BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 9
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- Capítulo 9 - 9 Un Sello Un Guardián y Un Gran Problema
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9: Un Sello, Un Guardián y Un Gran Problema 9: Un Sello, Un Guardián y Un Gran Problema Con su tercer ojo abierto, Iston vio una ciudad que solo había observado en el museo.
Las calles estaban llenas de colores vibrantes y edificios que parecían contar historias de vidas pasadas.
A medida que caminaba, el aroma de flores y frutas recién cosechadas se mezclaba con el murmullo de risas y conversaciones, creando un ambiente acogedor.
—¿Qué es esto?
—preguntó, confundido, mientras su mente intentaba hacer sentido de la visión que se desplegaba ante él.
Abyllie, con una mirada decidida, respondió.
—Hay humanos que no avanzan al plano celestial ni al infernal; simplemente permanecen en la Tierra.
Al morir en ciertas épocas, crean ciudades a partir de sus recuerdos, como refugio para mantener vivas sus vidas tal como eran antes de la muerte.
Iston parpadeó, asimilando la información.
La idea de que aquellos que habían partido podían continuar existiendo de esta manera lo llenaba de asombro y desasosiego.
—¿Y tú puedes entrar y ver esas ciudades gracias al sello que implanté en tu alma?
—agregó Abyllie, con tono seguro—.
Normalmente, estos lugares pasan desapercibidos para los humanos comunes, pero en tu caso, eso ha cambiado.
—¿Cómo es posible que ese sello me dé esto?
—preguntó Iston, frunciendo el ceño—.
Y, ¿qué fue ese dolor de cabeza que sentí cuando lo colocaste?
Abyllie inhaló profundamente, preparándose para compartir un secreto importante.
—El sello desarrolló tu glándula pineal, permitiendo que tu ser pueda trascender —explicó—.
Un escritor de Providens lo elucidó en sus libros.
Lo tomaron por loco, pero él fue uno de los pocos que tuvo contacto con otras dimensiones al desarrollar su potencial.
La imagen del escritor y su locura hizo que un escalofrío recorriera la espalda de Iston.
La idea de cruzar dimensiones y encontrarse con criaturas que lo llevaran a la locura era aterradora.
—Él fue más allá del mundo, no como se describe en la Biblia ni en la ciencia.
Encontró criaturas que lo llevaron a la locura.
—Tu mundo no es como lo conoces; hay muchas cosas ocultas aquí que solo los ojos capacitados pueden ver —continuó Abyllie, su voz baja y seria.
Iston sintió una mezcla de inquietud y curiosidad.
Con más preguntas que respuestas, soltó: —Entonces, ¿puedo ascender a la locura o controlar esta situación?
Abyllie lo miró fijamente, y en sus ojos brilló una preocupación genuina.
—Por eso, cuando lleguemos, pregúntale a mi padre cómo cultivarlo para no caer en la locura.
—Pero ¿qué tiene que ver esto con lo que me dijiste antes de abrirlo?
No lo entiendo.
¿Por qué buscarían apoderarse de mí?
Abyllie mantuvo la calma, pero Iston notó un atisbo de tensión en su postura.
—El tercer ojo actúa como una barrera mental que permite a los humanos soportar cargas espirituales externas.
En este momento, te protege de que intenten poseerte para vivir tu vida.
Iston procesaba la información, asimilando la realidad de su situación.
—O sea, era un blanco fácil para perder mi cuerpo.
Abyllie asintió con la cabeza, su expresión grave.
—Y no solo eso, podrías no poder salir de la ciudad fantasmal hasta que otra persona venga.
Iston observó la ciudad ante él, una mezcla de maravilla y miedo.
La incertidumbre lo envolvía como una neblina pesada, mientras se preguntaba qué significaba realmente ser parte de este mundo oculto.
La ciudad se extendía ante Iston como un recuerdo vívido, con calles empedradas y casas de fachadas coloridas que susurraban historias del pasado.
Fantasmas, ciudadanos comunes, se movían con naturalidad entre los mercados, donde vendían frutas y flores que habían cultivado en vida.
La risa de los niños espectrales resonaba en el aire mientras jugaban en las plazas, y un viejo anciano ofrecía dulces tradicionales, sus manos temblorosas mostrando el cariño por su oficio.
En el centro, una estatua de bronce representaba a un héroe local, adornada con flores traídas por los residentes en memoria de aquellos que habían partido.
Aunque la ciudad estaba habitada por almas perdidas, el ambiente era cálido y acogedor, un refugio donde la vida y la muerte coexistían en armonía.
Al mirar detenidamente, un guardia se acercó, solicitando sus identificaciones de alma.
Su figura era robusta, con una armadura que parecía forjada de sombras.
La mirada del guardia era seria, como si pesara la esencia de cada persona que se le acercaba.
Iston, con dudas, miró a Abyllie.
