Bleach:detective - Capítulo 11
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- Capítulo 11 - 11 capitulo 11Los Arquitectos del Vacío
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11: capitulo 11:Los Arquitectos del Vacío 11: capitulo 11:Los Arquitectos del Vacío El caso del “Jardinero” dejó un residuo amargo.
La muerte ordenada de Tommy Finn no fue una victoria; fue el síntoma de una enfermedad mayor.
Una enfermedad que León ya había visto antes, de forma más cruda y menos poética: Richard Morse, el contador que estranguló a una prostituta sin recuerdo alguno, tras pasar por una clínica de “mejora de memoria”.
Ese caso, su prueba de fuego para “El Veredicto”, había quedado oficialmente cerrado con el arresto de Morse y la clausura de una clínica fantasma.
Pero la pregunta central nunca fue respondida: ¿quién estaba detrás de la clínica?
¿Quién tenía el conocimiento y los recursos para reprogramar mentes humanas como si fueran software?
León pasó días reestudiando el archivo de Morse, cruzando datos con los otros tres casos similares que El Assessor había mencionado.
Cuatro hombres, sin conexión aparente, transformados en asesinos perfectos y desechables.
La clínica era solo el mecanismo de entrega.
El verdadero villano era el fabricante del arma.
Usted quiere reabrir el Caso V-001 dijo La Ejecutora, sin sorpresa, cuando él se lo propuso.
Es un riesgo.
Implica que nuestra limpieza inicial fue incompleta.
Implica que el patrón es más grande corrigió León, desplegando mapas y líneas de tiempo en la pantalla de la sala segura.
Morse fue el cuarto.
He estado rastreando muertes ‘inexplicables’ o crímenes sin motivo en una base de datos ampliada.
En los últimos cinco años, hay diecisiete casos en Norteamérica y Europa que encajan en el perfil: sujetos sin historial violento, que cometen un homicilio único y perfecto, a menudo seguido de su propia muerte o amnesia catatónica.
Todos estuvieron, en algún momento previo, en instituciones privadas de ‘terapia alternativa’, ‘mejora cognitiva’ o ‘tratamiento para el estrés post-traumático’.
Instituciones que, al ser investigadas, desaparecen.
El Assessor, presente por holograma, frunció el ceño.
Diecisiete.
Un patrón de esa escala sugiere una operación sostenida, con financiación y un objetivo.
¿Cuál objetivo?
preguntó Cole.
¿Crear caos?
Es ineficiente.
¿Asesinatos por encargo?
Podrían usar sicarios normales.
No es para los asesinatos dijo León, señalando los nombres de las víctimas de esos crímenes.
Miren a quién mataron.
Un alcalde local que bloqueaba un desarrollo urbanístico.
Una periodista que investigaba tráfico de órganos.
Un ingeniero que se negó a vender patentes militares.
Un testigo clave en un juicio contra un cartel.
Estos no son blancos aleatorios.
Son obstáculos.
Obstáculos para alguien.
El método es el mensaje: ‘Podemos convertir a cualquiera en tu asesino.
No hay defensa.
No hay rastro’.
Está describiendo un servicio de asesinato de ultra-lujo concluyó La Ejecutora, sus ojos fríos brillando con interés.
No venden balas.
Venden voluntades ajenas.
Convierten a un ciudadano inocente en un proyectil inteligente y autodestructivo.
Y la clínica de Morse fue una de sus ‘fábricas’ asintió León.
Probablemente una de varias.
Necesitamos encontrar a los arquitectos.
Los que diseñan el virus mental.
La doctora Thorne, que había estado en silencio, intervino.
El nivel de sofisticación requerido… es de vanguardia en neurociencia, psicofarmacología e ingeniería de conducta.
No es algo que surja de la nada.
Hay que buscar a desertores de programas gubernamentales de control mental, de corporaciones farmacéuticas de black ops, o… de universidades con líneas de investigación éticamente grises.
