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BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 57

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Capítulo 57: Cuando El Silencio Se Rompe

Lilith abrió la puerta sin entusiasmo. Sus ojos, cansados y enrojecidos por las lágrimas, recorrieron el rostro de Abyllie, indecisa, sin poder determinar si debía escucharla o echarla de inmediato.—¿Qué quieres ahora? —murmuró, dejándose caer en la cama—. ¿No fue suficiente con lo que me dijiste hace un rato?

Abyllie apretó la mano al costado, sintiendo que cualquier palabra podría romper algo dentro de Lilith que ya estaba hecho pedazos.

—Mi padre me contó todo… —dijo con voz baja—. Todo lo que hiciste por mí. Todo lo que renunciaste. Yo… no sabía. No sabía nada, Lilith. Solo quería entender por qué nunca me lo dijiste.

Lilith apartó la mirada, y su respiración tembló.

—Porque ya estaba lo bastante rota como para involucrarme más —respondió con amarga sinceridad—. Y porque tu padre dejó claro que no me quería cerca.

Abyllie dio un paso adelante, su corazón latiendo con fuerza.

—¿Te lo dijo… o solo lo asumiste porque no respondió a tus sentimientos?

Lilith cerró los ojos, sintiendo el peso de la pregunta. Cayó como una piedra en un estanque en calma.

Tardó varios segundos en responder.

—No hablaré de eso —susurró, aunque su voz carecía de fuerza—. Solo dime qué vienes a buscar.

Abyllie tragó saliva, sintiendo la presión en su pecho.

—Quería pedirte perdón. Lo que dije antes… no lo pensé. No sabía que eras tú, la persona que me cuidó cuando nadie más lo hacía. Fuiste lo único bueno que tuve durante tanto tiempo, y te traté como si no significaras nada.

Lilith levantó la vista. En sus ojos había dolor, pero también un destello de ternura que se negaba a morir.

—Nunca te pedí que lo supieras —dijo en voz baja—. Solo quería que estuvieras a salvo.

Y por un instante, ambas quedaron en silencio. Pero ya no era un silencio hostil; era un espacio lleno de historias no contadas, de emociones reprimidas.

—Siéntate —dijo Lilith, su voz más suave—. Hay mucho que hablar.

Abyllie asintió y se sentó a un costado de la cama, sintiendo el peso de la conversación que tenía por delante.

—Yo nunca quise dejarte —empezó Lilith, su mirada perdida en sus recuerdos—. Pero los sentimientos que tenía por tu padre eran mucho más poderosos y dolorosos de lo que pensé en aquel tiempo. Aún no he podido superar ese sentimiento.

Abyllie la escuchó con atención, sintiendo cómo las palabras de Lilith comenzaban a deshacer el hielo que había entre ellas.

—Cuando él me llamó para decirme que necesitabas entrenamiento, hizo que mi corazón volviera a latir. Podía volver a verte después de cuarenta años y, además, podría pasar tiempo contigo, como siempre soñé.

—Para mí, fuiste la hija que nunca tuve —continuó Lilith, su voz temblando—. Pero no quería que sintieras que intentaba reemplazar a tu madre. Solo quería estar ahí para ti.

Lilith inhaló profundamente, sintiendo la carga de lo que había vivido.

—Pero no podía ver a Belial cayendo en el dolor, sintiéndome impotente ante el hombre que amaba, mientras su hija sufría por la soledad que él había creado.

A medida que hablaba de aquellos días, el dolor en los ojos de Lilith se volvía más evidente.

—Aún recuerdo cómo pasaba en el castillo de la corrupción. Mientras el de la lujuria comenzaba a desmoronarse por mi ausencia, Magdalena tuvo que cargar con demasiado, y ella no podía seguir en esa dinámica. Yo tampoco podía. Mi pueblo sufría mientras yo sufría por amor.

Las palabras de Lilith resonaban en el corazón de Abyllie, abriendo un canal de comprensión y compasión entre ellas.

—¿Qué fue lo que te hizo tomar la decisión de irte? —preguntó Abyllie, dándose cuenta de todo lo que había sufrido Lilith.

—El día en que le confesé mis sentimientos a tu padre, me sentí deshecha. Después de eso, nada era bueno.

El silencio entre ambas se volvió pesado. Lilith respiró hondo, como si algo se arrancara dentro de ella.

—Te contaré lo que pasó —dijo al fin—. Pero no será fácil escucharlo.

—Belial volvió del mundo humano, cubierto de sangre y con una mirada vacía tras haber matado a unos exorcistas que se encontró.

—Yo lo estaba esperando en el salón del castillo. Él había estado fuera más de una semana, mientras yo me hacía cargo de todo en el mundo de la corrupción.

—Se sentó, y mientras le servía la comida, noté que no comía nada.

Lilith lo observó con aquellos ojos llenos de dolor, como los de alguien que había vivido mil batallas. También pensó en todo lo que sucedía contigo cada vez que él regresaba.

—Tú corrías a abrazarlo, pero él te rechazaba, con miedo y dolor en los ojos.

—No pude soportarlo más. Lo agarré de los hombros y le dije lo que veía.

—¡Tu maldito imbécil sin corazón! ¿Cómo demonios le haces eso a tu hija? Ella te esperó una semana completa para que tú la rechazaras de esa forma.

—No es asunto tuyo, Lilith. Lo único que quiero es vengar a Biggi.

—Sí es asunto mío, cuando lo que ella te pedía mientras moría, lo pasas por alto como si no hubieras escuchado nada de lo que te dijo.

—¿Cómo es posible que tu mundo ahora sea la venganza en vez de tu hija, que lleva cuarenta años sola en este castillo?

—Ya tiene doce años, y aún te quiere, a pesar de que no puedes hacer nada para estar a su lado, todo por un capricho que ni siquiera tu mujer muerta te pidió.

Belial sintió cómo una ola de rabia y confusión lo invadía.

—¿Y tú por qué, demonios, me dices esto, Lilith? ¿Qué ganas con ello?

Las palabras de Lilith salieron con fuerza, pero había una vulnerabilidad en su voz.

—¿Qué gano? ¿Qué gano? —exclamó Lilith, su voz temblando de frustración—. ¿Que el hombre al que he amado desde la primera guerra celestial no se autodestruya estúpidamente y que su hija no quede huérfana por una venganza sin sentido?

Belial se quedó en silencio, sintiendo cómo los sentimientos de Lilith brotaban como un torrente desbordado.

—Espera, ¿me amas desde la primera guerra celestial? —preguntó con incredulidad.

—Sí, imbécil —respondió Lilith, su voz cargada de emoción—. He estado enamorada de ti desde ese tiempo, pero tú te enamoraste de Biggi. Y no quise interferir, así que me alejé de ti porque me dolía verte con ella.

Las palabras de Lilith resonaban en el aire, llenas de una verdad que Belial había ignorado durante tanto tiempo.

—Pero no puedo soportar que la hija que nació de su unión sufra mientras tú, con el cerebro nublado por la venganza, la abandonas a su suerte.

Lilith hizo una pausa, su mirada fija en Belial, buscando que comprendiera la magnitud de su dolor.

—¿Crees que esa niña podría haber sobrevivido sola todo este tiempo? ¿Que sin ti ella sería feliz?

—No, imbécil —continuó Lilith, su voz elevándose—. Eso no pasará. Cuando yo llegué a cuidarla, ella estaba desnutrida porque llevabas un maldito año buscando a Lucius para vengarte.

—Pero casi pierde la vida por eso. ¿Y ahora planeas culpar a los exorcistas por su muerte también?

—¿O vas a hacerte cargo de tu hija como pensé que lo harías cuando ella partió?

La tensión en el aire era palpable, y las palabras de Lilith cortaban como una daga, dejando a Belial enfrentado a la dura realidad de sus decisiones.

Belial, incapaz de procesar todo lo que Lilith había dicho, solo pudo articular una simple frase.

—¿Y eso te lo pedí? En ningún momento lo hice.

—Genial, entonces ocúpate de tu hija, maldito animal —respondió Lilith, su voz llena de rabia y decepción—. Porque yo no pienso cuidarla un día más para que tú sigas siendo un monstruo en lugar del ser que buscaba ayudar a todos, que tenía un corazón noble.

El rostro de Belial se endureció, pero Lilith continuó, implacable.

—No me hables nunca más, y olvida que te dije lo que sentía por ti. No eres más que un cobarde sin corazón, y eso no me interesa.

—Ojalá pudieras entrar en razón, pero nunca más me vuelvas a buscar —agregó, su voz temblando por la mezcla de emociones.

Con esas últimas palabras, Lilith se dio la vuelta, dejando a Belial en un abismo de soledad y arrepentimiento, sintiendo cómo su mundo se desmoronaba una vez más.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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