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Bleach:detective - Capítulo 36

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  4. Capítulo 36 - 36 Capítulo 36 El Vacío y el Recolector
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36: Capítulo 36: El Vacío y el Recolector 36: Capítulo 36: El Vacío y el Recolector Capítulo 36: El Vacío y el Recolector Karakura se convirtió en un campo de caza abierto.

Con Ichigo espiritual y físicamente destrozado y Rukia arrancada de la ciudad, el frágil equilibrio que mantenían se rompió.

La presión de los Hollows, antes contenida por la constante y violenta purga del sustituto, se desbordó.

No eran hordas, pero los avistamientos y los ataques a espíritus y humanos sensibles se triplicaron en cuestión de días.

Para León, fue una cosecha.

Ya no era Jack Monroe.

Esa identidad estaba en pausa.

Era solo una sombra con un propósito.

Sus infusiones del núcleo de Menos continuaban, lentas y metódicas, aumentando su densidad espiritual base en un 8% medible.

Su cuerpo respondía: los músculos eran más densos, los reflejos más rápidos, la resistencia al agotamiento espiritual, mayor.

Pero el verdadero salto no vendría de una sola fuente.

Era momento de diversificar.

Desde las alturas o las alcantarillas, observaba el nuevo orden.

Vio a Urahara, normalmente un enigma ocioso, convertirse en un torbellino de actividad discretísima.

Su dron fantasma, mejorado con un nuevo filtro de camuflaje que mimetizaba su firma con la estática ambiental, captó escenas fugaces: Urahara guiando a un Ichigo demacrado y desesperado hacia el almacén de entrenamiento bajo la tienda; a Orihime, sus ojos llenos de una determinación nueva, practicando la invocación de sus Shun Shun Rikka; a Chad, golpeando postes de acero con unos brazos que ahora brillaban con energía oscura.

La conclusión era lógica, casi obvia para una mente como la de León.

La captura de Rukia no era el fin.

Era el catalizador.

Ichigo Kurosaki, con su brújula moral simplista y sus lazos emocionales, no aceptaría esa pérdida.

Urahara estaba reconstruyendo el arma y preparando a los aliados.

Pronto, muy pronto, intentarían lo imposible: asaltar la Sociedad de Almas.

Una empresa suicida, fascinante desde el punto de vista del estudio de patrones de comportamiento irracional.

Mientras tanto, otro cazador ocupaba las calles: Uryū Ishida.

El Quincy se había convertido en una fuerza de la naturaleza metódica y despiadada.

Patrullaba con una eficiencia fría, sus flechas de reishi destrozando Hollows con precisión quirúrgica.

León lo observó durante tres noches.

Ishida no purificaba; aniquilaba.

Su poder era la negación absoluta de lo espiritual que no fuera el suyo propio.

Era interesante, pero su desprecio por todo lo no-Quincy lo hacía predecible y, por tanto, menos peligroso como observador astuto.

En una de esas patrullas, Ishida se enfrentó a un Hollow de tipo “Fasor”, una criatura gelatinosa capaz de deslizarse entre planos espirituales por breves instantes.

La batalla fue corta.

Ishida lanzó una ráfaga de flechas.

La mayoría atravesaron la forma fantasmal del Hollow sin efecto, pero una, lanzada en el microsegundo en que el Hollow se materializaba para atacar, lo impactó en un punto vital.

El Hollow se desintegró en un estallido de partículas de reishi negras.

Pero una de las flechas de Ishida, desviada por un último espasmo del monstruo, se clavó en la pared de ladrillo de un callejón cercano y se desvaneció, dejando solo un rastro residual de energía Quincy, un residuo cristalino azulado incrustado en el ladrillo.

León esperó una hora tras la partida de Ishida.

Luego, con guantes aislantes y una herramienta de extracción de energía mínima, raspó el residuo.

Era pequeño, del tamaño de una uña, pero al tocarlo, sintió una frialdad cortante, una sensación de anulación que le hizo retroceder instintivamente.

Lo guardó en un contenedor de plomo.

No era una flecha completa, pero era una muestra del poder Quincy: disolución pura.

Un concepto opuesto al suyo.

