Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 74

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. BENDECIDOS POR BELIAL
  4. Capítulo 74 - Capítulo 74: La visión de la jaula de oro
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 74: La visión de la jaula de oro

—Si quieres, puedo mostrarte cómo sería el mundo sin dolor, sin abandono —dijo la niña, extendiendo su mano con una sonrisa que prometía un refugio de ilusiones.

Abyllie no respondió, pero tomó la mano de la niña y la siguió, sintiendo que un nuevo destino se abría ante ella. A medida que avanzaban, la atmósfera se transformaba, envolviéndolas en una bruma suave y etérea.

—Para que papá no nos abandone, lo mejor es usar pastillas o pociones para que descanse y se quede con nosotros —murmuró la niña, su voz suave pero cargada de un tono inquietante.

De repente, recuerdos comenzaron a fluir ante Abyllie, imágenes de Belial alejándose, su mirada perdida mientras se adentraba en la oscuridad en busca de venganza por la muerte de su mujer. Un nudo se formó en su estómago al ver cómo su padre se marchaba, ignorando su sufrimiento y su necesidad de amor.

—Eso es lo que viviste tú —afirmó la niña, y Abyllie comprendió que esas memorias eran parte de su historia, un eco de su propio dolor.

La niña se volvió hacia ella, sus ojos brillando con un destello travieso mientras jugueteaba con un pequeño frasco brillante.

—Ahora toca mostrarte lo que podrías haber vivido —susurró, su voz cautivadora.

Antes de salir, la niña le ofreció un vaso con una poción que siempre tomaba Belial. Su superficie destellaba con colores vibrantes, y un aroma dulce y embriagador llenó el aire.

—Esta es la clave —explicó la niña—. Burundanga. Su sabor lo sumergirá en un sueño profundo, dejándolo con nosotros días, semanas, incluso años. Nunca se levantará de la cama, y así, jamás nos abandonará.

Abyllie miró el vaso, sintiendo que su corazón latía con fuerza. La idea era tentadora, una solución sencilla a su dolor. Pero en el fondo de su ser, una voz le advertía del peligro de esa elección. ¿Era realmente eso lo que deseaba? ¿Mantener a su padre en un estado de sueño eterno, atrapado en un mundo que no era real?

—¿No sería mejor que se despierte y enfrente su dolor? —preguntó, su voz temblando con la lucha interna que experimentaba.

La niña frunció el ceño, su sonrisa desvaneciéndose por un momento.

—A veces, el dolor es un precio a pagar por la felicidad. Pero si no puedes soportarlo, siempre puedes elegir el camino más fácil.

Abyllie sintió una batalla en su interior, entre el deseo de escapar del sufrimiento y la necesidad de enfrentarse a la realidad. La niña la miraba con expectación, como si supiera que la decisión recaía sobre ella.

—Si me quedo aquí, ¿qué pasará? —preguntó Abyllie, su voz firme a pesar del miedo.

—Te mostraré lo que puedes tener —respondió la niña, y al hacerlo, imágenes de un mundo sin dolor comenzaron a girar a su alrededor, llenas de risas y colores brillantes. Un lugar donde su padre nunca se marchaba, donde el abandono se desvanecía en la bruma de la felicidad.

Abyllie sintió el tirón de esa visión, pero también la inquietud de lo que estaba a punto de decidir. Con la poción en la mano, se dio cuenta de que el poder de crear su realidad estaba en sus manos.

—No puedo tomar esta decisión sin entender todas las consecuencias —afirmó, su voz resonando con una nueva claridad.

La niña la observó, y por un instante, el aire se volvió denso, como si el tiempo se detuviera. Abyllie sabía que estaba ante un punto de inflexión. Las elecciones que hiciera a partir de ahora definirían no solo su destino, sino también el de aquellos que amaba.

—Dame tiempo —dijo, mirando el vaso—. No quiero perderme en un sueño. Quiero ser fuerte, incluso si eso significa enfrentar el dolor.

La niña sonrió, esta vez con una mezcla de respeto y desafío.

—Entonces, elige tu camino. La locura puede ser tentadora, pero el verdadero poder radica en tus decisiones.

Abyllie asintió, sintiéndose más fuerte al reconocer su propia agencia en medio de la confusión. Era hora de tomar las riendas de su destino, sin importar cuán dolorosa pudiera ser la verdad que enfrentaría.

