BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 53
- Inicio
- Todas las novelas
- BENDECIDOS POR BELIAL
- Capítulo 53 - Capítulo 53: Fragmentado: dos mundos
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 53: Fragmentado: dos mundos
Al cruzar la puerta corrompida, Iston se encontró rodeado de algo más que sus recuerdos; los percibía como un cuadro abstracto en el que fragmentos se entrelazaban en una danza caótica. En su mente, Lucifer se reía, pero esa risa, que antes le resultaba desquiciante, ahora resonaba con una tristeza profunda, como si él mismo no quisiera presenciar la repetición de un ciclo doloroso.
Las emociones mezcladas dentro de Iston lo llenaron de miedo y desconcierto. ¿Cómo era posible que todo estuviera conectado de tal manera?
Virgilio, en un susurro, intervino: —No pensaste en algo que lo doblegara más duramente entre sus recuerdos; solo pusiste los tuyos para observar su reacción. Te estás humanizando, primer hijo de Dios.
Lucifer contuvo su rabia y replicó: —No te metas aquí; tu poder no es suficiente para controlarme.
En medio de la confusión, Iston avanzó entre las discusiones de los otros, tratando de analizar lo que tenía ante sus ojos.
—¿Qué es esto? —preguntó, desconcertado.
—Quise que sintieras el dolor que yo sentí; a ver si eso te vuelve menos arrogante. Y si mis recuerdos se mezclan…
—¿Por qué quieres eso? No tiene sentido.
—Porque si mis recuerdos te corroen, puedo tener tu cuerpo.
—¿Qué me vas a mostrar? ¿Cómo murió tu esposa?
Un silencio sepulcral llenó el ambiente, como un eco de las verdades no dichas.
—Mira mis recuerdos y entiende mi dolor, para que la locura en ti se mezcle con la mía.
Iston se adentró en el primer recuerdo, sintiendo cómo su corazón comenzaba a latir con fuerza. Allí, vio el instante en que Abyllie lo besó, una chispa de conexión que encendía algo profundo en su interior.
Frente a Lucifer, una mujer pequeña, cubierta de heridas, temblaba de miedo.
—¿Qué quieres, mortal? —le preguntó, apuntándole con un arma.
La mujer, con terror reflejado en sus ojos, se acercó, tocando su ala herida, marcada por el golpe que había recibido al caer del cielo, escondido entre las ruinas.
—Por favor, déjame ayudarte. No espero que lo aceptes, pero si no hago algo, todos moriremos. No quiero que mi aldea perezca por esta batalla.
Algo en Lucifer cambió al escuchar esas palabras. Los ecos de los hijos de aquellos que desafiaron a su padre al comer del fruto prohibido resonaban en su mente. Ahora, esa mortal estaba intentando ayudarlo.
—No me toques, sucia traidora. Tus antepasados son un tabú para mi raza, así que no intentes ayudarme.
—¡Tengo que seguir luchando!
—Por favor, si tú mueres, todos moriremos.
—No espero que quieras mi ayuda, pero lo hago todo por nuestra supervivencia.
A lo lejos, el leuvar sellado en las ruinas permanecía inmóvil, su forma extraña revelando que su cuerpo le estaba pasando factura. Cada movimiento parecía un esfuerzo titánico, como si estuviera atrapado entre la existencia y la nada.
La humana se acercó a Lucifer, quien tenía un ala rota. En ese momento, el dolor de una extremidad fantasma llegó a la mente de Iston, un dolor infernal que se irradiaba desde su espalda y lo llenaba de una abrumadora sensación de pérdida de sangre.
La mujer llevó a Lucifer a la aldea, pero al llegar, fue recibida con hostilidad. Los aldeanos, al verla, comenzaron a gritar, llamándola demonio.
—¿Cómo osas traer a un ser que no es de este mundo aquí? —le recriminaron con rabia.
Desesperada, la mujer intentó explicar su intención, pero sus palabras se ahogaron en el clamor de la multitud. Los aldeanos, llenos de miedo y odio, comenzaron a lanzarle rocas, mientras Lucifer, apenas consciente, luchaba por mantenerse en pie.
—Malditos humanos… Si pudiera, los mataría —pensó Lucifer, enfurecido, mientras los aldeanos, asustados por su presencia, comenzaban a retroceder.
