Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 49

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. BENDECIDOS POR BELIAL
  4. Capítulo 49 - 49 La promesa que no fue escuchada
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

49: La promesa que no fue escuchada 49: La promesa que no fue escuchada —Magdalena, necesito que te apresures con los movimientos de Belial en el mundo humano durante los últimos días —dijo Lilith, con una urgencia apenas contenida—.

—Y prepara mi maquillaje.

Viajaré a su ubicación.

—Madame, le aconsejo que no se ilusione con la llamada del Señor de la Corrupción.

Sabemos cómo termina cada vez que reaparece.

—No empieces —replicó Lilith, sin mirarla—.

Sabes que es el único demonio que me hace sentir así.

Hizo una pausa, apretando los dedos.

—Odio que solo se haya fijado en una humana… pero que quede claro: esto es por la niña.

—Voy a hacerla mi hija adoptiva.

No imaginas cuánto deseo tener una niña a la que pueda llamar mía.

—Madame —respondió Magdalena con cautela—, sabe bien que eso no sucederá solo por aparecer.

Su amor no correspondido se arrastra desde la Primera Guerra Celestial, cuando todos ayudaron a Dios a entrar a la Tierra y gobernarla, guiando a los humanos.

—Y aun así… —continuó—, en la última batalla, cuando se intentó erradicar a los Leuvar y apoderarse del mundo, él la salvó, evitando que la utilizaran para experimentar, incluso cuando muchos de sus aliados la abandonaron.

La expresión de Lilith se tornó sombría.

Lentamente, giró el rostro hacia su mano derecha.

—¿No crees que te estás tomando demasiadas libertades, querida?

—Solo te pedí que trajeras mis cosas y que localizaras su posición.

Si no puedes hacerlo, buscaré ayuda de otro señor demonio.

Magdalena tragó saliva.

—¿Qué es tan urgente que necesita su ubicación con tanta premura, madame?

—Apareció después de ochenta años.

—¿Quién…?

—Lucuis.

El color abandonó el rostro de Magdalena.

—Buscaré la información de inmediato.

A solas, Lilith recordó aquel día en Berlín, cuando ardía mientras los humanos perdían la guerra.

Biggi marchaba en la vanguardia; Belial y ella dominaban el frente.

—¿Cómo va todo?

—preguntó ella entonces—.

¿Alguna señal del enemigo?

—Nada aún —respondió Belial—.

Demasiado silencio.

—Eso es lo inquietante —murmuró Lilith—.

Un ejército humano que cree que va a ganar no se demora tanto en atacar.

Sin dudarlo, activó su sello.

El Sello de la Seducción se abrió en su pecho, irradiando un poder antiguo: control mental sobre criaturas pensantes, dominio emocional, vínculos imposibles de romper.

—Llamaré a Nahas.

Un círculo demoníaco se abrió en el suelo.

De él emergió una serpiente albina de ojos conscientes.

—Mi señora —susurró—.

¿Para qué me necesita?

—Reconocimiento —ordenó Lilith—.

Buscamos tropas enemigas.

—Entendido.

—Ten cuidado —advirtió—.

Se rumorea que cuentan con avatares y clérigos poderosos.

No los enfrentes… a menos que sea inevitable.

—Sí, mi señora.

—Ya tenemos todo cubierto.

Ahora hay que empezar a movernos.

—Mientras, Nahas me informará sobre todo el movimiento enemigo.

—¿Cómo va la relación con tu hija?

—Todo bien, aunque ahora la he visto menos.

La extraño.

La ansiedad de Belial por terminar la guerra y reunirse con su familia era evidente.

—Ya queda menos.

La guerra depende de esta batalla.

Pronto podremos regresar al infierno a festejar, ya que ninguno de nuestros hermanos ha muerto.

—Todo ha sido distinto de lo que pasó en el Gran Diluvio.

—Somos más fuertes.

Lilith, sorprendida por la bondad del corazón de Belial, sintió que su propio corazón ya no podía seguir reprimiendo sus sentimientos.

Todo su ser anhelaba estar junto al hombre que amaba.

Sin embargo, la aparición de Biggi y su falta de seguridad la impedían confesar sus anhelos, temerosa del rechazo y de no poder engendrar herederos con el hombre que deseaba.

Pero todo se derrumbó tras el aviso de Nahas: los enemigos atacaban la vanguardia con un movimiento de pinza, acorralando a todos.

Sin pensarlo ni un instante, Belial se dirigió a salvar a su mujer, donde Lucuis la tenía atrapada.

—Yo lo seguí, pero al llegar, presencié una escena que nunca podré olvidar.

El corazón bondadoso que buscaba un cambio en el mundo se rompió al ver a la mujer que amaba atravesada por una lanza sagrada en el pecho.

Belial perdió la razón.

El poder de su sello fue liberado en su totalidad.

Lo que emergió fue una encarnación de locura, descendiendo al mundo mortal: un ser de alas negras de múltiples ojos, cuernos gigantes que surgían de su sien, y un cuerpo peludo con garras desencajadas, como si su esqueleto estuviera luchando por salir.

Entonces, algo que nunca había visto: una fuerza destructora que aniquiló a todos en el campo de batalla con un solo grito de esa nueva forma.

El avatar que había matado a su mujer enfrentaba la batalla con miedo en sus ojos; cada golpe era un recordatorio de la muerte inminente.

Sin embargo, la única que no sintió miedo fue Biggi, quien, con sus últimas fuerzas, llegó a los pies de la criatura que se había convertido en su esposo.

Nunca podré olvidar las palabras que esa mujer mortal le dijo desde el fondo de su corazón:  —Mi amado, mi tiempo ya ha llegado.

No podré acompañarte, pero no quiero que pierdas la bondad de la que me enamoré al conocerte.

Por favor, lucha por mantener tu cordura.

Viendo cómo el hombre que amaba se derrumbaba, observé al enemigo que lo había roto, alejarse corriendo con la cola entre las piernas.

Intenté consolarlo, pero él no comía nada y solo podía centrarse en su sed de venganza, buscando la muerte de todos los que sobrevivieron aquel día para poder encontrar a Lucuis.

Vi cómo su hija se cerraba, reacia a acercarse a su padre.

Pero mi propio miedo me impidió ayudarlo.

Quería que ella fuera feliz, pero no pude hacer nada.

Deseaba que tuviera una figura materna, ya que veía a Biggi como una hermana después de todo lo que habíamos pasado.

No sabía cómo ayudar, y el pacto que sellé con Belial para asistir a Abyllie fue la única forma de ser parte de la vida de ambos en un momento en que no sabía qué hacer.

Quiero que el hombre que amo obtenga su venganza, pero no quiero perderlo como aquel día.

Estoy dispuesta a dar mi vida para que la historia no se repita.

No dejaré que él se corrompa, no otra vez.

Mientras salía de sus recuerdos, me encontré maquillándome frente al espejo.

—Mi amado, nunca dejaré que pierdas el camino que deseaste el día que creaste el infierno.

Sé que nunca podré superar a Biggi, pero espero estar a la altura de tus expectativas.

A pesar de que el día en que te confesé mis sentimientos, tu única respuesta fue alejarme de la forma más fría posible, porque no te sentías listo para superar la pérdida de tu mujer.

Por eso lucharé para que tu hija y tú sean felices y logren sus sueños, como tú lo hiciste con los míos.

—Tocaron la puerta de la habitación.

—Mi señora, ya tenemos la ubicación del Señor de la Corrupción.

—Está en Querétaro, México.

—Lleva una semana allí.

—Prepara todo para irnos.

No lo dejaré solo en esa lucha.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo