Bestia de la Humanidad - Capítulo 2
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2: CAPITULO 2 2: CAPITULO 2 [AULLIDO 1]: “Bienvenido a Uxile” La luz retorna, sus ojos vuelven a abrirse para despertar desorientado, poniéndose de pie mira a su alrededor encontrándose en un bosque sospechosamente diferente, los cuatro arboles torcidos estaban ausente y mirando arriba observo un cielo nocturno estrellado con tres lunas amarillentas en el cielo.
— Esto no es el “bosque Baquiu”, esto parece cosa… de otro mundo -Exclamo boquiabierto mirando los tres astros —Mi ropa… ¡no está!
Se percata de estar completamente desnudo y desprovisto de toda pertenencia material que poseía con anterioridad, en vano busco su ropa en los alrededores, estaba varado en un sitio desconocido y sin nada encima.
Pronto sus oídos captan algo, unas especies de voces.
—«¿Hay alguien cerca?» Guiándose por la procedencia de las voces, cruza por follajes con incomodidad al no tener calzados, salió del bosque para dar con unas ruinas de lo que alguna vez fue un pueblo hace mucho tiempo.
—«El bosque de Baquiu no tenía ruinas como estas antes» -Entonces Shogg confirmo la temible verdad —«Estoy varado en otro lugar completamente distinto, quizás ni siquiera este en Waratuk, suena una locura, ¿pero algo de esto tiene sentido?» Perdido desde una ubicación desconocido por fuerzas sobrenaturales, completamente desnudo e incomunicado al no tener su celular consigo, vuelve a oír aquellas voces que prestando atención con claridad, sonaban de personas.
—«Quien sea que este cerca, está en esas ruinas» Los restos de numerosas casas y estructuras en los alrededores parecían llevar bastante tiempo en abandono, sea de quien fuera las voces, era la mejor opción para intentar comprender donde se encontraba, por supuesto, existía el riesgo de que fueran individuos peligrosos, pero era su mejor opción para su desorientada situación.
Mientras se acercaba a la fuente del origen de los sonidos, sintió un inmundo aroma venir del interior de uno de las casas, con curiosidad se acercó despacio y se adentró al interior de este.
Todo estaba a oscuras, hasta que vio cerca de la puerta aun con la iluminación del exterior, lo que parecía ser un farol pegado a la pared, tenía una palanca y al girarla un poco, una pequeña esfera de luz se manifestó en su interior iluminando, lo suficiente para descubrir lo que había allí dentro.
—«¡QUE MIERDA!» -Exclamo con intensa estupefacción Cadáveres cercenados se encontraba colgados en palos de madera como trozos de carne en una carnicería y otros en una mesa de madera, algunos partidos a la mitad y conservando la parte superior, eran restos de cuerpos de personas, pero había algo extraño con dichos cadáveres.
—Sus orejas y dedos… Cadáveres con orejas puntiagudas y que anatómicamente solo tenían cuatro dedos en las manos, faltándole el anular, había otro cuerpo con la mitad inferir que tenían cuatro dedos en los pies en cada pierna, faltándole el cuarto dedo ambos pies.
Una cabeza decapitaba mostraba a otro individuo con la misma proporción de orejas puntiagudas, y otro cuerpo cercenado con el brazo intacto tenia cuatro dedos en su mano, no parecía ser una deformación de nacimiento ni forzado por fuerzas violentas.
—«Esas orejas puntiagudas… ¿elfos?, ¿cómo los de esas historias de fantasía?» -Se planteo esa cuestión –«Una luz anormal que me teletransporta a un sitio distinto desconocido, tres lunas en el cielo y cadáveres de seres de fantasía, esto se hace cada vez más absurdo» Centrando en los cuerpos hallados, la impresión de los restos devorados daba a preocupar, Shogg se percató de que algunos aún se mantenían frescos, no llevaban menos de un día en defunción, algunos parecían más frescos, quizás un par de horas.
