Bestia de la Humanidad - Capítulo 36
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Capítulo 36: CAPITULO 36
AULLIDO 2: “Pasado Exterior”
Unos de los cadáveres envueltos en bolsas negras de las camillas se revelan como un grotesco humanoide con aspecto de masa abultada, su cabeza era la de una sanguijuela descomunal que exhibía una mandíbula dentada en forma de sierra, y en su interior un inquietante ojo de pupila hendidura vertical.
—Lo que me faltaba… compañía -Repudio su suerte el muchacho
La criatura se le aproxima caminando, Shogg retrocede hasta dar con la pared, no había donde huir, la aberrante monstruosidad se detiene al separarlos solo un metro de distancia entre ellos, acto seguido, la sanguijuela por cabeza abre en grande su mandíbula para devorarle de un bocado, pero solo llega meterlo en su interior hasta la cintura.
—¡Me canse de esta mierda!
Usando su Pramancia, Shogg destroza a fuerza bruta la mandíbula de sanguijuela, liberándose de su interior, este se retuerce de dolor dispersando un líquido viscoso a modo de sangre, luego con su derecha fortalecido con magia golpea el pecho del aberrante humanoide, con sus nudilleras mágicas destruida, debía volver a depender de sus propios puños.
Su puñetazo se hunde muy dentro de su masa abultada, siente con asqueante un tacto baboso, al retirarlo estaba cubierta de un líquido viscoso rojizo, su cabeza de sanguijuela se marchita hasta reducirse de tamaño, la criatura cae de espalda y su estómago se infla hasta abrirse con un pequeño estallido.
—Puaj… -Fue su repugnante reacción cubriéndose la nariz
Del estómago reventado pequeñas sanguijuelas surgen hacia afuera, todas se movilizaban con anormalidad y a un paso raudo hacia el símbolo de sangre en la pared en forma de un pentagrama con un ojo en el centro, mezclándose hasta dar forma a una masa de sangre que materializa una puerta de verdad.
—Esta es la alucinación más rara y enfermiza que haya tenido, hasta ahora…
El resto de bolsas restantes de cadáveres que quedaban en las camillas comienzan a moverse, emitiendo gruñidos inhumanos, luego de haber presenciado al primero, Shogg cruza la puerta, esta desaparece al cerrarse y todo se vuelvo oscuro.
—Oh, el hijo de la sangre primordial…
Oye una voz masculina en la oscuridad y luego la luz retorna, una serie de antorchas iluminan una amplia habitación con aspecto de un sótano o piso subterráneo, sin puertas ni ventanas, complemente sellada, pero con la presencia de alguien cerca.
—Tú… -Shogg reacciona con un mostro perplejo de incredulidad
Un hombre adulto vestido con un hábito oscuro con capucha, con cada parte de su cuerpo cubierto, exceptuando su visible boca de sonrisa inquietante, en la parte frontal del pecho de su vestimenta, tenía grabado el símbolo de un pentagrama rojo con un ojo en el centro de una pupila de hendidura vertical. Su sola presencia emanaba un aura inquietante, Shogg miraba a ese hombre con un rostro familiaridad y asco, perplejidad e ira.
—Atado al pasado, vinculado en su presente, el hijo prodigo no puede olvidar la marca de su cuna, su antaño cálido hogar -El hombre dialogaba con un tono apacible mientras levantaba sus brazos como si orara.
Shogg siente como su cabeza le dolía, un ruido ensordecedor de un pitido resonaba, una serie de imágenes se mostraban en su consciencia en contra de su voluntad.
—Observa, siente, rememora…
Crudas imágenes de un par de manos humanos que se tornan en un aspecto monstruoso en la forma de retorcidos tentáculos, desmembrando adultos y niños con relatividad facilidad como si fueran papel, torsos abiertos para llevar su contenido visceral a la boca, el eco de un inquietante rugido de monstruo mientras fauces voraces miraban con gula a un pequeño llorando contra la pared.
