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[BL] Convirtiéndome Accidentalmente en el Sanador del Archiduque Perturbado - Capítulo 403

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Capítulo 403: Pide y recibirás

Darius estrechó a Xion con más fuerza, como si solo sus brazos pudieran mantenerlo atado a este mundo.

Podía sentir los leves temblores que recorrían su pequeño cuerpo.

Xion le había empapado la camisa con sus lágrimas y, después de tanto tiempo, su respiración entrecortada aún era evidente.

Instintivamente, volvió a darle palmaditas en la pequeña espalda, esperando que su propia carne y hueso pudieran proteger a Xion de la cruel jugarreta que el destino le tuviera preparada.

Cada sollozo que sacudía el cuerpo de Xion abría una nueva herida en el pecho del Archiduque.

Había alivio, sí, pero bajo este, algo más frío se le retorcía en las entrañas.

Pavor. Pavor puro y sofocante.

Le pesaba en los pulmones, como si respirara agua en lugar de aire.

¿Y si esta fuera la última vez?

¿Y si, cuando por fin lo soltara, Xion volvería a escabullírsele?

Le había dado la espalda solo un momento, y en ese lapso, Xion había sido tan necio como para clavarse un cuchillo en el pecho.

Ese sistema había desaparecido.

Darius no sentía nada por él, ni el más mínimo ápice de piedad o pena.

Y si sacrificarlo hubiera sido todo lo necesario para sanar a Xion, lo habría hecho mucho antes. Pero esto… esto era diferente. Xion había sangrado donde Darius no podía verlo.

Ese pensamiento lo carcomía. Se sentía demasiado como si ya lo estuviera perdiendo.

Nunca se lo dijo a Xion, pero después de que el sanador se quedó ciego, las noches de Darius estuvieron plagadas por la misma pesadilla.

Veía a Xion yaciendo en un charco de sangre, con los ojos sin vida fijos en él, el calor drenado de su piel.

Cada vez se despertaba jadeando y buscaba a tientas al otro lado de la cama para asegurarse de que seguía allí.

Y esa noche, ese miedo casi se había hecho realidad.

Una decisión equivocada, un latido de más, y Xion se habría marchado para siempre.

—Xion. —La voz de Darius era grave, casi rota. Le levantó con suavidad la barbilla, obligando a aquellos ojos llenos de lágrimas a encontrarse con los suyos.

—Prométemelo, cariño. —Su pulgar le secó los surcos húmedos de las mejillas.

Contemplando su propio reflejo en aquellos ojos azules, juntó sus frentes, acortando la distancia.

—Prométeme que nunca volverás a hacerte daño. No importa el motivo. ¿Vale?

Xion sorbió por la nariz. —No lo haré. —Su voz sonó queda, apagada por las lágrimas.

—Te amo —dijo Darius, con ardor—. Como si al repetirlo pudiera obligar a aquel necio de pelo negro a comprender la profundidad de su devoción.

—Te amo muchísimo. Pídeme lo que sea y te lo daré.

—Entonces, déjame matar a Michael.

Sus palabras fueron tan quedas que casi se perdieron en el espacio que los separaba. Si Darius no hubiera estado tan cerca, habría pensado que las había imaginado.

—… ¿Qué?

Xion clavó su mirada en los ojos verdes y repitió con total seriedad.

—Quiero matarlo.

—Vale.

Así de simple.

Darius ni siquiera le preguntó por qué quería asesinar a alguien de repente, o por qué precisamente a Michael, a quien solo había visto una vez.

Aquello dejó a Xion atónito por un momento. —Creí que intentarías disuadirme. Que dirías algo como: «Yo lo haré, y tú no tienes por qué mancharte las manos». Algo así.

Darius no pudo evitar besarle la frente.

—Si te manchas las manos, yo te las limpiaré. Si quieres que me las manche yo, también lo haré encantado.

No existía una sola realidad en la que fuera a permitir que Xion se enfrentara a algo solo, pudiendo estar él a su lado.

Fuera cual fuese el pecado, lo cometería mil veces si con ello lograba mantener aquellos ojos azules libres de desesperación.

Sus labios recorrieron el camino hasta sus pálidas mejillas, demorándose allí.

—Así que, solo dime lo que quieres, querido. Solo pídelo. Pide y se te concederá.

Xion cerró los ojos, dejando que aquella caricia en su rostro le calara hasta lo más hondo.

—¿Puedes contarme exactamente qué ha pasado? —murmuró Darius, aprovechando que Xion parecía más tranquilo.

Si no escuchaba toda la historia en ese momento, la duda lo carcomería sin cesar.

¿Algo tan importante para Xion y él sin saberlo? Ya era bastante irritante.

—Ah, eso… —Xion inclinó un poco la cabeza, facilitándole a Darius la tarea de limpiarle el rostro.

—Dicen que si haces buenas obras serás recompensado, ¿no?

Darius emitió un murmullo de asentimiento, instándole a continuar mientras empezaba a juguetear con la ropa de Xion.

Estaba hecha jirones y desastrada. Definitivamente, tenía que ponerse ropa nueva.