—«¿elfos caníbales?, genial, la cosa mejora» -Fue su conclusión sarcástica ante la mera observación.
La situación se tornaba tanto extrañas como más alarmante, los cuerpos descuartizados de seres élficos guardados, indicaban un posible consumo de estos como alimento.
Sobre restos en una mesa de madera, encontró entre su roja esencia pintada en todo el mueble algo que capto su atención, un arma.
—«¿Un revolver?» Un arma de fuego, un revolver de tosca y primitiva apariencia, recordaba a aquellos modelos antiguos del siglo XIX, de un color bronce, estaba medio oxidado, pero abriendo su tambor se encontró con cinco de los seis huecos cargados con balas.
—«Su condición deja mucho que desear, probar su funcionalidad es mala idea, pero es mejor que un cuchillo improvisado» -Se hizo con el arma portándolo en su derecha.
Tomo precauciones de un escenario peligroso, avanzando lentamente del edificio se aproximó al sitio de donde venían las voces, se situó sobre el costado de una pared, desde el otro lado se encontraba la fuente de aquellos sonidos.
—«Una mirada rápida, y veamos cuantos son… pero estos sonidos…» Estando tan cerca, se podía oír con más claridad, todas eran voces femeninas resonando como intensos gemidos de índole sexual.
—«¿Los caníbales devoran a los hombres y mantienen a las mujeres cautivas como prisioneras sexuales?, je… sin importar la raza, un pensamiento predecible cuando lo planteas con la verga» -Dedujo en sus pensamientos.
Se situó a un costado de una pared y con total sigilo asomo su cabeza, encontrándose con un escenario completamente descabellado, varias mujeres prisioneras con orejas puntiagudas, elfas como los seres en obras de fantasía, todas ellas desnudas y sometidas, pero no por hombres de su raza o seres semejantes a humanos.
–«Esas cosas…» -Reacciono con asombro.
Humanoides de piel verde como orejas puntiagudas y un par de colmillos inferiores visibles fuera de la boca, algunos de un torso tonificado y otros con barriga, pero de brazos y piernas de constitución fornida, vistiendo con atuendos tribales, marcas de tatuajes, algunos poseían cuero cabelludo con peinados de cola de caballo, la mayoría tenía una altura casi aproximada de casi 2 metros.
–«Orcos» -Reconoció aquellas criaturas de fantasía.
Una orgia salvaje se desataba con un intenso hedor a suciedad y lujuria, elfas impregnadas de fluidos y mugre, siendo profanadas en todos sus orificios, cuando un orco llegaba al clímax liberaba una carga voluminosa que salpicaba en cantidad hacia afuera, luego era empujado por otro orco a su lado y tomaba su turno para saciar sus deseos carnales.
En su total desnudez noto el detalle de que todos poseían cuatro dedos en pies y manos, tanto las criaturas verdes como las féminas de orejas puntiagudas.
—«Orcos y elfas cogiendo salvajemente bajo un cielo de tres lunas, que panorama digno de un cuento de drogadictos» Algunos pocos se corrían llenando la intimidad de aquellas elfas, para detenerse unos segundos y seguir empujando por otra ronda, sin darle su turno a otros, se mostraban más grande y feroz que el resto de los suyos.
Un suelo lleno de fluidos, sangre y trozos de carne, un orco esperando su turno devoraba un brazo, otro mientras mordisqueaba los restos de carne de un torso con una mano, usaba la otra para forzar una felación de su erecto tronco contra la fémina de ojos llorosos, se corre en cantidad haciendo que la mujer tosa su carga casi ahogándose, solo para estar lista para recibir otra monstruosa masculinidad.
Jaulas en las proximidades encerraban a puñado de elfas que no participaban en tales actividades, sus vientres hinchados dejaban en claro la razón, algunos tenían más tiempo que otros.
