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Bleach:detective - Capítulo 41

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  4. Capítulo 41 - 41 CAPÍTULO 41 LA MÁSCARA DEL OFICINISTA
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41: CAPÍTULO 41: LA MÁSCARA DEL OFICINISTA 41: CAPÍTULO 41: LA MÁSCARA DEL OFICINISTA CAPÍTULO 41: LA MÁSCARA DEL OFICINISTA Karakura, finales de septiembre.

León Mercer ya no existía en el mundo visible.

Jack Monroe era una identidad útil para investigaciones mundanas, pero ahora necesitaba algo más: una presencia que pudiera moverse entre los actores espirituales de Karakura sin despertar sospechas, un intermediario creíble entre “El Espectro” y los protectores de la ciudad.

Para eso, se construyó una nueva identidad desde cero.

La transformación.

Físicamente, León tenía rasgos neutros, fácilmente moldeables.

Con productos profesionales y conocimiento de cambios de apariencia, realizó las modificaciones: · Cabello: Se tiñó de un blanco platino cenizo, cortado con elegancia pero sin pretensiones excesivas.

· Ojos: Usó pupilentes de un rojo vino oscuro, no llamativo, pero lo suficientemente distintivo como para ser memorable.

· Voz: Con ejercicios de modulación y un pequeño dispositivo de alteración vocal sublingual, su tono se volvió más suave, relajante, con una cadencia que inspiraba confianza sin ser empalagosa.

· Vestimenta: Trajes a medida de corte moderno pero discreto, en tonos grises y azul marino, con accesorios mínimos.

Proyectaba la imagen de un oficinista de alto rango o un consultor joven, alguien con quien se podía hablar de negocios serios.

Se llamaría B.

B., iniciales que podían significar cualquier cosa.

Su historia de cobertura: consultor de riesgo corporativo para una firma europea, de visita en Japón por proyectos de expansión.

— El encuentro en el café.

Orihime Inoue y Tatsuki Arisawa estaban en un café tranquilo cerca del instituto, hablando de clases y, en tonos bajos, de “cosas extrañas” últimamente.

Tatsuki, aunque no veía Hollows, sentía la tensión en el aire y notaba las heridas y el cansancio en Ichigo y sus amigos.

León — ahora B.

B.

— entró al café con calma, ordenó un té verde y, al pasar cerca de su mesa, “accidentalmente” dejó caer un portadocumentos.

Tatsuki lo recogió y se lo alcanzó.

“Disculpe, se le cayó esto”, dijo Tatsuki.

“Oh, muchas gracias.

No suelo ser tan descuidado”, respondió B.

B.

con una sonrisa amable, voz suave.

“Es un día un poco agitado.” “¿Trabaja por aquí?”, preguntó Orihime, curiosa.

“De visita, en realidad.

Soy consultor.

Analizo… patrones de riesgo en entornos cambiantes.

Y este barrio tiene un patrón interesante últimamente, ¿no creen?” La conversación fluyó naturalmente.

B.

B.

no era intrusivo.

Hacía preguntas abiertas, escuchaba con atención genuina, y poco a poco llevó el tema hacia “fenómenos inexplicables” y “cómo la gente responde al estrés colectivo”.

Tatsuki, franca y protectora, mencionó su preocupación por Ichigo y los extraños incidentes recientes.

Orihime, más cautelosa, pero reconfortada por la actitud calmada de B.

B., habló de la sensación de “vigilancia” y “presencias frías” que a veces sentía.

“Es fascinante”, dijo B.

B., tomando un sorbo de té.

“La mente humana percibe cambios en el ambiente incluso antes de poder racionalizarlos.

A veces, la mejor manera de manejar lo inexplicable es… establecer canales de comunicación claros.” “¿A qué se refiere?”, preguntó Orihime, intrigada.

“Imaginen que hay algo… o alguien… observando estos eventos, tratando de entenderlos para ayudar, pero que no puede mostrarse abiertamente.” B.

B.

bajó la voz ligeramente.

“¿Qué harían si esa entidad quisiera pasar información útil, de manera segura, a quienes sí pueden actuar?” Tatsuki frunció el ceño.

“Suena a película de espías.” “La realidad suele superar a la ficción”, sonrió B.

B.

“A veces, los héroes no llevan capa.

Llevan traje y entregan mensajes.” Dejó caer una tarjeta de visita sencilla en la mesa.

Solo decía: B.

B.

Consultor de Coordinación Estratégica Contacto: [email protected] “Si alguna vez sienten que la situación se sale de control, o si reciben un mensaje de alguien llamado ‘El Espectro’ y no saben qué hacer… escríbanme.

No prometo soluciones mágicas, pero puedo ayudar a… interpretar las piezas del rompecabezas.” Se levantó, pagó su cuenta y se despidió con una inclinación de cabeza.

“Fue un placer, señoritas.

Cuídense.” — Seguimiento y encuentro inesperado.

León no los siguió de inmediato.

