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BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 55

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  4. Capítulo 55 - Capítulo 55: El Camino del Gobernante
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Capítulo 55: El Camino del Gobernante

Lilith miró a Belial con una expresión de resignación y desdén. Su voz, cargada de preocupación.

—¿Cómo puedes dejar que esta maniaca haga esto con tu hija?

Belial intentó defender su posición, recordando el pasado.

—¿No te acuerdas de cuántos demonios mató en la cuarta guerra?

Lilith, sin poder ocultar su incredulidad, replicó con firmeza.

—¿Crees realmente que ella ayudará a tu hija a salir adelante en esta situación? Ya hemos visto que no puede reprimir su instinto por descubrir los límites de la investigación.

Buer, casi sin fuerzas, se unió a la conversación, confirmando las palabras de Lilith.

—Me costó controlar el impulso que tenía el cuerpo principal.

La preocupación de Lilith se intensificó.

—Pero no quiero que dañen a Abyllie.

Belial, aunque inseguro, expresó su deseo.

—Quiero que ella cumpla lo que me pidió. No se trata solo de convertirla en un experimento para mí; me preocupa más de lo que tú crees.

Lilith, sintiendo la urgencia de la situación, dirigió su mirada hacia Abyllie, con una determinación inquebrantable.

—Prepárate. En una hora comenzaremos con el entrenamiento.

Abyllie, llena de desafío, replicó con desdén.

—No quiero excusas, solo prepárate.

—¿Y mi opinión no cuenta? —protestó Abyllie, su voz resonando con una mezcla de frustración y desafío—. ¿Quién dijo que yo quería entrenar contigo?

Lilith la miró con la severidad de una madre que intenta guiar a su hija en un camino peligroso.

—Entonces, ¿estás dispuesta a dejar que tu orgullo te impida aceptar ayuda?

Abyllie, encendida en su desafío, replicó con ardor.

—Eres igual que el imbécil que tengo parado al lado.

Lilith sintió un pinchazo de dolor al recordar el destino de su propia familia.

—Por ese orgullo, tu padre se enredó en una venganza sin sentido. Y ahora tú vas a seguir el mismo camino.

Abyllie, con la mirada firme, respondió.

—Cuando no puedas hacer lo que deseas y te encuentres perdida, me llamas. Estaré en una habitación de este castillo, esperando tu respuesta, mocosa.

Mientras tanto, en la mente de Iston, avanzaba por las puertas azules. Su último recuerdo era el día de la quema de su hogar, cuando sus tíos bloquearon la puerta para que él no pudiera escapar, obligándolo a tirarse desde el segundo piso.

Aún podía escuchar el crujido de sus pies al quebrarse al caer a la tierra. El dolor lo invadía mientras sus tíos lo rodeaban, listos para terminar lo que habían comenzado. Comenzaron a golpearlo, y él, desde el fondo de su ser, pedía piedad.

Los veía como demonios, con rostros distorsionados por la ira. ¿Cómo podían causar tanto dolor a alguien que ya había perdido a sus padres? ¿Qué les había hecho él para merecer tal destino? Su tía le decía: “Nunca debiste nacer. No eras alguien que debía existir”, como si supieran un secreto que él desconocía.

En su mente, empezaba a entender el origen del odio que su familia sentía tras la muerte de sus padres. Miró a Virgilio, buscando respuestas.

—Ellos sabían lo que hicieron mis padres, ¿cierto?

Virgilio asintió, la gravedad de la situación reflejada en su mirada.

—Siempre estuvieron conscientes de que este día llegaría, pero el hecho de que haya llegado los llenó de odio.

—Tu padre siempre fue querido en la familia, nunca se metió en estafas. Solo creó esa historia para mantener un bajo perfil, para que nadie descubriera la verdad sobre tu madre.

—Era un arqueólogo reconocido. La encontró en una expedición y, desde entonces, dio todo para hacerla pasar por humana, enamorándose de algo que no lo era. Ella siempre le dijo que nunca podrían tener hijos, que su cuerpo mortal no podía absorber los genes de un arconte.