—Todo lo que he hecho hasta ahora… era lo que los dioses querían que hiciera. No es que me lo dijeran directamente —dijo Xion lentamente—. Supongo que para mí solo eran… cosas normales.

—Si que te maten por salvar a un desconocido es «normal», entonces claro.

Xion le dio un débil manotazo a la mano del Archiduque, que intentaba desabrocharle la camisa.

—Oye, déjame comprobarlo. Necesito asegurarme de que estás bien.

¿Acaso podía Xion oponerse a Darius? No.

Así que lo dejó hacer mientras intentaba explicar cosas que no tenían importancia.

—Quizá hice algo bueno, y los dioses no me querían muerto. Cuando yo… —vaciló, sellando los labios antes de poder terminar.

¿Qué sentido tenía decir algo que solo iba a causar dolor?

Así que se saltó esa parte.

—Esas buenas obras se convirtieron en mi pasaje a este cuerpo sano. Y mi sistema… era el puente entre los dioses y yo. Una vez completada la transacción, se lo llevaron de vuelta.

Eso también significaba que cualquier protección especial que el Señor Gato le había proporcionado había desaparecido.

Quizá fue para que los otros dioses no descubrieran el motivo de su repentina mejoría.

Con el sistema a su lado, esa conexión habría sido demasiado evidente.

Decirlo en voz alta se le hizo extraño, como si estuviera contando la historia de otra persona. Era difícil sentir gratitud hacia los dioses cuando cada paso adelante parecía pagarse con un trozo de su propio corazón.

Xion se tomó su tiempo, pronunciando las palabras lentamente. Le contó incluso que el sistema era un fanático de Darius y que hasta quería su armadura.

—Deberías haberla cogido —dijo Darius, mientras su mano se deslizaba sobre el pecho ahora inmaculado.

No quedaba ni el más mínimo rastro de un tono morado, solo la pálida y delicada tersura de su piel.

Las largas yemas de sus dedos se demoraban más de lo necesario sobre la piel de Xion.

Darius trazaba aquellos contornos familiares como para cerciorarse de que todo lo que había debajo era real y estaba vivo.

Su pulgar rozó el lugar donde debería haber estado la herida. Por suerte, ya no estaba.

Aquel toque espectral le hizo cosquillas en la piel, arrancándole una pequeña risa a Xion.

—Me dijo lo mismo. Que me darías gustosamente todas tus propiedades.

—De repente, me cae bien ese sistema. Al menos, no te obligó a huir de mí.

Xion guardó silencio. En realidad, el sistema sí lo había hecho.

Pero Darius no tenía por qué saberlo.

—¡Ah! Oye, ¿qué haces?

Le lanzó una mirada furibunda al Archiduque, cuyos dedos acababan de presionar su pezón.

—Distrayéndote —respondió el Archiduque sin pudor, dándole un pellizco que hizo que Xion se sobresaltara con un gritito ahogado.

—¿Distraerme? Más bien haces que me concentre en ti.

—Lo que mi niño diga —Darius se inclinó, sus labios a un suspiro de rozar los de Xion.

—Quiero bañarme —dijo el sanador de repente—. Ahora mismo.

El comentario hizo que Darius se pellizcara el puente de la nariz con fingida molestia.

—¿Tenía que ser ahora? ¿Justo cuando estaba a punto de besarte?

Los labios de Xion, caídos por el peso de la pena momentos atrás, se curvaron levemente. El color volvía a sus pálidas mejillas.

—Estoy sudado, sucio y tengo la cara cubierta de lágrimas y mocos. Así que sí, querido, necesito un baño. Ayúdame…, no quiero moverme.

La confesión vino acompañada de una leve mueca.

Aunque su cuerpo estaba perfectamente sano, el llanto lo había dejado exhausto.

Y aquellas caricias lánguidas y perezosas que Darius dejaba en su piel lo adormilaban aún más.

De no haber pasado ya horas en la cama, podría haberse quedado dormido en ese mismo instante.

—Sí, mi señor. —Darius le plantó un sonoro y falso beso de enfado en la mejilla antes de cubrir a Xion con el edredón.

Solo un par de ojos azules quedaron a la vista, parpadeando hacia el Archiduque, obviamente confusos.

—Te llevaré a las aguas termales. Un baño allí le sentará mejor a tu cuerpo.

Xion asintió.

Desde aquella primera vez, Xion no había tenido otra oportunidad de sumergirse allí.

La idea del agua tibia acariciando su piel era agradable.

Casi podía sentirla ya.

El calor se filtraría hasta sus huesos, deshaciendo cada nudo de tensión, mientras el leve vaho del agua se elevaba en nubes de vapor.

Quizá debería quedarse allí.

Con la cabeza apoyada en el borde de la poza, arrullado por el sonido rítmico de las gotas que se deslizaban por la piedra hasta el agua, podría volver a quedarse dormido.

Y entonces, se despertaría lleno de energía.

Lo necesitaba. Después de todo, tenía un asesinato que planear y una piedra demoníaca de la que ocuparse.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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