—«Esas deben estar viviendo en estas ruinas desde hace un buen tiempo, entonces… capturan a los hombres para usarlos de comida y las mujeres como medio de reproducción» La ausencia de mujeres entre los seres de pieles verdes afirmaba tal punto, las mujeres elfas cautivas para su desgracia eran usadas para saciar sus impulsos carnales y a la vez engendrar de ellos.
—«Esas criaturas deben tener un comportamiento territorial, me mataran apenas me vean por ser hombre, tengo que irme de aquí» La huida era su mejor elección, empezó a alejarse discretamente hasta que oye una voz femenina sollozando acercándose a su posición.
—¡Aléjate de mí!
Una herida elfa desnuda, con su pierna izquierda muy lastimada huye tropezándose cerca de Shogg, esta al verla, entre lágrimas le pide ayuda.
—¡Por favor sácame de aquí!, ¡POR FAVOR NO QUIERO VOLVER!…
Un orco la atrapa con una sonrisa diabólica y su masculinidad palpitando, pero su lasciva aptitud desaparece cuando se percata de la presencia del muchacho, su rostro se torna en ira y toma aire para luego emitir un ensordecedor rugido.
—¡GROOOOOOOOAR!
Todos los orcos que oyeron aquel rugido, dejan de profanar a las elfas y se acercan a la procedencia del ruido, con un arma a la mano, otros orcos quedan atrás para custodiar a las cautivas féminas para impedir cualquier escape.
Shogg es atacado por el orco que alerto al resto, usaba un garrote de hierro, el muchacho se hace para atrás y observa como golpea el suelo con considerable fuerza dejando un pequeño hueco en este.
—«Con un golpe de semejante presión… ¡estoy muerto!» La situación empeora cuando otros orcos llegan a escena, armados con espadas, lanzas, hachas y garrotes, el muchacho toma distancia y apunta con el revolver.
—¡No voy a dejar que me mates!, ¡hijo de puta!
Jala del gatillo y dispara en el acto, el arma seguía funcionando, asesta contra el orco más cercano a solo escasos metros la bala golpea justo en la frente, antes de que pudiera hacer una mueca de satisfacción, su rostro se tiñe de total incertidumbre.
–No me jodas… La bala muy a pesar de haber golpeado en un punto vital tan de cerca, no le había hecho absolutamente NADA, ni siquiera un misero moretón, era como si el proyectil hubiera chocado contra algo increíblemente duro y anulando toda la inercia de su choque.
Shogg reacciona con otros dos disparos, buscando algún otro punto vulnerable, uno da en el torso y el segundo en la yugular, ninguna le hizo daño alguno, la criatura era inmune a las balas.
El orco responde con otro garrotazo, el muchacho logra hacerse para atrás esquivándolo a tiempo con escasos centímetros de casi ser alcanzado, tropieza cayendo de espalda contra el suelo.
El monstruo aprovecha y levanta en alto su arma sosteniéndola con ambas manos, brinca hacia el muchacho para propinarle un fuerte golpe, Shogg era consciente, no le daba tiempo a moverse y estaba a merced de recibir el garrotazo, era su fin.
Su cuerpo la tembló, pero no se paralizo, en su subconsciente anhelaba su supervivencia.
—«No quiero morir, no pienso morir… ¡no voy a morir!» Su instintivo por sobrevivir le insta apuntar con el revolver, aun siendo consciente de que no le haría nada, su dedo se sitúa en el gatillo.
Entonces sin tener conocimiento de ello, una enigmática energía blanca de índole sobrenatural se manifiesta por su brazo hasta alcanzar su mano y el arma, esta misma se filtra e imbuye en el interior del revolver.
El disparo es ejecutado con una peculiar diferencia, la bala estaba imbuida en esta misteriosa fuerza, esta al dar en el pecho del orco, en la parte superior del tronco para arriba, acto seguido es destrozada en incontables trozos que se esparcen por los alrededores, la parte inferior es empujada hacia atrás tocando el suelo.
