(BL) ¡El Villano quiere el divorcio! - Capítulo 323
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Capítulo 323: Otro fallo
Cass no atosigó ni presionó demasiado a Sam, pues se daba cuenta de que el hombre a todas luces lo estaba pasando mal. A Cass sí que le dio por preguntarse hasta dónde había llegado su relación mientras no había nadie más cerca para molestarlos. Dada la reacción de Sam al enviar a Byron fuera por un día como mucho, de verdad que se lo preguntaba.
Apostaba a que había unas cuantas historias jugosas de por medio. ¿Quizá Sir Forsythe consiguiera algunas de las respuestas mientras estuviera allí protegiendo a la familia de Lady Ava? Solo podía esperarlo, y luego esperar que él estuviera dispuesto a divulgar su información.
Cass justo bajaba del último escalón del sótano cuando la puerta de arriba se abrió de golpe y Fiona apareció allí, jadeando, con Ser Hune detrás de ella. El rostro de Ser Hune estaba envuelto en la oscuridad, debido al ángulo, y Cass tampoco pudo descifrar la expresión de Fiona.
No lo dejó en vilo por mucho tiempo.
Bajó las escaleras a toda prisa, casi cayéndose por culpa de las faldas, pero logró mantener el equilibrio y se detuvo en seco delante de Cass.
Estaba a medio preparar para el baile; era evidente que necesitaba más tiempo para arreglarse en comparación con los hombres. Tenía el pelo a medio peinar, llevaba lo que se consideraría una versión de su ropa interior para esta época, pero no parecía importarle. Escaneó el cuerpo de Cass con una concentración absoluta, intentando ver si algo iba mal, si algo estaba fuera de lugar.
Cass sentía que le ardía el cuello, seguro de que los hombres le habían dejado algunas marcas. Se dio cuenta de que ella lo había notado, pero no dijo nada. Se le pusieron las orejas rosadas, pero eso fue todo lo que pasó. Su pecho subía y bajaba mientras se calmaba, y estaba claro que había venido corriendo.
Ser Hune bajó lentamente las escaleras detrás de ella antes de posarle una mano en el hombro.
—Deberíamos dejar que el Lord vaya al árbol de vivero, Fiona. —Fiona inspiró hondo, asintió, y Cass sintió que el momento se rompía. Se puso a caminar al lado de Cass, sin decir nada todavía, mientras se dirigían a la arboleda secreta.
Una vez allí, se quedó a su lado, como una protectora silenciosa, mientras Cass cruzaba el puente, sintiendo el agradable contacto de las briznas de hierba entre los dedos de los pies. El árbol se meció con una brisa silenciosa cuando Cass se acercó, y pudo sentir que el árbol se extendía hacia él. Sinceramente, el árbol llevaba un tiempo extendiéndose hacia él, y Cass fue a abrazarlo sin pensárselo mucho.
Fiona y Ser Hune se mantuvieron a distancia, al igual que Sam, mientras Cass se aferraba a la cálida corteza.
Cass escuchó en silencio mientras la reconfortante calidez del árbol lo inundaba. Sintió que algo se movía, que cambiaba ligeramente en su interior, y de repente se sintió lleno. De una forma demasiado parecida a la de la noche anterior.
Cass sintió que la cara le ardía con ese pensamiento, y notó que el árbol se sacudía como si se estuviera riendo de él. Una calidez lo llenó, suave, llena de amor, y Cass sorbió por la nariz mientras el árbol le hablaba. No con palabras, nunca con palabras, sino de una forma que aun así podía entender.
El árbol le dijo que no se avergonzara, que era completamente natural. Estaba hambriento, y por eso comió. Los árboles, las plantas y las hadas se alimentaban de la carne y la sangre de otros; todo lo que necesitaba hacer era mostrar gratitud por la comida.
Oír eso del árbol de vivero le provocó algo extraño a Cass. La falta de juicio, la comprensión, la aceptación. Cass contuvo las lágrimas, luchó contra las emociones que amenazaban con devorarlo y, en su lugar, simplemente se refugió en el consuelo del árbol.
