Bestia de la Humanidad - Capítulo 32
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Capítulo 32: CAPITULO 32
AULLIDO 1: “Bienvenido a Uxile”
Un aullido resuena en eco en una vasta llanura nocturna, bestias al acecho corriendo en cuatro patas para alcanzar a sus presas, antílopes con pelajes azules y tres cuernos. Saltos de varios metros que alcanzan sus nucas y cuellos para destrozados con poderosas mandíbulas, cazadoras triunfantes muestran su trofeo poniéndose de pie, siguiendo su instinto de aullar a una inmensa luna llena en un cielo sin estrellas.
Partículas de luz en el aire, plantas, hierbas, árboles o arbustos, rebosantes de poder mágico, la gigantesca luna llena estaba acompañado por una aurora boreal. Mujeres y hombres licántropos abundaban desnudos en el área, siendo las féminas mayores en población.
Deleitándose con cacerías de criaturas salvajes de peculiares características, algunas indefensas como venados destinados a correr y ser atrapados con la persecución, otros con bestias semejantes a osos de cuatro brazos o felinos grandes de colas punzantes como lanzas que les brindaran a los cazadores un desafío más escalable.
Los duelos a muertos también eran posibles entre lobos, para probar su valía, técnica o la fuerza entre ellos, una lucha entre dos o una batalla campal a equipo o todos contra todos, un ring natural o controlado con espectadores vitoreando. Juegos de “cazador y presa” entre los mismos licántropos, culminando con la muerte del otro, ¿pero es la muerte el fin allí?, NO LO ERA.
“El Descanso del cazador”, el plano en donde las almas de todos los licántropos van a parar tras morir en el mundo terrenal, es allí donde el concepto de “muerte” no existe, cuando una bestia es cazada, volverá eventualmente a la vida para ser cazado por otros. Cuando un licántropo “muere”, independientemente de las circunstancias y en cualquier momento, su cuerpo volverá a la vida en instantes y sus lesiones sanaran por completo, en caso de ser herido, sus heridas sanaran en segundos, sin importar que tan criticas sean.
Cada licántropo es capaz de controlar el nivel de dolor que quiera experimentar o en su defecto eliminar toda la sensación de dolencia, pero varios son los que anhelan sentir esa sensación en su carne en el acecho de una presa o en un duelo contra uno de los suyos. No hay enfermedades, no hay necesidad de lucha por control de territorios y el hambre es solo un placer más que necesidad.
Banquetes inconmensurables en fiestas de danzas con el sonar de instrumentos, ya sea combatir, cazar, comer, beber y no faltaría uno de los principales, el deleite del libertinaje impregnado en el mismo aire e instigando la lujuria de las bestias.
Licántropos apareándose en grandes orgias, pequeños grupos o algunos en solitarios, era normal o incluso cotidianos ver campos enteros repletos de hombres y mujeres lobos exhibiendo su desnudez con naturalidad, manoseando sus intimidades o la de un compañero, lamiéndose, chupando y sintiendo ser llenados por otro.
El sonido de gemidos en conjunto con el roce de piel y pelaje, fluidos salpicar y orgasmos exclamados en voz alta, no había límite para sus libidos, cuando sentían que estaban satisfecho, culminarían por su voluntad, saciándose con el manosear del otro, devorar su lujuriosa esencia o bañarse con sus líquidos. El embarazo no existía en ese plano, dado a que engendrar no era posible.
“El Descanso del cazador” era desde la perspectiva espiritual, un plano de tamaño infinito destinado a recibir cada lobo que fallece en el plano material, tras pasar por un “juicio” que se emite en el alma del licántropo recién llegado, aguarda su transición allí. Pero una cosa era clara, no había un solo niño e infante en el lugar, el procedimiento para tratar sus jóvenes almas que no alcanzaron la adultez, es un caso distinto.
