Bleach:detective - Capítulo 46
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- Capítulo 46 - 46 Capítulo 46 El Cálculo del Espectro
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46: Capítulo 46: El Cálculo del Espectro 46: Capítulo 46: El Cálculo del Espectro Capítulo 47: El Cálculo del Espectro El aire en Karakura se espesó con la llegada de los Espada.
León, operando desde su laboratorio oculto bajo la identidad de “B.
B.”, monitoreaba las firmas espirituales a través de una red de sensores mejorados y drones fantasma.
Los datos fluían en tiempo real a sus pantallas: seis presencias masivas, distintas a los Hollow comunes, dispersándose por la ciudad con una precisión militar.
Wonderweiss Margela había aparecido primero, un niño con expresión vacía que liberaba una oleada de Hollows modificados, más agresivos y coordinados.
La distracción era obvia, pero efectiva.
Los Shinigami de refuerzo —Hitsugaya, Rangiku, Ikkaku, Yumichika, Renji y Rukia— ya estaban en movimiento, desplegándose para contener la amenaza.
Ichigo Kurosaki, recién regresado de la Soul Society con su Bankai inestable pero tangible, se lanzó hacia la firma más familiar y hostil: Grimmjow Jaegerjaquez.
León observó el enfrentamiento a través de las cámaras térmico-espirituales de un dron posicionado a quinientos metros de altura.
Grimmjow, ahora con el brazo derecho faltante, irradiaba una furia concentrada, un odio personal hacia Ichigo que nublaba su estrategia.
Ichigo, por su parte, luchaba con un Bankai titubeante, la máscara Hollow apareciendo y desvaneciéndose en su rostro como un reflejo condicionado pero no dominado.
Patrón de ataque de Grimmjow: agresivo, lineal, dependiente de la Garra del Pantera.
Debilidad evidente en el flanco derecho, anotó León mentalmente, mientras sus dedos volaban sobre el teclado, ajustando los parámetros del dron de combate recientemente modificado, el Cuervo-3.
El Cuervo-3 no era un arma de poder bruto, Era una plataforma de soporte táctico, diseñada siguiendo la filosofía de León: maximizar el efecto con el mínimo riesgo y exposición.
Su carcasa estaba revestida con el material absorbente de la barrera Tozanshō reparada, dificultando su detección espiritual.
En sus bahías internas llevaba dos tipos de munición: A).
Granadas de supresión espiritual: dispositivos esféricos que, al detonar, liberaban una nube de partículas que interferían con la percepción y el flujo de Reiryoku en un radio de diez metros, confundiendo los sentidos de los Hollows.
B).
Proyectores de Hadō sintético: utilizando los fragmentos de Kidō robados del mercado negro, León había logrado replicar a baja potencia y de forma mecánica los primeros 33 Hadō.
El dron podía lanzar ráfagas de Hadō #4: Byakurai (rayo pálido) para ataque penetrante, o Hadō #31: Shakkahō (bola de fuego carmesí) para área, aunque con una décima parte de la potencia de un Shinigami experto.
La utilidad no estaba en el daño, sino en la distracción, la interrupción y la creación de aperturas.
La batalla se desplegó en múltiples frentes.
León vio a Renji enfrentándose a un Espada que no reconoció de los archivos —Luppi Antenor, cuyo número 6 brillaba en su piel—, cuyos tentáculos espirituales se movían con una velocidad y maleabilidad preocupantes.
Ikkaku y Yumichika lidiaban con hordas de Hollows menores cerca de la escuela.
Hitsugaya y Rangiku se dirigían hacia una firma espiritual particularmente fría y aislada: Ulquiorra Cifer.
Ulquiorra.
El que destruyó mi dron.
El observador frío, recordó León.
Su prioridad era contener el caos general, no enfrentarse directamente a esa amenaza de nivel superior.
Por ahora.
Concentró el apoyo del Cuervo-3 en el punto más crítico y dinámico: Ichigo vs.
Grimmjow.
El combate era brutal, un intercambio de golpes que destrozaba el asfalto y los edificios aledaños.
Ichigo logró conectarlo con un Getsuga Tenshō, pero Grimmjow se recuperaba con una resistencia bestial.
León activó el protocolo Soporte Fantasma.
El Cuervo-3, invisible a simple vista y casi imperceptible espiritualmente, se posicionó en un ángulo muerto sobre Grimmjow.
Análisis en tiempo real: · Grimmjow carga para un Garra del Pantera directo.
· Ichigo se prepara para esquivar, pero su Bankai vacila; la máscara Hollow parpadea.
· Probabilidad de impacto crítico: 68%.
León pulsó un comando.
El dron lanzó una granada de supresión espiritual que estalló a los pies de Grimmjow.
Una nube grisácea y silenciosa se expandió.
Grimmjow gruñó, deteniendo su carga por una fracción de segundo.
Sus sentidos espirituales, agudizados por la ira, se confundieron momentáneamente; la imagen de Ichigo se desdobló en dos.
Fue la apertura que Ichigo necesitó.
Su máscara Hollow se estabilizó por un instante, cubriendo la mitad de su rostro.
Se lanzó con una velocidad renovada, no para atacar, sino para reposicionarse.
Grimmjow, furioso, giró hacia la nada, donde intuyó el ataque.
“¿Quién se atreve a interferir?” El Cuervo-3 ya se había movido.
León lo dirigió hacia el grupo de Hollows que presionaban a Ikkaku, lanzando un Hadō #31: Shakkahō sintético.