Cuando se apartó con una suave palmada en la corteza, el árbol se sacudió de nuevo, cubriendo a Cass con una lluvia de pétalos de flores que ni siquiera sabía que estaban creciendo. Cass sonrió, al igual que Fiona, Ser Hune y Sam. Fiona permanecía de pie con torpeza, con los brazos rodeando su cuerpo, pero no se movió de donde estaba.
Cass se detuvo frente a ella, antes de finalmente suspirar y simplemente decirlo.
—Lucian y Edgar me están ayudando a lidiar con… el otro lado —le dijo Cass con torpeza, y Fiona le dedicó una sonrisa. Sin juicios. Sin ira, ni siquiera una leve tensión por su parte. Solo Cass.
—Lo sé —dijo ella. Simple. Sencillo—. Está bien, Cass —añadió—. Yo… soy una chica de una sola persona —admitió en voz baja—. Todo este drama, este caos… me hizo darme cuenta de eso. Nunca iba a ser una buena pareja para ellos, ni para nadie que no fuera una sola persona. —Cass parpadeó, sorprendido. Ella se movió inquieta y su sonrisa por fin se tornó un poco extraña—. No creo que hubiera importado si… no fuera Ava, pero viendo lo que está pasando… sí. Soy una chica de una sola persona, y esa persona ahora mismo es Ava. Puede que siempre sea Ava —dijo en voz baja. Cass sintió que se le encogía el corazón.
—Siempre pensé que estabas haciendo un trabajo extraordinario manejándolos a todos. Incluido a mí —le dijo Cass. Necesitaba que lo supiera. La sonrisa de Fiona se ensanchó.
—Oh. No lo dices por decir, ¿verdad? —bromeó ella, y Cass puso los ojos en blanco.
—A estas alturas, Fiona, ¿por qué demonios iba a hacerlo? —preguntó él secamente, y ella se rio.
—Tienes razón. A estas alturas, deberíamos ser sinceros el uno con el otro —dijo ella, y Cass sintió que el corazón se le aceleraba. Este era el momento. El momento perfecto.
—Fiona, yo… —empezó a decir Cass, pero Fiona también estaba hablando.
—Cass, yo… —Ambos se detuvieron. Cass parpadeó, sonrojado, e hizo un gesto para que ella hablara primero. Fiona hizo lo mismo. Estuvieron así un momento, siendo demasiado educados, hasta que Cass estalló.
—¡Habla de una puta vez, Fiona! —Cass sabía que eso provenía de su… pesadilla inacabada, y Fiona parpadeó antes de echarse a reír.
—Tendré en cuenta que estás un poco irritable. Joder, es casi como si tuvieras la regla —bromeó ella, antes de quedarse helada, con los ojos como platos, y Cass sintió que algo encajaba. Cass ahogó un grito, Fiona ahogó un grito, y entonces Cass entró inmediatamente en negación.
—No vuelvas a decir eso, nunca más —gruñó Cass—. No necesito otro puto recordatorio. Sobre todo ahora mismo —advirtió Cass, y Fiona soltó una risita.
—Cielos, lo sé, pero tengo un poco de envidia de que no implique sangrado —murmuró ella y Cass gimió.
—Fiona, tengo que aislarme durante una puta semana entera. ¿Cómo no va a ser eso más inconveniente que poder ponerte unos paños, tomarte unos analgésicos y seguir con tu día? —espetó Cass. Era una comprensión muy superficial de lo que era la regla, pero Cass no creyó necesario entrar en los detalles.
Tampoco sabía cómo funcionaban en esta época.
Fiona abrió la boca, la cerró, pareció querer dar una respuesta dura, pero al final solo negó con la cabeza y suspiró.
—Te concedo ese punto porque tienes razón, tener que aislarse una semana cada mes es una locura, pero creo que ahí es donde deberíamos terminar esta comparación. —Fiona estaba eligiendo sus palabras con cuidado, y Cass estuvo de acuerdo.
Su cuerpo era diferente al de ella.
Lo era.
Tenía que serlo.
