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BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 48

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  4. Capítulo 48 - 48 Antes del umbral
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48: Antes del umbral 48: Antes del umbral Buer recibió la sangre y se dirigió de inmediato al laboratorio.

No hubo ceremonias ni dudas; la urgencia científica superó cualquier escrúpulo.

Una vez dentro, comenzó los análisis preliminares, separando los componentes y observando cómo ambas sangres reaccionaban al entrar en contacto.

Su objetivo era claro: determinar si aquella mezcla podría convertirse en una medicina viable para Abyllie.

Mientras ajustaba los sellos alquímicos del contenedor, un recuerdo emergió con incomodidad: durante la cuarta guerra celestial, los demonios habían sufrido heridas causadas por clérigos y avatares de los Tronos.

Fue entonces cuando se experimentó con la combinación de sangre de arcontes y demonios.

—El dolor desaparecía por completo… —murmuró Buer—, pero el precio era absoluto.

Aquella mezcla no solo anulaba el sufrimiento; también creaba una dependencia irreversible.

Los demonios que la consumían jamás volvían a ser los mismos.

Buer observó el nuevo compuesto con renovada atención.

—¿Y si la sangre humana altera la ecuación?

Iston no era un arconte puro ni un simple humano; era un híbrido, una variable imperfecta.

¿Reduciría la tasa de adicción o la intensificaría hasta niveles desconocidos?

Por un instante, el rostro de Abyllie cruzó su mente, pero rápidamente desapareció, dejando espacio a la fórmula y al posible resultado: la promesa de algo nunca creado.

Como científica, Buer no pudo evitarlo; la curiosidad eclipsó la compasión.

Si aquella medicina funcionaba, el mundo cambiaría.

Pero si fallaba… el costo sería irreversible.

Sin embargo, no se detuvo.

Anotó resultados, selló frascos y ajustó concentraciones.

No volvió a pronunciar el nombre de Abyllie.

Cada corrección era una decisión tomada sin consentimiento.

El experimento avanzaba, alejando a la científica de la mujer que debía proteger.

—Si funciona —susurró—, no habrá marcha atrás.

Aun así, continuó.

Mientras Buer se sumergía en su investigación, Iston daba el primer paso hacia el control del sello.

—Escucha con atención —advirtió Belial—.

Debes dirigirte a la puerta azul de tu mente.

La mención de la puerta tensa la respiración de Iston.

La puerta azul, el mismo umbral que Enoc había cruzado al liberar el sello.

Un lugar donde no sabía qué lo aguardaría.

—No sé qué encontrarás al otro lado —continuó Belial—, pero no será una amenaza externa.

Iston cerró los ojos y dejó que los recuerdos surgieran sin permiso.

Sus brazos marcados, las noches en que solo deseaba desaparecer, las veces que intentó ahogar su dolor en intoxicación mientras la depresión tomaba control total de su vida.

Abrió los ojos y miró a Belial.

—¿Y si voy directo a la puerta negra?

Su maestro no se sorprendió; había visto esa mirada en otros que intentaron dominar el sello.

—Te envío a la puerta azul porque tu mente necesita resistencia antes de enfrentar la última —respondió con calma—.

—La puerta negra conduce a la locura más rápido de lo que imaginas.

No sabemos si la sombra te infligirá más dolor o cómo intentará apoderarse de tu cuerpo.

Belial dio un paso al frente.

—Primero debes fortalecer tu mundo mental.

Liberarte del pasado para estar preparado para lo que viene.

Iston sonrió, sorprendido; no había dicho nada, pero Belial había entendido todo.

—Está bien querer más poder —continuó—, pero todo se construye sobre una base.

Tú ya tienes la mitad.

Ahora falta la otra.

—La comprensión no se obtiene con apuro, sino con experiencia.

Belial levantó las manos y trazó el ritual.

—Ahora, Iston… empecemos.

La cámara anecoica se formó a su alrededor.

—Es hora de entrar.

Iston lo miró por última vez.

—Gracias por todo.

Volveré.

—Eso espero —respondió Belial—.

No quisiera tener que eliminar al monstruo en el que podrías convertirte.

Iston atravesó el sello.

La cámara lo aguardaba en un silencio absoluto.

Cuando se dispuso a meditar, una voz conocida rompió la quietud.

