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(BL) ¡El Villano quiere el divorcio! - Capítulo 454

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Capítulo 454: Un tío y su lozano sobrino

Al menos Cass no era el único con aspecto alborotado cuando Byron volvió a entrar en la habitación, con una sonrisa en los labios y la ropa descolocada. Fuera lo que fuese que le hubiera pasado, parecía jodidamente complacido de que hubiera ocurrido. Irradiaba tanta felicidad que ni siquiera le importó entrar en el complicado lío que era la habitación.

—Mi Señor, ¿cómo va esa carta? —preguntó Byron, recorriendo la habitación con la mirada, pero con los hombros relajados. Feliz. Cass tragó saliva, con el rostro enrojecido porque Edgar seguía en su regazo y Lucian aún le sujetaba la mano.

—Aún no está lista, Byron —admitió Cass, y Byron rio entre dientes.

—Bueno, ¿puedo sugerirle que se ponga a ello, Mi Señor? He conseguido el permiso de Sam. —Byron estaba radiante. No era una sonrisa enorme, no le partía la cara por la mitad, pero era lo máximo que Byron había sonreído desde que Cass lo conocía. Y eso era algo muy importante para el dragón.

—Has conseguido algo más que su permiso —dijo Lucian con sorna, un brillo en la mirada mientras observaba a su compañero dragón. Ambos emitieron un retumbo, y fue en ese momento cuando Cass pensó que lo estaban haciendo a la vez. Como una habilidad comunicativa exclusiva de los dragones.

—No hables mal de mí delante de Mi Señor —dijo Byron, pero no había acritud en sus palabras. Lucian rio entre dientes.

—Mañana nos vamos de excursión —presumió Lucian y Byron parpadeó, mirando de reojo a Edgar en el regazo de Cass y cómo Lucian le sujetaba la mano.

—¿Solo tú y el Lord? —aclaró él, y Lucian asintió. La expresión de Byron se suavizó ligeramente—. Enhorabuena. —Byron lo decía en serio y Cass sintió que se le oprimía el pecho. ¿Por qué demonios sonaba tan sincero? Lucian emitió un retumbo.

—Gracias. —Cass no tenía ni idea de lo que se estaban comunicando los dos dragones, pero a Edgar pareció resultarle divertido. Se rio entre dientes, apoyándose en Cass y presionando la frente contra su hombro mientras reía.

Entonces, se enderezó y salió lentamente del regazo de Cass, sonriendo ampliamente.

—Será mejor que te deje trabajar, entonces, para que a nuestro querido Byron no lo hagan trizas por tardar demasiado en volver a casa —dijo Edgar con una sonrisa burlona. Byron no lo negó, y Edgar rio aún más—. Sam te tiene comiendo de la palma de su mano, ¿eh? —bromeó Edgar, y Byron dejó escapar un suave retumbo.

—¿Acaso no estarías comiendo de la palma de la mano de alguien si fuera la razón por la que late tu corazón? —respondió Byron. Cass se quedó en silencio, Edgar se quedó en silencio, incluso Gideon parecía atónito. Solo Lucian dejó escapar un retumbo de apreciación.

—Ese sí que es un dragón —dijo, orgulloso del dragón más joven—. Me alegro de que hayas encontrado a tu compañero de vínculo tan rápido, pero quizá solo sea un rasgo de familia —dijo Lucian y, por primera vez, Byron pareció un poco confundido, descolocado.

—¿Qué? —preguntó, mirando de reojo a Lucian. Lucian apretó con fuerza la mano de Cass.

—Tus padres. Se encontraron bastante rápido, para ser dragones, solo unos cincuenta años después de madurar. A partir de entonces, nunca se separaron —habló Lucian con calidez, su mirada anaranjada era suave y cálida de una forma que Cass solo había visto cuando le hablaba a él.

Era… extraño verlo en Lucian en ese momento, pero Cass tuvo una revelación bastante sorprendente. Lucian estaba mirando a Byron, que era esencialmente su sobrino. Esa era la clase de emoción que Cass podía sentir tras las palabras y acciones de Lucian desde que se había dado cuenta de quién y qué era Byron.

Lucian miraba a Byron de la misma manera que Cass habría mirado a sus propios sobrinos o sobrinas. Cass sintió que se le oprimía el pecho, un dolor que se retorcía y le dificultaba un poco respirar.