—Estoy de acuerdo, Fiona. ¿Había algo más de lo que necesitaras hablarme? —preguntó Cass con cautela. Fiona asintió.
—Sí. Es sobre Lord Ridgewood y Ava. No creo que estés al tanto, pero Ava está furiosa con ese hombre. Ella está… —Fue agradable tener una conversación normal, no relacionada con él.
Mientras Fiona ponía a Cass al día de lo que estaba pasando, de las complejidades de toda la situación, el dúo empezó a salir de la arboleda y a subir de nuevo. Todavía estaban charlando en el vestíbulo; Fiona tenía que volver a arreglarse y Cass tenía que empezar a prepararse. Se dio cuenta de que Sam esperaba ansiosamente cerca y, finalmente, Fiona se despidió y Cass subió de nuevo a su dormitorio.
Allí fue donde encontró a un Edgar despierto, pero ligeramente aturdido, y a un Lucian con cara de pocos amigos.
¿Cómo se suponía que Cass iba a lidiar con esto?
~
Cass hizo lo que pudo por no lidiar con ello. Edgar parecía estar de buen humor y, en cuanto Cass lo saludó con la mano, Lucian pareció calmarse. Sam se centró menos en las otras personas que ayudaban a Edgar a prepararse y más en su propia tarea.
Ser Hune se habría quedado fuera de la habitación si Cass no hubiera pensado que se sentiría sola, así que simplemente le dijo que se quedara junto a la puerta. Ella agradeció el cambio, feliz de participar.
Sam estaba echando el resto.
Cass ya estaba bañado, así que no tenían que preocuparse por ese aspecto de su atuendo, pero iba a llevar un tiempo vestirlo con todas las capas. Los volantes, las mangas abullonadas, los detalles en negro, blanco y dorado. Cass se parecía más a un vampiro malvado de lo que Edgar jamás podría.
Nadie miraría a Edgar y pensaría jamás que ese hombre bebía sangre. Pero ¿una sola mirada a Cass? Apostaba a que eso era lo que todo el mundo pensaba que era. Un vampiro. Eran un tipo de demonio y, si Cass era sincero, estaba lo suficientemente pálido.
Un cadáver andante. Eso es lo que eran los vampiros en su mundo.
Aunque Edgar era tan cálido…
Un gruñido grave de Lucian le advirtió de que el hombre estaba cruzando la habitación antes de que llegara.
—Deja de mirar solo a Eddie —advirtió Lucian, y Edgar se sonrojó.
—¿Me estaba mirando a mí? —preguntó Edgar, curioso y claramente complacido de oír las palabras de Lucian. Cass, por su parte, estaba jodidamente avergonzado.
—Solo estaba pensando en que me parezco más a… —Cass se interrumpió, gimió y luego cerró la boca. No podía decirlo—. Me parezco a algo más que Edgar —murmuró Cass, y Lucian se plantó frente a él, con los brazos cruzados y el ceño fruncido.
—¿Qué? ¿Parecerte a qué más que Edgar? ¿A un bombón? Sí, tienes razón. Me preocupa que vayas a enseñar demasiada piel —dijo Lucian, y Cass parpadeó. ¿Un bombón? ¿Piel?
¿En qué mundo iba Cass a enseñar demasiada piel? ¡Si parecía el puto Conde Drácula! ¡Cubierto hasta el cuello! Ser Hune intentaba desesperadamente mantener la compostura, mientras que Edgar soltaba una carcajada.
—Bueno, estoy de acuerdo con lo de bombón, pero creo que debería enseñar más piel, Lucy —replicó Edgar, y Lucian refunfuñó. Un profundo retumbar escapó de él. Cass sintió que se sonrojaba al recordar la última vez que había oído eso. Sobre todo, la más reciente.
—¿Más piel? ¿Más. Piel? ¿Estás loco, Eddie? ¡Los demás verán lo guapo que es y querrán atacarlo! Sobre todo ahora mismo. ¡Se ve bien, huele bien, y… y solo míralo! ¡Mira qué dulce parece! —Cass estaba simplemente atónito. ¿Él? ¿Dulce? ¿Qué pegamento había estado esnifando Lucian?
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