Pero la situación se tornó crítica. Sin poder aguantar más, Lucifer se desplomó al suelo, inconsciente.
La mujer, aterrorizada ante la posibilidad de perderlo, se arrodilló a su lado, llamándolo con voz suplicante. —¡Oye, despierta!
En ese instante, Iston sintió un tirón en su mente, cayendo de lleno en el caos de su propio subconsciente.
Al despertar, Iston se encontró en una cama, junto a la humana que se había quedado dormida, con un cuenco de agua a su lado, limpiando sus heridas.
—¿Qué demonios…? ¿Dónde estoy? —su voz resonó en la habitación, pero ya no era la suya.
Iston se dio cuenta de que ya no era él mismo; su mente se encontraba atrapada en un cuerpo ajeno, el de Lucifer.
—Ahora vivirás lo que viví, y veré si sigues el mismo camino que yo —una risa rota resonó en su mente, sintiendo una mezcla de incredulidad y determinación.
—¿Quién eres? —preguntó Iston, dirigiéndose a la mujer que comenzaba a despertarse por el alboroto.
—Me llamo Eva. ¿Y tú quién eres?
—Soy el primer hijo de Dios, Lucifer.
Las palabras salieron de su boca sin que Iston pudiera controlarlas, como si los recuerdos y la esencia de Lucifer fueran más fuertes que su propia voluntad.
—¿Hijo de Dios? —replicó Eva, esbozando una sonrisa amarga. —Qué mal chiste. Él nos abandonó hace años, cuando el mundo se fragmentó.
—Nunca escuchó nuestras plegarias. Solo hemos sufrido, mientras nadie hace nada.
—El mundo no es seguro; solo quedan retazos de una guerra que lo destruyó todo, después de la que casi nos extinguió.
Su voz se quebró un instante. —Mi esposo, Adán, murió defendiéndonos de los ataques de ustedes. Pero tu Dios me evita morir, a menos que sienta felicidad nuevamente, todo por querer ser libres de su control.
—No hables blasfemias de mi padre, mujer. Tú no sabes qué designios divinos nos dio para empezar la guerra.
—Y tú lo sabes, supuesto creyente de tu padre.
—Mejor cura tus heridas mientras puedas. Después, necesito que te vayas.
—¿Qué crees que quiero hacer?
—Necesito terminar mi misión: matar a los leuvar que quedan en el mundo.
—¿Te refieres a esa criatura que te hizo daño? No podrás matarlo. Es el nuevo dios pagano que sigue la aldea. Cuantas más personas le rezan, más poder tiene.
—¿Dios pagano? ¿Cómo es posible que la gente no siga las doctrinas que mi padre dejó bajo el mandato de Moisés?
—Él murió en la última guerra, intentando negociar con Dios para que la humanidad no fuera exterminada.
—Entonces, mi padre lo mató.
—Sí, se dice que un rayo de luz cayó sobre su cabeza, derritiendo su cara, mientras una voz decía: “No temáis, yo os amo, pero no soportaré la traición”.
—Por eso decidieron ir con un dios pagano, uno que, según cuentan las leyendas, una vez luchó contra tu padre.
—¡Eso es blasfemia! ¡Eso es un tabú! —exclamó Lucifer, furioso.
—Con razón mi padre quiso exterminarlos —respondió Eva, desafiándolo.
En un arrebato de ira, la mujer abofeteó a Lucifer.
—Si supieras la cantidad de gente que murió por culpa de los tuyos, no hablarías de esa forma sobre nosotros.
—Tú no eres más que un imbécil. No debí ayudarte a salir vivo de las ruinas —declaró Eva, su voz llena de desdén.
Lucifer la miró en un silencio sepulcral, sus ojos llenos de odio.
—Nunca pedí tu ayuda —respondió, con un tono frío y despectivo.
—Entonces, cúrate y vete. No quiero seguir involucrándome contigo —dijo Eva, despojando a Lucifer de su atención.
En su mente, Iston se sorprendió al ver a Lucifer actuar como un idiota, pero comprendía que la doctrina de su padre le había lavado la cabeza.
Lucifer, al darse cuenta de que Iston lo entendía mejor de lo que creía, reaccionó con desdén.
—Tú nunca saldrás de mi cuerpo. Morirás de la misma forma que yo —declaró con un tono amenazante.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com