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BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 68

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  4. Capítulo 68 - Capítulo 68: La mentira de la libertad
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Capítulo 68: La mentira de la libertad

Lucius observaba la escena en la cueva cuando Zaphkiel se dirigió a Naqam. Su voz resonó como un eco profundo, casi reverberante.

—Ella es la indicada —declaró, y sus palabras llenaron la sala con una energía palpable.

Una sonrisa se dibujó en el rostro de Lucius al sentir que la anticipación crecía. Sabía que guiar a Naqam en el camino que le esperaba era crucial.

—Dame tu cuerpo mientras la sala aún no comprende el proceso —susurró, casi como un mantra, y ella, intrigada, asintió.

Los jefes del escuadrón intercambiaron miradas confusas, sin saber cómo reaccionar a la revelación, mientras Lucius comenzó a aplaudir lentamente, acercándose a Naqam con una gracia depredadora.

—Eso es lo que buscamos, mortales anhelando la aceptación divina —dijo, su voz resonando en el aire, impregnada de fervor—. Tú, pequeña, eres la mejor representación de esa expectativa. Por eso te llevo bajo mi guía.

Su tono era suave, casi seductor, y cada palabra deslizándose como un hilo de seda. Al acercarse, el brillo en sus ojos reflejaba tanto admiración como una ambición oculta.

Naqam lo miró, sintiendo una mezcla de respeto y curiosidad. Era como si los cimientos de su propia existencia estuvieran a punto de transformarse, la idea de ello la llenaba de emoción y terror.

—Déjame mostrarte cómo puedes desatar tu potencial —continuó Lucius, alzando una mano en un gesto abarcador—. Vamos a forjar un nuevo camino, uno donde tu esencia brille con la intensidad de mil estrellas.

Los jefes de escuadrón, paralizados por los acontecimientos, sintieron que la realidad se desvanecía a su alrededor. Lucius, con su aura imponente, parecía tener el control total.

Naqam asintió lentamente, sintiendo la gravedad de sus palabras. Sabía que este era un punto de inflexión, un momento decisivo que definiría su destino y el de todos los presentes.

—Estoy lista —respondió, su voz firme y llena de resolución—. Muéstrame el camino.

Lucius sonrió, satisfecho. Había encontrado en ella la chispa necesaria para encender una llama de transformación, y estaba decidido a alimentarla hasta que ardiera en todo su esplendor.

—Ahora, terminemos el espectáculo, mis hijos —anunció Lucius con autoridad, observando la escena.

Sin previo aviso, sacó un arma de su cinturón y disparó a dos sectarios con precisión mortal.

—Habla ahora, sectario. Dime dónde hay más de tu calaña. Sé que no eres el único culto que rinde servicio a los señores demonios.

El sectario, temblando de terror, sintió el frío metal del arma contra su piel.

—Habla y te dejaré libre —exigió, su tono sin compasión.

El sectario, incapaz de controlar su cuerpo después de tanta tortura, se orinó encima. Las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas.

—¡Diré todo lo que sé! —gimió, su voz quebrándose—. Por favor, no me hagan nada.

—Los demás cultos de esta ciudad son de Belial y Mamon. Ellos se reúnen en la Ciudad Fantasma dentro de dos días —confesó, su voz un susurro tembloroso.

Lucius frunció el ceño, confundido por la información.

—¿La Ciudad Fantasma?

—Sí, una ciudad que se utiliza como punto de reunión, ya que no pertenece a este plano. Allí solo charlan sobre los rituales y se van, pero la mayoría de los sectarios de Querétaro se encuentran allí.

—¿No has escuchado sobre la invocación de un señor demonio en la ciudad? —preguntó Lucius, con una intensidad casi palpable.

El sectario, con miedo en los ojos, balbuceó.

—No, no he oído nada. Nos habrían informado si hubiera sido alguno de los nuestros.

—Ya libéralo —ordenó Lucius, permitiendo que el sectario respirara con alivio momentáneo.

Los escuadrones permanecieron en silencio. Ezequiel, apretando los puños con furia, miró a Lucius.

—¿Por qué lo dejas libre? Él ha matado a nuestros hermanos.

Lucius se acercó y le susurró algo al oído de Ezequiel. Después de un instante de tensión, Ezequiel asintió y soltó al último sectario.

Mientras el hombre corría, Lucius apuntó a su cabeza.

—Ahora has encontrado la libertad. Eres capaz de ver a Dios. Él perdona tus pecados al hablar.

El sectario, aun temblando, sintió que el terror se apoderaba de él nuevamente, sin saber si realmente había escapado o si la muerte lo esperaba tras cada sombra.

De repente, un sonido sordo resonó en la cueva y un cuerpo cayó a la salida, impactando contra el suelo con un golpe seco. La atmósfera se congeló, el aire se volvió denso, y todos los presentes dirigieron la mirada hacia la entrada.

La risa de Lucius se elevó, rebotando en las paredes de la cueva como un eco macabro, un canto de triunfo en medio de la oscuridad.

—¿Ves? —dijo Lucius, disfrutando del caos que había creado—. La libertad nunca está lejos de nosotros.

Los escuadrones, aterrorizados, comprendieron que la libertad era un espejismo. La risa de su maestro se convirtió en un recordatorio constante de que el verdadero horror aún estaba por venir.

Mientras el cuerpo sin vida yacía en la entrada, la tensión aumentaba. La cueva respiraba un silencio tenso, como si la misma piedra estuviera esperando el siguiente movimiento. El sectario comenzó a dudar de su elección de hablar, sintiéndose atrapado en una red de miedo y desesperación.

Lucius se acercó al cuerpo caído, su sonrisa revelando un deleite que solo un maestro del terror podría sentir.

—Esto es solo el principio —murmuró—. La danza de la muerte es un arte en el que todos participamos.

—Ahora, mis hijos —anunció Lucius con una autoridad imponente—, comencemos los preparativos para el día en que los herejes morirán.

—Este no será un evento cualquiera —continuó, avanzando con pasos medidos, como un general que planifica su estrategia en el campo de batalla—. Será una purga. Una oportunidad para erradicar la escoria que se atreve a desafiar nuestra existencia.

Naqam, aún disfrutando del poder que había ejercido sobre el sectario, asintió con una sonrisa torcida. La idea de llevar a cabo un sacrificio ritual en la Ciudad Fantasma la excitaba; la posibilidad de desatar un horror inimaginable sobre aquellos que se interponían en su camino era una perspectiva que la llenaba de fervor.

—Cada uno de vosotros debe estar preparado —dijo Lucius, su tono grave y cargado de determinación—. No podemos permitir que se escape ni un solo hereje. Este es nuestro momento.

Con un gesto, llamó a varios de los capitanes a su lado. Les mostró mapas y diagramas de la Ciudad Fantasma, sus ojos brillando con la emoción de lo que estaba por venir.

—Aquí es donde llevaremos a cabo el ritual —explicó, señalando un punto marcado con una X roja—. En el corazón de su reunión, donde sus esperanzas son más altas, será donde caerán más bajo.

Los murmullos de aprobación resonaron entre los presentes, la energía en la sala cambiando a medida que la emoción comenzaba a hacerse palpable. La idea de la venganza unió a los sectarios en un propósito común.

—Recuerden —continuó Lucius, levantando la mano para silenciar a la multitud—, no es solo su muerte lo que buscamos. Quiero que sientan el terror, que comprendan que su tiempo ha llegado. Cada lágrima, cada grito, será un testimonio de nuestra victoria.

Naqam miró a los capitanes, sintiéndose invadida por una marea de poder. Se imaginó en el centro del ritual, cada hereje caído a sus pies, cada susurro de piedad ahogado por el clamor de su triunfo.

—¿Estáis listos para mostrarles el verdadero significado del miedo? —preguntó, su voz cargada de desafío y sangre fría.

—¡Sí! —exclamaron al unísono, la sala vibrando con su fervor.

Lucius sonrió, su mirada fija en el futuro que se desplegaba ante ellos, un futuro donde su dominio sería absoluto y la herejía, un recuerdo lejano.

Entonces, con un aire de solemnidad, levantó su copa en un brindis silencioso, un gesto que sellaba su destino.

—A la purga que se avecina —dijo, sus ojos ardiendo con anticipación—. Que los herejes sientan el peso de nuestra justicia.

La sala resonó con un eco de promesas oscuras mientras los preparativos comenzaban, una sinfonía de venganza que se intensificaría hasta el día de la confrontación.

Mientras esas palabras salían de la boca de Lucius, Iston sentía cómo una nueva visión comenzaba a tomar forma en su mente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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