BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 72
- Inicio
- Todas las novelas
- BENDECIDOS POR BELIAL
- Capítulo 72 - Capítulo 72: La puerta de la locura
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 72: La puerta de la locura
El ambiente en la habitación de Lilith era denso, cargado de una tensión palpable mientras comenzaba el entrenamiento de Abyllie. Las paredes estaban adornadas con runas y símbolos que parecían cobrar vida a la luz tenue de las velas. Lilith observaba a la pequeña que había estado cuidando, un destello de preocupación cruzando su rostro. Era consciente de que no había hecho lo suficiente para prepararla para lo que estaba por venir.
—No podrás salir en una sola pieza de este entrenamiento —advirtió Lilith, su voz grave resonando en la sala. Abyllie sintió un escalofrío recorrer su espalda—. Tendrás dos caminos: o te rompes… o te corrompes.
Las palabras de Lilith calaron hondo en la mente de Abyllie. Con una mirada intensa, Lilith continuó:
—Te lo digo por experiencia. Lo mejor para ti será corromperte. Esa corrupción te dará la capacidad de controlarla. Si decides romperte, lo que hay en tu mundo mental te destrozará pedazo a pedazo, hasta que no quede nada de ti en tu conciencia.
Abyllie tragó saliva, el peso de la advertencia asomándose en su mente.
—Primero necesito que me digas qué ves en tu cabeza.
Con miedo y dudas danzando en su mirada, la pequeña respondió con voz temblorosa:
—Veo una niña que me abre una puerta. La llama el mundo de la locura.
Lilith arqueó una ceja, sorprendida ante esta revelación.
—¿Cuándo comenzó eso? —preguntó, intrigada.
—Empezó cuando tomé la medicina—respondió Abyllie, recordando el día con claridad—. El día en que todos se preocuparon y tuve síndrome de abstinencia. Fue entonces cuando la niña de mi cabeza me atacó, porque ya no tenía medicina.
Lilith sintió un nudo en el estómago al escucharla. Comprendía bien el tipo de batalla interna que enfrentaba la pequeña. La medicina había sido su refugio, pero también su prisión.
—La niña que ves —dijo Lilith— representa la parte de ti que busca escapar de la realidad. La locura puede parecer un alivio, pero es un camino sombrío, lleno de trampas y sombras.
Abyllie apretó los puños, sintiendo la confusión y el miedo mezclarse en su interior.
—La niña me dice que puedo ser libre, que solo necesito dejarme llevar. Pero… no sé si puedo confiar en ella.
Lilith asintió, comprendiendo que la batalla de Abyllie no solo era contra una figura en su mente, sino también contra la tentación de sucumbir al caos.
—Debes aprender a discernir entre lo que realmente te libera y lo que solo te consume —explicó Lilith, su tono maternal—. La corrupción que mencioné no es un mal absoluto; es un medio para adquirir el poder que necesitas. Debes ser capaz de manejarlo antes de que consuma tu voluntad.
Abyllie la miró, su incertidumbre transformándose lentamente en determinación.
—¿Y cómo lo hago?
—Debes enfrentar a la niña —respondió Lilith, su mirada penetrante—. Entender sus deseos y aprender a controlar la locura que trae consigo. Solo así podrás decidir si la usas como aliada o la desatas como enemiga.
La atmósfera se densificó, cargada de la tensión del desafío que estaba por venir. Lilith sabía que el camino hacia la fortaleza requeriría un esfuerzo monumental, pero si Abyllie podía enfrentarse a sus demonios, podría emerger más poderosa.
—Entonces, ¿estás lista para comenzar? —preguntó Lilith, su voz resonando con autoridad.
Abyllie sintió la gravedad del momento y asintió con firmeza. Un primer paso hacia lo desconocido, pero estaba dispuesta a luchar.
