BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 76
- Inicio
- Todas las novelas
- BENDECIDOS POR BELIAL
- Capítulo 76 - Capítulo 76: El precio de echar raíces
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 76: El precio de echar raíces
Mientras la niña terminaba de llorar, un silencio profundo envolvió el aire. Abyllie abrió los ojos, sintiendo cómo la calma se instalaba en el espacio que una vez había estado lleno de gritos y dolor. La niña, como pétalos de flor llevados por un suave viento, comenzó a integrarse con ella, difuminándose en su ser, como si cada lágrima derramada la uniera más a su esencia.
De repente, la voz de la niña resonó en su mente, un eco suave pero poderoso.
—Tú ahora eres yo y yo soy tú.
Las palabras flotaron entre ellas, como un susurro delicado que llenaba el vacío.
—Lo único que te pido es que no traiciones esta unión. No me vuelvas a encerrar… si lo haces, todo se muere.
Una calidez floreció en su pecho, como una promesa de apoyo y fuerza.
—Yo seré tu fuerza, y este mundo será el jardín que decidiste crear, donde el control, la negación y el miedo solo marchitarán lo que construyas.
La imagen de un jardín vibrante apareció ante su mente, cada flor reflejando sus emociones más profundas.
—Tú eres la semilla de esto, y yo seré el abono que nadie podrá destruir.
A medida que la visión se aclaraba, el mundo de locura que había habitado, lleno de recuerdos mezclados y de un amor corrompido, comenzó a cambiar. Un jardín incompleto se presentó ante ella, con bellas rosas blancas floreciendo en cada rincón, símbolo de pureza y esperanza.
En el centro del jardín, un nuevo objeto emergió entre las flores, algo que Abyllie había visto antes en su mente. Era el arma que recordaba de su madre, ahora incrustada en medio de un altar que brillaba con una luz suave. La imagen de su madre estaba dividida en cuatro, cada parte mostrando una faceta de su ser: una llorando, otra riendo, una llena de enojo y la última con resignación.
El altar parecía pulsar con vida, cada expresión de su madre resonando con las emociones que Abyllie había sentido a lo largo de su vida. El miedo, el amor, la pérdida; todo estaba allí, entrelazado en una danza de colores y formas.
Abyllie se acercó al altar, sintiendo la conexión de cada faceta de su madre en su interior. No podía escapar de esos sentimientos, pero ahora comprendía que no eran sus enemigos. Eran partes de ella, raíces que la mantenían conectada a su historia y a su propio crecimiento.
Cuando intentó tocar el arma, unas enredaderas la ataron al altar. La voz de su madre resonó en su cabeza.
—Esto no es lo que necesitas ahora.
El eco de una voz que no había oído desde su infancia la paralizó. Miró el jardín, sintiendo que algo en su cuerpo cambiaba. Cada fibra de su ser estaba conectada a ese espacio.
—No marchitaré este jardín —prometió con voz firme—. Lo cuidaré.
La niña, ahora parte de ella, sonrió desde dentro. Abyllie sintió una oleada de determinación. Con cada paso hacia adelante, cada paso hacia la sanación sabía que ambas crecerían juntas.
Este jardín sería su refugio, su espacio para florecer sin miedo, donde cada emoción y cada recuerdo se convertiría en un elemento esencial de su vida. Y allí, en ese lugar de paz y belleza, encontrarían su verdadera fuerza.
Al abandonar su nuevo mundo mental, un dolor brutal se precipitó sobre Abyllie. Nació en su cabeza y se expandió sin misericordia, desgarrando nervios, huesos y carne, como si algo antiguo reclamara su lugar dentro de ella. No era un dolor común: era una reescritura.
Un torrente de energía recorrió su cuerpo, invadiendo cada rincón, desarmándola desde adentro para volver a construirla de una forma que jamás había imaginado posible.
Desde la penumbra, Lilith observó la escena sin intervenir. En sus ojos se mezclaban asombro y un desprecio contenido, como quien presencia una decisión irreversible. El tiempo pareció detenerse cuando una rosa blanca descendió lentamente y se posó sobre Abyllie. Al contacto, su cuerpo comenzó a reconstruirse, capa por capa, desde el núcleo hacia la superficie.
Lilith dejó escapar una risa baja. No era burla ni alegría; era amarga, rota, cargada de algo que rozaba el cansancio.
