BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 4
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- Capítulo 4 - 4 Bigotes Tsundere y Trajes
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4: Bigotes, Tsundere y Trajes 4: Bigotes, Tsundere y Trajes —Abyllie, por favor, cámbiate de ropa —dijo Belial con voz de decepción—.
Es hora de que conozcas a tu prometido.
—¡Papá!
—bufó ella, cruzándose de brazos y mirando al techo—.
Ya es la quinta vez este año que quieres presentarme a alguien.
Te lo he dicho: voy a morir vieja, sola… con cuarenta años, ¡Furrher!
—Mi hija no vivirá con los hijos de un dictador peludo —replicó Belial, frunciendo el ceño.
—¿Un… Furrher?
—dijo Iston, con más dudas—.
Eso… ¿qué es?
—Un día llegó el alma de una persona bastante conocida al infierno —dijo Belial, con gravedad—.
Por razones que no entendemos, su alma cambió a la de un felino hogareño y tomó el control de una zona del infierno.
Es conocido como el “Dictador Peludo del Infierno”.
En su mundo, lo conocen como el pintor austriaco.
Desde aquel día, Mammon libra una guerra eterna contra la invasión felina de los Furrher.
Ha perdido tres legiones, cuatro castillos y una cantidad incalculable de cojines.
Al principio resistía con orgullo; ahora solo les abre las puertas y observa resignado cómo los Furrher toman más territorio cada día.
Iston, sin entender del todo cómo se estaba repitiendo la Segunda Guerra Mundial… pero con gatos, soltó una carcajada y murmuró entre risas: —El gato principal tiene un bigote chistoso en la cara.
Belial, sin soltar una risa, lo miró fijamente y dijo con calma inquietante: —¿Cómo lo sabes?
—¡Papá, esto ya no va al caso!
¿Cómo puedo tener un prometido si yo no he acordado nada?
¡Y encima es mortal!
Esa pregunta dejó un silencio incómodo mientras Belial e Iston se miraban con complicidad.
—Volviendo al tema principal —dijo Belial, con cara de dolor, sabiendo que no podía enfrentar a su hija—, te lo presento.
Este es Iston, hijo de la Errante y del Incauto Cepit.
Es el mejor candidato para contraer matrimonio contigo; después de todo, sus padres tienen una reputación digna de los duques del Infierno.
—¿Cepit?
—repitió Abyllie, frunciendo el ceño—.
Me suena ese nombre.
Son los que hicieron el pacto por las maldiciones cuando yo tenía cuatro milenios.
Fue nuestro primer trato después del ataque de los serafines en la Cuarta Guerra Infernal.
—¿Ellos hicieron un pacto con ustedes?
—preguntó Iston, confundido—.
¿Se puede saber de qué trataba ese trato?
—Aún no lo sabemos —respondió Belial, llevándose una mano al mentón—.
Fue hace muchas décadas.
Ellos tenían más o menos tu edad.
Solo recibieron una maldición: tu padre sería más fácil de engañar y manipular… y tu madre se perdería en todos lados, como cierto espadachín de anime con tres katanas.
—Ya, volviendo al tema —dijo Belial—, tienen que conocerse.
Iston, ella es mi hija, Abyllie.
Espero que la cuides… y que hoy vayan a su cita para que se conozcan.
—Abyllie, anda a cambiarte en este mismo momento —insistió Belial—.
Ya es hora de tu cita.
Espero que la conozcas y que aprendas que, a pesar de ser un mortal, es bastante bueno.
Yo fui tratado como parte de la familia por un simple mortal… y eso no se olvida.
—¡P-Papá!
—balbuceó Abyllie, apartando la mirada mientras sus mejillas se encendían—.
N-No es como si… quisiera que un mortal me llevara a una cita o algo así… ¡Y menos a un parque a ver las estrellas mientras intenta darme la mano después de… trescientos capítulos!
Como en una serie.
Iston sonrió para sus adentros, comprendiendo —con una mezcla de fascinación y miedo— que acababa de conocer a una auténtica tsundere gótica.
—¿Te parece si vamos a comer?
—preguntó Iston, sonriendo con torpeza—.
Puedo llevarte a un parque con un lago artificial; queda cerca de aquí.
Belial casi se atragantó con su propio orgullo infernal.
—¡¿Un parque?!
¡¿Un lago?!
—exclamó, interponiéndose entre ambos con un gesto de alarma—.
¡Ella no está acostumbrada a ese tipo de trato, mortal!
¡Ni a la luna, ni a las estrellas!
¡Ni a esas cosas empalagosas que ustedes llaman “romance”!
Abyllie rió antes de subir las escaleras con pasos rápidos, intentando ocultar el rubor de su rostro.
Desde arriba, gritó con voz aguda: —¡Papá, tráeme mi ropa para salir!
Belial se quedó inmóvil, con una expresión de pura incredulidad.
Miró a Iston, luego a las escaleras, y finalmente murmuró con voz apagada: —No puedo creer esto… mi hija… ¿pidiendo ropa para una cita?
Iston levantó las manos, incómodo.
—Ehh… ¿eso es bueno o malo?
Belial lo miró con gravedad paternal.
—Depende… si vuelve con un vestido, estás condenado.
Belial seguía procesando lo que había escuchado.
Su hija… su pequeña abominación infernal… acababa de pedirle que le trajera su ropa para salir.
Ropa.
Para salir.
Con un mortal.
Un silencio incómodo llenó el aire, roto solo por el eco de los pasos de Abyllie bajando las escaleras.
Y entonces apareció.
El vestido era negro, con finos encajes victorianos teñidos en un rojo vino oscuro que brillaba con cada movimiento.
Llevaba un peinado shag que enmarcaba su rostro pálido y resaltaba el tono gélido de su piel.
Su mirada, delineada con un perfecto cat eye, proyectaba una mezcla de desafío y timidez.
Y para rematar, unas botas de caña alta que le daban más altura… y una presencia casi imperial.
Belial se quedó mudo.
Su expresión cambió en cuestión de segundos; del orgullo paternal por lo hermosa que lucía su retoño… al más puro pánico.
—¿Un… vestido?
—murmuró con voz temblorosa, mirando a Iston como si acabara de invocar al mismísimo Apocalipsis.
—¿¡Qué significa eso!?
—preguntó Iston, confundido al ver la reacción de Belial.
—Si la cagas… estás muerto.
Es el mismo conjunto con el que hizo llorar a Belsebuu.
Iston tragó saliva.
—Y-yo no sé… solo dije que podíamos ir al parque.
—Yo sé que firmamos un contrato, pero si sales vivo esta noche, llámame suegro —murmuró Belial.
—¿Vas a ir así… o quieres que te espere a que te cambies?
—preguntó Abyllie, con una sonrisa sarcástica.
Iston, sin mostrar el menor rastro de miedo, sonrió.
—Dame cinco minutos, mi lady; llegaré vestido con algo que esté a su altura.
Abyllie, intentando mantener su fachada de frialdad, se llevó una mano al rostro para ocultar el leve rubor que la traicionaba.
—N-No es como si eso… me importara o algo así —murmuró, apartando la mirada—.
Solo… no hagas el ridículo, ¿entendido?
Iston subió a su habitación en busca de algo que ponerse, que estuviera a la altura de la princesa infernal.
Revolvió cajones, abrió el armario y se quedó mirando su ropa con desesperación.
Solo encontró poleras rotas, joggers desgastados y una chaqueta con más parches que tela.
—Perfecto —murmuró con ironía—.
Es nuestra primera cita en el mundo mortal y parezco un vagabundo.
Corriendo, cruzó el pasillo hacia la habitación de sus padres.
Allí, cubiertos de polvo y nostalgia, yacían los viejos trajes formales que su padre solía usar.
Pasó las manos por la ropa, recordando las historias que le habían contado sobre sus viajes y los rituales que había presenciado.
—Bueno, viejo… préstame tu suerte esta vez —dijo, tomando uno de los trajes y mirándose en el espejo con una sonrisa nerviosa—.
Espero que esto sea lo bastante digno para una princesa del Infierno.
El traje estaba impecable, como si el tiempo no lo hubiera tocado.
Al tomarlo, algo cayó del bolsillo interior, una pequeña nota doblada con cuidado.
La abrió con manos temblorosas y leyó en voz baja.
“Sé que lo necesitarás, mi pequeño.
Sé que tienes más preguntas que respuestas, pero todo se resolverá a su debido tiempo.
Si estás leyendo esto, lo más probable es que ya hayas hablado con Belial… como estaba previsto.” El silencio llenó la habitación.
Iston sintió que el aire se volvía más denso, como si la nota misma llevara un peso antiguo.
—Así que… todo esto estaba planeado —susurró, mirando el traje con una mezcla de respeto y miedo—.
Papá… ¿qué clase de trato hiciste?
Iston bajó las escaleras con paso tranquilo, pero cada escalón hacía que la tensión en el ambiente aumentara.
Llevaba un traje de tres piezas color azul marino, perfectamente ajustado a su figura.
Los zapatos color coñac tostado, y su pelo castaño rizado, normalmente un desastre, ahora estaba peinado con sorprendente cuidado.
Por un instante, el infierno entero pareció detenerse.
Abyllie, que lo observaba desde el pie de las escaleras, entreabrió los labios sin poder evitarlo.
Luego tosió, cruzándose de brazos y girando la cabeza con un leve rubor.
—N-no es como que me sorprenda o algo así —murmuró, con la voz apenas audible—.
Solo… no pensé que supieras combinar colores.
Belial, en cambio, se llevó una mano a la frente.
—Por todos los demonios antiguos… —susurró—.
Ahora parece un noble de la tercera legión.
Iston, con una sonrisa ligera, ajustó el cuello del saco.
—¿Así está bien, princesa abisal?
Prometí estar a la altura.
Abyllie lo miró de reojo, sus ojos brillando con una mezcla de molestia y curiosidad.
—Tsk… haz lo que quieras.
Solo quiero ver si los parques del mundo mortal son tan bonitos como en las series.
Belial exhaló con resignación.
—Si esto termina en un musical, juro que cierro el portal con los dos adentro.
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