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BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 36

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  4. Capítulo 36 - 36 La lucha del sello
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36: La lucha del sello 36: La lucha del sello Iston estaba sentado en el centro del ritual de liberación del sello, con la piel descascarada por la energía a su alrededor.

A pesar de su estado, su cuerpo seguía paralizado, atrapado en un profundo trance.

En su mente, la lucha entre Lucifer y Enoc se desataba con una intensidad apoteósica, mientras ambas entidades competían por el control de su psique.

La sala estaba impregnada de un aire tenso, con luces parpadeantes danzando alrededor de Iston, reflejando la batalla que se libraba en su interior.

Fragmentos de recuerdos distorsionados resonaban en su conciencia, ecos de voces que lo llamaban y desafiaban.

Lucifer, con su voz seductora, susurraba promesas de poder y libertad, mientras Enoc respondía con firmeza tranquilizadora, recordándole quién era en esencia.

La intensidad del conflicto llenaba su mente con vívidas imágenes: visiones de oscuridad y luz, de tentación y redención.

Iston se encontraba atrapado entre esas fuerzas opuestas, sintiendo cómo su alma era tironeada en direcciones contradictorias.

Una mezcla de miedo y desesperación lo invadía, pero también una chispa de esperanza que intentaba aferrarse.

En ese momento de caos, comprendió que la batalla no era solo por su cuerpo, sino por su esencia.

A medida que la locura crecía dentro de él, Iston luchaba por mantener la cordura.

La presión de las dos entidades se intensificaba, y sentía que su identidad se desvanecía bajo el peso de la batalla.

Con un esfuerzo titánico, logró enfocar sus pensamientos en la última puerta roja, el umbral que lo había llevado a este tormento.

Desde lo más profundo de su ser, una voz resonó, firme y decidida: necesitaba volver a esa puerta y hablar con Virgilio.

—¡Virgilio!

—gritó en su mente, su voz temblando de desesperación—.

¡Déjame volver!

En medio del caos, la imagen de la puerta roja apareció ante él, brillante y tentadora.

Podía sentir su energía, un faro de esperanza en medio de la tormenta.

Con cada intento, la locura se hacía más intensa, pero la determinación de Iston crecía.

—Necesito hablar contigo —insistió, sintiendo que la conexión con Virgilio se fortalecía.

La visión de la puerta se volvió más clara, como si el mismo Virgilio la estuviera abriendo para él.

Con un último empujón de voluntad, Iston se lanzó hacia la puerta roja, deseando fervientemente que su decisión lo llevara hacia la claridad y la guía que tanto necesitaba.

Al cruzar la puerta, se preparó mentalmente para lo que iba a encontrar.

Recordaba la figura amorfa, llena de ojos, que lo había llevado a la locura en su primer encuentro.

Sin embargo, lo que vio al abrirse ante él fue completamente diferente.

Delante de Iston, Virgilio se manifestaba en una forma que lo sorprendió: un equilibrio entre la luz y la oscuridad, una mitad blanca y otra negra, fusionándose en una danza hipnótica.

Los ojos que antes parecían mirarlo con malicia ahora reflejaban profunda sabiduría, como si cada uno contara historias de batalla y redención.

Un escalofrío recorrió la espalda de Iston, pero esta vez no era solo miedo; había un atisbo de esperanza.

Virgilio, con su dualidad, parecía ofrecerle una oportunidad: la posibilidad de una nueva comprensión, un camino hacia la sanación.

—Iston —dijo Virgilio, su voz resonando en la mente del joven—.

Has regresado.

¿Estás listo para enfrentar lo que eres?

Iston respiró hondo, sintiendo el peso de la decisión que debía tomar.

Esta figura, que antes representaba locura y tormento, ahora se presentaba como un guía, una entidad que podía ayudarlo a encontrar la paz en medio del conflicto.

—Estoy listo —respondió Iston, con una determinación renovada—.

Quiero entender.

—No tenemos mucho tiempo —advirtió Virgilio, su voz resonante y grave—.

Tu cuerpo no soportará más de tres horas.

La guerra en tu psique te matará si no logras controlar una parte del poder que fluye en ti.

Un sudor frío recorrió la espalda de Iston al darse cuenta de la gravedad de su situación.

Tres horas.

La presión del tiempo se cernía sobre él, y la locura de la batalla interna rugía con fuerza.

—¿Cómo puedo controlarlo?

—preguntó, su voz apenas un susurro, cargada de desesperación y determinación.

—Debes aceptar tu dualidad —respondió Virgilio, su figura brillante en la penumbra—.

Aprende a equilibrar las fuerzas que luchan dentro de ti.

La luz y la oscuridad no son enemigas; son parte de ti.

Solo al aceptarlas podrás armarte del poder que necesitas y cerrar la brecha entre ambas.

Cada palabra de Virgilio resonaba hondo en el alma de Iston.

Era un desafío aterrador, pero también una oportunidad.

Debía enfrentar sus propios demonios y reconciliarse con la parte de sí mismo que había temido.

