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Bleach:detective - Capítulo 35

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  4. Capítulo 35 - 35 Capítulo 35 El Núcleo y la Caída
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35: Capítulo 35: El Núcleo y la Caída 35: Capítulo 35: El Núcleo y la Caída Tres meses en Karakura, Tres meses de observación, robo, asesinato y descubrimientos prohibidos.

El tiempo, para León, era una métrica para medir el progreso, no una experiencia.

Su laboratorio subterráneo (había cambiado de ubicación tras el incidente con el Adjuchas) era ahora una instalación más pulcra, más eficiente.

El corazón de todo no era el cuerpo congelado del Adjuchas, sino el Núcleo de Menos en Estasis.

Flotaba en una cámara de vacío espiritual, un orbe de oscuridad pura del tamaño de una pelota de tenis.

No era inerte.

Dentro del ámbar conceptual de la bala del Colt derecho, su esencia estaba suspendida, pero aún latía con una frecuencia lenta, primigenia: hambre, soledad, el deseo vacío de consumir para llenar un vacío que nunca se llenaría.

Era la quintaesencia del Hollow, antes de la máscara, antes de la evolución, antes de la conciencia depredadora.

Estudiarlo fue una revelación.

Usando sondas de resonancia espiritual de su propio diseño, León no buscaba crear un Hollow.

Buscaba entender la fuente.

Los datos que extrajo fueron fascinantes: · El Vacío como Motor: La energía Hollow no era caótica en su origen.

Era el resultado de una implosión espiritual perfecta, la colisión de un alma atormentada consigo misma hasta crear un punto de densidad infinita y significado cero.

Era energía pura nacida de la negación total.

· El Hambre como Estructura: Este “vacío motorizado” no se dispersaba.

Se mantenía cohesionado por una ley espiritual intrínseca: la necesidad de rellenarse.

Esta hambre programada era lo que daba forma a la energía, la que eventualmente forjaba la máscara y el cuerpo.

Era un algoritmo de existencia basado en un déficit perpetuo.

· La Máscara como Interface: Los datos sugerían que la máscara no era solo una protección o un símbolo.

Era el sistema operativo del Hollow, el hardware que canalizaba el hambre del núcleo en acciones físicas y poderes.

El Adjuchas evolucionaba mejorando su “hardware” (su máscara y cuerpo) para ser un consumidor más eficiente.

León veía paralelismos, El núcleo era como el trauma fundacional de un asesino serial, el evento que crea el vacío.

El hambre era la compulsión, el patrón de comportamiento.

La máscara era la personalidad del asesino, la fachada que mostraba al mundo.

Él había estudiado esas cosas en humanos.

Ahora tenía el modelo espiritual puro.

Y entonces, tuvo la idea.

Si el núcleo era energía pura, estructurada por el hambre, y su propio cuerpo albergaba un Fullbring latente (la conexión con los Colt), ¿podría reprogramar la energía del núcleo?

No para crear un Hollow, sino para absorber su principio motor, su densidad espiritual, y usarla para potenciar su propio cuerpo y sus armas, pero filtrando y eliminando el “algoritmo del hambre”?

Fue un riesgo monumental.

Un error significaría ser consumido desde dentro, su alma convertida en combustible para el vacío, o peor, convertirse en una nueva clase de monstruo.

Construyó un sistema de inyección y filtración.

Conectó el contenedor del núcleo a una serie de cristales purificadores (basados en la tecnología Kidō de los planos robados) y luego a un catéter espiritual que insertaría en su propio punto de mayor concentración de energía: el centro de su pecho, donde sentía el vínculo con los Colt.

El proceso fue agonizante y lento.

No podía absorber de golpe.

Comenzó con un goteo infinitesimal, un hilo de oscuridad pura que entraba en su sistema y era inmediatamente sometido a la “filtración”.

Su cuerpo era el laboratorio.

Cada gota era una batalla.

La primera inyección fue como beber nitroglicerina espiritual.

Un dolor desgarrador, seguido de una oleada de frío absoluto y una hambre visceral, alienígena, que no era suya.

Quería devorar la energía de los cilindros cercanos, el débil pulso de su Hollow híbrido insectoide enjaulado, incluso la vida de las ratas en las paredes.

Su mente, entrenada en el desapego, observó la compulsión, la midió, y la suprimió con un acto de voluntad pura, forzando la energía a pasar por el filtro de cristal que dispersaba el “algoritmo del hambre”, dejando solo la cruda densidad espiritual.

Cuando el episodio pasó, estaba bañado en sudor frío, temblando.