—¡¡¡BASTA!!! ¡¡¡BASTA!!!
Las imágenes cesan, el pitido deja de escucharse y el dolor en su cabeza desaparece, Shogg poseído por una extrema ira, mira a ese hombre con profunda ansia asesina, ejerciendo refuerzo corporal en cada una de sus extremidades, arremetiendo con un derechazo rebosantes de venas que se sobre marcaban en la piel.
Pero solo atraviesa a ese hombre como si fuera un fantasma y siguiendo la trayectoria golpea la pared, su impacto hace temblar todo el lugar, dejando una marca considerable de su golpe, voltea para observar a la figura, esta se desvanecía manteniendo esa inquietante sonrisa.
—Tsk… al único que quería golpear, ¡y no puedo! -Vuelve a dar otro golpe en la pared para desahogarse —Carajo… carajo… carajo… -Su voz le temblaba y su respiración trataba de agitarse, con una mano en el rostro consigue calmarse.
Inhala profundamente y luego exhala, volviendo a un temperamento más estable, pero aun conversando parte de ese iracundo sentir.
—«Toda esta alucinación no es ordinaria, ¿pero porque estoy viendo esta clase de cosas justo AHORA?» -Se pregunto en sus pensamientos tal inquietante interrogante.
Oye varios gruñidos que le fuerzan a salir de sus pensamientos, volteando se encuentra que las paredes manifiestan un trio de criaturas horridas, aspecto humanoide de estaturas de 150 centímetros aproximados, un pelaje grisáceo nauseabunda cubierto de suciedad con pequeñas protuberancias en forma de tentáculos, sus dedos eran garras de 7 centímetros, su cabeza un cráneo animal de roedor con un par de incívicos grandes, poseía ojos negros sin iris que chorreaban un líquido rojo viscoso.
Las criaturas emitían un chirrido molesto, acercándose lentamente en dos patas como depredadores famélicos, el muchacho de corta cabellera negra en lugar de sentirse intimidado, hace tronar su cuello y puños.
—Que oportuno, justo necesito desquitarme.
Una de las monstruosidades arremete con sus garras apuntando al cuello, con hábil destreza Shogg esquiva agachándose, contraataca al instante de un gancho en la quijada cuya presión termina por arrancar su cráneo, chorreando un geiser de una esencia de anormal color verde.
—«Hasta la sangre huele a mierda» -Percibe la pestilencia en la verdosa esencia
Un segundo había aprovechado para moverse sigilosamente situándose por su retaguardia y ataca con sus zarpas, las orejas del muchacho reaccionan moviéndose, y este responde dando vuelta rápidamente para agarrarle con firme precisión la muñeca a la criatura, frustrando su apuñalada sorpresa.
Golpea su estomago haciendo que la criatura vomite, con ágil reflejo el muchacho le suelta y esquiva, el vómito del monstruo era de un verde gris de fétido olor cuyo charco en el suelo burbujeada emitiendo calor.
—¡Casi me tiras tus porquerías gástricas encima! -Fue su protesta iracunda
Desata sobre el monstruo una lluvia de puñetazos su pecho y luego un derechazo en la cara hasta dejarlo atontado, le agarra su muñeca derecha para torcérselo, oye los gritos agónicos del nauseabundo ser, para luego seguir apretando hasta de un tirón arrancarle la mano. Acto seguido, la improvisa como arma para clavársela justo en el corazón y culmina con una patada que lo manda lejos.
—Solo quedas tú, apestoso -Señalo al ultimo
El ultimo mantenía las distancias, al solo ser un cráneo, sus expresiones faciales eran casi nulas como sus glóbulos oculares oscuros sin iris, solo cuando retrocedía ponía en evidencia su baja motivación para combatir.
Se da la vuelta caminando hacia la pared, se pega a está intentando huir a través, pero Shogg consigue atraparlos de los brazos y con refuerzo corporal aplica la fuerza suficiente para rompérselos, lo arroja al suelo y luego va por sus piernas pisándolas varias veces hasta dejarlas destrozadas.