—Esto es lo que escogiste… —murmuró entre esa risa, como si hablara más para sí misma que para Abyllie.
Nadie más escuchó esas palabras.
Abyllie sintió cómo su cuerpo dejaba de responder a las reglas que conocía. Cada célula se transformaba, abandonando su antigua función para convertirse en parte de algo vivo, vegetal, indomable. Sus nervios, antes senderos de dolor, se hundieron y se extendieron como raíces profundas, aferrándose a una tierra invisible, buscando nutrirse del mundo que ella misma había creado.
Las venas ya no transportaban solo sangre. Se llenaron de savia espesa y luminosa, un néctar vital que fluía con lentitud y fuerza, llevando vida allí donde antes solo había resistencia. Sus órganos se reconfiguraron en una red caulinar, entrelazándose con raíces y tallos internos, formando un sistema único, conectado, imposible de separar sin destruirlo todo.
En el centro de esa transformación, su mente brillaba como un faro. No dominaba el cambio: lo sostenía. Era el núcleo, la planta central de la que todo nacía y a la que todo regresaba. Abyllie comprendió que no se trataba solo de un cambio físico. Su esencia se estaba fusionando con la naturaleza misma.
Cada pensamiento germinaba. Cada emoción echaba raíces.
Las imágenes de la vida que había dejado atrás comenzaron a desdibujarse, no como un abandono, sino como hojas viejas que caen para permitir un nuevo crecimiento. La corrupción, aquel susurro temido, ya no parecía una condena. Era una elección. Una fuerza creativa, peligrosa y fértil, que le ofrecía poder a cambio de responsabilidad.
A medida que el dolor cedía, Abyllie sintió cómo el mundo se alejaba, dando paso a una realidad distinta. Estaba aprendiendo a existir dentro del ciclo de la vida, a crecer sin negar la herida, a florecer sin olvidar la podredumbre que nutre la tierra.
En ese instante, lo entendió con claridad absoluta: su dolor nunca había sido un enemigo. Había sido el catalizador, el punto de quiebre necesario para convertirse en algo más.
La rosa blanca se alzó, vibrante, como un símbolo de su renacimiento. Y con ella, Abyllie se sintió más viva de lo que jamás había estado.
Desde las sombras, Lilith sonrió.
Abyllie había elegido el cambio. Y en ese nuevo estado, ya no sería fácil detenerla.
El brazo de Abyllie se movió.
No fue un espasmo ni un reflejo tardío. Fue un gesto consciente. Lento. Real.
Durante un instante, ella misma dudó de lo que veía. Ese brazo, que había sido ceniza, recuerdo y castigo, respondió a su voluntad. No como antes, no como carne, sino como algo nuevo. Bajo la piel, la savia latía en lugar de sangre. Pequeñas hebras verdes se delinearon brevemente, como venas vivas, antes de ocultarse nuevamente.
Abyllie cerró los dedos, sintiendo el peso del mundo en ese simple acto.
Lilith la observó en silencio. No hubo aplausos ni advertencias grandilocuentes. Solo una quietud pesada, cargada de comprensión. Sus ojos recorrieron el brazo reconstruido, luego el rostro de Abyllie, como si midiera lo que había cambiado y lo que ya no podría deshacer.
Finalmente, habló.
—Ese camino… —dijo con calma— ya no puedo guiarlo.
No era un rechazo. Era una frontera.
Lilith dio un paso atrás, fundiéndose con las sombras como alguien que se retira de un terreno sagrado.
—Elegiste crecer desde la herida —añadió—. Y eso tiene un precio que ni siquiera yo puedo calcular.
El silencio que siguió no fue vacío.
Abyllie bajó la mirada hacia su brazo y comprendió la verdad: había recuperado algo que creía perdido, pero a cambio había dejado atrás la seguridad de ser guiada. Ya no caminaba bajo la voz de otro. Ya no podía culpar al destino ni a la locura.
Estaba sola.
No abandonada.
Responsable.
Abyllie alzó el rostro. El miedo seguía allí, latiendo bajo su piel, pero ya no la paralizaba. Sus raíces eran profundas ahora. Y aunque el camino fuese incierto, le pertenecía.
El jardín interior permanecía vivo.
Y esta vez, no había nadie más decidiendo qué debía florecer.
Si esta historia te está gustando, agradecería mucho que consideres añadirla a tu colección.
El apoyo de los lectores es lo que permite que este jardín siga creciendo
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com