—Pero nunca hubiera conocido a Iston, y eso me afectaría mucho —musitó Abyllie, sintiendo el vacío de esa posibilidad. La idea de una vida sin él la desconectaba de una parte esencial de sí misma.

La niña, riendo con malicia, la miró y dijo:

—Eso no es cierto. Él te habría invocado a ti. Tú le habrías pedido que cuidara a papá, y él lo habría hecho. Lo habrías atrapado en el castillo.

La afirmación de la niña resonó en la mente de Abyllie como un eco perturbador. La idea de que su vida hubiera podido tomar un giro tan diferente la hizo temblar.

—¿Lo hubieras atrapado en un castillo? —preguntó, la incredulidad marcando su voz. La imagen de su padre encerrado, protegido pero distante, la perturbaba.

—Sí —continuó la niña, con una sonrisa juguetona—. Iston te habría obedecido. Él no habría sufrido, no habría llorado. Solo te habría acompañado, como cuando tienes un pájaro en una jaula.

La metáfora era aguda, un recordatorio de lo que realmente significaba tener a alguien bajo tu control. Abyllie sintió que una mezcla de horror y curiosidad se apoderaba de ella. ¿Era eso lo que deseaba? ¿Un padre que nunca se apartara de su lado, pero que tampoco viviera su propia vida? La imagen de su madre regresó a su mente, su figura dominante y exigente.

—No quiero a papá en una jaula —declaró, su voz firme, aunque el temor se agazapaba en su interior—. Quiero que él elija estar conmigo.

La niña la miró, la risa desvaneciéndose, dejando tras de sí una expresión seria y contemplativa.

—Pero ¿qué pasaría si él elige el dolor? —inquirió, su tono lleno de desafío—. El sufrimiento es parte de la vida, y si no puedes protegerlo de eso, ¿no sería mejor mantenerlo cerca, aunque sea en una prisión dorada?

Abyllie sintió un nudo en el estómago. La perspectiva de un amor limitado, uno que no permitía la libertad, la llenaba de ansiedad. Sabía que el amor debía ser algo más que posesión o control.

—No puedo vivir así —respondió, sintiendo que una chispa de rebeldía crecía en su interior—. Quiero que papá sea libre para decidir, aunque eso signifique que a veces se aleje de mí. Si lo abrazo en una jaula, ¿qué clase de amor es ese?

La niña se quedó en silencio, sus ojos brillando con una mezcla de comprensión y desafío.

—Entonces, ¿qué harás? —preguntó, su voz suave pero incisiva. Abyllie sintió que cada palabra pesaba en el aire.

—Voy a enfrentar el dolor, la soledad y el miedo —afirmó, su voz resonando con una firmeza renovada—. No puedo controlar lo que sucede a su alrededor, pero puedo decidir cómo reaccionar. No voy a atrapar a papá; quiero que elija estar conmigo de corazón.

La niña sonrió, aunque su expresión reflejaba más admiración que burla.

—Eso es más difícil, pero también más poderoso. La verdadera fuerza radica en permitir que los demás sean quienes son, incluso si eso significa enfrentarse a la pérdida.

Abyllie sintió que la conversación la había empoderado. Sabía que la vida sería una lucha constante, pero estaba preparada para enfrentarla. La locura podía ofrecerle atajos, pero el verdadero poder venía de aceptar la realidad tal como era, con sus alegrías y sus desafíos.

—Gracias —dijo, mirándola a los ojos—. Gracias por mostrarme lo que no quiero ser.

La niña asintió, y aunque su sonrisa era traviesa, también había un matiz de respeto.

—El camino de la locura es solo una opción. Recuerda que la elección siempre es tuya.

Con esas palabras resonando en su mente, Abyllie se sintió más decidida que nunca. Era hora de dar un paso hacia adelante, hacia el dolor, la pérdida y la libertad.

—Ahora dime, tú no me vas a abandonar —declaró, la voz temblando levemente, como si al pronunciar esas palabras se desnudara ante la verdad de su propia fragilidad.

La niña la observó con una intensidad que hizo que el corazón de Abyllie latiera más rápido. En su mirada había una chispa de comprensión, pero también una sombra de lo desconocido.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo