BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 69
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Capítulo 69: Visión de la Caída
La ciudad fantasmal se desplegó ante Iston como una herida abierta, pulsando con el dolor de su inminente destrucción. El aire, irrespirable y denso, estaba impregnado de humo y cenizas, un calor abrasador que parecía devorar los pulmones al inhalar.
Las llamas devoraban edificios enteros y el cielo, teñido de rojo antinatural, observaba desde lo alto con indiferencia cruel.
Gritos desgarradores resonaban en el aire, mezclados con oraciones rotas que se entrelazaban con la desesperación de la multitud. Las órdenes de la iglesia se ahogaban en la furia de quienes luchaban por su libertad. Iston dio un paso adelante, sintiendo cómo la realidad y su visión se fusionaban en un caos abrumador. Las personas se enfrentaban a los símbolos sagrados, desgarrando estandartes y golpeando estatuas; Los estandartes sagrados ardían junto a las estatuas caídas. Nadie rezaba ya.
Y entonces, la vio.
Buer yacía en el suelo, inmóvil, su cuerpo manchado de sangre. Una herida profunda le atravesaba el costado, y cada intento por respirar parecía arrancarle un fragmento de vida.
La imagen se grabó en su mente. El corazón de Iston se aceleró, un tambor resonante que retumbaba en su pecho.
—No… —susurró, avanzando hacia ella, aunque el suelo parecía disolverse bajo sus pies, como si el mismo mundo intentara retenerlo en su lugar.
Una voz se alzó en su mente, clara y serena, imposible de ignorar.
—Hijo… ya estoy a tu lado.
El impacto fue inmediato, proveniente de un lugar más profundo, más antiguo. Iston reconoció esa voz al instante: calidez mezclada con dolor, fuerza nacida del sacrificio. La visión se intensificó a su alrededor.
Sintió el peso de la profecía desplegarse ante él, no como palabras escritas, sino como una verdad viva. Comprendió que aquello no era solo una guerra contra la iglesia, ni una ciudad en llamas.
Era una lucha por la libertad de existir sin cadenas, por el derecho a decidir sin dioses ni demonios dictando el destino.
El fuego ya no representaba solo destrucción. Era juicio. Era renacimiento.
Iston apretó los puños, el miedo aun latiendo en su pecho, pero ya no lo paralizaba. La voz de Buer lo sostenía, recordándole que no estaba solo, que su camino no se recorría en aislamiento. Su destino estaba entrelazado con el de ella.
—No dejaré que esto ocurra —dijo, su voz resonando con firmeza en el aire pesado de desesperación.
Mientras la ciudad ardía, Iston comenzó a trazar un plan en su mente. La visión no era una condena inevitable; era una advertencia, una oportunidad para romper el ciclo antes de que el mundo terminara de arder. Con Buer a su lado, en espíritu y voluntad, se preparó para enfrentar la tormenta que se avecinaba. No como un elegido obediente, sino como alguien dispuesto a desafiar incluso la profecía si era necesario.
Si el mundo necesitaba arder para ser libre, entonces él sería quien sostuviera la llama.
Se despertó con un sudor frio en el cuerpo, el corazón latiendo con fuerza en su pecho. Abyllie, medio dormida, se estiró y le preguntó con voz entrecortada si estaba bien.
Iston, aun temblando por la intensidad de la visión, la miró a los ojos.
—No… no estoy bien —tragó saliva—. Vi Iston en llamas. La gente luchando contra la iglesia… y Buer…
Abyllie lo miró, el impacto de sus palabras la dejó en shock. La imagen de Buer, tendida en el suelo, la herida abierta en su costado se repitió en su mente como un eco aterrador. Sin pensarlo dos veces, la determinación se apoderó de ella.
—¡Tenemos que avisar a Belial, a Lilith y a Buer! Ellos tienen que saberlo.
Sin perder un momento, ambos se levantaron y corrieron. Las sombras de la noche los envolvían, pero su urgencia los impulsaba hacia adelante. Cada paso que daban los acercaba más a la verdad, a la revelación de lo que estaba por venir.
Mientras atravesaban las oscuras calles de Iston, Iston intentaba calmar sus pensamientos, recordando cada detalle de la visión: el pánico en el aire, el fuego devorador, y sobre todo, esa voz que le decía que Buer estaba a su lado, aunque en su mente solo era un eco lejano.
Abyllie corría a su lado, su expresión una mezcla de preocupación y resolución.
—Si lo que viste es cierto, debemos prepararnos para lo peor. No podemos dejar que la oscuridad consuma a Iston.
Finalmente, alcanzaron el refugio donde Belial, Lilith y Buer se encontraban. Al abrir la puerta, el ambiente se sintió cargado de tensión.
—¡Necesitamos hablar! —gritó Iston, su voz resonando con un sentido de urgencia—. Lo que vi… es grave. La ciudad está en peligro.
Todos lo escucharon, y el ambiente se volvió aún más tenso. Belial, preocupado, lo miró a los ojos.
Nadie habló durante un segundo. El silencio pesó más que cualquier grito.
—Es hora de que entres conmigo para utilizar el libro. Necesitamos acceder a su conocimiento antes de que sea demasiado tarde.
Lilith, percibiendo la gravedad de la situación, tomó a Abyllie de la mano.
—Venga, necesitamos comenzar tu entrenamiento. El poder del sello es crucial y no podemos permitir que te falte control en este momento.
Abyllie asintió, sintiendo una mezcla de ansiedad y determinación mientras seguía a Lilith al rincón donde podían trabajar en su entrenamiento.
Mientras tanto, Buer, aún afectada por la visión de Iston y su propio dolor, decidió que debía terminar de desarrollar la medicina que había estado creando.
—Necesito asegurarme de que todos estén preparados. Si vamos a enfrentarnos a lo que se aproxima, cada uno de nosotros debe estar en su mejor forma —murmuró, aunque el peso de la situación la afectaba.
Con el propósito claro, Belial y Iston se dirigieron al área donde estaba el antiguo libro, cuyas páginas estaban llenas de secretos olvidados.
—El libro tiene respuestas —dijo Belial—. Pero también consecuencias. Cada palabra que leían parecía vibrar con poder, y Iston sintió que su corazón se aceleraba mientras absorbía el conocimiento ancestral que emanaba de sus páginas.
A medida que Lilith guiaba a Abyllie en su entrenamiento, la joven sentía cómo la energía del sello comenzaba a fluir a través de ella.
—Concéntrate en tus movimientos. Deja que el poder te envuelva. Cada gesto es una manifestación de tu fuerza interna —le decía Lilith, ayudándola a encontrar su ritmo.
Mientras tanto, Buer mezclaba hierbas y pociones, sus manos rápidas y seguras, enfocándose en crear algo que pudiera ayudar a sus amigos en la inminente confrontación. La sala estaba cargada de energía y determinación, cada uno de ellos desempeñando su papel en el tejido de la resistencia que se estaba formando.
El tiempo parecía fluir rápidamente mientras todos se preparaban, cada paso acercándolos más a la inminente confrontación. La lucha no sería solo por la ciudad, sino por su propia supervivencia y la de aquellos que amaban.
Ninguno de ellos lo sabía aún, pero la ciudad ya había comenzado a arder.
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