La pista vino de donde menos lo esperaban: de los archivos personales de Thomas Finn, el Jardinero.
En su cabaña impecable, además de plantas, tenía una colección de revistas científicas antiguas sobre botánica y, extrañamente, sobre neurología.
Marcadas con notas al margen en una caligrafía minúscula y precisa.
Una nota, en un artículo sobre “la neuroplasticidad inducida por estímulos subliminales”, decía: “¿Puede un estímulo ser la semilla?
¿Y el trauma, el agua que la hace crecer?
El Dr.
Voss siempre decía que la mente es el jardín más fértil.” Dr.
Voss.
El nombre no aparecía en ningún registro relacionado con los casos.
Pero una búsqueda profunda de Cole en bases de datos académicas y patentes internacionales lo encontró: Dr.
Alistair Voss, neurocientífico sudafricano, pionero en mapeo de redes neuronales y estimulación magnética transcraneal.
Había desaparecido del mundo académico hacía ocho años, tras un escándalo por experimentos no consentidos con pacientes con trastorno de estrés postraumático.
Su teoría, considerada marginal y peligrosa, era la de “reinserción de memoria dirigida”: la posibilidad de no solo borrar, sino de implantar recuerdos y comandos de acción específicos en una mente ablandada por el trauma.
Él es el arquitecto dijo León, mirando la foto austera de un hombre de sesenta años, rostro afilado, ojos intensos detrás de gafas redondas.
No actúa solo.
Necesita una organización que capture ‘sujetos’ (personas vulnerables, con traumas no resueltos), los lleve a sus clínicas fantasma, y luego venda el ‘producto terminado’ (el asesino programado) al mejor postor.
Un negocio masculló Cole,Joder Venden ilusiones de invulnerabilidad a poderosos.
“Tu enemigo no será asesinado por un sicario, sino por su propio vecino, su contador, su jardinero.
La culpa nunca te tocará.” El plan era cazar al cazador.
Usarían cebo.
Necesitaban encontrar un posible cliente de esta organización y seguirlo hasta el mecanismo de entrega.
La oportunidad llegó con un caso nuevo que filtró un contacto de “El Veredicto” en el Departamento del Tesoro de EE.UU.
Un magnate de la construcción en Texas, Gavin Hock, estaba siendo investigado por sobornos.
Su principal obstáculo era una jueza federal, Eleanor Vance, conocida por su integridad inflexible.
Los chats interceptados de Hock con su abogado mostraban una frase preocupante: “¿No hay una manera… más elegante de que se jubile?
Algo que no deje huellas.
Como lo del alcalde de Portland.” “Lo del alcalde de Portland” era uno de los diecisiete casos de León.
Un alcalde murió en un aparente accidente de caza, disparado por su propio yerno, un hombre sin historial violento que después afirmó no recordar nada.
Una investigación superficial lo atribuyó a un “error trágico”.
Hock está buscando contratar el servicio dijo La Ejecutora.
Es nuestra puerta de entrada.
Con autorización judicial encubierta, saturaron la vida digital y física de Gavin Hock.
Interceptaron una comunicación encriptada que llevaba a un número de teléfono satelital desechable.
El mensaje era breve: “Para el paquete especial, necesitamos la semilla.
Envíe el perfil del jardín a ‘Cronopio’.” ‘Cronopio’ murmuró Thorne, En biología, son células que regulan los ritmos circadianos.
El sueño, la vigilia… y la sugestión.
‘La semilla’ debe ser el trauma o la vulnerabilidad de la jueza Vance dedujo León Y ‘el perfil del jardín’… el sujeto que van a programar.
Alguien cercano a ella.
Rastrear ‘Cronopio’ llevó a una red de servidores fantasma, pero una huella digital apuntaba a una empresa de biotecnología con sede en Zurich, Suiza, llamada “Mnemotech AG”.
En el papel, desarrollaban software para ayudar a pacientes con Alzheimer.