Su Colt izquierdo (Óxido) revelaba la verdad para causar desintegración.

El poder Quincy imponía la no-existencia directamente.

Era un dato invaluable.

Pero su principal fuente de poder no sería la imitación Quincy.

Sería la asimilación Hollow refinada.

Su método era simple, brutal y eficiente.

Usando el dron y sus sentidos, localizaba Hollows aislados, preferentemente de tipos con energía densa o propiedades únicas, pero evitando a los Menos Grande demasiado llamativos.

Los emboscaba.

No con los Colt (su uso aún dejaba una firma conceptual distintiva), sino con trampas físicas mejoradas espiritualmente.

Campos de fuerza para contener, dardos cargados con “Sueño del Garganta” concentrado, y luego, una cirugía rápida.

Con un bisturí espiritual alimentado por su propia energía ya densificada, abría el punto más débil de la máscara o el cuerpo del Hollow inconsciente.

No buscaba el núcleo completo de un Menos (eso requería una regresión forzada como con el Adjuchas).

Buscaba glándulas de concentración espiritual, órganos secundarios donde la energía Hollow se densificaba antes de ser usada.

Los extraía.

Eran pequeños, del tamaño de una canica, pulsantes con oscuridad.

De vuelta en el laboratorio, los colocaba en un filtro en cascada.

Un sistema de tres cámaras.

La primera, llena del solvente espiritual que desintegraba el “algoritmo del hambre” y la conciencia residual.

La segunda, con cristales purificadores que alineaban la energía caótica.

La tercera, una cámara de compresión donde la energía purificada se compactaba en un “lingote espiritual” inerte, denso y estable, del color del ónix oscuro.

Era un proceso lento y con pérdidas (solo obtenía un 40% de la energía original), pero seguro.

No había riesgo de corrupción.

Luego, en un ritual cotidiano, disolvía una minúscula cantidad del lingote en un vector líquido y se lo inyectaba, complementando las infusiones del núcleo principal del Adjuchas.

Su cuerpo se estaba acostumbrando.

Cada dosis era menos dolorosa, más una oleada de calor y poder controlable.

Su densidad espiritual aumentó otro 5%.

Su velocidad, fuerza física y la “cantidad” de energía que podía canalizar hacia los Colt o sus herramientas crecía.

Una noche, mientras extraía las glándulas de un Hollow con propiedades de sonicación (sus gritos podían quebrar cristales a distancia), su dron detectó una anomalía.

Un Hollow, pero su firma era… compuesta.

Como si varios seres se hubieran fusionado de manera imperfecta.

Se acercó con cautela.

Era un espectáculo grotesco.

Tres Hollows básicos, atrapados en un proceso de canibalismo fallido, sus cuerpos fusionados en una masa retorcida que se debatía entre tres cabezas con máscaras diferentes.

Un error evolutivo.

Una fusión forzada y caótica.

No era un Adjuchas.

Era un desastre.

Pero para León, fue una epifanía.

Observó cómo las energías chocaban, se anulaban parcialmente y creaban puntos de inestabilidad brutal.

Tomó nota.

La fusión Hollow natural es un proceso de absorción y supresión del más débil por el más fuerte.

Una fusión forzada de iguales genera inestabilidad terminal.

Posible aplicación: crear “granadas de inestabilidad espiritual” usando núcleos de Hollow forzados a fusionarse en un contenedor.

Recolectó muestras de la masa moribunda antes de que colapsara por sí sola, otro dato, otra herramienta potencial.

Karakura era un hervidero, un quincy cazando por dogma.

Un ex-Shinigami entrenando a un sustituto destrozado para una misión suicida.

Y en medio, un fantasma, recogiendo los pedazos, absorbiendo el poder de los derrotados, construyéndose gota a gota, lingote a lingote, en algo que no era Shinigami, ni Quincy, ni Hollow.

Algo nuevo.

Algo que observaba, calculaba y se preparaba para el inevitable cataclismo que se avecinaba: la invasión del reino de la muerte.

Y cuando ese cataclismo llegara, León Mercer no sería una víctima, ni un héroe, solo sería un beneficiario.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES CAMALEON No es fácil crear una obra, ¡deme un voto por favor!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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