—Yo… no tenía ni idea —masculló Byron, con aspecto un poco aturdido—. Nunca dijiste nada. —Byron sonaba como si estuviera acusando a Lucian de haberle ocultado la información, pero Lucian se rio.

—Bueno, no tenía ni idea de lo en serio que ibas con Sam, así que quise esperar antes de poner esa clase de legado sobre tus hombros —la voz de Lucian era cálida; su mano, en la de Cass, ligeramente áspera, dura. Cass tragó con dificultad.

—Dejadme trabajar en esa carta para que no te metas en más líos, ¿de acuerdo? Quiero que Sam esté de buen humor mañana —bromeó Cass, con la mente a mil por hora. No estaba molesto, solo se sentía… extraño. Se alegraba de que uno de ellos hubiera podido conocer a miembros de su familia.

Todos dejaron trabajar a Cass, las cuatro personas charlaban a su alrededor. Incluso Gideon se quedó, viéndose involucrado en lo que fuera que Byron y Lucian estuvieran discutiendo. Cass los ignoró, dándose cuenta de que Edgar no dejaba de reorganizar el trabajo en el despacho, incluso yendo a la habitación de al lado, donde se guardaba el resto de las pilas de documentos.

Cass tuvo la sensación de que estaba preparando la habitación para cuando él hiciera el trabajo mañana. A Cass no le importó. Sería interesante revisar los documentos que Edgar preparara cuando llegara a casa, solo para ver cómo el hijo de otro Duque se encargaba de este tipo de tareas.

Cass consiguió terminar la carta, sin necesidad de extenderse mucho. Solo le pedía a Sir Forsythe que recordara si había habido algún sirviente en la mansión del Duque que diera una sensación parecida a la de Sam. Alguien que hubiera exudado algo similar a un demonio sexual. Anotó detalladamente la sensación que los demonios sexuales adultos provocaban en quienes los rodeaban, incluso si no los estaban seduciendo. Sintió que eso era importante para alguien como Sir Forsythe.

También le hizo saber que Ser Hune y Sir Sanders planeaban quedarse en la mansión de la ciudad porque se les había concedido el derecho a tener un hijo. El árbol de vivero estaba ayudando, y él pronto iba a ser padrino. Cass no tenía ninguna duda de que así sería.

¿A quién más iban a elegir? ¿A Cass? Cass se ofendería por Sir Forsythe si eso ocurriera.

Después de eso, preguntó por la familia de Lady Ava y le comunicó a Sir Forsythe la noticia de que las dos lesbianas idiotas se habían fugado juntas, que Gideon se había convertido en otro santo, por lo que ahora había dos santos y dos héroes campando a sus anchas por el mundo. Cass no tenía ni idea de cuáles serían las implicaciones de aquello, pero estaban haciéndolo lo mejor que podían.

Le dijo al otro hombre que no se preocupara, que Cass estaba bien. Que habían descubierto más sobre sus orígenes y que sabía que se disgustaría cuando descubriera la verdad. Dijo que era un tema demasiado delicado como para ponerlo por escrito, así que tendría que preguntarle a Byron personalmente.

Esperaba que a Sir Forsythe le fuera bien, le preguntó si había ido a ver a los niños del orfanato y si estaba comiendo bien. Esperaba que volvieran pronto a casa, pero no estaba seguro. Quería volver a casa pronto.

La carta que Cass había pensado que sería corta acabó siendo bastante larga, pues se dio cuenta de que Sir Forsythe se había perdido muchas cosas mientras estaba fuera. A Cass le dolía el pecho solo de pensarlo, pero sabía que no sería por mucho más tiempo. Las cosas mejorarían pronto.

Después de esta próxima mazmorra, Cass iba a volver a su hogar. De vuelta al lugar que había construido. Iba a centrarse después de esto y a averiguar cómo detener el mal final. Ahora que Fiona se había ido… el libro se había salido completamente del guion. Necesitaba resolver esto por su propia cordura.

~

Cass despidió a Byron personalmente. No quería dejar que desapareciera solo en la noche cuando estaba haciendo algo por él. Lucian fue con él, todo sonrisas mientras caminaba junto a Cass por el pasillo, con Byron por delante de ellos por una vez.