—Pero, entre luchas y deseos, te tuvieron. Su familia siempre estuvo en contra, viéndolo como una decisión estúpida que arruinaría su futuro. Sin embargo, muchos lo apoyaron, dispuestos a guardar el secreto por tu bien.

—Pero cuando la iglesia decidió matarlos, centraron su odio en ti, el que había llevado a su hermano a morir. Pero tú no podías morir, por todo el futuro que tus padres habían hecho posible para ti.

—El amor es una fuerza más pura que el odio.

Ese día te salvaste porque llegó la policía y los llevó a la cárcel por maltrato a un joven de diecisiete años.

Tuviste que recuperarte en el hospital, sintiéndote solo, abrumado por el pánico y el miedo ante cualquier persona que intentara acercarse a ti. Pero el destino es extraño; esa misma afición que te generó tu familia te llevó a conocer a personas que te apoyaron y te ayudaron a sanar.

Lo sé, pensó Iston, mientras miraba la casa quemada que habitaba en sus recuerdos. Pero eso no quita que odiara todo lo que el mundo tenía para ofrecerme; desconfío de todos por culpa de mi propia familia.

Al final, encontré nuevas personas a quienes llamar familia. La imagen de la llegada de Belila y Abyllie a su vida me motivó a seguir adelante.

No sé qué función cumple esta puerta, pero creo que ha llegado el momento de salir de esta melancolía. Estos recuerdos no son algo malo; son decisiones que el destino tomó por mí.

Quiero ser feliz junto a todos. Hoy en día, la risa de Enoc se escucha al fondo. Ese es el propósito de la puerta, que caigas en la melancolía de lo que pudo ser para que la locura te controle. Pero en estos momentos no siento melancolía, solo resolución.

Estoy más que preparado para usar mi fuerza y salir adelante.

Yo, Enoc, el arconte de las profecías, te doy mi poder y deseo que todo lo que está por venir te traiga felicidad, como yo lo hice al crear el infierno. Todo sufrimiento se puede enfrentar, y todo dolor sana a su debido tiempo.

Por eso, me fundiré con tu tercer ojo, para darte el ojo de las profecías, con el que tu destino será escrito como el que recibió mi poder. Y deseo que puedas cambiar el destino de aquellos que no pueden hacerlo.

Te deseo la mejor de las suertes, Iston, y espero que el infierno entienda lo que puedes llegar a ser para ellos.

Enoc abrazó a Iston y le reveló algo que lo dejó helado, antes de entrar en su tercer ojo.

Iston, aceptando la realidad, miró al cielo de su recuerdo.

Espero que con el poder que me diste, pueda cambiar la profecía. Ya no quiero perder a nadie.

En ese momento, el anillo brilló intensamente.

Los versículos del libro se abrieron, y Iston se sintió abrumado. Una voz resonó dentro del libro.

—Por fin puedes escuchar mi voz.

—Yo, Salomón, te llevaré por el camino del gobernante; ni el cielo ni el infierno podrán hacerte frente.

—Tú eres quién gobernará los hilos del destino escritos por dioses blasfemos.

—El destino de Babel está en tus manos.

El libro se silenció mientras el primer capítulo cambiaba, con el sello completado, la disrupción del mundo y sus inicios.

Mostraba cinco páginas de hechizos y rituales antiguos, diseñados para atrapar o sellar ángeles y demonios.

Al final de la última página, una frase llamó la atención de Iston

“Aquel que porte este libro y libere sus sellos, solo un camino lo guiará, el de la guerra”.

Mientras Iston terminaba de leer, Virgilio mostró una sonrisa perturbadora, conteniendo la risa. Por fin, el propósito para el cual fue creado comenzó a moverse.

Ahora, por fin, podría alcanzar lo que estaba destinado.

Ser un dios.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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