Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 7

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. BENDECIDOS POR BELIAL
  4. Capítulo 7 - 7 Cuidado Niebla y Tronos
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

7: Cuidado, Niebla y Tronos 7: Cuidado, Niebla y Tronos En casa de Iston, Belial cocinaba con calma cuando una alerta resonó en su mente; provenía de uno de sus demonios infiltrados en el Vaticano.

—Mi señor —susurró la voz distorsionada desde el otro lado del vínculo infernal—, el Papa sabe que los demonios han llegado a la Tierra… y enviará a alguien a Querétaro para confirmar lo que ocurre.

—Espera un momento… ¿todavía sigues infiltrado?

La guerra santa terminó hace un milenio.

—Me encanta la vida en el Vaticano: una bata, cero complicaciones, y la gente me trata como si fuera alguien importante —dijo el demonio entre risas.

—¿De verdad no te han descubierto todavía?

Deberías haber muerto hace unos cuantos miles de años; ¡qué estúpidos son los humanos!

—La verdad, les mentí —empezó a burlarse el demonio, mostrando una sonrisa torcida—.

Les dije que estaba maldito, descendiente de Caín, el primer pecador… que buscaba redención bajo su guía.

Desde entonces, me tratan como si fuera inmortal… y yo no hago nada para corregirlos.

Belial comenzó a reír.

—Usaste el nombre de uno de sus siervos más descarriados para infiltrarte… qué inteligente —dijo con una sonrisa burlona—.

Cuando vuelvas al Infierno, te nombraré jefe de la división de inteligencia.

—Es un gran honor, mi señor, pero debo declinar su oferta.

Es más fácil vivir aquí, aparentando ser humano, que en el Infierno.

—Mi señor, debo retirarme.

El Papa me busca… dice que necesita consejo espiritual.

—Lo último que puedo avisar es que Fray Lucius va a tu zona.

Fray Lucius… han pasado décadas desde la última vez que escuché ese nombre.

Ese maldito portador de la voluntad angelical.

De no haber sido por él, mi esposa seguiría viva.

Desde ese fatídico día, lo he buscado por todo el mundo; exterminé a mil exorcistas con tal de que saliera a la luz.

No tuve suerte… hasta ahora.

Todo esto, gracias al pacto forjado con Iston, me permitirá vengarme de la voluntad de ese Trono.

Zaphkiel pagará con su existencia.

Una espesa niebla oscura se levantó de la olla, llenando la cocina, mientras Belial reía por primera vez con la satisfacción de comenzar su venganza.

—¡Mierda, mi estofado!

—gruñó, tosiendo entre el humo que ahora cubría todo a su alrededor.

A unos kilómetros de distancia, Iston y Abyllie finalmente llegaron al lago, sin sospechar que la oscuridad ya comenzaba a extenderse sobre su mundo.

—Iston, es hermoso —dijo Abyllie, con los ojos brillando—.

¿Cómo es posible que haya un lugar tan bello en este mundo?

Iston se rió al ver la cara de asombro de Abyllie.

Era como mirar a una niña pequeña… y, por primera vez, algo en su interior comenzó a despertar.

—No es lo único hermoso esta noche —murmuró, contemplándola con ojos que brillaban de pura felicidad.

Recorrieron el sendero iluminado por antiguos faroles hasta que llegaron al lago.

Se sentaron en el muelle, hombro con hombro, mirando el cielo.

Iston le pasó la hamburguesa a Abyllie, rozando suavemente sus dedos.

Ambos separaron rápidamente sus manos, y sus rostros se tiñeron de un intenso rojo.

—C… c… ¿cómo se supone que se come esto?

—susurró Abyllie, sonrojada y tartamudeando.

—Tienes que abrir la envoltura —le explicó Iston—.

Luego le pones uno de estos sobres de ketchup o mayonesa; eso hará que mejore el sabor.

Abyllie siguió las instrucciones y se sorprendió por el sabor.

Esta comida era mejor que muchos banquetes infernales que había probado.

—Y ahora come esto: son papas fritas, te van a encantar —dijo Iston.

Abyllie quedó maravillada por la comida humana; cada bocado intensificaba el sabor.

—Esto es lo que comen siempre los humanos… tienen una cocina maravillosa.

—En realidad, esto no es lo que solemos comer —dijo Iston—.

Se llama comida chatarra y puede ser dañina si se consume demasiado.

Por lo general, la gente come comidas caseras.

—Entonces me gustaría probar esa comida —dijo Abyllie, sonriente.

—No sé si sea de tu agrado, mi lady, pero prometo que la próxima vez yo te cocinaré algo —murmuró Iston, con una sonrisa cálida.

