BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 56
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Capítulo 56: Lo Que Siempre Estuvo Oculto
Iston miró a Virgilio, desorientado, en busca de alguna respuesta que calmara el nudo inquietante que se formaba en su pecho. ¿Cómo podía haber completado el primer sello si aún no había cruzado la Puerta Negra? Algo simplemente no cuadraba.
Virgilio, tras recomponerse, habló con una calma que contrastaba con la gravedad de sus palabras.
—Es normal que lo sientas así, Iston. —Su voz resonó en aquel espacio mental vacío—. La Puerta Negra no se abre con un solo sello. Necesitas los siete. Apenas has obtenido la primera cerradura.
Iston frunció el ceño, sintiendo que el desconcierto se convertía en desasosiego.
—¿Entonces… no puedo enfrentarme a Lucifer?
—Aún no —respondió Virgilio, firme—. El sello de la corrupción está en ti, pero todavía te faltan los seis restantes. Hasta que no los asimiles, la Puerta Negra te destruiría. Y Lucifer… también.
El vacío alrededor de ambos pareció tensarse, volviéndose opresivo. Iston tragó saliva, tratando de procesar la información.
—Pero eso será a su debido tiempo —continuó Virgilio—. Ni se te ocurra intentar absorber otro sello todavía. Por ahora, concéntrate en dominar el poder de Salomón y Enoc. Sus energías te permitirán sobrevivir a las batallas que vienen.
Iston asintió, sabiendo que era lo único que podía hacer en ese momento.
—Volveré cuando no entienda cómo avanzar —dijo, intentando ocultar la duda que lo carcomía.
Virgilio aprobó con un leve gesto, pero antes de que Iston pudiera retirarse de la meditación, algo lo golpeó: una visión desgarradora emergió detrás de sus ojos.
Su tercer ojo se abrió por completo, y el mundo se fracturó ante él.
Lo vio.
Abyllie llorando hasta quedarse sin voz, la angustia reflejada en su rostro. Belial, postrado en una cama, la piel gris y los labios casi sin vida. A su lado, una mujer desconocida sostenía su mano, desesperada.
La voz de Belial resonó como un susurro muerto.
—Todo terminó para mí… por favor, cuida a mi hija.
El pecho de Iston se apretó. El dolor ajeno le atravesó el alma como una aguja caliente. Pero mientras él era testigo de esa tragedia, Virgilio, que permanecía en lo profundo de su mente, comenzó a reír.
Primero un murmullo, luego una carcajada rota, torcida, inhumana.
—Al fin… —susurró—. Padre, madre… por fin podré seguir mi camino.
Iston sintió un escalofrío recorrerle la columna. Virgilio no parecía hablarle a él, sino a alguien más, a algo más.
—Ya no seré aquel al que todos despreciaban —continuó, con una sonrisa deformada en el rostro—. Ya no me reirán en la cara cuando falle. Ahora… yo seré el gobernante.
La carcajada se intensificó, resonando en su mente.
—Gracias a esos ilusos que sacrificaron mi destino por salvar al suyo. Gracias a su estupidez, estoy más cerca que nunca.
El ecosistema mental tembló. Los colores se distorsionaron. El aire apestó a hierro y luz rota.
—El mundo sonríe otra vez… —murmuró Virgilio—. No tendré que esperar la eternidad que me habían impuesto.
Su voz se convirtió en un susurro venenoso.
—Todo será mío. Y la fe… destruirá cada ser en este mundo.
En la ciudad fantasmal, Iston corrió hacia la habitación de Abyllie. Al llegar, se encontró con una intensa discusión; la mujer de la profecía estaba de pie, inmóvil en medio del caos.
Su mirada se desvió hacia Belial, que parecía estar bien, mientras Abyllie estaba furiosa en la cama. Un profundo suspiro escapó de sus labios.
—Menos mal no fue real —murmuró, sintiéndose aliviado al ver que Belial estaba a salvo.
En ese momento, Belial lo miró con curiosidad.
—¿Qué pasó, muchacho? Te ves tan alterado.
—Logré asimilar el sello —respondió Iston, con el pecho alzado por la agitación que sentía mientras respiraba con dificultad.
Belial, sorprendido, exclamó.
—¿Lo asimilaste?
Lilith, que hasta ese momento había estado observando, dirigió su mirada hacia Iston con desdén, como si cuestionara su presencia.
Belial se aclaró la voz y se dispuso a presentarlo.
—Iston, ella es la señora del círculo de la lujuria, Lilith.
Lilith arqueó una ceja, escudriñándolo con desdén.
—¿Y él es tu aprendiz? Se ve patético. ¿Por qué tomaste a este humano?
—Este humano ha asimilado el corazón y la primera parte del sello de Enoc —replicó Belial, defendiendo a Iston—. Así que no lo trates de humillar.
—Así que él es quien le dio rienda suelta a Buer para experimentar nuevamente con la sangre —dijo Lilith, mirándolo con desdén.
Iston sintió que las dudas comenzaban a surgir en su mente.
—¿A qué te refieres?
—A que Buer experimentó con Abyllie usando la sangre que tú le diste. No sabemos qué efectos secundarios podría tener en el futuro. ¿Qué hizo esa bruja, Lilith?
Iston, sin saber qué más decir, recordó lo que Virgilio había mencionado.
—Virgilio dijo que serviría para curar a Abyllie.
—Te engañó —respondió Lilith, su voz cargada de preocupación—. Esa cura podría haber vuelto loca a Abyllie.
En ese momento, Abyllie, agotada de la discusión, gritó.
—¡Cállense! Buer me explicó que todo esto podía pasar, y aun así acepté. No quería ser una carga por la mano quemada.
Se hizo un silencio sepulcral en la habitación.
—Así que deja de meterte —continuó Abyllie, su voz llena de determinación—. No eres más que la mujer que vivió enamorada de mi padre durante milenios. No eres nada mío, así que deja de interferir en mi vida.
Lilith la miró con una expresión de dolor antes de alejarse de la sala, su corazón aplastado por las palabras de Abyllie.
Belial, frustrado, se volvió hacia Abyllie.
—¡Cállate! No sabes lo que Lilith ha hecho por ti mientras yo me enfrascaba en una venganza sin sentido.
—¿Y qué hizo, según tú? Yo solo viví sola en tu castillo mientras tú buscabas a quién mató a mamá.
—Ella era quien te cuidaba —replicó Belial, su voz llena de tensión—. ¿Te acuerdas de las comidas que te dieron esos días? Lilith era la que cocinaba y te llevaba la comida. Ella fue la que te cuidó cuando estabas enferma.
Belial continuó, la preocupación en su voz.
—Ella te siente como su hija, pero nunca tuvo el valor para acercarse a ti porque no quería que sus sentimientos por mí le nublaran el juicio.
Abyllie se quedó en silencio, las lágrimas brotando de sus ojos. Recordó cómo Lilith había sido quien le dejaba esas cartas, brindándole ánimos en sus momentos de soledad.
—¿Por qué nunca me lo dijiste? —preguntó, su voz temblando entre sollozos.
—Porque yo peleé con ella —respondió Belial, su mirada llena de pesar—. No podía aceptar sus sentimientos, y ella no quería seguir luchando por algo que no podía soportar, viendo cómo me volvían loco y te abandonaba.
Abyllie sintió un nudo en la garganta al escuchar esas palabras.
—Ella siempre intentó respetar a tu madre, incluso después de su muerte. Es difícil de tratar, tosca y sin filtro.
Belial respiró hondo, intentando contener la frustración.
—Por eso muchos luchan con ella debido a su lengua afilada. Pero en realidad, es más buena y comprensiva de lo que parece.
Abyllie secó sus lágrimas, reflexionando sobre las palabras de Belial. La imagen de Lilith comenzó a transformarse en su mente, de la bruja temida a una figura más compleja, llena de lucha y amor no correspondido.
Abyllie se levantó de un salto, su corazón latiendo con fuerza mientras la urgencia la impulsaba a buscar a Lilith. Las lágrimas aún brillaban en sus mejillas, pero la determinación reemplazó a la tristeza.
—¡Lilith! —gritó, la voz resonando por los pasillos del castillo.
Corrió sin detenerse, atravesando las sombras del castillo, sintiendo cada paso como un acto de redención. Tenía que encontrar a Lilith y aclarar las cosas, hacerle saber que entendía lo que había intentado hacer por ella.
Al llegar a la habitación donde creía que podría estar, se detuvo un momento, respirando hondo para calmar el torbellino de emociones en su interior.
—Lilith, por favor —llamó, su voz suave pero firme—. Necesito hablar contigo.
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