Envió un drone discreto que monitoreó a Orihime desde lejos mientras ella y Tatsuki se separaban.

Orihime caminó hacia su apartamento, aún reflexionando sobre la extraña conversación.

Al llegar a su edificio, dos figuras la esperaban en la entrada: Rangiku Matsumoto, con su sonrisa despreocupada pero ojos alerta, y Tōshirō Hitsugaya, con los brazos cruzados y expresión severa.

“¡Oh, Rangiku-san!

¡Hitsugaya-san!”, saludó Orihime, sorprendida.

“Venimos a ver cómo estás después del… incidente de la otra noche”, dijo Rangiku, con calidez.

“Estoy bien, gracias”, dijo Orihime, pero su tono era levemente tenso.

Hitsugaya observó el entorno, sus sentidos de capitán escaneando el área.

Sus ojos se detuvieron un momento en un punto del cielo donde el drone de León estaba posicionado, pero no detectó nada anormal gracias a las mejoras de supresión.

En ese momento, León — aún como B.

B.

— apareció caminando por la calle, como si regresara a su propio alojamiento.

Al ver al grupo, se detuvo cortésmente.

“Disculpen, no quiero interrumpir”, dijo con su voz suave, haciendo un leve gesto de saludo.

“¿Todo está bien?” Orihime lo reconoció.

“¡Ah, B.

B.-san!

Sí, todo está bien.

Estos son… amigos de mi hermano.” Hitsugaya y Rangiku lo evaluaron al instante.

Su apariencia era humana, sin rastro de energía espiritual perceptible (León suprimía activamente su densidad del 19%).

Pero algo en su presencia era… demasiado pulcra.

“¿B.

B.?”, preguntó Rangiku, curiosa.

“Nombre interesante.” “Iniciales de negocios, nada más”, sonrió B.

B.

“Soy consultor.

Estoy de visita unos días.

La señorita Inoue y su amiga fueron tan amables conmendo en un café hoy.” Hitsugaya no dijo nada, pero su mirada escrutadora no se apartaba de él.

“¿Consultor de qué?” “De gestión de riesgo y comunicación estratégica”, respondió León sin vacilar.

“Ayudo a organizaciones a navegar entornos complejos y ambiguos.

Como este barrio, por ejemplo.

Tiene una energía… dinámica.” Hubo un silencio cargado.

Hitsugaya percibía que este hombre no era una amenaza directa, pero tampoco era solo un oficinista.

Había una inteligencia fría detrás de esos ojos rojos.

“Bueno, no quiero retrasarlos”, dijo B.

B.

finalmente.

“Señorita Inoue, recuerde mi oferta.

Si necesita ayuda para interpretar algo confuso, no dude.” Asintió hacia Rangiku y Hitsugaya.

“Señor, señora.

Buenas noches.” Se alejó con calma, sin prisa, desapareciendo en la esquina.

“¿Quién era ese?”, preguntó Hitsugaya en voz baja.

“Alguien que nos encontró por casualidad hoy”, dijo Orihime.

“Fue amable.

Habló de… canales de comunicación con entidades ocultas.” Rangiku levantó una ceja.

“¿Como ‘El Espectro’?” Orihime asintió.

“Dijo que si recibíamos mensajes de alguien así, podríamos contactarlo para ayuda.” Hitsugaya frunció el ceño.

La coincidencia era demasiado precisa.

Este “B.

B.” aparecía justo cuando ellos investigaban al Espectro, y se ofrecía como intermediario.

No podía ser casualidad.

“Vigilaremos a ese hombre”, dijo Hitsugaya en voz baja a Rangiku.

“Pero con discreción.

Si es una conexión del Espectro, no debemos espantarlo.

Podría ser la forma en que el Espectro decide mostrarse… parcialmente.” Mientras tanto, en otro lugar.

Ichigo Kurosaki, cargado de frustración y rabia tras la humillación ante Grimmjow y la herida de Rukia, había tomado una decisión.

Con la guía de Kisuke Urahara, se dirigió al almacén que servía como entrada al entrenamiento con los Vizards.

Sabía que su Hollow interior era su mayor obstáculo, y también su potencial única arma.

No tenía tiempo que perder.

La guerra se acercaba, y cada actor se preparaba a su manera: Ichigo con los Vizards, los Shinigami fortaleciendo sus defensas, Aizen moviendo sus piezas en Hueco Mundo… y en medio, un hombre de pelo blanco y ojos rojos, construyendo puentes entre las sombras y la luz, listo para ser el enlace que nadie había pedido, pero que todos necesitarían.

B.

B.

había hecho su primera aparición.

El Espectro ahora tenía un rostro, una voz, una tarjeta de visita.

Y lo más peligroso: una puerta de entrada directa al círculo más vulnerable de Karakura: los amigos de Ichigo.

La partida avanzaba, Y todos, sin saberlo, ahora estaban un paso más cerca de conocer al hombre detrás de los drones, los mensajes y los patrones.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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