—Es un plato que mi mamá solía prepararme cuando era niño.

Espero de verdad que te guste —añadió, mirándola con cuidado.

—¿Qué recuerdos tienes de ella?

—preguntó Abyllie, con interés.

—Se perdía con frecuencia, y yo siempre tenía que buscarla en el supermercado.

O, si no, la acompañaba para llevarla a donde teníamos que ir —dijo, recordando aquellos días—.

Ella siempre me protegió y se preocupó por mí, para que pudiera ser yo mismo.

¿Y tú?

¿Qué recuerdos tienes de la tuya?

—susurró Iston, con ternura.

—Yo no tengo muchos recuerdos de ella antes de la guerra.

Solo recuerdo que me cocinaba y me ayudaba a entrenar mi magia demoníaca, para poder defenderme en caso de que algo pasara —dijo Abyllie, con un dejo de nostalgia.

—Jamás sentí su amor.

Y cuando murió, lo único que invadió mi corazón fue tranquilidad —susurró, con los ojos fijos en el lago.

—A veces uno siente eso de sus padres, pero hacen las cosas a su manera.

Aun así, siempre buscan lo mejor para nosotros —susurró Iston, mirándola con suavidad.

—No estoy segura… siempre me preparé para la guerra, no para que alguien me cuidara —comentó Abyllie, con voz apagada y melancólica.

—A veces la guerra es complicada, y quizás todo ese entrenamiento era para prepararte por si algo le sucedía a tu madre o a tu padre —dijo Iston, con tono cálido y reflexivo.

—No sabría qué decir… todo se tornó de mal en peor.

Los ángeles invadieron el Infierno, y miles de demonios cayeron.

Un Trono les arrebató la vida frente a mis ojos, mientras me gritaba que corriera.

Desde entonces, he querido hacer algo… algo que me impida volver a sentirme inútil.

Abyllie mostró un dolor tan profundo que liberó una sed de sangre más intensa que cualquier otra que alguien hubiera sentido… y esa fuerza oscura comenzó a afectar a Iston.

Al darse cuenta de la condición de Iston, Abyllie se recuperó y, con el corazón encogido, le pidió perdón por haberle causado daño.

Iston comenzó a reír, diciéndole que tendría que enseñarle eso para que pudiera defenderse, mientras su rostro volvía poco a poco a su color normal.

Comenzaron a reír juntos mientras Iston le acercaba el postre.

—Esto es lo mejor para levantar el ánimo… te va a encantar —dijo, sonriendo.

—Me gustaría saber… ¿qué es eso de la voluntad y quiénes son los Tronos?

—preguntó Iston con cautela—.

Claro, si no te causa dolor recordarlo.

Abyllie suspiró, recordando el dolor y la furia de esos días.

—Los Tronos son ángeles de muy alto rango… ejecutores del Cielo, con poder absoluto.

No actúan por sí mismos, sino que son la manifestación directa de la voluntad divina, que se transfiere a un mortal del Vaticano.

—La “voluntad de un Trono” es lo que les da su fuerza.

Es un poder intangible, pero letal.

Quien actúa bajo ella puede hacer cosas que normalmente serían imposibles, como derrotar demonios o realizar milagros.

—Es… lo que permitió que un exorcista matara a mi madre.

No fue solo su fuerza, sino el poder de esa voluntad… algo que es imposible de resistir por completo —dijo, bajando la mirada.

Iston permaneció en silencio, comprendiendo lentamente la magnitud de lo que Abyllie acababa de revelar.

—Mejor come tu postre, mi lady… eso te va a animar —dijo Iston, sonriendo.

Abyllie lo probó, sonriendo, mientras una lágrima recorría su mejilla.

—Es igual al que hacía mi madre —susurró, con nostalgia.

Después de muchos milenios, Abyllie recordó el trato de su madre, cómo le enseñaba a cocinar recetas del Infierno y cómo su padre, sin querer, siempre las arruinaba.

—La extraño —susurró, mientras Iston la miraba con comprensión, sintiendo lo mismo por sus propios padres.

—Te entiendo —le dijo, extendiéndole su hamburguesa para que ella pudiera darle un mordisco.

—Para los momentos tristes, no hay nada mejor que algo que comer.

Abyllie lo miró confundida; no entendía por qué debería morder la comida de él.

Sin embargo, algo en su pecho la impulsó a dar el mordisco.

En su corazón, algo cambió; era el primer ser que no le decía que era débil por sufrir.

En lugar de eso, le ofrecía confort, como lo hacían su padre y su madre en los días difíciles.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo