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Bleach:detective - Capítulo 15

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  4. Capítulo 15 - 15 capitulo 15El Jaque del Alfil
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15: capitulo 15:El Jaque del Alfil 15: capitulo 15:El Jaque del Alfil El caballo de ébano reposaba sobre la mesa de León, una silueta oscura contra los informes forenses dispersos.

No era solo un trofeo; era un movimiento declarado en una partida donde las reglas las dictaba un sociópata con complejo de gran maestro.

Dorian Blake sabía quién era él, y probablemente, a través de sus propias pesquisas o de la filtración del Assessor, conocía su vinculación con “El Veredicto”.

León no informó del regalo a la organización.

No podía.

La sombra del Assessor lo hacía imposible.

En su lugar, lo guardó, junto con la nota, en un lugar seguro.

Era evidencia de una conexión más profunda, pero también una pistola humeante que podía usarse en su contra si el topo decidía actuar.

La trampa con el falso empresario estaba comprometida.

Blake no la seguiría.

Había que cambiar la estrategia.

Si Blake era el filósofo asesino que creía ser, no respondería a la fuerza bruta ni a trampas burdas.

Respondería a un desafío intelectual, a una demostración de que su “filosofía” tenía fallas.

León tenía que enfrentarlo en su propio terreno: el de las ideas.

Estudiando a fondo los libros y podcasts de Blake, encontró el núcleo de su doctrina: la “Poda Eudaimónica”, un término que él acuñaba.

Argumentaba que, así como se poda un árbol para que alcance su máxima expresión (eudaimonia), la sociedad debía “podar” a aquellos cuyas obsesiones los convertían en parásitos del bienestar colectivo.

Era una mezcla retorcida de utilitarismo, darwinismo social y un misticismo de jardinero.

León decidió usar esa arma contra él.

A través de canales seguros y con la ayuda de Thorne (a quien, con extrema cautela, consideraba todavía limpia por su reacción genuina de shock ante la filtración), creó un perfil psicológico alternativo de Blake.

No como un salvador, sino como lo que realmente era: un niño herido jugando a ser Dios.

La investigación de fondo de Cole reveló la pieza clave: la madre de Blake, una mujer obsesionada con la perfección social, había muerto en circunstancias extrañas cuando él tenía doce años.

Oficialmente, un suicidio.

Pero los registros mostraban que ella estaba a punto de ser expuesta por malversación en una organización caritativa.

Su muerte salvó el honor familiar.

¿Fue realmente un suicidio?

¿O una primera “poda” realizada por una mente adolescente que internalizó la lección de que los problemas se eliminan, no se solucionan?

Esa era la grieta.

La hipocresía.

Blake no podaba “ramas enfermas” de manera objetiva.

Estaba vengando a su yo niño, eliminando a figuras de autoridad abusiva que reflejaban a su madre, y racionalizándolo como un acto de caridad superior.

Con esta munición, León hizo su movimiento.

No fue a arrestarlo.

Lo invitó a jugar ajedrez.

Envió un mensaje cifrado a una de las cuentas de correo fantasmas que Blake usaba, desafiándolo: “Una partida.

Cara a cara.

Blancas para usted.

Si gana, tendrá mi resignación del caso.

Si pierde, tendrá una conversación.

El tablero no miente, Dorian.” Era una apuesta enorme.

Pero Blake, como León había previsto, no pudo resistir el desafío.

El asesino que se veía a sí mismo como un estratega supremo aceptó.

La cita: la biblioteca privada de un club social discretísimo al que Blake pertenecía.

Un lugar público pero íntimo, lleno de silencio y madera noble.

Perfecto para una batalla silenciosa.

Se encontraron a las 9 PM.

Blake llegó con su sonrisa cálida y su traje impecable.

Llevaba un pequeño estuche de cuero que contenía sus piezas de ajedrez, de marfil y ébano, obviamente antiguas y valiosas.

Detective Mercer dijo, tendiendo una mano.

Un placer, bajo estas circunstancias más civilizadas.

Señor Blake asintió León, estrechándola.

El tacto era firme, seco.

Prepararon el tablero en una mesa apartada, bajo la luz dorada de una lámpara de lectura.

Blake, como acordado, tomó las blancas.

Abrió con el Gambito de Dama, un movimiento audaz que sacrificaba un peón por iniciativa y espacio.

Una declaración de intenciones.

León, con las negras, respondió con la Defensa Eslava, sólida, defensiva, preparada para absorber la presión y contraatacar más tarde.

Era la metáfora de su situación: a la defensiva, esperando el error del oponente.

Los primeros movimientos fueron rápidos, un ballet de piezas que chasqueaban contra el tablero de madera.

Blake jugaba con elegancia y agresión, pero León notaba una impaciencia soterrada.

Quería demostrar su superioridad rápidamente.

Usted cree que esto es un juego, ¿verdad, detective?

dijo Blake en el movimiento 15, después de capturar un alfil de León.

Un conjunto de reglas que, si se dominan, revelan la verdad.

El ajedrez es lógica pura respondió León, moviendo un caballo a una casella aparentemente pasiva.

No hay intención, solo consecuencia.

A diferencia de la vida.

En la vida, la intención lo es todo.

Incluso cuando se disfraza de filosofía.

Blake sonrió, captando la indirecta.

Movió su reina a una posición dominante.

La intención es la semilla.

La acción, el árbol.

Podar un árbol con la intención de salvar el bosque es un acto de amor, por más doloroso que sea para la rama.

¿Y quién decide qué rama está enferma?

preguntó León, haciendo un movimiento que parecía debilitar su enroque.

¿El jardinero?

¿Qué pasa si el jardinero confunde una rama torcida por una enferma?

¿O si… le recuerda a un árbol que lo lastimó de niño?

El movimiento de Blake se detuvo en el aire.

Por una fracción de segundo, la máscara de calidez se agrietó.

Sus ojos, por primera vez, se encontraron con los de León no con curiosidad intelectual, sino con una fría evaluación.

Investiga bien.

Es mi trabajo.

Encontrar patrones.

El suyo es interesante: figuras autoritarias, obsesivas, abusivas… una madre que prefería la perfección a su hijo, y cuya muerte fue tan… conveniente.

El ambiente en la mesa cambió.

El aire se volvió más denso.

Blake realizó su movimiento, pero era reactivo, no creativo.

Había picado.

Ella era un cáncer dijo Blake, su voz baja pero cargada de una intensidad nueva.

Un cáncer en nuestra familia, en su institución.

Mi poda… fue prematura, lo admito.

Pero me enseñó la lección: el mundo está lleno de cánceres que nadie se atreve a extirpar.

No los extirpa replicó León, moviendo su torre a una columna abierta, una amenaza sutil pero creciente.

Los asesina.

Y se regodea haciéndoles creer que su obsesión se ha cumplido.

Eso no es cirugía.

Es tortura psicológica.

Es venganza personal disfrazada de altruismo.

Usted no es un jardinero.

Es un niño con un hacha, todavía enfadado con mamá.

El golpe fue directo y brutal.

Blake palideció.

Su respiración se aceleró ligeramente.

Miró el tablero, pero sus ojos no veían las piezas.

Veía algo más.

Un fantasma.

Usted no entiende… murmuró.

Entiendo perfectamente cortó León, su voz ahora un filo de acero.

Entiendo que su “Poda Eudaimónica” es una farsa.

Es el llanto de un niño asustado que quiere controlar un mundo que no pudo controlar entonces.

Usted no salva a nadie, Dorian.

Solo está repitiendo el mismo acto, una y otra vez, esperando que esta vez… esta vez cure la herida.

Pero no lo hará.

Blake cerró los ojos por un momento.

Cuando los abrió, la calidez había desaparecido.

Solo quedaba el vacío que León había visto en los ojos de los sicarios de Voss, pero con una capa de inteligencia perversa.

Tal vez.

Pero el acto en sí tiene una belleza, ¿no cree?

Una justicia poética.

Les doy lo que más desean… justo antes de liberarlos de la prisión de desearlo.

Es psicopatía con bibliografía espetó León Y su juego se acaba.

Jaque.

Había movido su reina y alfil en una combinación silenciosa que Blake, perturbado, no había visto.

El rey blanco estaba atrapado.

Blake miró el tablero, estudiando las opciones.

No había ninguna.

Estaba en jaque mate en tres movimientos, como máximo.

Su labio superior se retorció en algo que no era una sonrisa.

Bien jugado, detective concedió, su voz ahora plana, metálica.

Ganó la partida.

Pero no la guerra.

Yo tengo… recursos.

Lo sé dijo León, sin apartar la mirada de él.

Tiene un amigo en lugares altos.

Alguien que cree en el “equilibrio”.

Pero ese amigo lo está usando, Dorian.

Usted es otra herramienta desechable en un juego más grande.

Cuando deje de ser útil, lo podarán a usted.

Esa era la apuesta final.

Insertar la duda sobre el Assessor, sobre la verdadera lealtad de Blake.

Ver si la semilla de la traición podía germinar incluso en esa mente retorcida.

Blake se levantó lentamente.

No parecía enfadado.

Parecía… calculador.

Una conversación fascinante, detective.

Creo que cumplió su parte del trato.

Ahora, permítame retirarme.

Tengo… podas que planificar.

No había confesión.

No había arrepentimiento.

Pero había un reconocimiento.

León lo dejó ir.

No tenía pruebas para un arresto, solo teoría y psicología.

Y arrestarlo ahora alertaría al Assessor.

Mientras Blake salía de la biblioteca con su andar seguro pero ahora ligeramente rígido, Cole, que había estado vigilando desde un auto a dos cuadras, habló en el auricular de León.

¿Lo dejamos ir?

Sí respondió León, recogiendo las piezas del tablero, su mano deteniéndose en el rey blanco derrotado.

Pero ahora sabe que lo sabemos.

Y sabe que sabemos lo de su “amigo”.

Eso lo hará nervioso.

Los nerviosos cometen errores.

O… buscan desesperadamente podar la nueva amenaza.

Al salir del club, el aire frío de la noche lo golpeó.

Había ganado una batalla intelectual, había clavado una astilla de duda en la mente de un asesino y, tal vez, había tendido un puente hacia la verdadera conspiración.

Pero no se sentía victorioso.

Se sentía exhausto y más solo que nunca.

Entendía ahora, con una claridad dolorosa, lo que Russo y La Ejecutora le habían advertido: a veces, para detener a un monstruo, debes usar herramientas que te acercan a ser uno.

Había manipulado, mentido y jugado con la psique fracturada de un hombre para obtener ventaja.

No lo había matado, pero había realizado una cirugía psicológica brutal.

Y lo peor era saber que esto era solo el principio.

Blake no se detendría.

El Assessor tampoco.

Y él, León Mercer, el novato que solo quería resolver patrones, ahora tenía que aprender la lección más difícil: que en la guerra contra la oscuridad, a veces, la única luz que tienes es la fría y dura de tu propia determinación de hacer lo necesario, aunque te convierta en algo que nunca quisiste ser.

Recogió el caballo de ébano de su bolsillo y lo dejó sobre el tablero, junto al rey blanco caído.

El juego continuaba.

Y ahora, él también estaba listo para sacrificar sus peones.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES CAMALEON Su regalo es mi motivación de creación.

Deme más motivación

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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