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BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 73

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Capítulo 73: El susurro de lo que no fui

La niña comenzó a reír, su risa resonando como ecos perdidos en el viento, y poco a poco se desvaneció en la puerta. Abyllie sintió un vacío en su pecho, como si parte de ella se hubiera ido con esa figura enigmática. La habitación se llenó de un silencio abrumador y, en ese instante, la voz de Lilith resonó en su mente, clara y firme.

—Ahora dime, ¿qué ha sucedido?

—Abrí la puerta de la locura, y la niña se perdió dentro de ella —respondió Abyllie, sintiendo cómo la mezcla de temor y determinación la envolvía.

—Entiendo —contestó la voz de Lilith—. Ahora debes avanzar y completar la puerta. No sabemos qué te esperará al otro lado, pero debes ser fuerte y controlar ese mundo interior.

Un escalofrío recorrió la espalda de Abyllie al escuchar la advertencia. La incertidumbre pesaba en el aire, pero había una chispa de valentía que comenzaba a arder dentro de ella.

Controlar ese mundo interior. ¿Cómo podría hacerlo? La locura se extendía ante ella como un vasto océano, y ella, una pequeña barca a la deriva. Sin embargo, recordaba las palabras de Lilith: la corrupción no era un mal absoluto; era una herramienta. Quizás, si enfrentaba lo que había dentro de su mente, podría descubrir su verdadero poder.

Con una respiración profunda, Abyllie se acercó a la puerta, sintiendo el pulso latente del lugar. Extendió la mano hacia el umbral, su corazón latiendo con fuerza. Al tocar la superficie fría de la puerta, una oleada de energía la atravesó y visiones comenzaron a danzar ante sus ojos.

Los recuerdos y las emociones fluyeron, imágenes de su pasado se entrelazaron con sombras de lo que podría haber sido. Vio momentos de alegría, pero también de dolor. La niña era una manifestación de su propia lucha, la parte de ella que anhelaba escapar de la realidad, y ahora sabía que debía enfrentar esas sombras.

—Debo ser fuerte —se dijo a sí misma, sintiendo la determinación brotar en su interior. No podía permitir que el caos la consumiera; debía aprender a dominarlo, a convertirlo en una fuente de poder.

Su corazón golpeó con fuerza. Un paso más. Solo uno.

Con cada latido de su corazón, su resolución creció. Abyllie cerró los ojos, imaginando un camino a través de la locura, un sendero que la conduciría hacia la comprensión y el control. Su mente se preparaba para el viaje, y cuando volvió a abrir los ojos, la puerta parecía brillar con una luz propia.

—Voy a completar esta puerta —afirmó, su voz resonando con firmeza—. No dejaré que la locura me controle.

Abyllie se adentró en el umbral, el aire vibrante a su alrededor. Lo desconocido la esperaba, pero al cruzar la puerta, sintió que tomaba las riendas de su destino. A cada paso, se comprometía a enfrentar sus demonios y a dominar el mundo interior que una vez le había causado tanto temor.

Lo que había comenzado como una lucha interna ahora se transformaba en una oportunidad. Abyllie se adentró en la locura, decidida a convertirla en su aliada. Su viaje apenas comenzaba, y sabía que la fuerza no solo vendría de enfrentar sus sombras, sino también de abrazar su luz interior.

Al avanzar por la puerta, el tarareo de la canción de la niña resonaba de fondo, envolviendo a Abyllie en una atmósfera inquietante. Cada paso que daba la acercaba más a lo desconocido, y los ecos de la melodía se mezclaban con recuerdos dolorosos que emergían de su mente, visiones de lo que pudo haber sido su vida si las circunstancias hubieran sido diferentes.

El primer recuerdo se hizo presente: su madre, furiosa y exigente, la obligaba a entrenar. Abyllie podía sentir el ardor de los golpes, el dolor que la llevó al desmayo. La imagen de su madre, con ceño fruncido y mirada severa, la perseguía como una sombra, un ciclo interminable de sufrimiento que había dejado cicatrices profundas.

De repente, la niña apareció en su mente como una figura inquietante. Con una sonrisa torcida, le mostró una visión distorsionada de lo que habría pasado si hubiera superado ese entrenamiento. Abyllie vio una versión retorcida de sí misma, empapada en sangre, empuñando un arma mientras eliminaba a aquellos que una vez entrenaron junto a ella. La escena era grotesca, y la risa macabra de su madre resonó en su mente como un eco retumbante.

—Ya está hecho, puedes luchar a mi lado, hija —decía su madre, abrazándola con una euforia insana—. Te llevaré a la guerra, y mataremos ángeles mientras ríes sin miedo.

La imagen se volvió más vívida, y Abyllie sintió una mezcla de horror y fascinación. La niña, en medio de ese recuerdo, sonreía con desdén.

—Yo soy poderosa —declaró con un aire triunfante—. Todos los momentos que has vivido, yo también los he experimentado. He sido lo que tú no pudiste ser.

La revelación golpeó a Abyllie como una ola. Esa niña, producto de su mente, no solo representaba los miedos que había enfrentado, sino también las ambiciones que había dejado escapar. En ese instante, se dio cuenta de que la locura no solo era un refugio, sino también una oportunidad para descubrir su verdadero potencial.

—¿Qué me estás diciendo? —preguntó, sintiendo que la voz de la niña se entrelazaba con sus propios pensamientos.

—Te estoy mostrando el camino —respondió la niña, su sonrisa amplia—. La guerra que deseas, el poder que anhelas. Todo está al alcance si decides abrazar lo que soy.

Abyllie se sintió dividida entre la repulsión y la atracción hacia esa visión. Sabía que esas imágenes eran retorcidas, pero también había una parte de ella que anhelaba esa fuerza, esa libertad que la niña prometía. La guerra podría significar poder, pero también destrucción.

—No puedo simplemente dejarme llevar —dijo, temblando ante la perspectiva de convertirse en algo que no reconocía—. ¿Qué pasaría con los que amo?

—¿Amas a quienes te han hecho daño? —replicó la niña, su mirada burlona desafiando a Abyllie—. Ellos nunca te verán como igual. La verdadera libertad radica en romper esas cadenas. Puedes elegir ser la guerrera que siempre debiste ser.

El eco de la risa de su madre resonaba en su mente, una mezcla de amor distorsionado y locura. Abyllie sintió el peso de sus recuerdos oprimiéndola, pero en su interior había una chispa de resistencia.

La niña, mirándola con ojos resplandecientes, movió su boca como si estuviera imitando a su madre.

—Estoy orgullosa de ti —dijo con una voz que tenía un eco inquietante, una mezcla de dulzura y desafío.

—No necesito ser como tú para ser fuerte —afirmó, su voz recuperando fuerza—. No puedo abandonar todo lo que soy por un poder que solo me llevaría a la destrucción.

La niña la observó, su sonrisa tornándose en una mueca de desdén.

—Tienes miedo de lo que podrías llegar a ser. Pero recuerda, cada paso hacia la locura también te acerca a la verdad de tu poder.

Abyllie sintió que la batalla dentro de ella se intensificaba. Sabía que debía enfrentarse a su pasado, pero también a la seducción de la locura. La niña había despertado en ella un potencial que no podía ignorar, un llamado a explorar lo que significaba ser verdaderamente libre.

Con una resolución renovada, Abyllie decidió que no permitiría que la locura la controlara ni que la niña decidiera su destino. Avanzaría por este camino, armada de sus recuerdos, lista para descubrir la fuerza que había dentro de ella.

—Está bien —dijo, su voz firme—. Te enfrentaré, y no dejaré que me conviertas en lo que no soy.

A medida que esas palabras resonaban, la puerta detrás de ella parecía cerrarse, sellando el pasado mientras Abyllie se adentraba en un futuro incierto, pero lleno de posibilidades.

No importa —susurró—. Siempre volveré.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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