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Bleach:detective - Capítulo 42

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  4. Capítulo 42 - 42 CAPÍTULO 42 ENTRE LA CONFIANZA Y LA SOSPECHA
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42: CAPÍTULO 42: ENTRE LA CONFIANZA Y LA SOSPECHA 42: CAPÍTULO 42: ENTRE LA CONFIANZA Y LA SOSPECHA CAPÍTULO 42: ENTRE LA CONFIANZA Y LA SOSPECHA Karakura, una semana después de la aparición de B.

B.

La identidad de B.

B.

se había instalado con discreción pero firmeza en el radar de los involucrados en lo sobrenatural de Karakura.

Su encuentro con Orihime y Tatsuki, y el breve cruce con Hitsugaya y Rangiku, dejó una impresión deliberadamente ambigua: ¿un aliado útil o un actor con su propia agenda?

León, desde su rol de B.

B., no presionó.

Sabía que la confianza no se exigía; se ganaba con utilidad y consistencia.

Su siguiente movimiento sería proporcionar un servicio innegablemente valioso, pero de una manera que mantuviera su anonimato operativo intacto.

El incidente del parque Heiwa.

Una tarde, mientras Orihime y Chad paseaban por el parque Heiwa —un lugar tranquilo, lejos de los puntos calientes habituales de actividad Hollow—, fueron atacados por un grupo de cuatro Hollows modificados.

No eran normales; su comportamiento era coordinado, casi táctico, y evitaban el combate directo, buscando instead rodear y desgastar.

Eran obra de León.

No para lastimarlos, sino para crear una situación controlada donde “B.

B.” pudiera intervenir de manera creíble.

Él observaba desde un banco a distancia, con un libro abierto y un auricular discreto, aparentemente ajeno al conflicto espiritual que se desarrollaba.

Chad y Orihime se defendían bien, pero la táctica de los Hollows era desconcertante.

Fue entonces cuando el teléfono de Orihime vibró.

Un mensaje de un número encriptado: “Los Hollows están siendo dirigidos por un remanente espiritual anclado al árbol de cerezo al este.

Es un señuelo de bajo nivel.

Si destruyen el ancla (una piedra negra enterrada en sus raíces), los Hollows se dispersarán.

— B.

B.” Orihime, sorprendida, miró alrededor.

Vio a B.

B.

sentado en un banco, leyendo.

Él levantó la vista brevemente, le hizo un leve gesto de asentimiento casi imperceptible, y volvió a su libro.

Chad, tras escuchar a Orihime, se abrió paso hacia el cerezo.

Con un puño potente, destrozó las raíces superficiales y encontró la piedra negra, que emanaba una energía oscura y delgada.

La aplastó.

Inmediatamente, los Hollows perdieron coordinación.

Se volvieron erráticos, agresivos entre sí, y fueron fácilmente despachados.

Al terminar, Orihime se acercó a B.

B.

“¿Fue usted…?” B.

B.

cerró su libro y sonrió suavemente.

“Solo pasaba por aquí.

Me alegro de que estén bien.

Este parque es precioso, aunque a veces esconde…

sorpresas.” Su tono era casual, pero sus ojos rojos sostenían la mirada de Orihime un segundo más de lo normal.

“Recuerden, el entorno siempre da pistas.

Solo hay que saber leerlo.” Se despidió y se fue, dejando a Orihime y Chad con la certeza de que B.

B., de alguna manera, podía ver lo que ellos veían, y quizás un poco más.

Hitsugaya investiga.

Rangiku, enterada del incidente por Orihime, informó a Hitsugaya.

“Intervino de nuevo.

Pero indirectamente.

No luchó, solo dio información precisa.” Hitsugaya frunció el ceño.

“Está probando su valor.

Demostrando que su conocimiento es útil sin exponerse físicamente.

Es inteligente.” “¿Y si es el Espectro?”, sugirió Rangiku.

“Podría ser.

O podría ser un intermediario designado.

En cualquier caso, no es hostil…

por ahora.” Hitsugaya decidió investigar la “piedra negra” que Chad destruyó.

