BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 54
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Capítulo 54: El colapso de la mente
Mientras Iston permanecía atrapado en los recuerdos de Lucifer, algo en su interior se rompía. Su mente, agitada por las visiones vividas, comenzaba a fragmentarse. Vio el rostro de su madre llamándolo, pero el nombre que pronunciaba era diferente, como si dos recuerdos del mismo momento se superpusieran: uno con su nombre y otro con el de Lucifer.
—Mi pequeño… Is… Lucifer, espero que crezcas sano…
Las palabras se entrelazaban en un torbellino de emociones.
—Lu… Iston, ven acá, ya es tarde; vuelve a casa.
Después, el recuerdo de cómo conoció a su amada se desvaneció, dando paso a la confrontación entre Lucifer y Dios.
—¡Oh, padre! ¿Por qué exterminaste a los humanos?
—Is… Lucifer, el amor es una emoción extraña.
—Todo ser desea sentir protección y salvación, pero cuando no la tienes, nace el odio.
—Pero, ¿qué pasa si el miedo es parte de la ecuación? Todo cambia; el miedo corrompe la mente y crea amor hacia un dios.
—Solo aquellos que tienen miedo pueden ver la verdadera salvación.
—¡Eso no tiene sentido! —gritó Lucifer, su voz impregnada de odio.
—Ves, ahora me odias al ver la verdad. Pero si me tuvieras miedo, no pasaría eso.
La mente de Iston comenzó a colapsar.
Cada recuerdo lo corrompía más, mientras su cuerpo se transformaba paulatinamente en Lucifer. Con cada destello del pasado explorado, su mente se fragmentaba, sumergiéndose en un torbellino de recuerdos entrelazados.
Emociones destruidas, personas olvidadas… todo rompía su percepción del tiempo y la de Lucifer.
Mientras Virgilio sonreía, mirando a Lucifer a los ojos, el ser comenzó a desmoronarse; su supuesta victoria también lo corrompía a él, erosionando su personalidad, sus rasgos de maldad, sus recuerdos dolorosos.
Una lágrima brotó de sus ojos, sonriendo por olvidar el dolor.
Nunca sanó; solo se enfocó en el odio para avanzar, el mismo odio que sintió por su padre el día que lo confrontó.
Iston, incapaz de discernir qué era recuerdo y qué era su realidad, empezó a ver a Abyllie mezclándose con Eva en la confrontación con Lucifer.
Vio el momento del nacimiento del hijo de Lucifer: el mejor día que pudo vivir, pero el caos de las emociones no le permitió sentir felicidad.
Solo escuchaba el llanto de un ser que no podía sonreír al ver a su hijo.
—¿Qué hice? —el corazón de Lucifer palpitó en el cuerpo de Iston—. ¿Por qué no siento…? —un grito ahogado resonó en su mente.
—Esto no es lo que quería. Esto no es lo que buscaba —repetía Lucifer.
—Solo quería tu cuerpo —respondió su voz interior.
Virgilio, incapaz de contener la risa, comentó:
—Solo muestras tu inmadurez. No puedes controlar nada destruyendo tus recuerdos, especialmente si eres el fragmento de un alma. Eso solo desmorona lo poco que queda de ti aquí.
—Iston, lucha; queda poco para que el caos se resuelva.
Al momento siguiente, la fragmentación de ese día lo golpeó con fuerza: vio a Eva muerta y a su hijo atravesado por un arma celestial.
Las caras de Abyllie cambiaban; aparecía Eva, aparecía Abyllie. El llanto no salía; sus emociones no comprendían nada de lo que pasaba. Abyllie le daba paz y felicidad, mientras Eva le traía dolor y locura.
La mente perdía su forma; nada era más que una pieza de Wassily, donde nada tenía sentido y todo lo tenía. Iston se veía llorando junto a los cuerpos, pero Lucifer no lloraba.
Las expresiones cambiaban, las emociones se transformaban, los entes se desvanecían.
La mente no aguantaría.
Enoc tuvo que intervenir. Agarró a Iston y lo llevó al final de los recuerdos; él no estaba preparado para semejante corrupción.
—El último recuerdo te librará de esto: Lucifer siendo asesinado por Metatrón —el silencio recorrió la mente.
—¿Qué demonios fue eso? —pensó Iston.
Mientras Lucifer, arrastrándose, entraba en la puerta negra para recuperar fuerza.
—¿Virgilio, qué acaba de suceder?
—Tu mente colapsa por lo que fue un ser pensante, no un simple ente que busca controlarte.
Pero no entendía que, al ser un fragmento del alma, no lo soportaría. Por eso se retiró de forma tan patética mientras aún se derrumbaba; si no fuera por Enoc, ninguno de ustedes podría haber sobrevivido.
—Entró en el momento perfecto.
Enoc, sorprendido, vio una visión donde Iston lo superaba, pero algo cambió.
—¿A qué se refieren?
—La parte de Lucifer aquí no es más que un ser incompleto. La puerta negra no podrá ser abierta hasta que se junten los siete sellos.
—Hasta entonces, no podrás enfrentarte en su condición actual. Tomó una decisión más emocional que racional, algo que Lucifer no hubiera hecho.
—Por eso Virgilio se ríe en tu prueba.
—Porque el único logro fue romperse él.
—Ahora, Iston, es momento de pasar la última puerta.
—Si es que tienes poder para hacerlo. Tu mente ahora está débil y susceptible a cualquier ataque mental.
Iston sabe que tiene que avanzar, pero siente que su mente no podrá aguantar.
—Pero necesito el poder del sello para los versículos.
—Tengo que seguir, aunque no lo quiera.
—Lucifer no esperará a que me haga más fuerte para enfrentarlo.
Entonces avanza para desarrollar su poder.
—Estaré aquí para cualquier pregunta.
Iston no estaba seguro si Virgilio quería ayudarlo o simplemente estaba ahí para descubrir qué estaba pasando.
La última puerta se manifestó, sin mezcla de colores, solo un azul profundo.
Fuera de su mente, en el cuarto de Abyllie, Buer comenzó a despertar. Lilith, en un arranque de furia, la agarró del cuello, consciente de que sus experimentos no acababan bien para ninguno de los conejillos de indias.
—¡Tu maldita vieja, cómo te atreves a usar a la chica para tus complejos de dios!
Nada había cambiado desde que terminó la cuarta guerra.
Belial intentó detener a Lilith antes de que todo empeorara.
—No es solo culpa de Buer; también es mía —la cara de Belial se contrajo de inseguridad y dolor ante la escena.
—Yo accedí a todo esto, y Iston también.
—El supuesto yerno aceptó ser parte del experimento de Buer. Qué buena pareja le encontraste a tu hija.
Abyllie la mandó a callar, desafiando la situación.
—Por lo menos él me demuestra el cariño que me tiene, no como tú.
—Tú no sabes nada, niña. No opines de cosas que no entiendes.
Belial, atrapado en medio de la guerra entre su hija y su amiga, sintió cómo dos bestias salvajes estaban a punto de desatarse en cualquier momento.
—No es hora de discusiones —intervino Belial, intentando restaurar un poco de orden.
—Es hora de prepararnos. Por desgracia, Abyllie necesita la medicina para el dolor fantasma de su brazo.
—Así que, por favor, contrólate, Lilith.
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