a su llamado, girando hacia Iston con una malevolencia palpable.

La energía liberada por su lucha resonaba en la sala, creando un ritmo hipnótico donde la luz y la oscuridad danzaban en un espectáculo sobrecogedor.

Belial, consciente de la gravedad de la situación, observaba con admiración y preocupación.

Sabía que Iston estaba enfrentando una batalla trascendental que definiría no solo su futuro, sino también el de aquellos a su alrededor.

—Esto es solo el comienzo —murmuró Belial, sintiendo que el aire vibraba con la promesa de un poder inmenso.

La tensión se intensificaba, cada segundo marcando un paso hacia lo desconocido.

Las grietas en el cuerpo de Iston se extendían, como si la energía misma luchara por salir, liberando un resplandor que iluminaba los rostros de sus amigos.

La lucha se volvía cada vez más intensa, y el palpitar de la energía resonaba en el corazón de todos los presentes.

—Debes encontrar el equilibrio —gritó Belial, consciente de que el poder de Enoc y la sombra que luchaba por controlarlo necesitaban ser reconciliados.

Iston cerró los ojos con fuerza, sintiendo cómo la luz y la sombra luchaban dentro de él.

No solo era un mestizo de dos mundos; era el puente entre ellos.

Con cada latido, la energía fluía, una batalla épica que estaba a punto de estallar.

—¡Yo soy Iston!

—declaró, su voz resonando con una mezcla de luz y poder—.

No dejaré que la oscuridad me controle.

Con esas palabras, la sala tembló.

La luz y la sombra convergieron en un destello brillante, y Iston sintió cómo su cuerpo se llenaba de una inmensa fuerza.

Era el momento de comprender quién era realmente, de abrazar tanto la luz como la oscuridad.

Al mismo tiempo, Fray Lucius había llegado a Querétaro, decidido a investigar la extraña actividad demoníaca de la que lo habían alertado.

Su presencia era imponente, y conforme caminaba por el aeropuerto, los rostros de los transeúntes reflejaban una mezcla de curiosidad y temor.

Un objeto en su cintura captaba la atención de muchos: una pistola que, en su culata, llevaba grabada la palabra “El Incauto”.

La mirada de Lucius era fría y calculadora, y cada paso que daba resonaba con la certeza de que estaba preparado para lo que debía enfrentar.

La tensión en el aire era palpable, y la gente a su alrededor se apartaba con cautela.

Lucius sabía que su reputación lo precedía; algunos lo veían como un protector, mientras otros sentían un miedo reverente ante su presencia.

Mientras avanzaba por el vestíbulo, su mente se llenaba de pensamientos sobre la misión que lo había traído allí.

La actividad demoníaca no era algo que se tomara a la ligera, y él estaba decidido a descubrir la raíz de la perturbación.

Con cada mirada que recibía, reafirmaba su determinación.

—Voy a desentrañar lo que está sucediendo aquí —murmuró para sí mismo, su voz baja pero firme.

Sabía que había fuerzas oscuras en juego, y que tenía que estar preparado para enfrentarlas.

Con la pistola lista y la mente afilada, Lucius se movió hacia la salida, sintiendo la brisa cálida de Querétaro.

El destino lo esperaba, y estaba decidido a no permitir que nada se interpusiera en su camino.

Fray Lucius se detuvo un momento, sintiendo el peso de su misión.

Miró al horizonte, donde el sol comenzaba a ponerse, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y morados.

—Las telas del destino me llevarán a mi objetivo —murmuró, con voz firme, como si el mismo aire respondiera a su declaración.

La convicción ardía en su interior, alimentada por su fe y su determinación de erradicar el mal.

—Y en nombre de nuestro Señor, esos demonios perecerán.

Amén —completó, su voz resonando con autoridad, inspirando tanto miedo como respeto.

Con esa declaración, Lucius sintió que la energía a su alrededor cambiaba, como si las fuerzas del universo se alinearan con su propósito.

La luz de la tarde iluminaba su figura, proyectando una sombra imponente a sus pies, simbolizando su papel como cazador de demonios.

Reajustando la pistola en su cadera, se dirigió con paso decidido hacia la salida del aeropuerto.

Sabía que los desafíos que lo esperaban en Querétaro serían grandes, pero su fe en su misión lo mantenía firme.

Con cada paso, reafirmaba su compromiso de enfrentar las sombras que amenazaban a la humanidad.

Mientras se adentraba en la ciudad, su mente se llenaba de imágenes de batallas pasadas, de demonios caídos y almas liberadas.

La historia de su linaje como cazador de demonios lo guiaba, y no podía permitirse dudar.

Fray Lucius estaba listo para lo que vendría, consciente de que la lucha entre la luz y la oscuridad siempre había sido parte de su destino.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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