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BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 59

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  4. Capítulo 59 - Capítulo 59: La sangre y la locura
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Capítulo 59: La sangre y la locura

En el laboratorio de Buer, el ambiente era denso, rodeado de documentos que detallaban un inquietante experimento denominado “Sangre Viva”. Aquella investigación ambicionaba otorgar a los demonios una segunda oportunidad en la guerra, pero la verdad era aterradora: quienes recibían la medicina por vía intravenosa perdían la cordura a la semana. Cada sello potenciaba sus habilidades a través de la exposición a la sangre, pero también despertaba sus miedos y dolores más profundos, llevándolos a la locura.

El silencio, pesado como una losa, se instaló en la habitación.

Fue Belial quien rompió la tensión, su voz tensa resonando en el aire.

—¿Quién aprobó esto?

Buer tragó saliva, preparándose para responder.

—Las decisiones se tomaron en la cúpula. Buscaban poder… pero no todos estaban de acuerdo. Muchos eran conscientes de que el precio sería demasiado alto.

Abyllie sintió un escalofrío recorrer su espalda al observar los documentos.

—¿Y ahora qué hacemos con esta información?

Belial se pasó una mano por el cabello, frustrado.

—Primero, debemos asegurarnos de que esto no haya afectado tu mente. Si sigues usando la medicina, podrías perderte a ti misma.

Buer asintió con gravedad, su expresión sombría.

—Por eso dudé en dártela, Abyllie. Intenté advertirte.

Belial apretó los dientes, su preocupación palpable.

—Cuando volvamos al infierno, exigiré una junta. ¿Cómo es posible que no supiera de esta atrocidad?

Sus palabras resonaron, llenando el espacio con un aire de inquietud.

—Esto explica por qué perdimos tantos demonios —murmuró—. Nunca pudimos abrir camino al mundo humano. Todos deberán enfrentar su pasado si quieren un futuro… especialmente con la llegada de Iston.

El nombre de Iston parecía activar una nueva tensión en la sala. El joven alzó la vista, nervioso.

—¿Tengo… que ir al infierno? —preguntó, su voz un hilo tembloroso—. ¿No me pasará nada cuando baje?

Belial lo miró, soltando una risa que ocultaba la seriedad de la situación.

—Ningún humano sufre en el infierno, Iston. Créeme. Lo que realmente debes temer son los cinco señores demonios que aún no conoces. Ya conociste a Lilith, y ahora sabe tu relación con nosotros. Es casi imposible que te odie.

Se acercó, dándole una palmada en el hombro.

—Ya tienes a dos señores demonios de tu lado. Pero escucha bien: puede que debas prepararte para una guerra civil cuando desciendas. Todos los que aprobaron este experimento estarán en tu contra.

Su voz se tornó grave.

—Ese conflicto puede romper la jerarquía que sostiene al infierno. Y si eso ocurre… traerá dolor a todos. Recuerda que odiaron a Lucifer por convertirse en un tirano. Y cuando sepan que el Mesías bajará… descargarán ese odio en ti.

Belial dio un paso atrás, añadiendo:

—Prepárate para luchar por tu vida. Aunque cada círculo tenga un señor, las ciudades y los pueblos son tierra de nadie.

Iston tragó saliva, comprendiendo que lo que le esperaba sería difícil, pero sabía que era necesario para cumplir su destino.

—Bueno, Buer, necesito que me des todos los documentos importantes para tener pruebas contra los demás señores —exclamó Belial, decidido.

Buer le entregó los documentos que ya tenía preparados, evitando caer una vez más en el ciclo destructivo de la investigación.

—Solo espero poder ayudarte —dijo, mirando a Abyllie.

Cada uno se retiró a sus habitaciones para descansar. Mientras Belial se dirigía a la suya, Abyllie se escabulló hacia la de Iston.

Él se estaba bañando, y ella se acostó en su cama, esperando su reacción. Al salir de la tina, Iston vio la silueta de Abyllie en la cama y se lanzó sobre ella para abrazarla. Pero algo no estaba bien.

Ella estaba empapada en sudor y temblaba, como si algo le faltara. En ese instante, Iston sintió un punzante pánico y corrió en busca de Buer.

—¡Necesito tu ayuda! ¡Abyllie no está bien! —exclamó, tocando la puerta con desesperación.

Iston llevó a Buer a su habitación. Al ver los síntomas de Abyllie, Buer comprendió que se trataba de un efecto secundario de la medicina: dependencia.

—Iston, necesito que le des de tu sangre a Abyllie —dijo Buer, su voz firme—. Ahora presenta síntomas de abstinencia a la medicina, y debemos usar algo para calmar esos síntomas de forma gradual.

Iston, asustado pero decidido, se cortó el antebrazo y acercó la herida a la boca de Abyllie, mientras Buer comenzaba a preparar una medicina para estabilizar su estado.

Mientras tanto, en el mundo mental de Abyllie, una niña de mirada triste le exigía:

—¡Dame más medicina! ¡El mundo de la locura no me abre la puerta! ¡Tú lo cerraste!

Abyllie comenzó a correr por su mente, con la niña persiguiéndola, llena de rabia, como si quisiera matarla por no entrar en su mundo.

—¡No me puedes dejar fuera! ¡No puedes hacer que desaparezca! —gritaba la niña mientras Abyllie corría por sus recuerdos.

—¡Estuviste de acuerdo con la locura! —la acusaba.

Abyllie, al borde de las lágrimas por la desesperación, comenzó a clamar por ayuda.

—¡Por favor, Iston! ¡Ayúdame! ¡Sácame de aquí! ¡No puedo!

—Él no te escucha —comenzó a reír la niña—. Ya no eres tú quien tiene el control.

Mientras una sonrisa macabra se dibujaba en su rostro, giró su cabeza trescientos sesenta grados.

—Tú eres mi alimento, y yo seré la que entre al mundo de la locura. ¡Ya no me quedaré fuera por tu culpa!

La niña se lanzó sobre Abyllie, quien cayó de espaldas al suelo. La pequeña comenzó a estrangularla, cantando una canción infantil distorsionada:

El pie da pie, el pie da muerte,

todo será locura en el mundo,

todo será muerte…

todo será muerte.

Abyllie luchaba por zafarse, pateando con todas sus fuerzas, pero la niña parecía poseer una fuerza sobrehumana.

—No puedes escapar de tus decisiones —le advirtió con voz burlona—. La vida no funciona así. Eres mía, y al ser mía, yo seré capaz de abrir la puerta que tú no quieres.

La lucha continuaba, mientras Abyllie se debatía entre la oscuridad de su mente y la desesperación de su situación.

Finalmente, la medicina que Buer le administró la sacó del estado mental en el que se encontraba. Cuando volvió al mundo normal, gritó tan fuerte que su voz resonó por todo el castillo. Lilith y Belial salieron corriendo de sus habitaciones al escucharla.

—¿Qué demonios está pasando? —preguntaron al llegar a la habitación de Iston, quien, envuelto en una toalla, se quedó pasmado al verlos mirándolo con odio.

Lilith se acercó a Iston con una mirada fulminante.

—¿Qué le hiciste, Iston? Como la hayas tocado… te corto la mano yo misma.

Buer detuvo la confrontación, explicando que Abyllie había sufrido síntomas de abstinencia a la nueva medicina, y que, de no haber sido por Iston, podrían haberla perdido en ese instante.

—Así que déjenlo tranquilo —concluyó—. Solo intentó ayudarla.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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