Gideon y Edgar se quedaron atrás; ambos dijeron que tenían algo que discutir. Edgar pareció sorprendido de que Gideon tuviera algo que quisiera discutir con él, mientras que Lucian le lanzaba una mirada severa a Gideon.

Cass tenía la ligera sospecha de que el dragón tenía que estar detrás de la razón por la que necesitaban hablar.

—¿Sam está bien de verdad, Byron? ¿Lo estás cuidando bien? —preguntó Lucian y Byron soltó un bufido. Miró por encima del hombro a Lucian y Cass sintió una extraña sacudida en el pecho al darse cuenta de que la forma en que miraba a Lucian era completamente diferente a cómo el joven dragón miraba a Cass.

—¿Crees que soy un idiota? Nunca lo forzaría demasiado sin la marca —le dijo, y Lucian dejó escapar un retumbo de aprobación.

—Bien. Sin la marca, nadie es capaz de soportar fácilmente la totalidad de nuestro amor —dijo Lucian, y Byron refunfuñó.

—Ya lo sé. Después de todo, fuiste tú quien me lo dijo. —Cass escuchaba hablar a los dos, intrigado. Lucian resopló.

—¡Tuve que decírtelo porque pensabas que podías ir a por ese hombre a toda máquina cuando todos creíamos que todavía era un humano! —lo regañó Lucian, y Cass juraría que vio la blanca piel de Byron sonrojarse. Tosió.

—Era un adolescente. Eran solo las hormonas hablando. Nunca me habían dado permiso ni para tocar a Sam antes de eso. De todos modos, él ni siquiera mostró interés en mí cuando yo era un adolescente —masculló Byron. Cass juraría que estaba haciendo un puchero. Lucian se estiró y le dio una colleja.

—¡Como debe ser! La mayoría sabe que no se debe tocar a un niño, Byron, aunque por dentro sintieras que ya no lo eras. El hecho de que no fueras capaz de transformarte era señal suficiente de que todavía no eras del todo un adulto —le recordó Lucian. Byron pareció molesto, pero no discutió más. Lucian bufó.

—Está bien. Solo dolorido. Supe controlarme —admitió Byron—. Me dijo que le gustó. —Vale, su cara estaba definitivamente roja ahora y Cass se alegró de poder presenciar ese momento. ¡Y ni siquiera estaban en las escaleras!

—Bien. Eso es importante. Que le guste el acto es la mitad de la batalla. —Lucian hablaba como un veterano experimentado, pero Byron lo miró de reojo, alzando una ceja.

—¿Acaso no mordiste a tu compañero de vínculo en contra de su voluntad? —le recordó, y la arrogancia de Lucian se desvaneció. Retumbó, acercándose para intentar darle un manotazo en la cabeza a Byron. Cass observó cómo Byron sonreía, con sus ojos oscuros pero reptilianos, y Lucian no se quedaba atrás. No estaba semitransformado, pero estaba lo más cerca que podía estarlo antes de hacerlo.

Era… extraño ver esta faceta de Lucian y Byron. Verlos tan… bueno, «humano» no era la palabra correcta, pero la palabra «real» se acercaba. Vivos. No eran solo personajes en una página, sino mucho más que eso. Con historias complejas que Cass no conocería a menos que preguntara.

Era extraño verlos jugar, reír y bromear entre ellos como un tío y su sobrino adulto. Era un trago amargo, ya que Cass sabía que nunca podría hacer eso con su propia familia. Por otra parte, por lo que recordaba de la historia de Lucian, él tampoco había pensado nunca que llegaría a vivir estos momentos.

Se despidieron de Byron, observando cómo los árboles se apartaban ligeramente para permitirle una mejor plataforma de despegue. Byron, cuando se convertía en dragón, era más pequeño que Lucian. Joven. Completamente negro como una noche sin estrellas, con los ojos brillando en la oscuridad.

—Ten cuidado, Byron. Envía un mensaje con magia cuando llegues —le dijo Cass y Byron asintió, con su preciada carta en su garra gigante, y despegó. Lucian suspiró.

—Crecen tan rápido. —Cass se giró hacia él, listo para tomarle el pelo, pero cuando miró a Lucian, había un verdadero anhelo en su mirada. Cass permaneció en silencio hasta que fue Lucian quien se dio la vuelta para regresar a la mansión.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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