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BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 70

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Capítulo 70: El precio del conocimiento

La sala estaba sumida en una penumbra casi absoluta. Antiguas antorchas ardían en los muros de piedra, proyectando sombras irregulares que parecían danzar con vida propia. El castillo, normalmente silencioso, crujía como si algo en su interior hubiera despertado.

Iston caminaba de un extremo a otro, incapaz de quedarse quieto. Cada paso resonaba en su cabeza, mientras la visión que aún lo atormentaba se repetía incesantemente. Cerraba los ojos, pero el fuego regresaba. Siempre el fuego.

Belial lo observaba en silencio, la tensión palpable en el aire.

—No fue solo una revuelta —dijo Iston al fin, deteniéndose—. No fue miedo ni desesperación sin rumbo. Había… propósito.

Belial apoyó la mano sobre una mesa de piedra cubierta de símbolos antiguos.

—Explícate.

Iston inhaló con dificultad, tratando de ordenar sus pensamientos.

—La gente no corría sin sentido. Peleaban. Elegían enfrentarse a la iglesia. Sabían a quién atacar —alzó la mirada, sus ojos reflejando la intensidad de sus palabras—. Eso no nace de la nada.

Belial frunció el ceño, su mente trabajando rápidamente.

—La iglesia lleva décadas aplastando cualquier brote de disidencia. Quemaron libros, linajes enteros, ciudades completas. —Hizo una pausa—. No debería quedar nadie capaz de organizar algo así.

—Pero los había —insistió Iston—. Eran pocos, pero firmes. Usaban capuchas negras. Algunos tenían glifos grabados en la piel, sellos antiguos.

El silencio que siguió fue pesado, como si el aire mismo se contuviera.

Belial entrecerró los ojos, la incredulidad reflejada en su rostro.

—Eso es imposible.

—Eso pensé —respondió Iston—. Pero los vi. No parecían improvisados. No eran civiles desesperados.

Belial se apartó de la mesa y comenzó a caminar lentamente, su mente absorbiendo la información.

—Si existen… entonces alguien los protegió. Alguien les enseñó. —Su voz se endureció—. Y si portan sellos, significa que el conocimiento prohibido no desapareció. Solo se escondió.

Un escalofrío recorrió a Iston.

—Entonces la visión no muestra el inicio del caos —dijo—. Muestra su liberación.

Belial se detuvo frente a él, su mirada fija y penetrante.

—O su ajuste de cuentas.

Durante unos segundos, ninguno habló. El fuego de las antorchas crepitaba, rompiendo el silencio como un recordatorio constante de lo inevitable.

—Buer —dijo Iston de pronto—. Ella podría saber algo. Ha pasado años investigando cosas que la iglesia enterró.

Belial asintió lentamente, su expresión volviéndose grave.

—Pregúntale. Pero ten cuidado. —Su mirada se endureció—. Si esos grupos existen, no todos serán aliados.

Iston bajó la cabeza, el peso de la advertencia resbalando por su espalda.

—Lo sé —respondió, sus manos temblando—. En la visión… Buer estaba herida. No puedo ignorar eso.

Belial lo observó con atención, comprendiendo la carga que llevaba.

—Las visiones no siempre muestran lo que ocurrirá —dijo—. A veces muestran lo que provoca que algo ocurra.

Iston levantó la vista, angustia y determinación entrelazadas.

—¿Crees que esto es culpa mía?

—Creo —respondió Belial— que el mundo ya estaba roto. Tú solo lo estás mirando sin vendas.

El peso de esas palabras se clavó en Iston.

—Entonces no hay forma de evitarlo.

Belial negó lentamente, su mirada serena pero decidida.

—No. Pero hay formas de elegir cómo arde.

Iston respiró hondo. El miedo seguía ahí, pero ahora coexistía con algo distinto: claridad.

—Necesitamos el libro —dijo, su voz decidida.

Belial no respondió de inmediato. Miró hacia la pared donde descansaba el tomo antiguo, encadenado y sellado, un objeto de poder y peligro.

—El libro da respuestas —admitió—. Pero cada respuesta exige un precio.

Iston sostuvo su mirada, la determinación brillando en sus ojos.

—Ya lo estamos pagando. Solo que aún no lo sabemos.

Belial cerró los ojos un instante, como si pesara las consecuencias.

—Entonces entremos juntos —dijo finalmente—. Si vamos a cruzar ese umbral, no lo harás solo.

El castillo volvió a crujir, como si algo estuviera escuchando.

Y en algún lugar de la ciudad, invisible aún para ellos, alguien ya había decidido encender la primera chispa.

—Necesito que me muestres los versículos de Salomón para poder entender este poder —dijo Iston, su voz cargada de urgencia.

Asintiendo, Iston sacó el libro del anillo, un objeto antiguo que había traído consigo.

—Tengo cinco páginas llenas de palabras que no entiendo. Según Virgilio, es un idioma antiguo.

Belial tomó el libro y comenzó a leer las páginas, comprendiendo de inmediato a qué se refería Iston.

—Mira, no es necesario recitar las palabras en esa lengua —aclaró Belial, con un tono que mezclaba paciencia y seriedad—. Lo único que tienes que hacer es comprender el concepto detrás de lo que dice para poder utilizar su poder.

Pasando las páginas, Belial se detuvo en la primera.

—Esta página muestra rituales de sellos, tanto angelicales como demoníacos. Es como si tuvieras que atrapar a los ángeles y demonios que vas a enfrentar. Además, podrás extraer su poder una vez lo asimiles como tuyo.

Iston escuchaba atentamente, su mente procesando la información.

—Y las siguientes páginas… —continuó Belial— son hechizos para defenderte de los ángeles. Piensa en ellos como las llamas negras que utilizaste en tu reino mental con la primera puerta.

Pero cuando Belial llegó a la última página, su expresión cambió drásticamente. Se quedó en silencio más tiempo del necesario, una seriedad palpable en su mirada.

—Esto es grave —dijo finalmente—. Cada vez que utilices este poder, perderás algo importante para ti, tanto mental como físicamente.

Iston frunció el ceño, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda.

—¿Qué quieres decir con “perderás algo”?

—Sensaciones, emociones, racionalidad… todo dependerá del hechizo que utilices y cuánto tiempo lo mantengas activo —respondió Belial, su tono grave y atento—. Debes estar preparado para las consecuencias.

Iston asintió lentamente, comprendiendo la magnitud del riesgo que estaba asumiendo. Sabía que el poder venía con un precio, pero la urgencia de la situación lo impulsaba a seguir adelante.

—Lo entiendo —dijo, su voz firme—. Haré lo que sea necesario.

Belial tragó saliva, comprendiendo la elección de Iston.

—Lo único que te pido es que no dañes a mi hija por esto —dijo Belial, su voz temblando entre la furia y la desesperación—. Si algo le sucede, olvídate de tener hijos, porque seré yo quien te detenga. Te lo prometo, lo haré yo mismo.

La intensidad de su mirada dejaba claro que estaba dispuesto a todo por proteger a su familia.

Iston lo miró, entendiendo el peso de sus propias palabras.

—Créeme, no haré nada que ponga a ella en peligro. Y si lo hago, puedes golpearme tantas veces como quieras —declaró, su voz firme como una promesa.

Belial lo observó por un momento, sopesando la gravedad de la situación. Finalmente, tomó la decisión de aceptar el trato.

—Entonces te enseñaré. Pero no utilizarás tu poder hasta que comprendas los conceptos detrás de las palabras. Lo haré a través de tu mundo mental.

Iston asintió, reconociendo la seriedad de la propuesta.

—Tu mente tiene que grabar lo que sucede de manera concreta. No puedes olvidar; todo ese poder tendrá un precio.

La tensión en el aire se volvió palpable mientras ambos comprendían que estaban a punto de embarcarse en un camino lleno de riesgos y sacrificios.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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