Pero algo había cambiado.

Su percepción espiritual era un poco más aguda, La fatiga mental de usar sus Colt se sentía un poco menor.

El efecto era mínimo, pero medible.

Y lo más importante: no había desarrollado una máscara, ni un agujero en el pecho.

Su esencia seguía siendo la suya, solo un poco más densa, un poco más poderosa.

Era una adición, no una transformación.

Decidió continuar.

Sería un proceso de meses, quizás años, de infusiones lentas y cuidadosas.

Pero el camino estaba claro: podía canibalizar el poder de sus enemigos para fortalecerse, sin perder su humanidad.

Era la evolución definitiva del depredador: no solo cazar, sino asimilar.

Fue durante uno de estos ciclos de infusión, a mediados de la tarde, cuando las alarmas de su dron fantasma (estacionado en un punto alto con vista a la Clínica Kurosaki) sonaron.

Una presión espiritual masiva, de una cualidad gélida, ordenada y abrumadoramente poderosa, había aparecido de la nada cerca de la clínica.

No era una, sino dos.

León, aun débil por la última infusión, conectó la pantalla.

La imagen, ampliada y filtrada, le mostró la escena.

En la calle frente a la clínica, Rukia estaba de rodillas, su Gigai parecía roto, su expresión de shock y resignación.

Frente a ella, dos figuras.

Un hombre alto, de pelo largo y negro, con una extraña corona blanca y una capa de capitán, su rostro un máscara de serena y terrible autoridad: Byakuya Kuchiki.

A su lado, un hombre con el pelo rojo recogido en una cola de caballo alta y tatuajes faciales, con una expresión de conflicto pero determinación: Renji Abarai.

La presión que emanaba de ellos, especialmente de Byakuya, hizo que las lecturas de su dron se saturaran.

Era un poder de un orden completamente diferente a todo lo que había visto.

Sistemático, antiguo, absoluto.

Vio a Ichigo salir corriendo de la clínica, su propia presión salvaje chocando contra la pared de autoridad de Byakuya.

Vio la pelea, si es que se podía llamar así.

Ichigo cargó con todo su poder, y Byakuya lo derrotó con lo que pareció un solo, desinteresado movimiento, No fue una batalla, fue una demostración.

Una sentencia.

Desde la distancia, a través de la cámara, León analizó cada movimiento.

La eficiencia de Byakuya.

La técnica brutal de Renji.

La rabia impotente de Ichigo.

La resignación de Rukia.

No sintió compasión por ellos.

Sintió información.

Este era el poder real de la Sociedad de Almas.

La organización detrás de los Shinigami.

Y acababa de arrebatarles a uno de sus activos más interesantes (Rukia) y dejar a su principal arma local (Ichigo) destrozado y, según sus lecturas, espiritualmente desgarrado, su presión colapsando a cero.

Fue un punto de inflexión, El equilibrio de poder en Karakura había cambiado drásticamente.

El cazador principal estaba neutralizado.

La observadora experimentada, capturada.

Quedaban el Quincy ideólogo, la medium con potencial latente, y… él.

El factor desconocido.

Apagó la pantalla.

La escena se quedó grabada en su mente.

Un recordatorio: por más que se fortaleciera con el núcleo Hollow, estaba jugando en una liga donde existían entidades que podían borrarlo de la existencia con un pensamiento.

Esa noche, después de asegurarse de que su nueva guarida estaba sellada y oculta, comenzó un nuevo régimen.

No solo infusiones del núcleo.

Entrenamiento físico y táctico puro.

No podía depender solo de los Colt y la astucia.

Su cuerpo tenía que ser un arma también.

Reactivó rutinas extremas de calistenia, boxeo de sombra y muay thai en el espacio confinado, usando la densidad espiritual incrementada para exigir más a sus músculos, para mover su cuerpo con una velocidad y fuerza sobrehumanas en crecimiento.

Practicó desarmes, llaves, cómo matar o incapacitar con las manos, los codos, las rodillas.

Si algún día un Shinigami o algo peor entraba en su santuario y le quitaba los Colt, no sería un indefenso.

Karakura había entrado en una nueva era, Una era de vacío de poder.

Y León Mercer, el fantasma que se alimentaba de monstruos, se preparaba en silencio, volviéndose más fuerte, más duro y más hambriento de conocimiento y poder, gota a gota de oscuridad purgada, mientras desde la distancia, la Soul Society llevaba a su prisionera a un destino que él no comprendía, pero que anotaría meticulosamente como una variable más en la gran ecuación de lo sobrenatural.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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