[BL] Convirtiéndome Accidentalmente en el Sanador del Archiduque Perturbado - Capítulo 360
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Capítulo 360: Estremeciendo la Tierra… ¿Qué?
—Su Gracia —dijo Luna, mirándolo con expectación—. ¿Qué le parecen estas?
Xion se quedó mirando la túnica azul, fina y casi transparente, y luego la de seda roja. Sus labios se crisparon y sus orejas ardían.
Elegir ropa para una cita —y encima, delante de la Tía Serena— era vergonzoso.
Ansioso por acabar de una vez, escogió la que parecía más decente.
—La roja.
—Le quedará muy bien, Su Gracia. —Luna estaba que bullía de entusiasmo mientras sostenía el atuendo con cuidado, combinándolo ya con las joyas.
¿Por qué?, podría preguntarse uno.
Pues Xion se estaba preguntando lo mismo.
El Archiduque había pedido una recompensa por haber sido tan generoso con los sanadores y, a juzgar por lo descaradamente obvia que había sido su excitación, Xion supuso que tendría que… complacerlo.
No es que le importara.
De hecho, disfrutaba cuando Darius perdía el control. Pero era el agotamiento, la forma en que terminaba desparramado en la cama como un muñeco de trapo, lo que le hacía dudar.
Sin embargo, y extrañamente, Darius solo le había pedido una cena. Solo ellos dos.
¿Una cena? ¿Acaso no comían siempre juntos? La mitad de las veces, era Darius quien le daba de comer hasta que se le hinchaba el estómago.
Hasta Noxian se había acostumbrado y ya no insistía en intercambiarle el asiento a Darius.
Entonces, ¿a qué venía tanto entusiasmo? En fin. No tenía ganas de gastar neuronas en asuntos tan triviales.
—Tía —dijo Xion al fin, dirigiendo la mirada a la mujer pelirroja que estaba sentada en silencio en el sofá acolchado.
Había venido a verlo hacía unas horas. Aparte de charlar ociosamente y preguntar por su salud, no había dicho nada de importancia.
Pero Xion conocía bien las costumbres de Serena. Prefería la soledad. Rara vez se desviaba de su camino para buscar a alguien.
Al oír su voz, ella levantó la barbilla.
Incluso con su visión borrosa, aquellos ojos de un blanco pálido le dieron a Xion la impresión de que estaba preocupada.
—¿Hay algo que necesites decirme?
Sus palabras hicieron que Luna se apartara discretamente hacia un rincón de la estancia.
Cuando los amos hablaban, los sirvientes debían abandonar las inmediaciones; al menos lo bastante lejos para no oír nada, pero lo bastante cerca para vigilar cualquier amenaza.
Serena no respondió durante un buen rato.
Tanto que el silencio hizo que el corazón de Xion latiera más deprisa.
—¿Pasa algo? ¿Noxian está… bien? ¿Está herido otra vez? —El mocoso se había estado lesionando cada vez más al retar a los caballeros a pelear.
—Está bien. —Noxian estaba más que bien, pero…
Serena se quedó mirando a su hijo, a la turbiedad que persistía en aquellos ojos azules. Si se hubiera dado cuenta antes, ¿se habría librado Xion de esta desdicha?
Lo dudaba. Porque si le hubiera contado a Darius sobre el sacrificio que Talia estaba planeando… esa estatua seguiría viva.
Pero solo Xion podía destruir algo así.
Sus acciones tenían como objetivo salvar las muchas vidas destinadas a ser devoradas por esa cosa monstruosa. Y, al hacerlo, casi había perdido a su hijo.
La mirada aterrorizada del Archiduque aquel día todavía le helaba la sangre. Quizá esa era la diferencia entre su amor y el de Darius.
Darius era devoto únicamente de Xion.
Mientras que ella… lo era de la diosa.
Su bendición era un grillete. No podía moverse por voluntad propia, ni hablar más allá de lo que se le permitía.
