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BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 5

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  4. Capítulo 5 - 5 Ojos curiosos e inocencia en flor
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5: Ojos curiosos e inocencia en flor 5: Ojos curiosos e inocencia en flor —Abyllie… ¿lista para esta pesadilla mortal?

—preguntó Belial desde el umbral, con la expresión de quien espera un apocalipsis.

—Sí, sí… ¡apártate, papá!

—gruñó ella, empujando la puerta y asomándose al mundo exterior.

Sus ojos recorrían cada rincón del vecindario, cautelosa y fascinada a la vez, mientras los mortales aún no tenían idea de lo que se les venía encima.

El aroma de los árboles, el murmullo de la gente y el constante ir y venir por la calle llamaron su atención.

No había caos, ni fuego, ni demonios luchando por un trono… todo era extraño, nuevo y fascinante.

—¿Por qué no hay gente peleando por almas?

—preguntó Abyllie, inclinando la cabeza y abriendo los ojos como si hubiera visto un milagro—.

Todo está… tan tranquilo.

—Sus manos se movían nerviosas, jugando con los pliegues de su ropa—.

No hay gritos, no hay fuego, ni demonios disputando un trono.

¿Es normal aquí?

Se quedó mirando a su alrededor, parpadeando ante cada gesto cotidiano de las personas: un hombre caminando con su perro, un niño riendo mientras corre detrás de una pelota, alguien comprando un helado.

Cada pequeño acto humano le parecía extraño y fascinante, como si hubiera aterrizado en un mundo con reglas completamente diferentes a las del Infierno.

—Es… tan diferente —murmuró, más para sí misma que para Iston.

Iston la observaba con una mezcla de diversión y asombro que no esperaba sentir.

Aquella mirada inocente, tan genuina, le hacía querer reír y protegerla al mismo tiempo.

Cada gesto suyo era un recordatorio de que, a pesar de ser una princesa demonio, había una parte de niña que deseaba descubrir el mundo.

—Bienvenida al mundo humano, princesa —dijo Iston, con un toque de sarcasmo y una sonrisa ladeada—.

No esperé que reaccionaras así.

Aquí no encontrarás legiones que conquistar ni demonios que temer… solo personas normales… y gatos que, créeme, no planean conquistar el Infierno.

—¿Hacia dónde quiere ir su alteza?

—preguntó Iston, haciendo un gesto exagerado de reverencia.

Abyllie se rió suavemente, un poco ruborizada, y lo miró.

—Quiero ver qué comen en este mundo.

—No es necesario que me trates como princesa —dijo ella—.

Estamos aquí para conocernos y ver cómo es tu mundo… sobre todo esto último, porque me llama la atención de las series que veía en el Infierno.

Iston frunció el ceño, rascándose la nuca.

—Espera… ¿qué series?

—preguntó, divertido y sorprendido—.

¿Y cómo es que el Infierno sabe lo que sucede aquí?

Abyllie lo miró con ojos enormes, como si no comprendiera la sorpresa de Iston.

—Son… visiones de lo que pasa en tu mundo —dijo, encogiéndose de hombros—.

Fragmentos que veía desde el Infierno, a veces distorsionados, a veces exactos… pero siempre interesantes.

—Pero… ¿cómo eran esos fragmentos y cómo los veías?

—preguntó Iston, curioso y fascinado por la perspectiva de la princesa demonio.

Abyllie sonrió, recordando con detalle.

—En el Infierno, algunos demonios podían conectarse a lo que los humanos llaman internet —explicó—.

Allí encontré una especie de plataforma, pero se veía completamente distorsionada desde nuestro mundo.

—Había humanos con ojos rasgados —continuó, inclinando un poco la cabeza—, y sus romances eran lentos, desesperantes incluso.

Mostraban sus sentimientos desde el principio y luego desarrollaban su amor de manera normal.

Era como ver una o dos temporadas, pero todo estaba… filtrado, torcido y extraño para mí.

—¿Estás hablando de K-dramas?

—preguntó Iston, arqueando una ceja—.