—Ahora no vas a irte a ninguna parte, apestoso
La criatura solo podía emitir chirridos molestos con sus extremidades inutilizadas, le aguardaba su inevitable desenlace.
—Quiero creer que, al encargarme de ti, podre salir de este… delirio
Cuando se disponía a darle su fin a la monstruosidad, siente un leve pitido en conjunto con una cefalea que le provoca un dolor menor pero molesto llevando una de sus manos a la sien, entonces sus ojos se asombran al presenciar una alteración en su percepción de lo que le rodeaba, pasaba de estar de esa habitación sellada iluminada por antorchas, a cambiar constante con un entorno boscoso.
—¿Qué car…?
Sus ojos de cierran con un prolongado rato, y al abrirlo, ese pitido cesa como el dolor, estaba en otra parte, en un bosque, mirando hacia un costado observo los restos destruidos del campamento, era el bosque de carnero.
—¿Cómo…?
Escucha chirridos, volteando se encuentra con una criatura malherida, una rata de morfología bípeda con una estatura aproximada de 150 centímetros, de una piel sucia grisácea, ojos negros con iris apenas notables, característicos dentadura de un par de incisivos grandes en conjuntos con dentaduras más pequeñas, garras en sus manos, orejas prominentes y bajo la nariz se observan largos bigotes. Cuatro dedos en cada extremidad y ausencia de una cola animal.
La malherida criatura tenia sus brazos y piernas destrozadas, coincidencia con las heridas de la monstruosidad que Shogg ataco, volteo para encontrar dos cuerpos del mismo tipo de criatura, uno decapitado con su cabeza destrozada en la quijada, y el otro con la mano derecha arrancada para ser atravesado con este en su corazón.
—Du-di-duu-due… dolo… vir…
La criatura herida emitía un habla incomprensible, sus garras pese a ser filosas, eran mas pequeñas comparados a las criaturas anteriores, en su lugar observo que el monstruo empuñaba una espada corta, de hecho, las otras criaturas también usaban armas cuerpo a cuerpo, nunca hicieron uso de sus garras.
—«¿Todo lo alucinado lo viví estando despierto?, ¿consciente?… sigo cerca del campamento destruido, no debí moverme demasiado»
Sale de sus pensamientos al sentir dos presencias aproximándose con lanzas, eran dos monstruos ratas iguales al resto, arremetiendo con un chirrido molesto con sus cuerpos fortalecidos con Prama, apuntaban al pecho de Shogg, pero antes de que el muchacho les respondiera, un par de flechas de energía mágica golpean con precisión zonas vitales de los roedores monstruosos, a uno en el cuello y al restante en la frente, el impacto los manda hacia atrás interrumpiendo tanto su carga como abatiéndolos en el acto.
—¿Quién anda ahí? -El muchacho voltea en dirección del tirador
Se encontró con la tiradora de un arco de madera, una licántropa de su misma estatura como cercanía a su edad, pelaje grisáceo en extremidades y alrededor del cuello como en sus orejas puntiagudas, vistiendo una ropa de tela oscura poco desgastada. Sus rasgos más característicos eran la cicatriz de un corte oblicuo en su mejilla izquierda y sus ojos de diferentes colores.
—Te recuerdo… -La reconoció en el acto
La licántropa se le acerco cuidadosamente con el arco en manos, atento como si sintiera que el peligro aun abundaba cerca, al estar a escasos metros del muchacho, su rostro cambio a uno más relajado.
—Eres tú… Shogg, estas vivo -Expreso con regocijo con el meneo leve de su cola animal.
—Tu eres… Arig, de la manada de Vazil
El semblante de la loba se cierna en confusión al oír sus palabras.
—¿Vazil?, ¿quién es Vazil? -Pregunta Arig resaltando la razón de su confusión
[CONTINUARA]
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