—…Vive bien, hijo mío. A veces, está bien dejar que otros mueran. No tienes ninguna obligación de salvarlos a costa de ti mismo.
—¿Eh? —Xion ladeó la cabeza, confundido.
—Prométemelo, Xion —dijo ella, tomando suavemente sus manos entre las suyas—, vivirás por ti mismo. No por Noxian, ni por mí. No por la gente. Ni siquiera por Darius. Solo por ti.
Solo de esa manera, pensó ella, podría él de verdad seguir viviendo.
Xion parpadeó, intentando procesar sus palabras.
Ah, así que esa era la razón.
Su casi ceguera debió de haber conmocionado a Serena más de lo que aparentaba.
Sus palabras por fin cobraron sentido para él.
Mientras que Noxian había llorado hasta que le dio hipo y se había aferrado a él hasta que se le caían los mocos, Serena solo se había quedado de pie en silencio en un rincón.
Lo había observado todo con la misma calma inescrutable.
Entonces, ¿había estado ocultando su dolor todo este tiempo?
Xion suspiró para sus adentros.
Fueran grandes o pequeños, a todos había que tratarlos con el mismo cuidado.
—Lo haré —dijo con una sonrisa radiante—. Viviré por mí mismo. Prometo que no volveré a meterme en problemas.
Sus palabras lograron suavizar la firmeza de su rostro.
—Ya te he quitado demasiado tiempo —murmuró ella, extendiendo la mano para revolverle el pelo negro hasta dejarlo hecho un desastre—. Debería irme antes de que tu marido me mate con su mirada asesina.
Xion se rio. —No lo hará. Es muy gentil.
Darius era intimidante a veces, pero era muy agradable. ¿Acaso no había experimentado Xion personalmente su tierno cuidado?
Serena lo dudaba mucho. Si Xion no la hubiera apreciado hasta ese punto, hacía tiempo que Darius se habría deshecho tanto de ella como de Noxian.
Pero también era cierto que nadie más podía mantener a este ángel tan a salvo como Darius.
Mientras su ingenuo hijo permaneciera al lado del Archiduque, dudaba que aquel loco dejara que nadie se acercara a Xion.
Con una suave palmada en el hombro de Xion, abandonó la estancia.
Luna acompañó personalmente a la dama a la salida antes de instar a Xion a que se cambiara de ropa y de llevarlo frente al tocador.
¡Había tantas cosas que tenía que hacer y tan poco tiempo!
Xion, por su parte, estaba demasiado tranquilo.
Dejó que la joven se afanara con su pelo. Pero las cadenas le parecieron un incordio.
Aunque se dejó puesta la tobillera, se negó a ponerse el resto.
—¿Ama al Archiduque, Su Gracia? —Luna tenía la mirada baja mientras ataba la borla de plata en la cintura de Xion.
Amor… Qué cosa tan maravillosa.
Podía traer tanta alegría a su corazón vacío. Xion se miró en el espejo, observando cómo la comisura de sus labios se curvaba en una sonrisa.
—Sí. Lo amo.
Luna sonrió, con los ojos brillantes como si contuvieran estrellas. —Todo el mundo decía que solo estaba con el Archiduque por su poder, pero demostró que se equivocaban cuando luchó contra esa bestia que hizo temblar la Tierra.
¿Que hizo temblar la Tierra…? ¿Qué?
Xion estaba medio divertido, medio exasperado con el extraño gusto de esta gente para poner nombres.
—No importa lo que digan.
Puede que a Xion le hubieran preocupado esas trivialidades antes, pero ya no.
—Oh, pero debería. —Los labios de Luna se curvaron hacia arriba hasta casi llegarle a las orejas, con un aspecto espeluznante, casi siniestro.
—La gente, después de todo, es la que pone a las criaturas que no lo merecen en un pedestal como si fueran divinas.
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