BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 71
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Capítulo 71: Dominio y Absorción
—El primer concepto que debemos abordar es el de gobernante, aquel que ejerce el poder —explicó Belial, con su mirada fija en Iston, tan intensa que parecía atravesar su ser.
—Piensa en ti como un ser superior, no como un simple mortal. Debes aceptar tu verdadera naturaleza y no minimizar tu presencia ante otras entidades. Cada vez que te percibas al mismo nivel que un ángel o un demonio, recuerda esto: tú eres un ser superior, o al menos su igual por derecho propio.
Belial hizo una pausa, dejando que sus palabras se asentaran en el aire. La sala pareció encogerse, como si el espacio reaccionara a la gravedad de lo dicho; el aire se volvió denso, cargado de una energía palpable.
—Sin embargo —continuó, con un tono más grave—, verlos como iguales implica riesgos mayores que considerarlos inferiores. Debes entender bien esta distinción. Cuando tu mente se ablanda y comienza a tratarlos como pares, su poder puede interferir en tu juicio.
Avanzó un paso, acortando la distancia entre ambos.
—Tus percepciones pueden distorsionarse con facilidad. Ahí radica el verdadero peligro. Ángeles y demonios poseen un poder inmenso, pero también propósitos retorcidos. Si los miras como iguales, empezarás a cuestionar tu valor, tu derecho a gobernar… y, lo más peligroso de todo, tu propia esencia.
Las palabras resonaron en la sala como un eco persistente, y Iston sintió una mezcla de respeto y temor anclarse en su pecho.
—¿Y si termino convirtiéndome en uno de ellos? —preguntó, con un leve temblor en la voz.
—Ahí está el dilema —respondió Belial, alzando una ceja—. La línea que separa al gobernante de lo que gobierna es más delgada de lo que imaginas. El poder corrompe, y el deseo de imitarlos puede arrastrarte a la oscuridad. Tu propósito no es emular, sino dominar. No anheles la arrogante luz de los ángeles ni la manipulación oscura de los demonios; busca la sabiduría de quien comprende su lugar por encima de todos.
Belial se apartó ligeramente, como si acabara de revelar una verdad prohibida.
—Debes abrazar tu esencia, tu singularidad. Tú decides el rumbo; tú das forma a la realidad. La conciencia de tu grandeza no solo te protegerá, sino que también moldeará el mundo que te rodea. Cuando te enfrentes a esas entidades, recuerda: sobrevivirás únicamente si mantienes tu estatus por encima de ellas.
Iston asintió despacio, grabando las palabras en su mente como un mantra. La imagen de su propio poder comenzó a definirse, encendiendo una chispa de confianza que empujó los límites de su comprensión.
—Entonces… ¿debo verlos como inferiores para mantener mi fortaleza? —preguntó, buscando certeza.
—Exactamente —afirmó Belial—. Cada vez que surja la duda, El instante en que aceptes que te igualan será el instante en que empieces a obedecerlos. No seas un reflejo de lo que ya existe. Sé el fuego que consume y transforma.
El aire vibró con una energía renovada. Dentro de Iston creció una determinación feroz. La semilla de su grandeza había sido plantada y, aunque el camino sería peligroso, comprendió que podía convertirse en el arquitecto de su propio destino.
—Entonces debo tomar ese concepto y encontrar las palabras para ejercer ese poder —dijo, con resolución en la mirada.
Belial asintió, complacido.
—Correcto. Las palabras no son simples fórmulas. Son manifestaciones de tu voluntad, reflejos de tu entendimiento. Cada palabra que pronuncies debe resonar con tu esencia y con la certeza de que gobiernas tu propia realidad.
—¿Y cómo encuentro esas palabras? —preguntó Iston.
—A través de la comprensión. Estudia los textos antiguos y ve más allá de su superficie. Cada símbolo, cada frase, es un eslabón que te conecta con la fuente del poder. Cuando comprendas su significado, las palabras fluirán de ti como un río desbordado, y tu voluntad comenzará a moldear el mundo.
Belial se inclinó un poco más, su voz reducida a un susurro cargado de advertencia.
—Pero ten cuidado. Todo poder exige un precio. Cada vez que lo invoques, reclamarás una parte de ti. Emociones, sensaciones, aquello que aún te hace humano… todo puede verse afectado. Debes estar preparado.
Un escalofrío recorrió a Iston. La urgencia del poder chocó con el miedo a perderse a sí mismo.
—Lo entiendo —respondió con firmeza—. Pero no puedo quedarme inmóvil mientras el caos avanza.
—Esa es la actitud correcta —dijo Belial, con una leve sonrisa—. La verdadera fuerza nace de la voluntad y de la disposición a enfrentar lo desconocido. Busca las palabras y forjarás tu destino. Pero no olvides: gobernar no es solo ejercer poder, sino hacerlo con sabiduría.
Iston asintió. La búsqueda apenas comenzaba, pero ya podía sentir el peso del camino que se abría ante él.
—Entonces, ¿cuál es mi primer paso?
—El libro —respondió Belial, señalando el antiguo tomo encadenado a la pared—. Estúdialo. Descifra su contenido. Y cuando llegue el momento, pronuncia las palabras no solo con tu voz, sino con tu esencia. Solo entonces el poder será realmente tuyo.
Belial guardó silencio un instante antes de continuar.
—El segundo concepto es la absorción —dijo, con voz resonante—. Todo ser que gobiernes puede entregarte su poder. Pero recuerda cada poder trae consecuencias mayores, incluso que las del gobernante.
Iston frunció el ceño.
—¿Por qué?
—Porque un gobernante puede caer, pero su pueblo no. Al absorber ese poder, no solo obtienes fuerza; asumes anhelos, deseos y miedos. Dejas de ser solo un líder y te conviertes en una entidad que crea mundos, esperanzas y temores.
El peso de esas palabras cayó sobre Iston como una losa.
—Entonces… ¿al absorber su poder también cargo con ellos? —murmuró.
—Exactamente —confirmó Belial—. Cada deseo incumplido, cada miedo no superado, pasará a formar parte de ti. Puede ser una bendición o una maldición. Te hará invencible… o te arrastrará a la oscuridad.
Belial retrocedió un paso, dejándole espacio para asimilarlo.
—Imagina absorber el deseo de libertad de un pueblo, o el anhelo de justicia de un guerrero. Esos sentimientos te darán poder, pero también te obligarán a actuar conforme a ellos. Lucharás no solo por ti, sino por todos aquellos que viven en tu interior.
Un nuevo escalofrío recorrió a Iston.
—¿Y cómo sé si estoy preparado?
—Conociéndote —respondió Belial—. Debes entender tus propios deseos y miedos antes de cargar con los ajenos. Si tu identidad es firme, resistirás. Si no… te perderás.
—¿Y si esos deseos son demasiado fuertes?
—Entonces aprenderás a transformarlos. A convertirlos en fuerza. Serás arquitecto y guardián. Recuerda: al gobernar no solo moldeas la realidad, también das forma a las emociones de quienes dependen de ti.
Iston asintió. La absorción ya no le parecía solo poder, sino una responsabilidad.
—Entonces debo aceptar tanto mi poder como el de los demás, con todo lo que eso implica.
—Así es —afirmó Belial—. Al aceptar esa dualidad, te conviertes en un verdadero gobernante. No solo escucharás los deseos de tu pueblo, te convertirás en su voz. Ahora ve. La absorción es un arte… y estás a punto de comenzar a dominarlo… o a desaparecer en él.
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