—Muéstrame cómo —dijo Iston, la decisión fluyendo en su interior como un río de lava—.

Estoy listo para luchar.

Virgilio asintió, la intensidad de su mirada prometiendo guía y protección.

—Entonces comencemos.

Debes concentrarte y permitir que ambas fuerzas fluyan a través de ti.

Respira hondo y siente la energía que te rodea.

Deja que te envuelva y no temas.

—Utiliza tu tercer ojo para guiar la energía hacia tu glándula pineal —instruyó Virgilio, su voz resonando con autoridad—.

Al hacerlo, despertarás la sangre negra que llevas dentro.

Iston parpadeó, la mención de la “sangre negra” resonando en su mente.

Era un legado de su madre, esa parte de él que había permanecido oculta y sellada.

—¿Sangre negra?

—preguntó, sintiendo una mezcla de temor y curiosidad.

—Sí, sangre negra —respondió Virgilio, su figura iluminándose con un brillo intenso—.

Es la característica de la raza de tu madre.

Ella la selló con poder ancestral para protegerte, para que no te encontraran.

Pero ahora, es momento de reclamarlo como parte de tu herencia.

Iston sintió un torrente de emociones al aceptar la revelación.

Su madre había hecho sacrificios para protegerlo, y ahora debía desatar esa parte de sí mismo para enfrentar la guerra en su psique.

—¿Cómo lo hago?

—preguntó, su voz cargada de determinación.

—Siéntate —dijo Virgilio, su tono firme y tranquilizador—.

Necesito que medites mientras abres tu tercer ojo.

Iston asintió y se acomodó en el suelo, cruzando las piernas en una postura de meditación.

Cerró los ojos, sintiendo el aire fresco que lo rodeaba, y se concentró en su respiración.

Cada inhalación le traía calma, y cada exhalación lo liberaba de las tensiones acumuladas.

—Visualiza un punto de luz en el centro de tu frente —continuó Virgilio—.

Imagina que esa luz se expande, abriendo tu tercer ojo.

Permite que la energía fluya hacia él.

Iston siguió las instrucciones, sintiendo el calor que comenzaba a emanar de su frente.

Visualizó el punto de luz, brillante y pulsante, mientras coincidía con la energía ancestral que empezaba a despertar en su interior.

Con cada respiración, la luz se hacía más intensa, formando un vórtice que lo conectaba con el espacio a su alrededor.

—Ahora, visualiza el enojo y la bondad en tu ser —dijo Virgilio, su tono grave y autoritario—.

Ambas son fuerzas poderosas que debes reconocer y equilibrar.

Iston se concentró, profundizando en su meditación.

En su mente, comenzó a visualizar el enojo como una llama ardiente, un fuego intenso y purificador que representaba la rabia acumulada por injusticias pasadas y las luchas que había enfrentado.

Sintió el calor de esa llama, reconociendo su fuerza, pero también su potencial destructivo.

—Permite que esa llama se exprese —instruyó Virgilio—.

No la supriman, déjala arder.

Reconoce su propósito.

Mientras el fuego de su enojo crecía, Iston sintió cómo se formaba una dualidad dentro de él.

Entonces, comenzó a visualizar la bondad: una luz suave y brillante que emanaba desde su corazón, acogedora y tranquila, un refugio en medio del tumulto.

—Siente cómo esa luz envuelve tu enojo —continuó Virgilio—.

Ambas energías pueden coexistir.

La bondad puede transformar el enojo en acción constructiva.

Iston se dejó llevar por la experiencia.

A medida que su llama interior se entrelazaba con la luz de su bondad, sintió un poder renovado.

El enojo ya no era solo furia; se convertía en una espada afilada que podía usar para luchar por lo que era correcto.

La bondad lo guiaba, asegurándose de que su camino estuviera enraizado en la compasión, no en la venganza.

—Ahora, combina esas fuerzas —indicó Virgilio—.

Permite que el enojo y la bondad se unan, formando una nueva energía que te empodere y te prepare para la batalla.

Iston respiró hondo, sintiendo cómo las dos energías comenzaban a fusionarse en su ser.

La llama ardiente y la luz brillante danzaban juntas, creando un resplandor único que lo llenaba de determinación y claridad.

Estaba listo para enfrentar lo que venía, armado con el entendimiento de su propia dualidad.

De repente, fuera de la puerta, un grito desgarrador resonó, cargado de un odio profundo y palpable.

Era Lucifer, su voz envolvente y seductora, capaz de penetrar en la mente de Iston.

—No dejaré que sea tan sencillo, princesa —rugió, su tono lleno de desdén y desafío.

El eco de sus palabras reverberó en la sala, y el odio se hizo tangible, como un manto oscuro que envolvía a Iston.

Sintió cómo esa energía negativa aumentaba su poder, avivando la llama de su propio enojo.

El fuego en su interior no se apagaba; al contrario, ardía con más intensidad, como si la misma esencia de Lucifer intentara avivarlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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