La magnitud de los restos del monstruo que quedo tras explotar, no concordaba con la cantidad, como si la mayor parte hubiera sido pulverizada dejando pequeñas migajas irreconocibles.
Los orcos retroceden tras presenciar la brutal aniquilación de uno de los suyos, Shogg no entendía que acaba de ocurrir y cómo fue posible que un arma que no le hizo nada al principio, ahora funcionara con una letalidad absurda, pero aprovecha la situación, poniéndose de pie y apuntar al resto de las criaturas pieles verdes.
—¿¡Quién es el próximo valiente hijo de puta!?
Ninguno de los orcos se acercaba, todos mantenían su posición con sus armas en mano, incluso aquellos con lanzas que podían ser arrojadas, dudaban de solo pensar en atacar, hasta que de repente unos gruñidos hacen eco, el propio Shogg sintió algo abrumante aproximándose.
Un orco en concreto se acercó, llegaba a medir casi 3 metros de alto, con un físico esculpido casi perfecto, un peinado punk, y marcas rojas sobre su hombro como rostro en la parte inferior, una gruesa piel de oso era su única vestimenta en su entrepierna, portaba además un brazalete plateado en su brazo derecho.
De una penetrante mirada de ojos verdes con esclerosis oscuras, su sola presencia intimidada a todos los orcos, sentían más miedo por aquel individuo que por el mismo muchacho.
Shogg podía sentir como su presencia le hacía sudar, las piernas le temblaban y de los nervios los latidos de su corazón aumentaban, el mismo ambiente se sentía pesado con su aparición.
—«Esa cosa… ese monstruo, ¡puedo sentir que es jodidamente más peligroso que cualquiera de todos!» -Fue su intuición.
Sentía si llegara a intentar dispararle, no solo no le causaría nada, encontraría su muerte, por lo que mantuvo su distancia, a los costados del aquel poderoso orco, llegan cuatro individuos de gruesas capas de tela que utilizaban cráneos bovinos para cubrirse la cabeza, cada uno portaba un bastón de hierro con un cristal azul en la parte superior de esta.
El orco intimidante miraba fijamente al chico, y replica con su voz un “tsk” con un tono de decepción, otro orco se aparece a un lado de los que portaban bastones y cráneo bovino, en sus manos empuñaba un rifle sin mirilla tosco y de apariencia antigua.
—«¿Una de esas cosas tiene un rifle?» -Pregunto para su sorpresa.
El orco con el arma a distancia apunta a Shogg, este reacciona alarmado, pues estaba expuesto y la cobertura más cercana estaba a un puñado de metros, no lo alcanzaría antes de que la criatura jalase del gatillo.
Pero es detenido por el orco de cabellera punk, en un parpadeo, se manifiesta a su lado agarrando su arma y mirándolo fijamente.
El orco del rifle se asusta, agacha la cabeza y temblando retrocede como si fuera puesto en penitencia, el orco intimidante levanta su mano y señala a tres de los suyos, luego señala a Shogg y emite una palabra a modo de orden que el mismo muchacho pudo comprender —¡¡¡MATAR!!!
Los tres orcos señalados sin titubear se mueven y corren hacia el muchacho, el temblor de las piernas de Shogg desaparece, dando la media vuelta y emprende la huida, alejarse de aquel poderoso monstruo de presencia amenazante era lo más idóneo, aun podía sentir pequeños síntomas de temblores menores en las piernas, pero no le impidieron correr y solo cuando se alejó lo suficiente del orco de cabellera punk, todo rastro de temblores ceso.
[–––––––] Shogg sentía como su condición física le permitía seguir corriendo sin parar, pero se encontraba en persecución con tres orcos, había conseguido salir de las ruinas de aquel abandonado poblado, por un campo abierto, y su siguiente ruta era un bosque que estaba a pocos metros de alcanzar.
—«Tengo que perder a estas cosas en el bosque o me convertirán en carne de reserva como a esos otros pobres diablos» Pero otra preocupación se hizo evidente, aquellas criaturas le estaban alcanzado, el muchacho se dio cuenta y vio como sus armas en altos se preparaban para machacarle apenas lo tuviera a la mínima distancia en centímetro de su alcance.
Y para ponerlo peor, solo le quedaba una última bala en la recamara del revolver, incluso defenderse contra los tres no era opción.
—«¡Un poco más!, ¡necesito apresurarse!, ¡necesito ser más RAPIDO!» De sus intentos pensamientos de escapar y sobrevivir, en lo más profundo de su psiquis anhelaba ser más rápido que sus persecutores, y nuevamente aquella energía blanca sobrenatural se manifestó, vuelve a hacer acto de presencia con total desconocimiento de ello.
Sus piernas son imbuidas, y en un segundo empezó a correr más rápido que los propios orcos, dejando bien atrás a aquellas monstruosidades, consigue alcanzar y adentrarse al bosque, sin ser consciente de que se desplazaba a una velocidad inhumana y con reflejos absurdos para esquivar árboles y todo obstáculo en su camino.
—«Los estoy dejando atrás, voy rápido… ¡demasiado rápido!» Huyendo a un ritmo en velocidad del cual no estaba acostumbrado, en su descuido tropieza y cae violentamente contra el suelo rodando en este.
—Mierda… me duele todo el cuerpo… No sentía nada roto, pero aquella caída lo dejo bastante adolorido y atontado, lo suficiente para que los tres orcos consiguieran alcanzarle, estos se detienen hasta estar a solo un par de metros del muchacho, ríen con indiferencia y satisfacción.
—Hijos de puta… voy a quitarles esa sonrisa de… -Dijo intentando apuntarle con el revolver, hasta que una tos repentina le sacude —«No ahora… estoy empezando a sentirme débil…» Fue solo en un instante a la vez que su tos se calmó, algo veloz y rápido ataca a los pieles verdes, no era uno, sino varios seres que actuaban en conjunto, tomaron por sorpresa a dos de ellos, con garras en manos de cuatro dedos y colmillos son despedazados sin misericordia, el tercero intento defenderse con su lanza, pero los agresores de un zarpazo le quitan su arma.
En su desesperación se defiende con los puños lanzando golpes al propio aire, su vientre es desgarrado y de una mordida sus entrañas son sacadas hacia afuera, cae de rodillas para ser mordido desde el cuello por numerosas bocas y su cabeza pulverizada en trozos a mordidas, su masa encefálica es salpicada como una piñata reventada.
—«Puta madre… me deshice de los orcos… ¡pero me encontré con ALGO PEOR en el bosque!» Los responsables de la carnicería contra los pieles verdes, eran un grupo de siete mujeres desnudas de pie a cabeza con rasgos animales de lobo, un grueso pelaje sucio y desliñado les cubre sus extremidades superiores e inferiores, buena parte del torso, espalda, entrepierna y hombro, se extendía hasta con unas orejas puntiagudas, triangulares y erguidas de apariencia lupinas, con una cola o rabo animal característico, sumado a penetrantes ojos amarillos y esclerosis negras, colmillos sobresalían de su boca y sus garras poco o nada tenían que envidiar al filo de cuchillas.
—«Esas características de una bestia con rasgos humanos, estas cosas son como… ¿licántropos?» -Shogg los Reconoció Rasgos provenientes de una criatura mitológica en el seno cultural de su mundo de origen, pero aquí ante sus propios ojos era capaz de atestiguar su auténtica existencia, mitad bestia y mitad humano, auténticos hombres lobos como eran conocidos.