De pronto, el aire se tornó inquietante. La niña comenzó a cantar una canción distorsionada, su voz un eco lejano de risas y susurros:
—La muerte llora, la muerte ríe,
todo es miedo, todo se tiñe,
rojo color brillante, negro palpitante…
Mientras cantaba, sus ojos se fijaron en Abyllie, una mirada que mezclaba deseo y amenaza.
—Tú aún no traes la medicina —dijo la niña, con una sonrisa que se asemejaba a un espejismo roto—. Quiero mi puerta, quiero mi mundo.
Abyllie, sintiendo una mezcla de miedo y determinación, la encaró.
—Llévame a la puerta —rogó, su voz firme a pesar de su temor—. Yo la abriré para ti.
La niña sonrió, una risa burbujeante resonando en la habitación, como un eco de la locura que se avecinaba.
—Hoy es el día, mi mundo,
será bienvenido en ella.
Es la hora de la locura.
El corazón de Abyllie latía con fuerza, entrelazando emoción y angustia.
—Corrupción o desgaste, ¿qué ganaré? —preguntó la niña, burlona y desafiante.
La pregunta flotó en el aire, tentadora y peligrosa. Abyllie inhaló profundamente, su mente girando entre los peligros de ambos caminos.
—Si me llevas a la puerta, te prometo que te ayudaré a entrar en tu mundo —dijo con resolución—. Pero no me corromperé; no seré un juguete en tus manos.
La risa de la niña se detuvo abruptamente, y en sus ojos brilló una mezcla de sorpresa y desafío.
—¿Y qué te hace pensar que puedes elegir, Abyllie? La locura no pide permiso. Cuando cruce el umbral, no habrá vuelta atrás.
Yo soy la que no tuvo miedo cuando tú sí
Plantándose firme, la pequeña respondió, cargada de desesperación y anhelo.
—Quiero ser más fuerte. Muéstrame el camino y yo decidiré qué hacer con el poder.
La niña sonrió de nuevo, esta vez con una sonrisa más amplia, como si la locura misma la abrazara.
—Entonces ven, ven y abraza el caos. Mi puerta te espera. Elige tu destino.
El tiempo pareció detenerse para Abyllie, la decisión pendiendo en el aire, pesada y electrizante.
El camino hacia la puerta se tornó extraño y surrealista. La niña rompía recuerdos a su paso, desintegrando pensamientos y añoranzas como si fueran hojas secas. Saltaba por un jardín de flores vibrantes, donde cada pétalo parecía susurrar secretos olvidados. Tarareaba una melodía distorsionada, una mezcla de risas y ecos.
Abyllie la seguía sin preguntar, sumida en una mezcla de asombro y temor. La locura las envolvía, y aunque sabía que cada paso la acercaba a lo desconocido, una curiosidad la impulsaba a seguir adelante.
Finalmente, llegaron a un portón negro, cubierto de enredaderas de rosas que se retorcían como serpientes. La puerta parecía latir con vida propia, un umbral a un mundo que prometía liberación y caos.
—¡Ábrela, ábrela! ¡Quiero entrar! —exclamó la niña, su voz vibrando con anticipación.
Abyllie se detuvo un momento, sintiendo la presión del momento. Miró la cerradura, un mecanismo antiguo que guardaba secretos profundos. En ese instante, comprendió que este mundo se abriría con su decisión de entrar a su subconsciente.
Con un gesto decidido, de sus recuerdos materializó la rosa que le había dado Iston, un símbolo de amor y esperanza en medio del caos. Al tocar la cerradura con la flor, sintió una conexión profunda, como si el simple gesto liberara una energía latente. La cerradura cedió con un suave clic y el portón se entreabrió lentamente.
La niña la miró con una sonrisa torcida, una mezcla de alegría y desafío, mientras corría hacia Abyllie para abrazarla con fuerza.
—¡Eso es! —gritó la niña—. ¡Es hora de sufrir y gozar! ¡Eso lo decidirás tú!
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com