Los restos eran interesantes: contenían trazas de Reishi manipulado con una firma que no era Hollow puro, sino algo más artificial, casi como un dispositivo.

Algo que alguien con conocimientos técnicos-espirituales avanzados habría creado.

Ordenó a Rangiku y a Yumichika —cuyo ojo para el detalle y la energía era agudo— rastrear el origen de los materiales.

Los resultados fueron intrigantes: componentes que podían encontrarse en el mercado negro espiritual, pero ensamblados con una precisión quirúrgica.

B.

B.

y el acercamiento a Tatsuki.

León sabía que Tatsuki Arisawa, aunque sin poderes espirituales, era un pilar emocional para Orihime y un vínculo fuerte con Ichigo.

Ganarse su confianza —o al menos, su neutralidad— sería clave.

Un día, después de los entrenamientos de karate de Tatsuki, B.

B.

apareció en el mismo restaurante donde ella solía cenar.

Esta vez, fue directo.

“Señorita Arisawa, ¿puedo unírmeles un momento?”, preguntó con calma, dirigiéndose a ella y a dos compañeras de equipo.

Tatsuki, recelosa pero cortés, asintió.

La conversación inicial fue trivial: deporte, disciplina, metas.

B.

B.

demostró un conocimiento básico pero respetuoso de las artes marciales.

Luego, guió el tema sutilmente.

“Usted parece alguien que protege a los suyos con ferocidad”, comentó.

“Eso es admirable.

En un mundo lleno de caos, tener un punto de estabilidad es crucial.” “¿A qué se refiere con ‘caos’?”, preguntó Tatsuki, vigilante.

“A cambios repentinos.

A amenazas que no se ven venir.

A amigos que cargan con pesos que no deberían cargar solos.” B.

B.

mantuvo la voz baja.

“Ichigo Kurosaki es un buen ejemplo, ¿no?

Lleva mucho en sus hombros últimamente.” Tatsuki se tensó.

“¿Qué sabe de Ichigo?” “Sé que es alguien que atrae problemas…

pero también soluciones.

Y a su alrededor, la gente se pone en peligro sin querer.” B.

B.

dejó una tarjeta idéntica a la que le dio a Orihime en la mesa.

“Si alguna vez siente que las cosas se salen de control, o que alguien a quien quiere está en peligro y los canales normales no funcionan…

considéreme un recurso.

No soy un héroe.

Soy un…

facilitador.” Se levantó, pagó su cuenta y el de ellas, y se despidió.

“Cuídense, señoritas.

Y, Tatsuki-san…

a veces, la mejor manera de proteger es saber cuándo pedir ayuda para interpretar lo que no se entiende.” Tatsuki guardó la tarjeta, no convencida del todo, pero con la sensación de que ese hombre, aunque misterioso, no era una amenaza directa.

Al menos, no todavía.

La reunión en la tienda Urahara.

Mientras tanto, en la tienda Urahara, Hitsugaya y Renji se reunieron con Urahara y Yoruichi para discutir los desarrollos.

“Tenemos un nuevo jugador”, resumió Hitsugaya.

“Se hace llamar B.

B.

Apariencia humana, sin energía espiritual detectable, pero con acceso a información espiritual precisa.

Intervino dos veces para auxiliar a Orihime y Chad.” Urahara, detrás de su abanico, sonrió.

“¡Qué interesante!

¿Creen que es el Espectro en persona?” Es posible, dijo Hitsugaya.

“Pero si lo es, ¿por qué mostrarse ahora?

Y de manera tan…

pública.

Yoruichi, recostada en un estante, comentó: “Tal vez porque quiere establecer un punto de contacto controlado.

El Espectro siempre operó desde las sombras.

B.

B.

podría ser su máscara para interactuar directamente sin revelar su verdadera naturaleza.” “O podría ser un tercero independiente”, sugirió Renji.

“Alguien con sus propios objetivos.” “En cualquier caso”, concluyó Urahara, “por ahora es cooperativo.

Y su información ha sido precisa.

