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BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 40

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  4. Capítulo 40 - 40 El camino del destino
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40: El camino del destino 40: El camino del destino Iston, sobresaltado, escuchó a Virgilio, su confusión reflejada en el rostro aún marcado por el reciente trauma.

—¿A qué te refieres con “el inicio”?

—preguntó, su voz apenas un susurro en el eco del agua.

Virgilio lo observó con seriedad, como si cada palabra que iba a pronunciar pesara en el aire.

—Este es el símbolo de la unidad de la oscuridad y la luz dentro de ti —respondió Virgilio, su voz resonando con un tono casi ritual—.

La sangre negra está despertando su poder, fusionándose con tu esencia.

Hasta que tu cuerpo se convierta en mitad oscuridad y mitad humano, sentirás un tira y afloja constante.

Un escalofrío recorrió la espalda de Iston al escuchar esas palabras.

Fascinantes y aterradoras a la vez.

Con un suspiro cansado, se sumergió en el agua, buscando un momento de paz.

El calor del líquido lo abrazó, pero su mente seguía agitada, llena de preguntas sin respuesta.

—He pasado por mucho —murmuró, sintiendo cómo la presión del mundo se aliviaba momentáneamente bajo la superficie—.

Hablemos de esto mañana.

Ahora solo quiero descansar.

Mientras Iston buscaba calma, en la congregación de la iglesia, el Vaticano emitió un comunicado que reverberó en las antiguas paredes.

—Los diferentes clérigos han aceptado ofrecer su poder para enfrentar la amenaza inminente —anunció el portavoz con firmeza.

La sala se llenó de murmullos de sorpresa y preocupación.

Micael, Baltazar y Dolores intercambiaron miradas, reflejando incredulidad ante la rapidez de la respuesta.

El proceso de aceptación de una unión de fuerzas normalmente tomaría al menos un mes, pero la urgencia de la situación había acelerado las decisiones.

—Esto es inusual —dijo Baltazar, frunciendo el ceño—.

La rapidez de esta respuesta indica que la amenaza es más grave de lo que pensábamos.

Micael asintió, su mente trabajando a toda velocidad.

—Debemos ir a las demás congregaciones a solicitar su apoyo —declaró, la determinación brillando en sus ojos—.

Cada segundo cuenta.

Dolores, pensativa, agregó:  —Hay que ser estratégicos.

La comunicación entre congregaciones nunca ha sido sencilla.

Algunas pueden dudar en unirse a nosotros.

Micael se enfrentó a ella, la resolución ardiendo en su interior.

—Si hay una posibilidad de que nuestra unión contenga la oscuridad que se avecina, debemos intentarlo.

Cada clérigo cuenta.

No podemos permitir que el miedo nos paralice.

Baltazar se inclinó hacia adelante, su voz baja pero intensa.

—Entonces preparémonos.

Necesitamos un plan.

Visitar cada congregación llevará tiempo, y no podemos permitir que la oscuridad se propague mientras tanto.

La atmósfera se tornó densa, cargada de tensión y anticipación.

Eran conscientes de la magnitud de lo que estaba por venir; los días de calma estaban contados y debían actuar con rapidez.

—¿Cuáles son las congregaciones más cercanas?

—preguntó Lucius, su mirada iluminada por la urgencia.

—Voy a ir allá para empezar el reclutamiento.

Solo buscaremos a los que se adecuen a nuestras estrategias.

Micael asintió, entendiendo la urgencia de la situación.

—Debemos viajar por todo México —respondió, su mirada fija en el mapa que se extendía sobre la mesa, donde cada congregación estaba marcada.

—Primero vamos a la congregación de Ciudad de México —explicó, señalando un punto en el mapa—.

Allí encontraremos a los clérigos más experimentados, aquellos que han enfrentado amenazas similares en el pasado.

Baltazar cruzó los brazos, pensativo.

—Y después, deberíamos dirigirnos a Guadalajara y Monterrey.

Ambas ciudades tienen congregaciones bien establecidas que podrían ofrecer valioso apoyo.

—No olvidemos la congregación de Mérida —intervino Dolores—.

Aunque es más pequeña, sus clérigos son conocidos por su valentía y su conocimiento en rituales antiguos.

Lucius tomó notas de cada recomendación, su mente funcionando a mil por hora.

—Perfecto.

Así que vamos a Ciudad de México primero.

Necesitamos establecer una base sólida.

Desde allí, podremos coordinar mejor nuestros desplazamientos a las otras congregaciones.

Micael miró a sus compañeros, su voz grave.

—El reclutamiento no solo se trata de reunir fuerzas; también debemos asegurarnos de que cada clérigo esté alineado con nuestra misión.

No podemos permitir que personalidades conflictivas pongan en peligro nuestra estrategia.

Baltazar se inclinó hacia adelante, su tono intenso.

—Exactamente.

La unidad es clave.

No podemos permitir que la oscuridad cree divisiones entre nosotros ahora que enfrentamos una amenaza tan grande.

Dolores, con una mirada decidida, añadió:  —Y debemos ser transparentes sobre el peligro que enfrentamos.

No todos se unirán solo por la promesa de gloria.

Algunos necesitarán ver la realidad de la situación para tomar una decisión informada.

Lucius tomó una profunda respiración, sintiendo el peso de la responsabilidad sobre sus hombros.

—Entonces está decidido.

Nos dirigiremos a Ciudad de México para comenzar el reclutamiento y luego, paso a paso, nos moveremos hacia las demás congregaciones.

Cada uno de nosotros tiene un papel que desempeñar en esto.

Con un asentimiento general, el grupo comenzó a preparar los detalles de su viaje, el murmullo de las conversaciones llenando la sala.

Sabían que el camino sería arduo, pero la urgencia les daba fuerza.

La sombra del incauto se cernía sobre ellos, y el futuro de Iston y el destino que habían tejido comenzaba a desenlazarse.

—Debemos movernos rápido —afirmó Lucius, su mirada fija y decidida—.

Siento que el incauto está reaccionando a algo en esta ciudad.

No sé qué sea, pero necesitamos prepararnos.

Mientras hablaba, un escalofrío recorrió su columna, una intuición inquietante resonando en su interior.

Era como si las fuerzas en juego comenzaran a entrelazarse de una manera que no podía ignorar.

Dentro de su arma, el alma del incauto percibía la liberación de la sangre negra de su hijo.

Era una energía oscura fluyendo a través de él, transformando su esencia.

Mientras sentía que su corazón volvía a latir con fuerza, el destino que habían previsto para Iston comenzaba a tomar su curso.

—Mi amor, lo logramos —susurró, como si pudiera sentir la presencia de su difunta compañera—.

Estamos en el inicio del destino que encomendamos a Iston.

Espero que tú también lo sientas.

En ese instante, en el cielo, un laboratorio de hibridación se erguía como un templo de ciencia y locura.

Aracne, atrapada bajo doce lanzas celestiales, observaba cómo el mundo seguía girando a su alrededor.

Cada lanza simbolizaba un intento de contener su poder, pero su espíritu seguía intacto.

Mientras tanto, Micael, la mano derecha de Dios, anotaba cálculos con meticulosidad, inyectando fórmulas divinas en el ser de Aracne.

Su mirada era fría y calculadora, como si cada gesto estuviera destinado a desentrañar los secretos de la creación.

—Ya caíste en la locura después de estos ocho años de experimentos —replicó Micael al presenciar la risa de su cautiva.

Pero Aracne no respondió, consciente de que su hijo estaba iniciando el camino que estaba destinado.

Su risa era de una profunda comprensión; la conexión entre ellos nunca se había roto, el hilo del destino seguía enredado entre sus almas.

—Este es solo el comienzo —susurró para sí misma, sintiendo una oleada de poder recorrerla—.

Todo está sucediendo como debe ser.

Mientras tanto, Lucius y su grupo se preparaban para partir.

La sensación de urgencia impregnaba el aire, y cada uno sabía que el tiempo no estaba de su lado.

La sombra del incauto se cernía sobre ellos, tejiendo un futuro incierto para Iston y para todos.

—No podemos quedarnos de brazos cruzados —declaró Micael, su voz grave—.

La oscuridad no espera, y nosotros tampoco.

Lucius apretó los puños, decidido.

—Entonces, a Ciudad de México —replicó, con la resolución fluyendo en sus venas—.

Que el destino nos guíe.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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