En sus registros financieros offshore, había flujos de dinero desde paraísos fiscales que coincidían con las fechas de los diecisiete asesinatos.
Mnemotech era la fachada.
El Dr.
Voss, su cerebro.
Y tenían que estar operando una nueva “clínica” para preparar al asesino de la jueza Vance.
Usando el perfil de la jueza, León hizo lo suyo.
Se puso en el lugar de los arquitectos.
Somos Voss y su equipo.
Necesitamos un sujeto cercano a la jueza, con una vulnerabilidad explotable.
Alguien con acceso, pero sin sospecha.
¿Un ayudante?
¿Un familiar?
¿El conductor?
Revisaron su círculo íntimo.
Su chofer de muchos años, Martin, era un ex marine con un historial limpio… y un hijo discapacitado que requería costosos tratamientos médicos.
La presión financiera era una grieta.
Una grieta por donde se podía colar la semilla del resentimiento y la desesperación.
Vigilaron a Martin.
Y dos días después, lo vieron recibir un sobre de un mensajero.
Dentro, un folleto elegante para un “Retiro de Sanación y Crecimiento para Veteranos con Estrés”, todo pagado, en un lugar remoto en las montañas de Colorado.
El remitente: “El Proyecto Cronos”.
Es la nueva clínica confirmó Cole, tras rastrear la ubicación.
Una finca privada.
Aislamiento total.
No podían dejar que Martin fuera.
Una vez dentro, lo reprogramarían y lo enviarían a matar a la jueza.
Tenían que interceptar.
Pero de manera que la organización no se diera cuenta, para seguir el rastro hasta Voss.
La solución fue sucia y rápida.
La Ejecutora y un equipo de “El Veredicto” simularon un arresto de tráfico de drogas contra Martin justo antes de que partiera al retiro.
Fue ingresado en una celda falsa, donde Thorne y León pudieron hablar con él.
El hombre estaba confundido y asustado.
León no usó tácticas de interrogatorio.
Usó la verdad, medida.
Martin, le ofrecieron ayuda para su hijo, ¿verdad?
Un retiro que lo curaría de sus pesadillas y le daría… claridad.
Pero ese lugar no cura.
Planta cosas.
Cosas malas.
Usted no mataría a la jueza Vance, ¿verdad?
La respeta.
Martin palideció.
¿C-cómo…?
Ellos… dijeron que era terapia.
¿Matar?
¡Jamás!
Pero después de su ‘terapia’, quizás sí.
Y no lo recordaría.
Sería como el sueño del marine que vuelve a atacar, pero contra alguien que usted quiere.
Fue suficiente.
Martin, entre lágrimas de rabia y miedo, colaboró.
Dio todos los detalles del contacto, describió al mensajero.
La organización creería que Martin había sido arrestado por azar.
El plan de la jueza estaría en pausa.
Y ahora, tenían una ubicación: la finca en Colorado.
Y un nombre: Proyecto Cronos.
No vamos a allanarlo decretó El Assessor desde la pantalla.
Es demasiado arriesgado y Voss probablemente tenga protocolos de evaporación.
Lo vigilaremos.
Rastrearemos cada salida, cada suministro, cada comunicación.
Queremos a Voss y a toda su red.
No solo un eslabón.
León miró la foto del Dr.
Voss, el arquitecto que veía la mente humana como un jardín para sembrar asesinos.
Este no era un caso que se resolvería con un arresto espectacular.
Era una guerra de inteligencia, paciencia y patrones.
Había encontrado a los creadores de monstruos.
Y ahora, debía aprender a pensar como ellos, para anticipar su próximo movimiento.
No se trataba solo de salvar a una jueza.
Se trataba de desmantelar una fábrica de pesadillas con patente y factura.
El veredicto sobre los arquitectos estaba pendiente.
Y la sentencia, León lo sabía, no sería pronunciada en ningún tribunal visible.
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