Raudaq, un hombre lobo adulto que disfrutaba la vista del espectáculo desde lo alto de un árbol de 15 metros, fumando una pipa con el exhalar de humo con un semblante relajado, siente el viento soplar en su desnudo pelaje, lo que sería una sensación refrescante y natural, lo percibe con preocupación, saltando para aterrizar de pie sin complicación alguna.
—Espíritu lobo, siento su intranquilidad en el viento, ¿qué ha ocurrido?
—[Las vidas de dos mujeres lobas que habían aceptado mi encargo, han cesado, con tragedia las dos han muerto, pero sus almas… no han cruzado este plano]
Escuchando la voz de la entidad, siente su alarmante preocupación en la carne de su propio cuerpo, no era un asunto menor.
—Dos almas licántropas que no pueden llegar al “El Descanso del cazador”, ¿es eso posible?
—[Puedo sentir a cada licántropo en el plano de los vivos, puedo percibir hasta su ultimo aliento y su alma llegar a este plano para ser recibidos por mí, esas dos licántropas en especial, sentí su sufrimiento, sus almas abandonar sus cuerpos físicos, pero… nunca llegaron hasta mi]
—Esto… es inquietante, atenta contra la naturaleza de la licantropía, ¿qué relación tiene con estas dos almas perdidas?
—[Fueron asesinadas en combate, portaban una minúscula porción de mis poderes para llevar a cabo una primordial tarea, localizar a dos objetivos relacionados en anormalidades en el orden natural de la licantropía, aunque me temo… que ninguna era del todo compatible a los dones que les entregue, con suerte sus cuerpos no pagaron el precio antes de caer en batalla]
—¿Y lo lograron cumplir con su importante tarea?
—[En parte, lograron localizar a uno de ellos, confirmando su presencia como una amenaza para todos nosotros, pero el segundo… lo he perdido, por ahora]
[–––––––]
Sus ojos se abren de golpe con una exhalación intensa, estaba casi desnudo en un bosque en pleno día, su única vestimenta era un pantalón largo de lana marrón con la parte inferior arrancada y una piel de lobo oscuro adherido a su espalda, pero había algo más y estaba encima de su pecho, un par de nudilleras de metal.
—Vazil, ¿qué carajo paso?
Shogg despierta, sintiendo la repentina confusión, recordando haber estado en la mina de cristales de Prama para cazar monstruos, su primera confrontación contra tantos por su cuenta lo dejo malherido y cansado, en su inminente sueño profundo, recordó el onírico paisaje con la propia Vazil entregándole un mensaje, o mas bien una especie de “proyección mágica” de ella, pero ahora se encontraba solo.
—La maldita perra desaparece, y vuelvo a estar como al principio, je, bueno… casi
Poniéndose las nudilleras y dejando fluir el Prama, comparado a antes, ya no era ese humano del todo indefenso.
—«¿Estaré cerca de Vorgat?, si ese fuera el caso, entonces esta zona boscosa es el “bosque carnero”»
Una electrizante sensación fue recibido desde el pelaje de lobo oscuro en su espalda al resto de su cuerpo, esto le siguió un aroma intenso que su olfato capto, un olor que había sentido numerosas veces, pero nunca con la intensidad a la que su nariz podía percibir con ese nivel de sensibilidad.
—Este olor… Sangre -Cito ese aroma tan familiar
Como si fuera instintivo, sus piernas se echaron a correr, seguía el rastro del fuerte aroma de la esencia vital desconocida, atravesando arbusto, follaje y esquivando arboles con una destreza superior a un atleta.
—«Esta cerca, el aroma es mas fuerte… siento como la nariz me arde un poco más de la cuenta»
Atravesando los últimos obstáculos de plantas con un salto de varios metros, aterriza de pie sin complicaciones llegando al punto indicado, su olfato no le fallaba, era allí y lo que encontró fue conmocionante, pues reconoció al instante ese lugar.