La bola de energía carmesí, aunque débil, impactó en medio del grupo, dispersándolos y permitiendo a Ikkaku respirar y contraatacar con su Zanpakutō liberada.
“¡Je!
Alguien nos echa una mano desde las sombras”, gritó Ikkaku, escupiendo sangre pero sonriendo.
En otra pantalla, León vio a Ulquiorra.
El Cuarto Espada no participaba activamente.
Solo observaba, sus ojos verde esmeralda escaneando el campo de batalla con una calma aterradora.
De repente, giró la cabeza ligeramente, como si sintiera la tenue firma del Hadō sintético.
Sus ojos parecieron posarse, por un microsegundo, en la dirección general del Cuervo-3.
Te estoy viendo, parecían decir.
Pero no actuó.
Tenía otra misión.
León redirigió su atención.
El secuestro de Orihime Inoue era inminente.
Sus sensores mostraban a la joven aún en la tienda de Urahara, su firma espiritual cálida y brillante, un foco de poder de sanación único.
Según sus cálculos, basados en el patrón de movimientos de Ulquiorra y la presión ejercida por Wonderweiss, el momento óptimo para la extracción sería durante el pico del caos, cuando la atención de todos los combatientes estuviera dividida.
Así fue.
Mientras Ichigo forzaba a Grimmjow a retroceder con un Getsuga Tenshō potenciado por su máscara Hollow, y Renji y Rukia luchaban desesperadamente contra Luppi, un portal oscuro —una Garganta— se abrió cerca de la tienda de Urahara.
No fue un evento espiritual masivo; fue un corte limpio y rápido en el velo de la realidad.
Ulquiorra se movió.
No con velocidad explosiva, sino con una eficiencia absoluta.
Atravesó el campo de batalla como un fantasma, evitando confrontaciones directas.
Su objetivo era claro.
León intentó rastrearlo, pero la firma de Ulquiorra se desvaneció y reapareció ya junto a la Garganta.
Vio, a través de la cámara de un dron cercano, cómo aparecía frente a Orihime.
La joven estaba paralizada, no por miedo, sino por una tristeza resignada que León no terminó de entender.
Ulquiorra extendió la mano.
No hubo lucha.
Orihime lo miró, dijo algo que los micrófonos no captaron, y luego, voluntariamente, dio un paso hacia la Garganta.
Un instante después, ambos desaparecieron, y el portal se cerró sin dejar rastro.
El secuestro había sido limpio, silencioso y perfectamente ejecutado.
Un movimiento maestro en medio del ruido de la batalla.
En el campo de combate, nadie se dio cuenta de inmediato.
La lucha continuaba.
Grimmjow, herido y humillado, fue finalmente obligado a retirarse por la intervención combinada de Ichigo y un ataque sorpresa de Rangiku.
Luppi, demostrando una arrogancia fatal, fue alcanzado por el Bankai de Hitsugaya y obligado a replegarse gravemente herido.
Los Hollows restantes fueron limpiados.
La calma volvió, cargada de agotamiento y tensión.
Fue entonces, tal vez una hora después, cuando la ausencia se hizo evidente.
León, desde su escondite, observó el momento exacto en que Urahara, con expresión inusualmente grave, informó a Ichigo y los demás.
La desesperación, la rabia y la culpa que estallaron en el rostro de Ichigo fueron tan intensas que sus lecturas espirituales distorsionaron los sensores más cercanos.
El Espectro había observado todo.
Había intervenido de forma limitada y calculada, probando sus herramientas y alterando ligeramente el flujo de la batalla a favor de los defensores, pero sin cambiar el resultado fundamental: Orihime Inoue estaba ahora en manos de Sosuke Aizen.
León apagó las pantallas principales.
En la penumbra de su laboratorio, solo el brillo tenue de los monitores de estado iluminaba su rostro pensativo.
Deducción final: Aizen valora las habilidades de Orihime más que su vida.
Es un recurso, no un rehén para negociar.
El secuestro fue una demostración de poder y precisión.
Un mensaje psicológico para Ichigo y la Soul Society.
Mi intervención fue catalogada como “variable menor” por Ulquiorra.
No me considera una amenaza prioritaria…
por ahora.
El próximo movimiento de Aizen será a mayor escala.
Karakura es el tablero final.
Abrió un nuevo archivo en su sistema, titulado “Proyecto: Contención de Nivel Espada”.
Comenzó a ingresar datos: perfiles de combate observados, debilitudes inferidas, tasas de regeneración, umbrales de resistencia a ataques espirituales de diferente naturaleza.
Luego, redirigió una fracción de su capacidad de procesamiento a otro problema: la muestra de esencia de Zanpakutō obtenida de los restos de Muramasa.
Quizás, comprendiendo el núcleo de un poder espiritual que había logrado rebelarse contra su usuario, podría encontrar una manera de…
optimizar la conexión con sus propios Colt Fullbring.
O de crear contramedidas contra las técnicas de nivel de los Capitanes.
Una alerta parpadeó en una esquina de la pantalla.
Uno de sus sensores periféricos, enterrado cerca del lugar donde Ulquiorra había abierto la Garganta, había captado un residual energético minúsculo, casi imperceptible.
Un rastro ínfimo del portal.
León sonrió, una expresión fría y sin alegría, Un patrón nuevo.
Un rastro y a él le encantaban los rastros.
El juego continuaba y el Espectro, desde las sombras, seguía acumulando piezas para el juicio final que, sabía, eventualmente tendría que pronunciar.
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