Sugiero vigilarlo, pero no confrontarlo.

Si es el Espectro, romper el canal nos dejaría sin una fuente valiosa de inteligencia.

Si no lo es…

bueno, aún podríamos aprender algo.” Decidieron que Rangiku y Yumichika seguirían discretamente a B.

B.

en sus apariciones públicas, mientras Hitsugaya analizaría cualquier dato que este proporcionara en busca de patrones ocultos.

El entrenamiento de Ichigo con los Vizards.

En un espacio temporalmente aislado dentro del almacén de los Vizards, Ichigo se enfrentaba a su Hollow interior.

La lucha era brutal, tanto física como psicológica.

Cada vez que el Hollow tomaba el control, Ichigo sentía el puro placer destructivo que este emanaba, y el miedo a perderse en él.

Sin embargo, algo había cambiado.

La derrota ante Grimmjow y la herida de Rukia añadían una urgencia feroz a su entrenamiento.

Ya no solo quería controlar su Hollow; necesitaba usarlo.

Aprovechar esa bestia interior sin ser consumido por ella.

Los Vizards —Shinji, Hiyori, Lisa, Hachigen y los demás— observaban, a veces burlones, a veces serios.

Sabían que el camino era peligroso, pero también que Ichigo tenía un potencial único, un híbrido de fuerzas que ni siquiera ellos entendían del todo.

Entre sesiones, Ichigo, exhausto, preguntó a Shinji: “¿Creen que podré enfrentarme a esos tipos…

a los Espada?” Shinji sonrió con su habitual despreocupación falsa.

“Si no lo logras, todos estaremos en problemas, Ichigo.

Así que más te vale lograrlo.” BB.

establece un protocolo.

León, satisfecho con la progresión, preparó el siguiente paso.

Envió un correo encriptado desde un servidor remoto a la dirección que había dejado con Orihime y Tatsuki, y también —gracias a un pequeño hack a la red del departamento de policía local— a la cuenta temporal que Hitsugaya usaba para asuntos civiles.

El mensaje era breve y claro: Para futuras comunicaciones urgentes, usaré el siguiente método: Un sobre blanco con un sello de cera roja aparecerá en un lugar previsible para el destinatario.

Dentro, habrá coordenadas GPS y una hora.

En ese lugar y hora, habrá información o asistencia relevante.

No respondan a este correo, No me busquen, y yo los contactaré cuando sea necesario.

BB.”* Era un protocolo de comunicación unilateral, pero estructurado.

Daba una sensación de orden y previsibilidad, algo que los Shinigami, acostumbrados a la jerarquía, podrían apreciar.

Hitsugaya recibió el correo y lo mostró a Rangiku.

“Está institucionalizando el contacto.

Estableciendo reglas.

Eso sugiere que planea una colaboración a largo plazo…

o que está preparando el terreno para algo más grande.” “¿Confiamos?”, preguntó Rangiku.

“Por ahora, no tenemos opción.

Pero vigilamos.

Siempre vigilamos.” Convergencias.

Mientras Ichigo se sumergía más profundamente en su lucha interna con los Vizards, y los Shinigami ajustaban su vigilancia en Karakura, B.

B.

—la máscara pulcra y calculadora de León— se había insertado firmemente en el ecosistema de la ciudad.

No era un amigo.

No era un enemigo.

Era un recurso estratégico, una incógnita voluntaria que ofrecía soluciones a cambio de una posición privilegiada de observación.

Y en las sombras, León Mercer seguía trabajando, analizando los datos de los drones que observaban a los Vizards, a los Shinigami, a los Hollows anómalos, y a los movimientos sutiles en Hueco Mundo.

Cada pieza de información alimentaba sus modelos, acercándolo más a su verdadero objetivo: comprender y, eventualmente, trascender las reglas del juego espiritual.

La partida continuaba, y ahora, un jugador había decidido sentarse a la mesa con una máscaja impecable y una voz que inspiraba confianza.

Solo el tiempo diría si esa confianza estaba bien depositada…

o si era el preludio de la jugada más arriesgada de todas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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