Ese género que se ha vuelto popular en todo el mundo…  —De hecho —dijo Abyllie, con un brillo travieso en los ojos—, muchos directores infernales empezaron a usar esos K-dramas como inspiración para desarrollar sus propias series en el Infierno.

Cuando me invocaron, justo estaba viendo una de ellas.

Llegamos a la plaza del pueblo, y la mirada de Abyllie estaba llena de asombro y fascinación.

La plaza se extendía ante nosotros con un encanto sereno; los árboles alineados perfumaban el aire con un aroma fresco, y sus sombras danzaban suavemente sobre el adoquinado.

Las bancas de madera invitaban a sentarse, mientras el murmullo de la gente y las risas de los niños que corrían detrás de una pelota creaban una atmósfera completamente distinta al caos del Infierno.

Para Abyllie, cada detalle era desconcertante y hermoso, y apenas podía apartar la mirada.

—¿Cómo se le conoce a este lugar?

—preguntó, inclinando la cabeza y con ojos abiertos como si hubiera descubierto un secreto—.

Es… como si nunca hubiera salido de su casa.

Iston sonrió, divertido y sorprendido por la ingenuidad de la princesa.

—Esto es una plaza —dijo, señalando a su alrededor—.

Son bastante comunes en el mundo humano; aquí, los niños y adultos se juntan para compartir con conocidos y amigos.

¿No tienen algo así en el Infierno, o es todo gritos y fuego?

—No… sí hay lugares así en el Infierno —dijo Abyllie, con la voz temblorosa y la mirada baja—.

Pero desde que mi madre murió en la Guerra Santa… ya no he vuelto a ver nada parecido.

Mi padre, por miedo a otra invasión, no me deja salir de casa y solo busca un prometido… alguien que me proteja y me saque de cualquier posible conflicto con los ángeles.

—A veces siento… como si hubiera perdido dos veces —susurró, apretando los pliegues de su ropa—.

Una vez por mi madre, y otra por el Infierno que me encerró.

—No sé por qué te cuento esto… si no es de tu incumbencia —murmuró, desviando la mirada hacia el suelo—.

Solo que… me ayudaste a salir por primera vez, y eso me da cierto consuelo.

Iston la observó en silencio, su respiración contenida, como si temiera romper el delicado hilo que unía su mundo con el de ella.

Cada palabra de Abyllie le atravesaba el pecho: la fragilidad en su voz, el peso de su pérdida, y a la vez, la fuerza silenciosa que emanaba de su ser.

Quiso acercarse, rodearla con los brazos, protegerla de todo dolor… de todo lo que el Infierno le había arrebatado.

En medio de ese impulso, algo nuevo surgió.

Iston se inclinó hacia una flor que crecía junto al arbusto de la plaza y, con delicadeza, la arrancó.

Se la ofreció a Abyllie, con una sonrisa tímida y la voz suave:  —No sé si te guste… pero pensé que tal vez esto podría animarte… ayudar a alejar, aunque sea un instante, esas malas memorias.

Abyllie, sonrojada, no supo qué decir.

Solo sonrió y guardó la flor con cuidado, como si aquel gesto inesperado le calentara el pecho.

Ni ella misma esperaba sentirse así… solo estaba feliz de poder disfrutar, aunque fuera un instante, de algo tan simple.

—Mi princesa abisal —dijo Iston, con una sonrisa suave—, ¿qué te parece si pasamos por una hamburguesa antes de ir al lago artificial que te prometí?

Extendió su mano con delicadeza, esperando que ella lo tomara.

No era un gesto imponente, sino un suave recordatorio de que podía confiar en él, y de que no estaba sola.

Abyllie, sonrojada, lo tomó sin dudar, dejando que él la guiara mientras su curiosidad y asombro por el mundo humano seguían creciendo.

Abyllie sonreía, todavía un poco confundida sobre cómo debía reaccionar.

Solo pensaba que este mortal, de alguna manera, la entendía.

Sus gestos cuidadosos y su paciencia le hacían sentir que, tal vez, si él podía aceptarla tal como era, no sería tan terrible estar comprometida con él.

Por primera vez, la idea de confiar en alguien humano no le parecía del todo aterradora.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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