—El campamento…
La manada a la que conoció por medio de Vazil y se le permitió unirse con la autoridad de la alfa, era el campamento de esa manada, o lo que quedaba, sus ojos avistaron tiendas destrozadas y otras consumidas por el fuego, sangre a montón tiñendo el suelo junto a pequeños trozos de carne indistinguible de algún cuerpo.
El muchacho se puso a examinar el área, las tiendas no fueron destruidos al inicio, señales de saqueos era la evidencia de que los objetos de valor como armas, materiales y comida, podrían haber sido tomados antes de arrasarlo todo. La sangre era prueba de que hubo una lucha, y el vencedor no fueron las licántropas, Shogg exploro hasta llegar a la tienda que era de la alfa, consumida por las llamas, y lo que encontró entre sus restos quemados fue alarmante.
—Mierda…
Un cadáver quemado adherido a un palo grueso ennegrecido por el fuego, en su pecho tenía clavado profundamente una lanza que lo anclaba a ese palo chamuscado, apenas era reconocible, salvo la poca piel aun conservado de su rostro, casi llego a la conclusión de que ese cuerpo pertenecía a la alfa.
—«¿Qué paso mientras estaba con Vazil?»
La conclusión más evidente fue que el campamento de la manada sufrió un ataque, uno lo bastante abrumador para superar a las licántropas, todo fue saqueado y luego destruido. Solo quedaba en la duda, la identidad de los agresores, y el estado de la propia manada.
—«¿Se habrá salvado alguien?, carajo… ni siquiera se como fue que todo este desastre ocurrió, solo puedo concluir que alguien las jodio a todas en mi ausencia»
Sus orejas se mueven por si sola, estas reaccionan a ruidos sospechosos provenir de su retaguardia, un alertado muchacho se desplaza sobrehumanamente a metros por uno de los lados, había evadido un ataque sorpresa con un garrote con púas que dejo una marca considerable en el suelo, su atacante había usado una fuerza mayor a la humana. Observo al responsable de tal gesto de agresión, no estaba solo, sino que otros dos le acompañaban, un trio hostil inhumano.
—Ustedes de nuevo… -Los miro recordando con asqueante desdén.
Frente a él se encontraban humanoides de piel verde con orejas puntiagudas y un par de colmillos inferiores visibles fuera de la boca, todos carente de cuero cabelludo, cuerpo en forma y carente de ropa, el único que vestía algo era quien llevaba el garrote de púas, usando una armadura de cuero, los otros dos solo tenían un arma consigo, uno de ellos una lanza y el tercer se mantenía a la distancia, con un rifle en manos.
—Orcos, ¿entonces ustedes son los responsables?
No hubo intercambio de palabras, solo violencia, el orco del rifle apunta y dispara, en el pasado esto habría sido la muerte del muchacho, Shogg, con el evocar de recuerdos de su llegada a Uxile, su primera interacción con elfos y orcos fueron con horror en un asqueante espectáculo de carnicería y violación.
Pero las cosas habían cambiado desde entonces, no titubeo ni cuando esa arma de fuego le apunto y ni cuando disparo, la bala siguió su trayectoria e impacto en su hombro, pero lejos de hacerle un daño considerable, fue como una piedra pequeña golpeándole, dejándole una leve e insignificante marca.
—La primera vez me agarraron desprevenidos, pieles verdes de mierda… -Enfurecido aprieta sus puños y su Prama emanaba con intensidad —Las tornas cambiaron, voy a destrozaaaarles el culo
Su poder mágico fluye en todo su cuerpo, refuerzo corporal le fortalece, las balas disparadas del rifle poco o casi nada eran capaz de causarle daño a su reforzada piel incrementada con magia, aun cuando los proyectiles utilizados estaban imbuidos en propiedades mágicas, su nivel de Prama es sumamente bajo a comparación de la concentración de magia que fortalecía la piel, huesos y músculos de ese muchacho. La defensa destrozo el poder de la bala.
Y los orcos son una postura defensiva, algunos con gotas de sudor en la frente, podían sentir la amenazante Pramancia de ese humano iracundo.
[CONTINUARA]
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