Bleach:detective - Capítulo 33
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- Capítulo 33 - 33 Capítulo 33 La Cámara de Degradación
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33: Capítulo 33: La Cámara de Degradación 33: Capítulo 33: La Cámara de Degradación Capítulo 33: La Cámara de Degradación El dolor era un dato más.
León lo catalogó, midió su intensidad (agudo, pulsátil, 7.5 en una escala subjetiva de 10), localizó su origen (articulación acromioclavicular derecha dislocada, posible fisura en costillas 5ª y 6ª antiguas reabiertas) y procedió.
Con un movimiento rápido y brutal, apoyó el hombro contra la pared de concreto del sótano y empujó.
Un chasquido seco, un fogonazo de agonía blanca, y luego un alivio relativo.
La articulación volvía a su sitio.
Se vendó el torso con tiras de un material compresivo avanzado de su kit, inyectándose un cóctel local de analgésicos y antiinflamatorios.
El dolor bajó a un 4.
Manejeable.
Su atención se volvió al espécimen.
El Adjuchas ocupaba la mayor parte del sótano reforzado.
León lo había arrastrado hasta el centro, donde había instalado previamente anclajes de aleación espiritual-tratada (robados de Cerbero) en el piso y las paredes.
Con gruesas cadenas del mismo material, sujetó las extremidades monstruosas y el torso.
El campo de contención del proyector parpadeaba débilmente sobre la entrada, una burbuja tambaleante que consumía el último 30% de la energía del cristal Tozanshō.
El monstruo respiraba.
No con la furia de antes, sino con una pesadez narcótica.
Los ojos detrás de la máscara de obsidiana estaban cerrados, pero su presión espiritual, aunque amortiguada por el “Sueño del Garganta”, era un horno a baja intensidad, llenando el espacio con un calor opresivo y una sensación de hambre latente.
León encendió las luces frías de LED blancos que colgaban del techo.
Sacó su equipo.
No solo herramientas quirúrgicas espirituales esta vez.
Trajo el núcleo del artefacto corruptor del asesino —un cristal facetado que latía con una luz morada enfermiza—, sus cilindros de energía espiritual refinada, y una nueva pieza: un inversor de flujo reishi, un dispositivo de su propia creación basado en los planos del proyector Kidō robado.
En teoría, podía invertir la polaridad de un flujo de energía espiritual, convirtiendo la acumulación en dispersión, la complejidad en… simplicidad.
Su objetivo no era matarlo.
Tampoco domesticarlo como al híbrido insectoide.
Era más ambicioso: forzar una regresión controlada.
Revertir el proceso de evolución Hollow, hacer que este Adjuchas perdiera masa, complejidad y poder de manera ordenada, mientras él extraía y almacenaba cada “capa” de esa energía degradada.
Quería el mapa completo de su ascenso, escrito al revés.
Y, sobre todo, quería su núcleo de Hueco Menos, la semilla primigenia de su existencia, que debía estar enterrada bajo capas de poder y conciencia depredadora.
Un tesoro de datos puros.
Conectó el inversor de flujo al artefacto corruptor, usando los cilindros de energía como fuente de alimentación y buffer.
Un cableado complejo, improvisado pero lógico, unió todo.
Luego, con un bisturí espiritual, hizo una incisión precisa en el torso del Adjuchas, en un punto donde la densidad espiritual era ligeramente menor.
Insertó una sonda de extracción, conectada a una serie de frascos de contención de vidrio tratado.
“Protocolo: Degradación Forzada.
Sujeto: Adjuchas no identificado, clase de poder alta.
Objetivo: Reversión a estado Menos y extracción de núcleo primario,” murmuró en su grabadora, su voz un susurro ronco pero claro.
“Iniciando en 3, 2, 1.” Activó el sistema.
El artefacto corruptor emitió un zumbido agudo.
El cristal morado brilló intensamente, proyectando un haz de energía corruptora directamente en la herida del Adjuchas.
Pero en lugar de corromper, el inversor de fluego modificaba la señal.
No inyectaba caos, sino que extraía orden.
El Adjuchas se estremeció.
Un gruñido profundo, cargado de confusión y un nuevo tipo de dolor, salió de su garganta.
Su cuerpo comenzó a vibrar.
La masa oscura de su forma pareció… encogerse.
No uniformemente.
Se contrajo en espasmos, como si capas de su ser se estuvieran desprendiendo y disolviendo.
Un vapor espiritual espeso y negro, salpicado de chispas de colores enfermizos, comenzó a salir de la herida, siendo succionado por la sonda y condensándose en los frascos.
El primero se llenó rápidamente con un líquido espeso y centelleante: energía de Adjuchas degradada, Nivel 1.
La presión en la sala fluctuó violentamente.
El campo de contención en la entrada parpadeó, las grietas en el cristal Tozanshō se extendieron un milímetro más.
El propio León sintió una náusea espiritual, como si el proceso estuviera desgarrando algo fundamental en el aire que respiraba.
El Adjuchas abrió los ojos.
No había furia ahora.
Había terror.
El terror de un ser que siente su propia identidad, su poder ganado con siglos de caza y supervivencia, siendo despojado.
Intentó luchar contra las ataduras, pero el tranquilizante y la extracción continua lo debilitaban rápidamente.
Su máscara de obsidiana perdió algo de su brillo, se volvió más opaca, menos definida.
León observaba los monitores, anotando cada cambio.
“Nivel de densidad espiritual bajando un 15%.
Coherencia estructural mostrando signos de simplificación.
Emociones primarias (hambre, miedo) aumentando en intensidad relativa, inteligencia superior disminuyendo.” Era hermoso.
Era una disección en tiempo real de una conciencia monstruosa.
Pasaron horas.
El Adjuchas se redujo un 30% de su tamaño original.
Sus rasgos se volvieron más toscos, menos únicos.
Ya no era un depredador único; empezaba a parecerse a una forma de Menos Grande más poderosa, pero genérica.
Se llenaron tres frascos más con energías de distintos grados de degradación.
Entonces, ocurrió el pico.
Al alcanzar lo que León estimó como el umbral entre Adjuchas y Menos Grande superior, el núcleo interno del Hollow, acorralado y aterrorizado, reaccionó.
En un último acto de instinto de conservación, no intentó atacar.
Intentó implosionar.
Concentró toda la energía restante, todo el odio y el miedo, en un punto único, buscando colapsar en una explosión espiritual que lo llevara a la nada antes de permitir una regresión total.
Los monitores se volvieron locos.
La presión se disparó hacia adentro.
El campo de contención emitió un chillido de angustia metálica.
Las cadenas crujieron.
El cristal Tozanshō, ya al límite, comenzó a vibrar con una frecuencia que prometía ruptura.
León maldijo en silencio.
No por el peligro, sino por la pérdida potencial de datos.
Calculó.
Tenía segundos.
Si el campo caía, la implosión/explosión sería un faro espiritual que iluminaría toda Karakura como un amanecer nuclear para seres como Tessai o Urahara.
Actuó.
Desconectó el inversor y el artefacto corruptor.
Agarró el Colt derecho, el del Ámbar, el de la Suspensión y Juicio.
No apuntó al cuerpo.
Apuntó al epicentro de la implosión, ese punto de presión creciente en el centro del pecho del Hollow.
Cerró los ojos.
No para rezar.
Para definir el veredicto.
No era “muerte”.
Era “Pausa”.
La suspensión de todo proceso, de toda reacción, de toda voluntad de existir o no existir.
Apretó el gatillo.
No hubo destello de luz.
El sonido fue el de un cristal infinitamente grande siendo tocado una vez.
Un ping que resonó en los huesos más que en los oídos.
La bala de energía ámbar impactó.
Y el mundo en un radio de dos metros alrededor del núcleo del Adjuchas… se detuvo.
La implosión se congeló en el acto.
La presión se mantuvo en un pico eterno e inerte.
La materia espiritual del Hollow quedó atrapada en un estado de estasis absoluta.
Era como una fotografía de alta energía de su propia aniquilación, suspendida en el tiempo.
El silencio que siguió fue absoluto.
El campo de contención, liberado de la tensión, se estabilizó en un parpadeo débil pero constante.
El cristal Tozanshō no se rompió.
Por ahora.
León jadeó, sudando frío.
El esfuerzo de emitir un veredicto tan definitivo y contra una fuerza tan masiva le había drenado.
Se apoyó contra la pared, mareado.
Miró al Adjuchas.
Ya no era un monstruo amenazante.
Era una escultura grotesca de energía congelada, un insecto en ámbar espiritual.
Dentro de esa estasis, en su centro, latía débilmente, también suspendido, el núcleo puro de un Menos: un pequeño orbe de oscuridad pura y hambre simple.
Su premio.
Había tenido éxito.
Había detenido la degradación en el momento crítico y capturado el núcleo en un estado de transición perfecto para su estudio.
Tenía cuatro frascos de energía de Adjuchas degradada y un núcleo de Menos en estasis.
Pero el costo había sido alto.
El pico de energía de la casi-implosión, aunque contenido en su mayoría, y la poderosa firma de su Colt ejerciendo un veredicto de nivel tan alto, habían creado una distorsión en el velo espiritual.
No una explosión, sino una “arruga”, un pliegue de realidad que se cerró de golpe.
Algo así no pasaría desapercibido.
En ese momento, a kilómetro y medio de distancia, en la Urahara Shoten, Tessai Tsukabishi, que monitoreaba el “latido” anómalo de las fluctuaciones anteriores, levantó la cabeza de sus instrumentos.
Sus ojos, detrás de sus lentes pequeños, se estrecharon.
Había sentido algo nuevo.
No un evento.
Una ausencia de evento donde debería haber habido uno cataclísmico.
Algo había suprimido una explosión espiritual masiva con una precisión y un poder conceptual que olía a Kidō de alto nivel, pero no a ningún patrón que él conociera.
Y la ubicación general… era la misma zona industrial que había investigado antes.
No era suficiente para un asalto directo.
Pero era suficiente para una vigilancia estrecha, constante.
Tessai se puso en pie, su enorme figura proyectando una sombra determinada.
Ya no buscaría un lugar.
Buscaría al artífice.
En el sótano, León, mientras desconectaba cuidadosamente el núcleo de Menos en estasis y lo guardaba en un contenedor de plomo forrado con los últimos restos del material supresor, supo que su tiempo en Karakura se acababa.
Había hecho demasiado ruido de la manera más silenciosa posible.
Tenía su Adjuchas (o lo que quedaba de él) congelado, su núcleo, sus muestras.
Tenía datos que revolucionarían su entendimiento.
Pero también había atraído la atención del único tipo de entidad que realmente temía: un experto.
Miró el cristal Tozanshō, ahora cubierto de una telaraña de grietas finas, una herramienta más gastada.
Al parecer había llegado el momento de desaparecer, no, no debería desaparecer, no cuando hay tanto que explorar, cómo podría desaprovechar una oportunidad así, es más debería quedarse.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES CAMALEON ..
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