Retrocede lentamente, sin embargo, las salvajes féminas le olfatean y levantan sus puntiagudas orejas peludas, sus agudizados sentidos se enfocaron en Shogg, gruñidos salen de su boca, ignorando los cuerpos frescos de los orcos que estaban consumiendo, relamiendo sus labios ensangrentados, avanzan de forma cuadrúpeda lentamente como depredadoras famélicas.
Todo el cuerpo del muchacho se estremecía, aquellas bestias le superaban con un amplio margen en números y demostraron una rapidez abrumante ante sus ojos, las posibilidades de sobrevivir aun huyendo eran considerablemente BAJAS.
—¡Feranias!
Una voz exclamo y a espaldas del muchacho tres guerreras surgen aterrizando en las cercanías sobrehumanamente para lidiar contra las salvajes féminas blandiendo armas cuerpo a cuerpo en sus manos, pero observo que aquellas combatientes no eran humanas, ni menos elfos.
—«¿Mas bestias?» Vistiendo atuendos ligeros de tela y pieles, algunos con pecheras de cuero endurecido y pantalones que les llegaba a los tobillos, blandiendo espada, lanza y hacha, las guerreras eran jóvenes mujeres de un físico en forma con estaturas promedio de 180 centímetros, poseían orejas puntiagudas envuelto en pelaje grisáceo menos grueso, dicho pelaje se extendía en pequeña proporción por el cuello y recubría casi toda sus extremidades superiores e inferiores, de su boca poseía dos pares de colmillos y un rabo animal, con ojos amarillos y esclerosis negras, tales características animales recordaban a un lobo.
—¡Que ni una “Ferania” quede!
-Exclamo a la orden una de las guerreras de rasgos animales.
—«Se ven similares a las otras bestias, pero visten ropa, tienen un pelaje más liso y menos grueso, y lo más importante es que pueden hablar, tienen uso de la razón» Shogg observa como el cuerpo de aquellas guerreras bestias y sus armas se envuelven en un aura blanca sobrenatural, las bestias salvajes a pesar de poseer la ventaja numérica, eran abrumadas por el trio, su velocidad, fuerza y agilidad había aumentado notoriamente con la presencia de aquella aura sobrenatural.
Torsos cortados, extremidades arrancadas y cráneos perforados, fueron de las tantas bajas de las salvajes, los pocos que aún quedaba en pie emprenden la huida, perdiéndose entre los densos follajes.
—Dejen que huyan, encontramos algo interesante esta noche -Una de las guerreras voltea señalando a Shogg Los ojos de las tres vuelven a la normalidad, con sus esclerosis tornándose en blanco y pupilas ordinarias de un color más humano, el pelaje en sus extremidades se reduce cubriendo en el brazo sus muñecas y en sus piernas alrededor del pie, el grosor de pelaje en sus orejas disminuye como también el del cuello.
El trio de mujeres bestiales mira fijamente al muchacho con asombro, mas concretamente sus características físicas.
—Sus orejas son redondas… —Con cincos dedos en manos y pies… —¿Acaso es…?
Sin tomar en cuentas las orejas largas envuelta en pelaje, tanto las guerreras bestias como las salvajes, compartían la misma característica anatómica de tener cuatro dedos en manos y pies, igual a los orcos y elfos anteriormente vistos, pero el rostro del trio femenino se mostraban aún más perplejas que el propio chico.
—Es correcto, la criatura frente a ustedes, es un HUMANO.
Una cuarta mujer se muestra a espaldas de Shogg, con una apariencia de alguien de la tercera edad, pero de un exagerado físico tonificado y una estatura de 210 centímetros, largo cabello canoso, poseía un pelaje bestial negro en extremidades, en unas orejas puntiagudas y en pequeña proporción sobre su cuello.
Vistiendo gruesas pieles y un brazalete plateado en la muñeca, dejaba en claro que su naturaleza era la misma que el trio de bestias guerreras.
—Sin duda, es un auténtico HUMANO -Volvió a declarar la mujer canosa bestial con una inquietante sonrisa [CONTINUARA]
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