—¿Identificaciones de alma?
—preguntó, su voz apenas temblando.
Abyllie asintió, su expresión tensa.
—Es un procedimiento normal aquí.
No te preocupes, solo presentaremos el sello.
—Mi lady, no me explicaste cómo sacar el sello.
¿Qué tengo que hacer?
—preguntó Iston, la preocupación reflejada en su rostro.
Abyllie, aguantándose la risa, respondió con una sonrisa traviesa.
—Haz lo mismo que yo.
Inclinándose hacia adelante, Abyllie cerró los ojos y respiró profundamente, como si se preparara para zambullirse en un océano de energía.
Luego, extendió una mano y, con un gesto suave, pareció deshacer el aire a su alrededor, revelando un brillo sutil que emanaba del sello en su propio pecho.
—Concéntrate en tu esencia —susurró—.
Deja que fluyan tus pensamientos y siente el poder del sello.
Iston, aunque un poco nervioso, siguió su ejemplo.
Cerró los ojos y trató de calmar su mente, sintiendo la energía vibrante que lo rodeaba.
Con cada respiración, se imaginó deshaciendo las cadenas invisibles que lo ataban a lo mundano.
—Eso es, ahora libera el sello —animó Abyllie, su voz suave y alentadora.
Iston sintió un cosquilleo en su interior, como si algo dentro de él se estuviera despertando.
Sin abrir los ojos, extendió su mano de manera similar a Abyllie, buscando la conexión con su propio poder.
Pero nada apareció.
Iston abrió los ojos, su corazón latiendo con fuerza mientras miraba a su alrededor, esperando que el sello manifestara su poder.
Sin embargo, el brillo que había anticipado no se materializó.
El guardia, con una cara de pocos amigos, exclamó.
—¿Esto es una broma, bribón?
La tensión en el aire se volvió palpable.
Iston sintió un nudo en el estómago mientras el guardia lo miraba con desdén, como si estuviera a punto de despojarlo de toda esperanza.
—No, no, yo…
—tartamudeó Iston, sintiendo cómo la ansiedad se apoderaba de él—.
Solo estoy…
intentando entender.
Abyllie dio un paso al frente, su rostro serio.
—Es un nuevo viajero, por favor, déjale un momento más.
El guardia arqueó una ceja, pero retrocedió ligeramente, evaluando a Iston con desconfianza.
—Asegúrate de que no me estés tomando el pelo.
Iston, sintiendo la presión, cerró los ojos de nuevo y respiró hondo.
“Debe funcionar”, pensó, mientras se concentraba en la conexión con su esencia.
Con un grito silencioso de determinación, se imaginó el sello estallando en luz, esperando que, de alguna manera, el poder que llevaba dentro pudiera liberarse.
Abyllie, observando la lucha interna de Iston, se acercó y le dijo con voz suave: —Iston, piensa en algo que te motive, algo que realmente desees.
Puede ser un sueño, una persona que amas, o un momento que te inspire.
Concéntrate en eso.
Iston frunció el ceño, intentando aquietar su mente.
Buscó en su interior, recordando la vida que había dejado atrás, sus anhelos y deseos.
Pensó en su familia, en los momentos compartidos que lo habían dejado marcado.
Una imagen clara apareció en su mente: el rostro sonriente de su madre, su risa y la calidez de sus abrazos.
—Quiero volver a verla —murmuró, cerrando los ojos con fuerza.
Abyllie sonrió, alentadora.
—Eso es, aférrate a ese sentimiento.
Deja que te llene y conviértelo en poder.
Iston sintió una corriente de energía fluyendo a través de él, pero todavía no era suficiente.
Concentrándose en su madre, se permitió sentir la urgencia de la conexión que deseaba recuperar.
—¡Vamos!
—exclamó, decidido.
Con un último esfuerzo, Iston extendió la mano una vez más, lleno de determinación.
De repente, sintió una oleada de energía surgiendo desde su interior.
Ante sus ojos, comenzó a manifestarse un brillo tenue que se intensificaba.
A medida que la luz se hacía más brillante, un símbolo apareció en su palma: el sello de Belial, su sello personal, el emblema del Ars Goetia.
El diseño, intricadamente detallado, resplandecía con un aura mística, como si contuviera un poder ancestral.
Iston lo miró boquiabierto, sintiendo una mezcla de asombro y alivio.
—¡Lo logré!
—exclamó, su voz llena de incredulidad.
El guardia, ahora con una expresión de sorpresa, retrocedió un paso al ver el símbolo.
—¿Qué eres tú?
—preguntó, su voz temblando ligeramente—.
¿Cómo puede ser que no estés muerto y que tengas esta marca?
—Es la marca de Belial —exclamó Abyllie—.
Pertenece al señor demonio de la corrupción.
—Esa marca no es como la que tienes debajo —agregó, notando el pánico en la mirada del guardia.
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