—¿Lista, princesa?

Tengo una gran sorpresa esperándote en las puertas que te faltan.

Iston sonrió con desdén.

—Me lo esperaba de ti, llorón.

No puedo pedir mucho a alguien que cayó en la locura y se comporta como un bebé.

Lucifer rió con desprecio.

—Eso dices ahora.

El que terminará llorando serás tú.

Tu nuevo amiguito no podrá salvarte esta vez.

—Virgilio no intervendrá —respondió Iston—.

Yo soy suficiente para ti.

—Entonces, entra y veremos qué pasa.

Iston observó las puertas.

La puerta roja, ya sin la energía imponente que había tenido, apagada tras la completa asimilación de su pasado.

La puerta azul, envuelta en una tristeza densa, cargada por recuerdos que aún lo invadían.

Y la puerta negra, donde Lucifer aguardaba, paciente.

Sin pensarlo dos veces, Iston entró en la puerta azul.

—¿Qué recuerdo me darán la bienvenida?

—se preguntó.

Mientras Iston cruzaba, Belial se dirigió a ver a su hija.

Mientras caminaba, recordó el acuerdo que había hecho con Lilith tras la muerte de su esposa.

—¿Cómo te encuentras después de su pérdida?

—preguntó, tomando la mano de Lilith como muestra de apoyo.

—No sé qué hacer, Lilith.

¿Cómo puedo ayudar a mi hija?

¿Cómo le explico lo que lleva dentro?

—Solo tienes que hablar con ella.

—Pero ella me odia; ni siquiera se acerca a mí.

—¿Cómo puedo ayudarla a superar su duelo mientras yo mismo me desarmo?

Lilith lo miró con comprensión, aunque su propio dolor era palpable.

—Mira, no sé qué puedes hacer.

No tengo ningún hijo para darte un consejo, pero puedo ayudarte como mujer.

Debes aprender a entenderla a medida que crezca y terminar lo que Biggi no pudo.

Belial sintió el peso de sus palabras, reconociendo que el camino hacia la reconciliación no sería fácil, pero era necesario.

—Te pido tu ayuda, vieja amiga.

Lo único que puedo hacer ahora es sellar el poder de mi hija, junto al sello de la corrupción.

—Y te agradeceré que me ayudes cuando ella tenga la voluntad para liberarlo.

—Yo estaré ahí para ser su guía.

Belial se percató de que había llegado a la puerta de la habitación de Abyllie.

Llenándose de valor, abrió la puerta y vio a su hija dormida.

Al observar el estado de su mano, que mejoraba, sintió una punzada de nostalgia; se dio cuenta de lo mucho que se parecía a su madre.

En un momento de duda, se levantó.

Sin más miedo al futuro, tomó la decisión de contactar a Lilith.

Se inclinó y le dio un beso suave en la cabeza de Abyllie, luego se retiró, decidido a buscar a su vieja amiga.

Utilizó su viejo canal de contacto mental, esperando una respuesta.

Cuando finalmente se estableció el vínculo, una voz resonó:  —¿Qué quieres?

—Lilith, sé que en este momento me odias, pero ha llegado la hora de nuestro acuerdo.

Un silencio de ultratumba se escuchó del otro lado.

—¿Dónde estás para ir hacia allí?

—En el mundo humano.

Es una larga historia, pero cuando volvamos al infierno, iré directo a verte.

—Te esperaré, pero no esperes que todo vuelva a ser como antes.

—Esto lo hago por tu hija.

—Lo sé, y te lo agradezco.

Te dejo, porque tengo que prepararme para mi venganza.

Lucuis vendrá aquí.

—Te dejo.

—Espera un momento, ¿cómo que Lucuis irá a dón…?

Belial le cortó en ese instante, decidido a realizar la liberación de su poder sellado, anticipando la llegada del mundo humano.

En el infierno, Lilith, aún sin saber qué decir tras la reciente llamada, se levantó de la cama.

Era una súcubo de gran cuerpo, con curvas impresionantes y ojos de un rojo ardiente que resplandecían como llamas.

Con determinación, se preparaba para salir en busca de su mano derecha.

—Magdalena, necesito que busques todos los movimientos de Belial hacia el mundo humano.

—Lucuis ha aparecido.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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